JESÚS CON LAS MUJERES

 

MANUEL BERMÚDEZ TRUJILLO*, activista CCP  Andalucía, numebt@gmail.com

 

JAEN.

 

Pretender que al hombre Jesús lo pudiéramos calificar de feminista sería un anacronismo. Entorno al siglo I la situación de la mujer no era muy distinta de la actual en muchos países -lejanos a nuestro entorno y cercanos, tanto que ni lo pensamos bien-, pero no existía otra cosa más que un fecundo, asfixiante e injusto patriarcado que incluso antropomorfizaba a Dios-Yaveh.

 

La tradición y costumbres judías, israelíes en general, tanto en lo religioso que abarcaba al gobierno y la administración, como lo social, sometían a las mujeres. Mujeres y niños eran considerados parte del patrimonio familiar del padre, cuando ellas aún eran solteras, del marido cuando eran casadas. Consideradas patrimonio personal y familiar, censalmente se contaban como medias personas, de ahí las curiosas cifras de los habitantes de ciudades, pueblos o aldeas palestinas. Hija o esposa desaparecían tras su marido en todo momento y lugar, viudas se constituían en anawin, pobres de solemnidad, apartadas, excluidas, al pairo de la buena voluntad. No debían -ni podían-permanecer solteras. No podían dirigirse a solas a un hombre ni este a ellas, menos acompañarlos o ser acompañadas si no se trataba de un familiar de primer grado. No debían manejar bienes fuera del matrimonio, y dentro de este siempre bajo el escrutinio del esposo. Impuras por naturaleza al estar castigadas con los ciclos menstruales, eran las indicadas para tratar con todo lo impuro: las letrinas, los cadáveres, los enfermos considerados como pecadores y doblemente impuros, aunque no tanto como sus cuidadoras. Si el esposo fallecía se debían a su cuñado, si él las divorciaba peligraba su honor y su vida, si se prostituían o -como solía decirse- se las hallaba en adulterio se las apedreaba hasta morir. Aunque ser madre diera alguna alegría, ser mujer no era nada exitoso en tiempos de Jesús (Jerusalén en tiempos de Jesús. Estudio económico y social del mundo del Nuevo Testamento. Jeremías, Joaquín. Ed. Cristiandad. Madrid 1977. Págs. 371 ss.).

 

Y sin embargo, los Evangelios muestran algo tan llamativo como histórico. La relación de Jesús de Nazaret, el hombre de Galilea, con las mujeres era impropia, inaudita, extraña desde todo punto de vista histórico-político y social, y desde el punto de vista humano, dignificante y respetuosa. Si la teología de la Liberación, así como mi propia experiencia de creyente en Jesús de Nazaret nos hablan de la opción preferencial por los pobres, lo humano nos habla de Jesús y su Dios, más que lo divino. Lo inmanente frente a lo trascendente. Lo humano frente a lo inhumano (La Humanidad de Jesús. Castillo, José María. Ed. Trotta. Madrid 2016. Jesús y las mujeres. Castillo, José María -artículo en Periodista Digital-).

 

Respecto de las mujeres, Jesús optó también por lo humano. Abolió el divorcio y el adulterio como lo que eran: motivo de sometimiento de las mujeres al capricho y poder de los hombres. Se dejó tocar por las mujeres, más aún acariciar y bendecir por los cabellos y el aceite caro de una mujer, públicamente. Sanó a enfermas, como la madre de Cefas, a endemoniadas, a la hemorroísa -cuyos flujos menstruales la atormentaban-. Habló a solas con extranjeras y excluidas religiosas, la samaritana, la cananea. Trató como amigas a quienes no pertenecían a su círculo familiar, Marta y María. Ellas lo acompañaban, financiaban su causa y él lo aceptaba.

 

Trataba igualmente con impuras, viudas, pobres, con posibles, ricas, solteras, casadas, obreras, amas de casa o pertenecientes a la corte real. Mujeres en importante número, algunas conocidas por su nombre o su procedencia familiar y geográfica fueron las únicas de su entorno que estuvieron a su lado durante su juicio, tortura y ejecución. Mujeres, según los evangelistas, fueron quienes recibieron en primer lugar la noticia del mayor evento tras su muerte (Ser mujer y judía en la época de Jesús. Eva y María como símbolos. Documentos del Ocote Encendido, nº 68. Ed. Camino. FUCLA -Fundación Universitaria Claretiana-Quibdó, Colombia; reeditado por el Comité Romero de Zaragoza).

 

Dicen los críticos de las formas y estudiosos de las escrituras en general, creyentes y ateos, que de los cinco criterios de historicidad, en lo relativo a su relación con las mujeres, se cumplen cuatro de forma positiva y uno, negativamente. Es el cien por ciento según esta ciencia auxiliar. Nadie que quisiese dar pábulo y publicidad a alguien, utilizaría estos argumentos que en su tiempo menoscababan su fama y honor, si no fuesen definitorios de su carácter, reveladores de su personalidad (Criterios de Historicidad de los Evangelios. Piñero, Antonio).

 

Así fue Jesús, el galileo respecto de las mujeres, con las mujeres. Así nos reveló a su Dios, Abbá  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

4-synod-handover.jpgLA MISA
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 26/02/18.- “Haced esto en memoria mía”, nos dijo Jesús, o lo que es lo mismo, recrear y no solo recordar, el signo de la presencia de Cristo desde el acto de compartir la vida en comunidad de acción de gracias, que esto significa “eucaristía”. Desde entonces, los cristianos hemos mantenido la celebración del día del amor fraterno que fue aquel Jueves Santo, recreando como digo la presencia amorosa de Dios que se derrama en nuestros corazones... (Seguir leyendo)

maxresdefaultEL ABAD,  EL OBISPO  Y  LA QUE VIVE CON LOS POBRES
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 23/02/18.- Ando en reflexión sobre las personas con las que me he ido encontrando a lo largo de mi vida. La mayoría se esfuman dejando algún recuerdo, unas veces es bueno y otras mejor olvidarlo, pero no forman parte de mi vida actual. Otras son mis amigos, con los que he transitado ya varias etapas del camino.

Pero mi reflexión viene por los tres reencuentros que tuve la suerte de disfrutar la pasada semana. ¡Tres en cinco días… una suerte y tres bendiciones!  

El primer encuentro fue con el abad...


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Zoido, ¿quo vadis?
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Virgen del Carmen
Nos urge recuperar la humanidad de María, que no dudó de proclamar a Dios como preocupado y defensor de los humildes y oprimidos
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El lenguaje del amor

Publicado: 2 junio, 2017 en REFLEXIONES
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pentecostes-espiritu-santo-y-fuegoEL LENGUAJE DEL AMOR
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 02/06/17.- Siempre me ha llamado la atención de manera muy especial la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, correspondiente al capítulo 2, versículos 1-11, que se leen la misa de la fiesta de Pentecostés. Se trata del pasaje donde se dice que “Estando reunidos los Apóstoles en un mismo lugar, se oyó como una gran ventada apareciendo de inmediato una especie de lenguas de fuego que se pusieron encima de la cabeza de cada uno de ellos”. La gente que había llegado a Jerusalén a celebrar la fiesta, procedente de lugares diversos -continúa relatando el mismo libro- comprendían todo lo que los Apóstoles decían, a pesar de que venían de zonas y lugares donde se hablaban lenguas diferentes.

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Es verdad que durante la historia de la cristiandad muchos miembros de la jerarquía y muchos predicadores volvieron al mensaje de los doctores de la ley o de las sabidurías tradicionales. Se hicieron denunciadores de los pecados, elaboraron una pastoral del pecado y del miedo a los castigos. Hicieron de la vida humana lo opuesto de aquello que Jesús quería: culpabilizaron en lugar de alegrar, amenazaron en lugar de contar con la fuerza del Espíritu. De esa manera procuraron apoyo en un tradicional sentimiento de culpa que está presente en todos los pueblos...

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Entrevista a Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger

 

... Siempre me pareció imposible hablar de las bienaventuranzas desde una situación existencial que no sea la que ellas consideran. Un rico no puede decir jamás: "Dichosos los pobres". Sería intolerable...

(Leer en la revista)

 

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Artículo de Hilari Raguer: Martin Lutero y la soberanía de la Palabra
Sobre el papel que las Escrituras han de jugar en la vida de la Iglesia entera y de su influjo en la vida de cada cristiano.
Martin Lutero y la soberanía de la Palab
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LA APOSTASÍA EN “SILENCIO”

¿Qué significado tiene un gesto que no es libre? ¿Qué valor tiene la negación cuando es obtenida por la fuerza, con amenazas, o como precio para salvar a otros del sufrimiento? Otro de los terribles dilemas que se plantea en “Silencio” es ese: ¿Qué es más cristiano? ¿Afirmar la fe, caiga quien caiga, o negarla y aliviar la tortura, propia, o de otros? En “Silencio” aparecen todas las respuestas. El mártir que da la vida. El que apostata. El que niega y se arrepiente una y otra vez. El que lo justifica. El que se resiste. Y hasta el enigma de no saber qué pasa en el interior de las personas que han pasado por una situación así.

Pienso que el dilema sobre lo que debe hacerse en esta situación es “teórico”. Por teórico no quiero decir irreal ni falso. Lo único que quiero decir es que solo podemos reflexionar y discutir sobre lo que creemos que debería hacerse en una situación así. Porque a la hora de la verdad, pienso que ninguno, ni los más convencidos o firmes, ni los más inseguros, sabemos cómo reaccionaríamos ante una situación de tortura, un chantaje existencial o afectivo tan límite como el que ha de afrontar el padre Rodrigues (apostatar para evitarle el sufrimiento a otros, o mantenerse firme y aceptar las consecuencias). 
Ninguno podemos prever con una seguridad del 100% cómo reaccionaríamos. Tal vez podemos intuir cómo querríamos comportarnos. Pero puede que a la hora de la verdad, el más soberbio de los hombres sea el más vulnerable (algo de eso afirma uno de los torturadores en “Silencio” al decir, tras interrogar al padre Rodrigues, “es arrogante, así que se rendirá”). Y quizás el que podría creerse más débil puede encontrar, en una encrucijada, unas fuerzas, una resistencia o una dignidad que ni imaginaba tener. La realidad va mucho más allá de nuestras teorías.

Entonces, dicho esto, lo que sí brota, tras ver silencio, es la discusión teórica. “¿Tú qué harías?” “¿Tú qué crees que habría que hacer?”. Seguro que más de un grupo de amigos nos hemos enzarzado en ese diálogo tras salir de la película.

Por una parte, quien afirma que habría que resistir, y negarse a apostatar, lo hace con el argumento de la libertad radical del ser humano, una libertad que ha de ser también libertad religiosa, para creer y vivir de acuerdo con esa fe. Y con el argumento del testimonio y su influencia en otras personas. ¿Qué van a pensar los cristianos de las villas de Japón si sus sacerdotes, que les han hablado de Cristo crucificado, sin embargo no son capaces de afrontar su propia cruz? Este dilema se plantea con claridad en la película. (y sigue planteándose hoy en muchos contextos a los cristianos perseguidos).

En el otro extremo, está quien defiende que no habría que empeñarse en esa resistencia, dado que es evidente la coerción –y por tanto, la falsedad- de cualquier declaración obtenida por la fuerza. Y, en el caso de “Silencio”, con el agravante de la tortura a terceros como consecuencia de dicha resistencia. ¿Es legítimo argumentar desde ahí? ¿No es puro utilitarismo?

Llevo dos días dándole vueltas a esta cuestión. Me encantaría oír o leer argumentos sobre cómo veis el dilema. Así que, ahí dejo la pregunta. Pero os invito a que las respuestas, si os animáis, vengan después de un buen rato de reflexión.

¿Tú qué crees que debería hacerse?

J. María Olaizola, sobre la película "Silencio" de Scorsese

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Cristianismo y mística de Olegario González de Cardedal
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Juntos en defensa de la casa común
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...el proyecto de Dios: acoger su amor incondicional y compasivo, dejarme transformar por él, y empeñar la vida en hacer verdad la filiación y la fraternidad, es decir, acoger el Reino de Dios.
JESÚS VIVIÓ UNA ESPIRIUALIDAD POLÍTICA.p
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Etty Hillesum o el camino interior Por Guzmán Pérez
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MORIR CRISTIANAMENTE
...morir sería atender a una llamada de Dios, que nos quiere en su casa, a la que pertenece­mos desde toda la eternidad.
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PEREGRINAR por Francisco Aranda
En los siglos XI, XII y XIII, miles de personas encaminaban sus pasos a Santiago de Compostela, en un movimiento de pueblos que marcó la historia social y cultural del medioevo europeo. ¿Cuáles eran las razones por las que abandonaban sus hogares? ¿ Por qué decidieron dejar atrás el ámbito protector de sus parentelas y amigos, para lanzarse a una aventura que duraría meses y de la que no estaban seguros de regresar?
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