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Zoido, ¿quo vadis?
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Virgen del Carmen
Nos urge recuperar la humanidad de María, que no dudó de proclamar a Dios como preocupado y defensor de los humildes y oprimidos
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El lenguaje del amor

Publicado: 2 junio, 2017 en REFLEXIONES
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pentecostes-espiritu-santo-y-fuegoEL LENGUAJE DEL AMOR
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 02/06/17.- Siempre me ha llamado la atención de manera muy especial la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, correspondiente al capítulo 2, versículos 1-11, que se leen la misa de la fiesta de Pentecostés. Se trata del pasaje donde se dice que “Estando reunidos los Apóstoles en un mismo lugar, se oyó como una gran ventada apareciendo de inmediato una especie de lenguas de fuego que se pusieron encima de la cabeza de cada uno de ellos”. La gente que había llegado a Jerusalén a celebrar la fiesta, procedente de lugares diversos -continúa relatando el mismo libro- comprendían todo lo que los Apóstoles decían, a pesar de que venían de zonas y lugares donde se hablaban lenguas diferentes.

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Es verdad que durante la historia de la cristiandad muchos miembros de la jerarquía y muchos predicadores volvieron al mensaje de los doctores de la ley o de las sabidurías tradicionales. Se hicieron denunciadores de los pecados, elaboraron una pastoral del pecado y del miedo a los castigos. Hicieron de la vida humana lo opuesto de aquello que Jesús quería: culpabilizaron en lugar de alegrar, amenazaron en lugar de contar con la fuerza del Espíritu. De esa manera procuraron apoyo en un tradicional sentimiento de culpa que está presente en todos los pueblos...

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Entrevista a Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger

 

... Siempre me pareció imposible hablar de las bienaventuranzas desde una situación existencial que no sea la que ellas consideran. Un rico no puede decir jamás: "Dichosos los pobres". Sería intolerable...

(Leer en la revista)

 

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Artículo de Hilari Raguer: Martin Lutero y la soberanía de la Palabra
Sobre el papel que las Escrituras han de jugar en la vida de la Iglesia entera y de su influjo en la vida de cada cristiano.
Martin Lutero y la soberanía de la Palab
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Calabuch, la entrañable película de Luis García Berlanga
Calabuch: utopía en el istmo
por Rafael Narbona
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LA APOSTASÍA EN “SILENCIO”

¿Qué significado tiene un gesto que no es libre? ¿Qué valor tiene la negación cuando es obtenida por la fuerza, con amenazas, o como precio para salvar a otros del sufrimiento? Otro de los terribles dilemas que se plantea en “Silencio” es ese: ¿Qué es más cristiano? ¿Afirmar la fe, caiga quien caiga, o negarla y aliviar la tortura, propia, o de otros? En “Silencio” aparecen todas las respuestas. El mártir que da la vida. El que apostata. El que niega y se arrepiente una y otra vez. El que lo justifica. El que se resiste. Y hasta el enigma de no saber qué pasa en el interior de las personas que han pasado por una situación así.

Pienso que el dilema sobre lo que debe hacerse en esta situación es “teórico”. Por teórico no quiero decir irreal ni falso. Lo único que quiero decir es que solo podemos reflexionar y discutir sobre lo que creemos que debería hacerse en una situación así. Porque a la hora de la verdad, pienso que ninguno, ni los más convencidos o firmes, ni los más inseguros, sabemos cómo reaccionaríamos ante una situación de tortura, un chantaje existencial o afectivo tan límite como el que ha de afrontar el padre Rodrigues (apostatar para evitarle el sufrimiento a otros, o mantenerse firme y aceptar las consecuencias). 
Ninguno podemos prever con una seguridad del 100% cómo reaccionaríamos. Tal vez podemos intuir cómo querríamos comportarnos. Pero puede que a la hora de la verdad, el más soberbio de los hombres sea el más vulnerable (algo de eso afirma uno de los torturadores en “Silencio” al decir, tras interrogar al padre Rodrigues, “es arrogante, así que se rendirá”). Y quizás el que podría creerse más débil puede encontrar, en una encrucijada, unas fuerzas, una resistencia o una dignidad que ni imaginaba tener. La realidad va mucho más allá de nuestras teorías.

Entonces, dicho esto, lo que sí brota, tras ver silencio, es la discusión teórica. “¿Tú qué harías?” “¿Tú qué crees que habría que hacer?”. Seguro que más de un grupo de amigos nos hemos enzarzado en ese diálogo tras salir de la película.

Por una parte, quien afirma que habría que resistir, y negarse a apostatar, lo hace con el argumento de la libertad radical del ser humano, una libertad que ha de ser también libertad religiosa, para creer y vivir de acuerdo con esa fe. Y con el argumento del testimonio y su influencia en otras personas. ¿Qué van a pensar los cristianos de las villas de Japón si sus sacerdotes, que les han hablado de Cristo crucificado, sin embargo no son capaces de afrontar su propia cruz? Este dilema se plantea con claridad en la película. (y sigue planteándose hoy en muchos contextos a los cristianos perseguidos).

En el otro extremo, está quien defiende que no habría que empeñarse en esa resistencia, dado que es evidente la coerción –y por tanto, la falsedad- de cualquier declaración obtenida por la fuerza. Y, en el caso de “Silencio”, con el agravante de la tortura a terceros como consecuencia de dicha resistencia. ¿Es legítimo argumentar desde ahí? ¿No es puro utilitarismo?

Llevo dos días dándole vueltas a esta cuestión. Me encantaría oír o leer argumentos sobre cómo veis el dilema. Así que, ahí dejo la pregunta. Pero os invito a que las respuestas, si os animáis, vengan después de un buen rato de reflexión.

¿Tú qué crees que debería hacerse?

J. María Olaizola, sobre la película "Silencio" de Scorsese

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Cristianismo y mística de Olegario González de Cardedal
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El ruido y la furia

 

Cenizas

 

Si vais a esparcir mis cenizas entre las olas, sumergidme antes. Tengo un viejo pacto con el agua, pero no con el viento

 

Juan Gaitán 28.10.2016 | 05:00

 

Mi fe ha sido siempre de ceniza, una fe dada a la insustancialidad, la inconsistencia, la volatilidad. La poca que alguna vez tuve se me escapó de entre las manos siendo muy chico, y ni siquiera hizo falta el soplo de una fuerte ventolera. La mínima brisa del pensamiento la aventó y luego ya no hubo manera (ni voluntad) de recoger sus átomos.

 

Tampoco han sido sólidas en mí las otras virtudes teologales. Es ínfimo el tamaño de mi esperanza porque me bastó con dar una vuelta por la vida para saber que hay una razón concreta para que sea solo una vez y breve. Y en cuanto a la tercera, cambio un saco de caridad por una cucharada de justicia. Para colmo de todo esto, he incurrido en causa de excomunión por dos iglesias distintas (la Católica de Roma y la del Palmar de Troya, ahí es nada), de modo que me siento libre y soberano para opinar sobre qué deben hacer mis deudos con mis cenizas una vez cumplimentado el molesto trámite de pasar por la incineradora.

 

Y la cuestión es que hasta ahora yo no había pensado mucho en esto. Una vez muerto no va a importarme ya cosa alguna, de modo que no me parecía necesario andar preocupado por qué se haría de mis retos y lo había dejado un poco en manos de la creatividad de mis deudos. Sin embargo, ahora que la Iglesia Católica se ha puesto a enredar con el asunto, no me va a quedar más remedio que dejar unas mínimas directrices para que no tengan, llegado el caso, remordimientos de conciencia ni causa de contrición.

 

Si vais a esparcir mis cenizas entre las olas, como hice yo una mañana de enero con las de mi padre, sumergidme antes. Tengo un viejo pacto con el agua, pero no con el viento.

 

Si vais a depositarme bajo un árbol, buscad un tilo, que es el primero que hizo raíces en mi memoria. Si no lo encontráis me valdrá un algarrobo. Pero no me dejéis bajo una higuera, que dormir bajo ellas trae mucho bajío y presiento que la siesta va a ser larga.

 

Y si, finalmente, decidís que me quede en casa, que es donde siempre he estado mejor, ponedme entre los libros. Sería todo un detalle por vuestra parte que me hicieseis un hueco entre Quevedo y Onetti, dos vecinos con buena conversación.

 

Pero, recordad, todo esto no me importa demasiado (y menos debería importarle al buen Papa de Roma). Yo, lo he dicho alguna vez, quiero irme sin epitafios ni despedidas. Quiero ir apartándome despacio, ausentarme poco a poco y que, cuando me vaya, ninguno me eche en falta porque ya nadie me recuerde. Ser humo mucho antes de ser ceniza. Como llegué, así quiero irme. Sin memoria.

 

 

 

 

 

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Juntos en defensa de la casa común
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Profundidad teológica pastoral de ‘Amoris laetitia’
Escrito por Andrés Torres Queiruga.
“Amoris laetitia, talante democrático y corazón evangélico”
Profundidad teológica pastoral de ŒAmori
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...el proyecto de Dios: acoger su amor incondicional y compasivo, dejarme transformar por él, y empeñar la vida en hacer verdad la filiación y la fraternidad, es decir, acoger el Reino de Dios.
JESÚS VIVIÓ UNA ESPIRIUALIDAD POLÍTICA.p
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Etty Hillesum o el camino interior Por Guzmán Pérez
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Luis Pernía, en la entrega de premios de la Fundación Social Universal, 2016

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Peregrinación de crucero y cuatro estrellas
Es una vergüenza intolerable que en un país poderoso y democrático como España un sólo niño pase hambre y, sin embargo, hay dos millones que viven en esta situación, según Unicef.
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MORIR CRISTIANAMENTE
...morir sería atender a una llamada de Dios, que nos quiere en su casa, a la que pertenece­mos desde toda la eternidad.
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El Cristo del Seguimiento. Pablo ALONSO, SJ
Los cuatro evangelios coinciden en que Jesús de Nazaret llamó a personas a seguirle. La llamada se nos presenta de manera simple, sin diálogo... Por tanto, la clave no es escuchar literalmente de labios de Jesús «sígueme», sino la actitud de «ir detrás de Jesús», «seguirle» o «permanecer con él».
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PEREGRINAR por Francisco Aranda
En los siglos XI, XII y XIII, miles de personas encaminaban sus pasos a Santiago de Compostela, en un movimiento de pueblos que marcó la historia social y cultural del medioevo europeo. ¿Cuáles eran las razones por las que abandonaban sus hogares? ¿ Por qué decidieron dejar atrás el ámbito protector de sus parentelas y amigos, para lanzarse a una aventura que duraría meses y de la que no estaban seguros de regresar?
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SED MISERICORDIOSOS COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO
Una visión panorámica de la misericordia tal como aparece en la Escritura
Sed misericordiosos - Francesc Ramis.pdf
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UNA PASIÓN ENCARNADA
La gracia actúa «bajo la forma que Dios quiera».
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La incapacidad de ponerse en el lugar del otro
Reflexión sobre el encuentro con el dolor desde la generosidad del evangelio, de nuestro párroco D. Francisco Aranda.
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