¿Quién resucita hoy?

Publicado: 17 abril, 2017 en REFLEXIONES
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index-anastasis-icon¿QUIÉN RESUCITA HOY?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 17/04/16.- ¿Quién no ha sentido, en algún momento de su vida, la experiencia de morir? ¿Quién no ha sufrido el dolor físico, casi somático, de una separación indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?

Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas pequeñas muertes en su geografía íntima. A veces tan pequeñas que no dejan cicatriz visible, pero aun así muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas señales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la señora que coge el autobús a las seis de la mañana, el ceño fruncido del funcionario que apenas musita un buenos días, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustración del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada mañana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (¿cuántas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: “¿por qué me has abandonado?”).

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Entrevista a Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger

 

... Siempre me pareció imposible hablar de las bienaventuranzas desde una situación existencial que no sea la que ellas consideran. Un rico no puede decir jamás: "Dichosos los pobres". Sería intolerable...

(Leer en la revista)

 

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Artículo de Hilari Raguer: Martin Lutero y la soberanía de la Palabra
Sobre el papel que las Escrituras han de jugar en la vida de la Iglesia entera y de su influjo en la vida de cada cristiano.
Martin Lutero y la soberanía de la Palab
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Calabuch, la entrañable película de Luis García Berlanga
Calabuch: utopía en el istmo
por Rafael Narbona
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LA APOSTASÍA EN “SILENCIO”

¿Qué significado tiene un gesto que no es libre? ¿Qué valor tiene la negación cuando es obtenida por la fuerza, con amenazas, o como precio para salvar a otros del sufrimiento? Otro de los terribles dilemas que se plantea en “Silencio” es ese: ¿Qué es más cristiano? ¿Afirmar la fe, caiga quien caiga, o negarla y aliviar la tortura, propia, o de otros? En “Silencio” aparecen todas las respuestas. El mártir que da la vida. El que apostata. El que niega y se arrepiente una y otra vez. El que lo justifica. El que se resiste. Y hasta el enigma de no saber qué pasa en el interior de las personas que han pasado por una situación así.

Pienso que el dilema sobre lo que debe hacerse en esta situación es “teórico”. Por teórico no quiero decir irreal ni falso. Lo único que quiero decir es que solo podemos reflexionar y discutir sobre lo que creemos que debería hacerse en una situación así. Porque a la hora de la verdad, pienso que ninguno, ni los más convencidos o firmes, ni los más inseguros, sabemos cómo reaccionaríamos ante una situación de tortura, un chantaje existencial o afectivo tan límite como el que ha de afrontar el padre Rodrigues (apostatar para evitarle el sufrimiento a otros, o mantenerse firme y aceptar las consecuencias). 
Ninguno podemos prever con una seguridad del 100% cómo reaccionaríamos. Tal vez podemos intuir cómo querríamos comportarnos. Pero puede que a la hora de la verdad, el más soberbio de los hombres sea el más vulnerable (algo de eso afirma uno de los torturadores en “Silencio” al decir, tras interrogar al padre Rodrigues, “es arrogante, así que se rendirá”). Y quizás el que podría creerse más débil puede encontrar, en una encrucijada, unas fuerzas, una resistencia o una dignidad que ni imaginaba tener. La realidad va mucho más allá de nuestras teorías.

Entonces, dicho esto, lo que sí brota, tras ver silencio, es la discusión teórica. “¿Tú qué harías?” “¿Tú qué crees que habría que hacer?”. Seguro que más de un grupo de amigos nos hemos enzarzado en ese diálogo tras salir de la película.

Por una parte, quien afirma que habría que resistir, y negarse a apostatar, lo hace con el argumento de la libertad radical del ser humano, una libertad que ha de ser también libertad religiosa, para creer y vivir de acuerdo con esa fe. Y con el argumento del testimonio y su influencia en otras personas. ¿Qué van a pensar los cristianos de las villas de Japón si sus sacerdotes, que les han hablado de Cristo crucificado, sin embargo no son capaces de afrontar su propia cruz? Este dilema se plantea con claridad en la película. (y sigue planteándose hoy en muchos contextos a los cristianos perseguidos).

En el otro extremo, está quien defiende que no habría que empeñarse en esa resistencia, dado que es evidente la coerción –y por tanto, la falsedad- de cualquier declaración obtenida por la fuerza. Y, en el caso de “Silencio”, con el agravante de la tortura a terceros como consecuencia de dicha resistencia. ¿Es legítimo argumentar desde ahí? ¿No es puro utilitarismo?

Llevo dos días dándole vueltas a esta cuestión. Me encantaría oír o leer argumentos sobre cómo veis el dilema. Así que, ahí dejo la pregunta. Pero os invito a que las respuestas, si os animáis, vengan después de un buen rato de reflexión.

¿Tú qué crees que debería hacerse?

J. María Olaizola, sobre la película "Silencio" de Scorsese

Abraza palabra, pan y Niño:


Alegrémonos todos en el Señor”.

Así reza la antífona con la que entramos en la Misa de medianoche, y es la comunidad eclesial la que dice: “Alegrémonos”: Es en la comunidad reunida donde unos a otros nos invitamos a la alegría, y lo hacemos porque nos ha nacido Jesús de María, porque ha venido Jesús de Dios, Jesús para el mundo, Jesús para ti. “Alegrémonos”, porque de María y de Dios ha venido sobre el mundo la paz.

Y añadimos: “ha nacido nuestro Salvador”, “un hijo se nos ha dado”, “ha aparecido la gracia de Dios”. De ese modo, en el seno de un pasado perfecto, que permite al ayer perdurar en el hoy, nuestra fe encierra el misterio de un Niño que, habiendo nacido para la humanidad hace más de dos mil años, nace hoy para cada uno de nosotros, nace para la comunidad de la que formamos parte, nace para “el pueblo que caminaba en tinieblas”, para “los que habitaban en tierra de sombras”, para los hambrientos de pan y de justicia.

Ese Niño es una bandera discutida y lo reciben siempre el amor o el odio, la fiesta o la indiferencia, la alegría de los pobres o la envidia de los poderosos. Así fue entonces. Así es hoy.

Muy fácilmente confundimos al Niño con dogmas, ritos, o prácticas de los que hacemos bandera, mientras a él le neguemos el sitio que necesita en nuestra posada.

Dogmas, ritos y prácticas, en ningún pesebre tiemblan de frío ni esperan de nadie un abrazo, una caricia, una canción de cuna, el calor de un regazo…

En nuestro pesebre, hecha carne, tiembla una palabra divina, que espera ser creída y hacerse en nosotros fuente de agua viva. Por eso cantamos: “Alegrémonos todos en el Señor”.

En nuestro pesebre se nos ofrece un pan que, bajado del cielo y comido, se nos hace en las entrañas medicina de inmortalidad y pan de eternidad. Por eso nos animamos unos a otros diciendo: “Alegrémonos todos en el Señor”.

En nuestro pesebre está recostado, envuelto en pañales, un Salvador, un niño que nos ha nacido, un hijo que Dios nos ha dado y que hemos de cuidar. Por eso, a la alegría de la Iglesia en la tierra, se une el coro de los ángeles, y todos alabamos a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

Pero es posible también una Navidad frustrada; es posible que palabra, pan y Niño se nos den y no sean recibidos; siempre es posible un: “vete a tu país”, “vete con los tuyos”, “vete”… Nos justificamos pensando que lo decimos al extranjero, al emigrante, al hombre de otra cultura, al de otra religión… Un día descubriremos sorprendidos que se los estábamos diciendo al Rey que nos ha de juzgar.

Quien cuida del pobre, cuida de Cristo. 

Quien cuida del pobre, abraza palabra, pan y Niño., y recibe en herencia la bendición, la alegría y la paz que la Navidad nos ha traído del cielo.

Mons. Agrelo, arzobispo de Tánger.

EL ADVIENTO HOY
 GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
 BILBAO (VIZCAYA).
ECLESALIA, 09/12/16.- El término “Adviento” viene del latín adventus, que significa venida, un tiempo de preparación espiritual y celebración del nacimiento del Niño Dios. Su duración incluye a los cuatro domingos más próximos a la liturgia de la Navidad (la Natividad), aunque en el caso de la iglesia Ortodoxa llega hasta los 40 días, desde el 28 de noviembre hasta el 6 de enero. Lo que debería ser un tiempo para los cristianos de hacer sitio a la Palabra, es la época del año en la que respondemos mejor al bombardeo por tierra, mar y aire de la publicidad para gastar y comprarlo todo.

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COMA ÉTICO

 

 

 

 

 

Se llamaba Laura, tenía doce años y estaba en primero de la ESO. Se reunió la noche de Haloween con sus amigos para hacer botellón. Era en San Martin de la Vega, a 40 Km de Madrid. El lugar era perfecto para la fiesta…un descampado, un cerro de muy difícil acceso y sin ninguna iluminación. La movida era barata, los chavales pusieron 8 € por cabeza para la fiesta.

 

Como no podían comprar alcohol, le dieron el dinero a un chaval mayor de edad que se embolsó 5€ por ir al Súper a comprar botellas.

 

En un momento de la fiesta la cría se enfadó con sus amigos y se metió entre pecho y espalda una botella de ron para superar el cabreo. Fue tanto lo que bebió que se desmayó. Al principio sus amigos se burlaban de ella, “Mira, tío, qué floja, va a echar las papas”. Cuando la cosa se puso fea, y puesto que ella no reaccionaba, temerosos de los que pudiera ocurrir, la metieron en un carro de un Supermercado y la llevaron al Centro de Salud. Tardaron una media hora. En ese momento pidieron ayuda. Laura llegó con parada cardiorrespiratoria y fue trasladada en UVI móvil al Hospital 12 de Octubre...donde murió pocas horas después

 

Sus padres, a los que la policía había alertado en dos ocasiones por el exceso de alcohol que había ingerido la cría meses antes, lloraron su pérdida. Su pueblo decretó un día de luto oficial y su Instituto hizo un minuto de silencio.

 

5 euros, eso costó la vida de Laura.

 

Otras noticias de menores iban llegando y alarmado a los mayores: peleas organizadas, grabadas y difundidas en Lugo protagonizadas por chavales de 14 años, más comas etílicos en otras partes del país…

 

Mientras tanto un colectivo de padres y madres iniciaban una huelga pidiendo que los profesores no pusieran deberes a sus hijos durante el fin de semana, los partidos políticos seguían sin ponerse de acuerdo con la enésima Ley de Educación; la Administración seguía haciendo malabarismos con la Enseñanza: habían quitado una hora de Religión, luego habían retirado la asignatura de Ética, antes otros la habían quitado de Ciudadanía y unos y otros quitaban y ponían diciendo que la Escuela no puede educar en valores, que debe ser la familia.

 

Ese día el país entero hablaba de la cobra que dos famosos habían protagonizado en televisión y de los amores y desamores de los ricos que se paseaban impúdicamente en las pantallas como si nos fuera la vida en ello esos romances adolescenciales.

 

En el Parlamento algunos políticos cobraban por insultar y hacer de la mala educación una gracia.

 

Y mientras esto ocurre nadie dice nada…nadie se atreve a decir que entre unos y otros hemos desprovisto de cualquier armazón ético a nuestros chavales. Los padres no hacen de padres y hacen de amigos, los profesores se ven obligados a hacer de padres, los policías tienen que hacer de profesores…y así se va fabricando una generación desprovista de referentes éticos porque nadie se pone de acuerdo en nada y porque la exigencia se ha convertido en sinónimo de algo pretérito.

 

Una amiga profesora me decía: pide una tutoría y las familias presentarán dificultades para poder acudir y concordar la cita; quítales el móvil a sus hijos y al cabo de una hora los tendrás allí para pedirlo.

 

En eso les podemos convertir, en pequeños déspotas caprichosos a los que hay que domeñar dándoles cosas y no exigiéndoles nada.

 

Mientras tanto, los mayores iremos poniendo pegas a la defensa de valores humanos por el pudor cobarde de respetar la libertad de los chavales; les daremos cosas, pero no les daremos tiempo; les daremos caprichos pero no les regalaremos exigencia; les reiremos las gracias pero no les pararemos los pies; les entretendremos pero no nos atreveremos a quererlos.

 

Es verdad, Laura murió de un coma etílico, víctima, como tantos adolescentes, de un coma ético que –por nuestra cobardía- está dejando a nuestros chavales tirados en la vida, tirados por 5 euros, tirados en carros de Supermercados.

 

 

 

JOSAN MONTULL

 

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Cristianismo y mística de Olegario González de Cardedal
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Otra vez es noviembre

Dejó escrito Spinoza que el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte. Algunos sociólogos parecen darle la razón al destacar que en las sociedades modernas la muerte pierde visibilidad y tal vez disminuye incluso su carácter dramático...

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El ruido y la furia

 

Cenizas

 

Si vais a esparcir mis cenizas entre las olas, sumergidme antes. Tengo un viejo pacto con el agua, pero no con el viento

 

Juan Gaitán 28.10.2016 | 05:00

 

Mi fe ha sido siempre de ceniza, una fe dada a la insustancialidad, la inconsistencia, la volatilidad. La poca que alguna vez tuve se me escapó de entre las manos siendo muy chico, y ni siquiera hizo falta el soplo de una fuerte ventolera. La mínima brisa del pensamiento la aventó y luego ya no hubo manera (ni voluntad) de recoger sus átomos.

 

Tampoco han sido sólidas en mí las otras virtudes teologales. Es ínfimo el tamaño de mi esperanza porque me bastó con dar una vuelta por la vida para saber que hay una razón concreta para que sea solo una vez y breve. Y en cuanto a la tercera, cambio un saco de caridad por una cucharada de justicia. Para colmo de todo esto, he incurrido en causa de excomunión por dos iglesias distintas (la Católica de Roma y la del Palmar de Troya, ahí es nada), de modo que me siento libre y soberano para opinar sobre qué deben hacer mis deudos con mis cenizas una vez cumplimentado el molesto trámite de pasar por la incineradora.

 

Y la cuestión es que hasta ahora yo no había pensado mucho en esto. Una vez muerto no va a importarme ya cosa alguna, de modo que no me parecía necesario andar preocupado por qué se haría de mis retos y lo había dejado un poco en manos de la creatividad de mis deudos. Sin embargo, ahora que la Iglesia Católica se ha puesto a enredar con el asunto, no me va a quedar más remedio que dejar unas mínimas directrices para que no tengan, llegado el caso, remordimientos de conciencia ni causa de contrición.

 

Si vais a esparcir mis cenizas entre las olas, como hice yo una mañana de enero con las de mi padre, sumergidme antes. Tengo un viejo pacto con el agua, pero no con el viento.

 

Si vais a depositarme bajo un árbol, buscad un tilo, que es el primero que hizo raíces en mi memoria. Si no lo encontráis me valdrá un algarrobo. Pero no me dejéis bajo una higuera, que dormir bajo ellas trae mucho bajío y presiento que la siesta va a ser larga.

 

Y si, finalmente, decidís que me quede en casa, que es donde siempre he estado mejor, ponedme entre los libros. Sería todo un detalle por vuestra parte que me hicieseis un hueco entre Quevedo y Onetti, dos vecinos con buena conversación.

 

Pero, recordad, todo esto no me importa demasiado (y menos debería importarle al buen Papa de Roma). Yo, lo he dicho alguna vez, quiero irme sin epitafios ni despedidas. Quiero ir apartándome despacio, ausentarme poco a poco y que, cuando me vaya, ninguno me eche en falta porque ya nadie me recuerde. Ser humo mucho antes de ser ceniza. Como llegué, así quiero irme. Sin memoria.

 

 

 

 

 

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Juntos en defensa de la casa común
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Profundidad teológica pastoral de ‘Amoris laetitia’
Escrito por Andrés Torres Queiruga.
“Amoris laetitia, talante democrático y corazón evangélico”
Profundidad teológica pastoral de ŒAmori
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...el proyecto de Dios: acoger su amor incondicional y compasivo, dejarme transformar por él, y empeñar la vida en hacer verdad la filiación y la fraternidad, es decir, acoger el Reino de Dios.
JESÚS VIVIÓ UNA ESPIRIUALIDAD POLÍTICA.p
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La muerte explicada por una niña con cáncer terminal


«Cuando yo muera, creo que mi madre sentirá nostalgia. Pero yo no tengo miedo a morir. ¡Yo no nací para esta vida!»

Como médico oncólogo, ya endurecido con largos 29 años de actuación profesional, puedo afirmar que he crecido y he cambiado con los dramas vividos por mis pacientes. No conocemos nuestra verdadera dimensión hasta que, golpeados por la adversidad, descubrimos que somos capaces de ir mucho más allá.

Me acuerdo con emoción del Hospital del Cáncer de Pernambuco, donde di mis primeros pasos como profesional… Empecé a frecuentar la enfermería infantil y me apasioné por la oncopediatría.

Viví los dramas de mis pacientes, niños víctimas inocentes del cáncer. Con el nacimiento de mi primera hija, comencé a asustarme al ver el sufrimiento de los niños.

¡Hasta el día en que un ángel pasó a por mí! Mi ángel vino en forma de una niña de 11 años de edad, ya probada por dos largos años de tratamientos diversos, manipulaciones, inyecciones y todas las incomodidades que provocan los programas químicos y las radioterapias.

Pero nunca vi a este pequeño ángel flaquear. La vi llorar muchas veces; también vi miedo en sus pequeños ojos; al fin y al cabo, ¡esto es humano!

Un día llegué al hospital muy temprano y encontré a mi pequeña ángel sola en la habitación. Pregunté por su madre. La respuesta que recibí, aún hoy, no consigo contarla sin experimentar una profunda emoción.

Tío —me dijo ella— a veces mi madre sale del cuarto para llorar a escondidas en el pasillo… Cuando yo muera, creo que ella va a sentir mucha nostalgia. Pero, yo no tengo miedo a morir, tío. ¡Yo no nací para esta vida!

Le pregunté: — ¿Y qué es la muerte para ti, querida mía?

Escucha, tío, cuando la gente es pequeña, a veces, nos vamos a dormir a la cama de nuestro padre, y al día siguiente nos despertamos en nuestra propia cama, ¿a que sí? (Recordé a mis hijas, en la época en que eran niñas de 6 y 2 años, con ellas yo hacía exactamente igual). Esto mismo es.

Un día yo me dormiré y mi Padre vendrá a buscarme. Me despertaré en la casa de Él, ¡en mi verdadera vida!

Me quedé estupefacto, no sabía qué decir. Me impactó la madurez con que el sufrimiento había acelerado la visión y la espiritualidad de aquella niña.

Y mi madre me recordará con nostalgia – añadió ella.

Emocionado, conteniendo una lágrima y un sollozo, le pregunté:

¿Y qué significa la nostalgia para ti, querida mía?

¡La nostalgia es el amor que permanece!

Hoy, a los 53 años de edad, desafío a quien quiera a dar una definición mejor, más directa y simple de la palabra nostalgia: ¡es el amor que permanece!

Mi angelito ya se fue hace muchos años. Pero me dejó una gran lección que ayudó a mejorar mi vida, a intentar ser más humano y cariñoso con mis pacientes, a revisar mis valores. Cuando la noche llega, si el cielo está limpio y veo una estrella, para mí es «mi ángel», que brilla y resplandece en el cielo.

Imagino que ella es una estrella fulgurante en su nueva y eterna casa.

Gracias angelito, por la vida bonita que tuve, por las lecciones que me enseñaste, por la ayuda que me diste. ¡Qué bueno que existe la nostalgia! El amor que queda es eterno.

Por el Dr. Rogério Brandão, oncólogo brasileño
Artículo publicado en el blog Pensador, y traducido por Aleteia

Como hacer frente al fundamentalismo

2016-08-26

Actualmente se produce en todo el mundo un aumento creciente del conservadurismo y de fenómenos fundamentalistas que se manifiestan por la homofobia, xenofobia, antifeminismo, racismo y todo tipo de discriminaciones.

 

El fundamentalista está convencido de que su verdad es la única y todo lo demás son desviaciones o  está fuera de la verdad. Esto es recurrente en los programas televisivos de las distintas iglesias pentecostales, incluyendo a sectores de la Iglesia Católica, pero también en el pensamiento único de sectores políticos. Piensan que sólo la verdad, la de ellos tiene derecho. El error hay que combatirlo. Este es el origen de los conflictos religiosos y  políticos. El fascismo empieza con este modo cerrado de ver las cosas.

¿Cómo vamos a hace frente a ese tipo de radicalismo? Hay muchas formas y creo que una de ellas consiste en rescatar el concepto bueno de relativismo, palabra que muchos no quieren oír. Pero en él hay mucha verdad.

Debe ser pensado en dos direcciones: En primer lugar, lo relativo quiere expresar el hecho de que todos estamos de alguna forma relacionados. En la  perspectiva de la física cuántica, la encíclica del Papa Francisco insiste sobre cómo cuidar de la Casa Común: «todo está íntimamente relacionado; todas las criaturas existen y dependen unas de otras» (n.137; 86). Por esta interrelación todos somos portadores de la misma humanidad. Somos una especie entre tantas, una familia.

En segundo lugar es importante comprender que cada uno es diferente y tiene valor por sí mismo, pero está siempre en relación con otros y sus modos de ser. De aquí que sea importante relativizar todos los modos de ser; ninguno de ellos es absoluto hasta el punto de invalidar los demás. Se impone también una actitud de respeto y de acogida de la diferencia porque, por el simple hecho de estar ahí, goza del derecho de existir y de coexistir.

Es decir, nuestro modo de ser, de habitar el mundo, de pensar, de valorar y de comer no es absoluto. Hay otras mil formas diferentes de ser humanos, desde la forma de los esquimales siberianos, pasando por los yanomamis de Brasil, hasta llegar a los habitantes de las comunidades de la periferia y a los de las sofisticadas Alphavilles, donde viven las élites opulentas y temerosas. Lo mismo vale para las diferencias de cultura, de lengua, de religión, de ética y de ocio.

Debemos ampliar la comprensión de lo humano mucho más allá de nuestra concreción. Vivimos en la fase de la geosociedad, sociedad mundial, una, múltiple y diferente.

Todas estas manifestaciones humanas son portadoras de valor y de verdad. Pero son un valor y una verdad relativos, es decir, relacionados unos con los otros, interrelacionados, ya que ninguno de ellos, tomado en sí mismo, es absoluto.

¿Entonces no hay verdad absoluta? ¿Vale el “everything goes” de algunos posmodernos? ¿Vale todo? No vale todo. Todo vale en la medida en que mantiene relación con los otros, respetándolos en su diferencia y no perjudicándolos.

Cada uno es portador de verdad pero nadie puede tener el monopolio de ella, ni una religión, ni una filosofía, ni un partido político, ni una ciencia. Todos, de alguna forma, participan de la verdad, pero pueden crecer hacia una comprensión más plena de la verdad, en la medida en que se relacionan.

Bien decía el poeta español Antonio Machado: «No tu verdad. La verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Si la buscamos juntos, en el diálogo y en la relacionalidad recíproca, entonces va desapareciendo mi verdad para dar lugar a nuestra Verdad, comulgada por todos.

La ilusión de Occidente, de Estados Unidos y de Europa, es imaginar que la única ventana que da acceso a la verdad, a la religión verdadera, a la auténtica cultura y al saber crítico es su modo de ver y de vivir. Las demás ventanas solo muestran paisajes deformados.  

Pensando así se condenan a un fundamentalismo visceral que los hizo, en otro tiempo, organizar masacres al imponer su religión en América Latina y en África, y hoy haciendo guerras con gran mortandad de civiles para imponer la democracia en Iraq, Afganistán, Siria y en todo el Norte de África. Aquí se da también el fundamentalismo de tipo occidental.

Debemos hacer el buen uso del relativismo, inspirados, por ejemplo, en las artes culinarias. Hay una sola culinaria, la que prepara los alimentos humanos, pero se concreta en muchas formas y en las distintas cocinas: la minera, la nordestina, la japonesa, la china, la mejicana y otras.  

Nadie puede decir que sólo una es la verdadera y sabrosa, por ejemplo, la minera o la francesa, y que las otras no lo son. Todas son sabrosas a su manera y todas muestran la extraordinaria versatilidad del arte culinario.

¿Por qué con la verdad debería ser diferente? La base del fundamentalismo es esa  arrogancia de que su modo de ser, su idea, su religión y su forma de gobierno es la mejor y la única válida en el mundo.

Leonardo BOFF
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Etty Hillesum o el camino interior Por Guzmán Pérez
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Luis Pernía, en la entrega de premios de la Fundación Social Universal, 2016

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Erradicar el hambre...
El hambre y la pobreza son
conceptos interrelacionados que ejercen
como catalizadores de la inestabilidad
política, la propagación de enfermedades,
la destrucción del medioambiente y los
conflictos armados.
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Peregrinación de crucero y cuatro estrellas
Es una vergüenza intolerable que en un país poderoso y democrático como España un sólo niño pase hambre y, sin embargo, hay dos millones que viven en esta situación, según Unicef.
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MORIR CRISTIANAMENTE
...morir sería atender a una llamada de Dios, que nos quiere en su casa, a la que pertenece­mos desde toda la eternidad.
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El Cristo del Seguimiento. Pablo ALONSO, SJ
Los cuatro evangelios coinciden en que Jesús de Nazaret llamó a personas a seguirle. La llamada se nos presenta de manera simple, sin diálogo... Por tanto, la clave no es escuchar literalmente de labios de Jesús «sígueme», sino la actitud de «ir detrás de Jesús», «seguirle» o «permanecer con él».
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PEREGRINAR por Francisco Aranda
En los siglos XI, XII y XIII, miles de personas encaminaban sus pasos a Santiago de Compostela, en un movimiento de pueblos que marcó la historia social y cultural del medioevo europeo. ¿Cuáles eran las razones por las que abandonaban sus hogares? ¿ Por qué decidieron dejar atrás el ámbito protector de sus parentelas y amigos, para lanzarse a una aventura que duraría meses y de la que no estaban seguros de regresar?
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SED MISERICORDIOSOS COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO
Una visión panorámica de la misericordia tal como aparece en la Escritura
Sed misericordiosos - Francesc Ramis.pdf
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UNA PASIÓN ENCARNADA
La gracia actúa «bajo la forma que Dios quiera».
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No llores por los pobres: llora por sus verdugos

 

Mi hermana me lo comunicó así: “Hoy, con Regis, hemos ido a Ben Junes; al llegar al primer grupo que nos esperaba, nos hemos "topado" con la furgoneta del Ejército; estaba metiendo a los emigrantes... Ellos, pidiéndonos ayuda; nosotros dos, atónitos... Se nos han llevado a nuestros hijos, delante de nuestras narices, y nosotros sin poder hacer nada. Después,  piensas: quizás podías haber intercedido por ellos, hacer parar la furgoneta... Sólo hemos llorado y rezado. Hemos llegado a Tánger con el corazón encogido”...

Mi hermana, con Regis, iba a llevar alimentos a los emigrantes que, en el bosque de Beliones, sobreviven mientras esperan una oportunidad para entrar en la ciudad vallada de Ceuta. Si queremos encontrarnos con ellos, hemos de hacerlo manteniendo contacto permanente a través del teléfono, y no puedo dejar de pensar que los militares se han servido de esas llamadas para localizar y arrestar a quienes la caridad pide que se hagan visibles para coger el pedazo de pan que les llevamos.

En la misa del próximo domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, con Regis y con toda la comunidad eclesial, mi hermana escuchará las palabras del salmista: “La misericordia del Señor llena la tierra; la palabra del Señor hizo el cielo”. Y habrá de conjugar, con el corazón encogido, su experiencia de llanto en el bosque y la confesión de fe que se hace en la asamblea litúrgica: habrá de conjugar lágrimas de víctimas y misericordia de Dios, impotencia del creyente y memoria del poder creador de Dios.

Esa síntesis admirable, propia del Reino de Dios, la hará en ti, Iglesia amada del Señor, el Espíritu de Cristo. Sólo él sabe aunar lágrimas y alegría, debilidad y victoria, abajamiento y enaltecimiento.

Fíjate en tu Señor, en tu Pastor. Si lo reconoces en Jesús de Nazaret, ves que se hizo siervo de todos y dio la vida por sus ovejas. Si lo contemplas en la Eucaristía, su servicio y su vida entregada se te revelan en un pan consagrado, fraccionado, repartido y comulgado. Si lo ves en ti misma, ves que todavía hace suya tu debilidad, hace suyas tus lágrimas, hace suyos tus deseos de liberación. Si lo ves en los pobres, ves que en unos es olvidado, en otros perseguido, en todos menospreciado. Si lo ves en los emigrantes, el corazón se te encoge de pena porque, en ellos, todavía continuamos atormentado y crucificando a nuestro Señor. Es tu Señor el que, en Beliones, ha sido empujado a las furgonetas del ejército para ser desplazado lejos de las fronteras de un país de epulones, de amos, de dueños; una vez más tu Señor habrá sido humillado y vejado y abandonado como un no hombre, como un sin derechos, como uno de quien Dios se ha olvidado. Pero tú sabes que, en su debilidad, él es siempre tu Señor, él es siempre tu Pastor, él es el Resucitado a quien se ha dado para siempre todo poder.

Por eso hoy confiesas con las víctimas y se lo recuerdas a los verdugos: “Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos”.

Por eso hoy tú y tus pobres cantaréis con el salmista: “El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades”. Vuestro salmo resonará en la catedral y en las furgonetas del ejército; resonará en la asamblea del débil rebaño del Hijo de Dios, y en el corazón de aquellos a quienes el poder priva del derecho a un futuro digno del hombre. Esa misma bondad, la misma misericordia, la misma fidelidad, que son la esperanza de los pobres, serán el infierno de quienes los condenan a morir en la pobreza.

No llores, hermana mía, por los pobres: llora por sus verdugos.

Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger.

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Las guerras edípicas
Como ha apuntado el historiador Harold James, vivimos las primeras escaramuzas de una guerra global entre generaciones que reemplaza a la vieja guerra de clases
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La incapacidad de ponerse en el lugar del otro
Reflexión sobre el encuentro con el dolor desde la generosidad del evangelio, de nuestro párroco D. Francisco Aranda.
VIVIMOS EN LA EPOCA DE LA SIMPASIÓN.pdf
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Convertirse a los pobres:

 

 

 

En los alrededores de Ceuta hay emigrantes. No sé cuántos son. Sé que son seres humanos. Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados a estar donde están, pero tienen derecho a buscarse un futuro para sí mismos y para sus familias. Sé que las autoridades de las naciones los consideran una amenaza, aunque la realidad es que las autoridades son una amenaza para ellos.

 

El lunes les llevamos alimentos. El martes nos llaman para informar que las fuerzas del orden (ellos dicen “la policía”) se los han quitado.

 

¿Qué dirían ustedes de una sociedad que persiguiese a hombres, mujeres y niños vulnerables e indefensos –a los que leyes inicuas han hecho ilegales, irregulares, clandestinos-, los acosase como si fuesen alimañas, los persiguiera como si fuesen criminales, los golpease como no se permitiría hacer con los animales, y los cercase para rendirlos por hambre? Se diría que esa sociedad se había deshumanizado, corrompido, embrutecido, envilecido, degenerado.

 

Pues lo que no hace la sociedad marroquí, acogedora y humana, se nos dice que lo hacen agentes uniformados, miembros de fuerzas del orden del Estado, que entran en el bosque de Beliones, no para apartar de la frontera –de una maldita frontera que Dios no hizo ni quiso ni quiere-, a unos emigrantes, sino para apropiarse de los pocos alimentos que los emigrantes han recibido para subsistir.

 

¿Qué nombre te das a ti mismo, tú, agente de la autoridad, si te has llevado a tu cuartel o a tu casa lo que un hermano tuyo necesita para vivir? ¿Te has divertido? ¿Te has escondido para que nadie te viese? ¿Es lo que te han mandado hacer? ¿Lo has hecho por propia iniciativa? ¿Crees que no habrás de dar cuenta al único Dios?

 

Por si lo hubieses olvidado, te recuerdo lo que dice el Señor de todos, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de Jesús de Nazaret, el Dios de Mohamed: “He visto la opresión de mi pueblo, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos”. Te lo recuerdo por si quieres tener piedad de ti mismo, pues si comes el pan que has quitado a los pobres, estás comiendo tu propia condenación, estás comiendo el bocado que mete en tu cuerpo a Satanás.

 

Se lo recuerdo al soldado y al oficial que lo manda, al político que fija las normas y a los gobiernos que las ejecutan: Dios ve al opresor y al oprimido, y toma partido por el oprimido.

 

Tal vez pienses que puedes honrar a Dios y despreciar a los pobres. Un día comparecerás ante él y descubrirás aterrorizado que los pobres eran tan dignos de respeto como Dios. Aquel día, el Rey, el único Rey, el hermano de los pequeños a quienes hoy robamos el pan, lo creáis o no, nos juzgará y nos condenará, y de nada servirá que le llamemos “Señor”, pues sólo se recordará el pan que le hemos dado o le hemos negado.

 

Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo”. A nadie le pediré que se convierta a Dios. Podéis tranquilamente no creer en él. No se os pedirá cuenta de semejante ignorancia. Pero estamos perdidos si no nos convertimos a los pobres. Entonces nuestra suerte estará entre los malditos.

Homilía del Tercer Domingo de Cuaresma 2016 del arzobispo de Tánger, Mons Santiago Agrelo.