"NO SIEMPRE EL TIEMPO ES PROPICIO PARA LA NAVEGACION DE LOS SUEÑOS"

4º Adviento – A

 

Mateo, con dos pinceladas, nos ha hecho la presentación de Jesús: hijo de Abrahám, de David, Mesías prometido, Hijo de Dios y presencia cercana entre nosotros (Enmanuel): aquí radica el fundamento de nuestra fe cristiana: Dios ha querido hacerse tan cercano al hombre que se ha hecho hombre. Ha venido a compartir con nosotros la experiencia de vivir en este mundo: gozar, sufrir, crecer, caminar junto a todos.

Por eso ser cristiano no se queda en la afirmación de que Dios (Algo) existe, misterioso y lejano ; sino que va mucho más allá: es descubrir el gozo de que DIOS- ESTA- CON- NOSOTROS; en el corazón de nuestra historia , en el fondo de nuestras vidas. Y es esto lo que sostiene nuestra esperanza.

Su propio nombre- ENMANUEL, lo dice: Dios con nosotros. No somos seres extraños, echados a un mundo hostil: Él está de nuestra parte y a nuestro lado. Y ello es algo que no sólo hay que agradecer, sino que nos debe ayudar a creer más en el hombre, siempre más digno de admiración que de desprecio. Decir que Dios es ENMANUEL indica además que todos tenemos nuestro nombre en el corazón de Dios; que a todos y a cada uno nos conoce y acepta como somos. Para Dios no somos piezas troqueladas o de repuesto; somos únicos e irrepetibles y nuestro cometido aquí abajo, insustituible.

De José se dice que era justo (bueno, recto); no quería denunciar a María y decide repudiarla en secreto. Es justo precisamente porque cumple la ley, pero mitiga su rigidez al evitar la difamación pública de la Virgen; es justo porque, comprobando la presencia de Dios en lo que sucede, no quiere ser obstáculo y acepta sin condiciones; justo porque acepta el plan de Dios, aunque este plan desarbole y rompa todos los esquemas de un judío ortodoxo y fiel. Mucho que aprender de José; sobre todo la aceptación, sin obstaculizar, el plan de Dios, aunque nos desconcierte o nos deje perplejos; aceptar el misterio que nos supera, creer en un Dios encarnado en nuestra débil condición y dar cabida a su salvación.

Mateo inicia y acaba su evangelio de la misma manera: al comienzo nos dice que Dios es Enmanuel y al final nos lo recuerda: “Mirad yo estaré con vosotros cada día hasta el fin del mundo”. Dios está cerca, siempre lo ha estado; la cuestión reside en saber buscarlo donde se encuentra: en la comunidad que celebra, en el rostro del pobre y en el corazón de los que nos sentimos tantas veces desbordados por la vida.

Que en cada uno de nosotros nazca el Señor y se produzca una verdadera Navidad.

 

muchas preguntas; una respuesta                       domingo iv ciclo c

El cuatro domingo de Adviento pisa los umbrales de la Navidad. Buena ocasión no tanto para pensar en las fiestas que nos esperan, sino para contemplar el misterio que celebramos. María y José están llegando a Belén; el camino ha sido largo y penoso. Tenían que descansar porque, además, María estaba a punto de dar a luz. Como no tenían familia en el pueblo, tendrían que buscar acomodo en la posada. En el descanso podemos imaginar que María pensase para sus adentros: Siento a Dios que me envuelve ; un gran misterio siendo Dios tan grande y yo apenas un gotita de agua en el océano. ¿por qué vienes a mí tan pobre? ¿Por qué a este mundo tan malherido? ¿Qué necesidad la tuya de molestarte? ¿ No hubiera sido posible cualquier otra solución a tu alcance? Sé que no hay respuesta; son las cosas del amor. Pero ¿por qué precisamente me has amado a mí y tanto? Pero no vamos a seguir por ahí. Este niño, que a nacer, es tuyo y mío. No del todo tuyo ni mío. Tampoco acabo de entenderlo. Son cosas del amor. ¿Por qué amas tanto a este mundo hasta el punto de decidir venir a salvarlo? ¿Crees que se dejará salvar? ¿ No sería más fácil cambiar los corazones desde arriba? . Tampoco lo comprendo. Son cosas del amor. UN amor que ciega y estremece, que hace cantar y llorar; morir y dar la vida; sin límites ni medida, con desmesura

 

Tampoco sé cuáles son tus gustos o preferencias ¿ Cómo es que te has fijado en mí, pobre muchacha de una aldea desconocida y marginal, habiendo mujeres más famosas y capacitadas? Además, pertenezco a un pueblo mil veces vencido y humillado, que apenas cuenta en la historia del mundo ¿ No podrías haberte fijado y valerte de quienes realmente tienen en sus manos las llaves de la historia? Bien es verdad, que “la mirada de Dios no es como la del hombre; ni sus criterios los nuestros ( 1 Sam 16, 6-13). Entre las personas lo que importa y atrae es vencer y sobresalir. Tu, en cambio, te empeñas en descender y hacerte pequeño. En lugar de bajar desde el cielo lleno de gloria, eliges nacer como un niño cualquiera o, tal vez peor. Y además, sin publicidad: ningún anuncio, ninguna señal, ninguna revelación especial. Tan es así que nadie sabe nada y nos rechazan en todas las puertas de Belén. Recuerdo en este momento a José; en momento de tanta incertidumbre y dolor- cuánto debe estar sufriendo- aún me tranquiliza y consuela. Dios proveerá, me repite. También recuerdo a Isabel, una bendita de Dios, que supo captar el misterio. Iba a felicitarla y acompañarla hasta el momento del parto. Pero El Espíritu improvisó una gran fiesta. Todo en Ain Karem fue alegría y todos- ella y yo, Zacarías y Juan, aún en su seno, se alegraron. Fueron unos días de cielo, paz y dicha. Ahora me toca dar a luz y va nacer en un pueblo famoso, el del rey David. También entonces se manifestó el gusto de Dios por lo pequeño y por los pequeños. David fue rey; pero lo nuestro es otra historia. ¡Tienes, oh Dios, que ayudarnos!. En esto estaba cuando la noche se echó encima y la única solución que nos quedaba fue un pequeño establo, que algún vecino, que se percató de la situación, nos había indicado. El Espíritu de Dios es la fuerza que anima toda esta trama. En todos los misterios que en estos días vamos a celebrar, está presente como un fuerza delicada, humilde, anónima e íntima: Desciende sobre María y la fecunda; llena a Isabel de entusiasmo; hace saltar de gozo al niño en su seno; hará pastorear a Emmanuel con la “fuerza de Dios”. El gesto, movida por el Espíritu, de ponerse, a prisa, al servicio de María es un amor íntegro: Estar – con; Alegrarse con-; creer con; servir a .

 

Siempre el Espíritu impulsa a opciones radicales: no puede haber vocación seguimiento, martirio o muerte sin el Espíritu. La entrega radical de José a María, la entrega de María a la voluntad, imprevisible y sorprendente, de Dios; la entrega del Hijo de Dios, la humanización de Dios. Deberían, las de María, ser nuestra palabra siempre: He aquí. Sí, aquí estoy, Padre, para hacer tu voluntad.

 

Francisco Aranda.

 

Solemnidad de la Inmaculada.


PIO IX, en 1854, en la bula “Ineffabilis Deus” declaró este dogma .Hasta llegar aquí, una larga tradición popular, no carente del rechazo de afamados teólogos, avaló la formulación dogmática con la expresión, tan nuestra , de La Purísima. La devoción a María une profundamente a la Iglesia católica y a la ortodoxa. En la nuestra el rezo del Rosario, desde Santo Domingo de Guzmán, en el XIII, lo concreta de forma admirable; en la iglesia ortodoxa el himno “AKATHISTOS”, (no sentado) compuesto en griego en el V recoge lo que escuchamos en el evangelio: “Salve, por tí brilla la alegría...se eclipsa la pena, levantas a Adán caído, rescatas el llanto de Eva....salve, tú que llevas en tí al que todo sostiene, lucero que el Sol nos anuncia, regazo de Dios que se encarna”

En el Adviento, se nos recuerda a María como la Virgen de la Espera y de la Esperanza. Las lecturas de hoy contienen dos diálogos: uno entre Yhawé y los primeros padres, y otro entre María y el ángel en Nazaret. El primero es un diálogo de escondites: Adán se esconde de Dios y a la pregunta de Yahwé sobre responsabilidades, éstas se inculpan en cadena: Adán culpa a Eva y Eva a la serpiente. En el de Nazaret todo es distinto: aquí se trata de quitarse de encima responsabilidades. María, lejos de esconderse por miedo, se siente desbordada en su humildad por el saludo del ángel y pregunta cómo puede suceder aquello, para afirmar, tras una explicación que lo deja todo casi tan oscuro y confuso “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí- - según tu palabra”.María el reverso de Eva, de la que escribe LOPE DE VEGA: “ Esta es María, sin llegar al centro, que el alma sólo puede retratalla pintor que tuvo nueve meses dentro”

Una fiesta asociada a un valor que debe seguir siendo afirmado con fuerza: el de la pureza o la castidad, por la causa del Rieno; en un mundo insensible u hostil a los valores de la pureza y a la inocencia, que llama represión a lo que es maduración y fidelidad..que llama amor a lo que no pasa de mera atracción cuando no abierto egoísmo, conviene volver los ojos a la Purísima para no adulterar la palabra más bella que el hombre pueda pronunciar: AMOR.

Pero también resuenan también hoy unas preguntas actuales ¿ Qué has hecho? : ¿Dónde estás? . El Dios amigo del hombre, que paseaba todas las tardes por el jardín pregunta.. Y puede que comenzamos con la retahila de exculpaciones: los otros, el ambiente, la educación recibida, la presión social, los políticos... son los responsables de tanto entuerto.

Entonces miremos a María, no sólo para contemplar su inocencia y pureza, tambien su autenticidad. Como ella, se trata de no esquivar las preguntas ni eludir responsabilidades, sino de responder a Dios que pregunta: Aquí estoy Señor, con mi verdad, mi miseria y mis grandezas..pero deseo que, pese a todo, se haga en mí tu palabra; pese a mi carga de pecado , quiero, como María, ser tu siervo. Recuperación del verdadero sentido del amor y autenticidad en la respuesta a las preguntas de Dios: dos actitudes necesarias y urgentes para el Adviento.


Homilía segundo Domingo de Adviento, ciclo C (6- diciembre- 2015)

Curioso y enigmático el personaje que nos propone hoy la Iglesia, ya más próximos a la venida del señor. Hijo de un mudo (Zacarías) y de una mujer estéril (Isabel), sin pretensiones de seguir la línea sacerdotal del padre, aparece en el escenario inhóspito del desierto de Judea, en torno a 28 o 29 de nuestra era, predicando “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”. Una predicación que, por el estado de tensión que se vivía en toda Palestina, tuvo bastante éxito con toda seguridad entre los estratos más bajos de la sociedad. Tres rasgos nos presenta el evangelista sobre él: el último profeta del AT; era muy austeroy su mensaje es de penitencia y conversión,ante el inminente juicio y castigo de Dios. Una profusión inusual de datos históricos, verificables, nos lo enmarcan. Datos que se refieren al poder religioso (Anas, destituido, y la voz de su amo Caifás, sumo sacerdote en activo,) y el político (Antipas rey títere en Galilea, Tiberio emperador, retirado a sus mansiones de Capri, y Pilato, prefecto romano). La precisión respecto al momento contrasta con la imprecisión del lugar. Genéricamente “la comarca del Jordán y el desierto” ambas tan genéricas como simbólicas- ¿Que no era comarca del Jordán y zona desértica en gran parte de la Palestina de entonces? Además en la literatura bíblica desierto es igual a soledad, conversión y encuentro con Dios... Con una cita de Is 40. 4-5 acaba el texto: la voz que grita en el desierto y anuncia la venida del Mesías. Tan solemne como intencionado encuadre tenía y tiene una clara intencionalidad: a la llegada de Jesús no es una casualidad histórica, ni está al margen de la misma. La Navidad no son unos días, que por demás coincidía con una fiestas bastante desmadradas en Roma.: las Saturnalias... Dios llega en todos los acontecimientos de la historia, que es un tejido elaborado cuidadosamente por Dios. La historia es el lugar de encuentro de sus dos grandes protagonistas: Dios y el hombre. Y en ella, sobre todo en ella, nos la jugamos todas... Llama la atención de este texto que todos los personajes citados, excepto los sumos sacerdotes, son paganos y extranjeros al servicio de Roma; está claro: el pueblo está fuertemente sometido, pero, a la vez, la liberación esperada es para todos. Lucas es un hombre ecuménico, un ciudadano “global”.

La voz, grito, en el desierto no parece que fuera escuchada ni en las fastuosidades de la Corte imperial en Capri, en donde Tiberio, ni en Tiberias desde en el pequeño reinado que va gestando, Antipas, ni en la residencia del prefecto romano en Cesarea marítima, ni en los aledaños del TEMPLO DONDE RESIDEN Anás y Caifás. En todos estos lugares no reina Dios. No hay sitio para nadie que no ande inmerso en rencillas cortesanas y confabulaciones para hacer preponderante su poder. Las veleidades de los videntes y profetas galileos era de poca monta para sus grandes ”intereses” y, además incómodos. Los pobres no acudirán ni al Templo, ni al Palacio ni a la residencia del prefecto; mucho menos a Capri. Tampoco para los pobres hay sitio en estas más que posadas. Pero Dios tiene que hablar. Pese a que en estos lugares no se le escuche y se le rechace. Y “vino la Palabra de Dios sobre Juan, en el desierto: Es el único lugar donde el ruido no puede acallar la voz. En él se vive con lo esencial, sin nada superfluo. Allí no hay maratones adquisitivos y acumulativos. Sólo hay lugar para la verdad desnuda de la vida. Y aquí reside el mensaje y a la vez nuestra tragedia de hoy: en una sociedad que “va bien” que es “políticamente correcta”; con una religión que da seguridad,estamos pertrechados para desviarnos, sin traumas de lo esencial. Nuestro indignante bienestar cierra cualquier resquicio para Dios. Para cambiar este mundo, tenemos que cambiar nuestra vida: hacerla mas responsable, fraterna, generosa y sensible ante tanto dolor. Si esto equivale a aguar las fiestas, que venga Dios.- que va a venir, pese a todo- y lo vea.

Francisco Aranda.

Homilía Primer Domingo de Adviento, ciclo C (29- noviembre- 2015)

Adviento, hoy ¿Oportuno o inoportuno? CONSOLAD, CONSOLAD A MI PUEBLO

 

Volver a empezar siempre tiene algo de cansino, repetitivo y tedioso. Nos puede ocurrir al iniciar hoy el nuevo año litúrgico, con el Adviento. Además, en el mundo las cosas no van bien; lo sabemos; también los primeros cristianos cuando en el libro de la Didajé pedían que “Pase este mundo”. Demasiado sufrimiento, horror y miseria observamos y experimentamos a nuestro alrededor. De ninguna manera nos puede gustar este mundo dominado por la fuerza, la injusticia; marcado por la desigualdad y la violencia; vacío de valores e idolatrando al dinero y otras tantas cosas. Es un mundo de fachada, escaparate, protésico, añadido a su propio ser. Y pese a todo la Iglesia, al comenzar el Adviento , nos invita a volver a soñar, a seguir esperando, a continuar comprometiéndonos para que todo llegue a ser distinto y nuevo.

Los textos de la liturgia hablan de eso: el LIBRO DE LA CONSOLACION del Deuteroisaías, que comprende los capítulos 30 a 45. Un texto puesto por escrito en Babilonia en tiempos de la segunda cautividad, (s. VI A.C), como un gran canto de esperanza en los momentos en que el pueblo de Israel atraviesa uno de los momentos más críticos de sus historia: “Consolad, consolad a mi pueblo” son las palabras que abren este canto y que se plasmará en una gran obra de la música sacra: el Mesías de Haendel. La constatación de tantos elementos que invitan a lo contrario no debe conducirnos a la tentación que afectó a la comunidad cristiana de Tesalónica, donde, apremiados por la inminente venida del fin se dedicaron, según una muy gráfica expresión de Pablo a “andar muy ocupados en no hacer nada”; al contrario, en el texto de hoy , el apóstol les invita a que en la espera de esa última manifestación de Dios no se crucen de brazos, sino que se preparen para el encuentro con el arma de un amor colmado, hasta rebosar. No importa, les advierte Pablo, el cuándo de la venida, sino prepararse para ella con el único pertrecho válido y definitivo: EL AMOR. Y la razón es obvia: el que ama está más cerca de Dios, permanece en Dios - porque Dios es amor- y, al mismo tiempo, el que se deja amar por Dios es alcanzado por el Dios amor.

El género apocalíptico del evangelio de Lucas tampoco nos debe llevar a engaño. Aún inmersos en la las angustias de las gentes; rodeados y acosados por cambios que parecen que lo van a trastocar todo y que con frecuencia nos dejan perplejos y atónitos; aún así, hay que “levantar la cabeza, porque se acerca nuestra liberación”. Es decir, a pesar de que lo indicadores apunte en esa dirección, el final no hay que pensarlo en cale de destrucción y caos, sino de superación y el progreso. Se trata de esperar y superar no el fin del mundo, sino el de “este mundo”. Porque el fin será unos cielos nuevos y una tierra nueva. Pero es preciso que todos, en la medida de las posibilidades de cada uno, pongamos manos a la obra, sentando las bases de una cultura de la paz, el servicio y el amor. Una Cultura de la vida, no de la muerte.

Francisco Aranda.


Homilía IV domingo de Adviento

David y María, dos formas de espera y una ESPERANZA

Dos modos distintos de vivir la espera de Dios nos presenta la Palabra: DAVID y MARIA. El primero ocupado a habilitar espacios externos y  ostentosos para Yahvé, afanado en realizar su proyecto; sus preparativos no son aceptables; Dios quiere algo al margen y más allá de nuestros   planes y  no comparte los  afanes de grandeza del rey. Y no verá David realizado su sueño que completarán sus descendientes (Salomón). La lección es patente: las promesas y lo deseos de Dios para con el hombre  en la mayoría de las veces no son coincidentes con las previsiones humanas. María, por el contrario, está disponible en actitud de escucha y acogida; dispuesta a insertarse en el plan de Dios, no a meter a Dios en el suyo,  sin otro bagaje que la  audacia de la fe: “Aquí está la esclava del Señor”.

Hace unos días, proclamábamos el anuncio del ángel a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista: en el marco solemne del Templo, a un representante oficial el culto y de la fe ancestral de Israel. Zacarías no lo cree, duda y se opone. Los depositarios de la  esperanza en la liberación de Israel no aceptan que pueda realizarse. Como castigo, Zacarías queda mudo hasta que nace el hijo: Juan, que predica un bautismo de conversión y la llegada inminente y justiciera del Mesías. Todo es diferente en la anunciación del evangelio de hoy: María, joven doncella, en una humilde estancia de la paganizada Galilea recibe un desconcertante mensaje; sin ninguna vinculación oficial al culto; sólo por línea masculina perteneciente al linaje de David; desposada, pero sin convivir aún con José, es la elegida por Dios para hacer realidad la promesa tan deseada por Israel. Todo parece absurdo e imposible, además de complicado. Pero María, no rechista, ni pide explicaciones, ni pone condiciones; sólo se asusta ante la magnitud de la empresa y la pequeñez de la elegida para llevarla a cabo. Y una respuesta: He aquí la esclava del Señor...

A dos días de   Navidad  el ajetreo de los preparativos no debería alejarnos de lo esencial. Ya no nos falta nada (a lo más, nos sobran demasiadas cosas)… falta  ALGUIEN que seguro vendrá; porque si falta él, tantas luces sólo pueden oscurecer la Luz, tantos árboles no dar fruto; tanta opulenta mesa , resultar desoladamente pobre; tanto vestido y adorno   ocultar el vacío interior. Y puede  que faltemos NOSOTROS: ajenos, entre la vorágine de estas fechas, al que está ya tan cerca. María, con su actitud, silencio contemplativo, su capacidad para recibir y acoger, sin oponerse sino colaborando con los designios de Dios,  es el prototipo de la espera y la esperanza, la mujer del adviento, la que ofrece el único espacio del que Dios tiene en verdad necesidad; el único templo que puede contener su gloria, él único espacio finito que puede albergar lo infinito; el único santuario que Dios necesita. Dios- que pone su tienda entre nosotros- ha encontrado en lahumanidad una digna morada; está en su casa cuando está con nosotros, cuando es dueño de la nuestra: en la calma, el silencio, la paz, el sosiego, la sencillez Sólo falta que nosotros vivamos en  actitud de plena disponibilidad. Al concluir el Adviento y  encarar la Navidad, falta que nos preguntemos: ¿hemos intentado allanar los caminos al Señor?


Homilía III domingo de adviento

"Poned la voz, no la letra"

Francisco Aranda Otero

           No es necesario ser un sesudo experto analista sociológico para afirmar que el mundo no va bien y lo que es peor, para dar cumplimiento a las célebres leyes de MURFY, podría hasta empeorar (por difícil que parezca). Partimos de esta poco alentadora constatación para afirmar algo que sabemos : estamos bien avanzados  en el tiempo del Adviento; hoy es el Domingo "Gaudete" ( alegraos ) que nos invita a ser hijos de la luz, siendo la Voz que pide conversión. Dos personajes centrales: el profeta Isaías, cuyo texto, "Tritoisaías" es obra de un discípulo con la intención de unificar y alentar al pueblo, recordándole que la principal idolatría  es haber dejado a un lado al Dios de sus padres .Es una llamada a la alegría sobre la base de la restauración mesiánica.

         Lo mismo  encontramos en la I Tes: Pablo habla en  la sinagoga, donde los judíos lo acogen con recelo; entonces se dirige a los paganos y encuentra mayor acogida; allí, en el año 51, recibe satisfactorias noticias de que esa pequeña y dividida comunidad soporta con entereza la persecución. En vistas de lo cual les envía esta carta donde les anima a seguir el camino iniciado :trabajar con serenidad para ser testigos de una esperanza que no se acaba aquí, sino que tiene previsiones y promesas de resurrección . La fe cristiana, nos viene a decir, no tolera la pasividad conformista; quienes saben unir la esperanza paciente al esfuerzo incesante son los que saldrán , transformados, al encuentro del Señor que viene. Este primer escrito del NT  irradia un sereno y esforzado optimismo ante un futuro que, tampoco para ellos, era del todo seductor

         Con estos precedentes abordamos el texto evangélico:el Bautista nos enseña  ante Dios no podemos exhibir  títulos, ni reclamar prebendas; mucho menos  rivalizar por salir en la foto. Solo cabe, declararse humilde servidor, mensajero… Voz… La voz se acaba en sí misma;  es...solo es  voz. Juan podía haber tirado de - el mayor de los profetas, el mayor de los nacidos de mujer, otro Elías, el profeta"…Pero su respuesta resulta inapelable: "Soy la voz que grita en el desierto". Su grandeza reside en  que es el hombre que se pierde en su relación con el otro; se define más por su relación con el Otro que por su nombre. Lo sustantivo de Juan no es ni su nombre, ni su profesión, ni su ascendencia o entronque, sino su fe y su misión. Ambas se definen por su relación a Cristo. Así lo hacían los nuevos cristianos: "Mi nombre es cristiano, no puedo llamarme por otro nombre distinto de lo que soy".

         La desmesura de la interpelación de aquellos mandados  funcionarios- burócratas- inspectores- cancerberos  religiosos - sacerdotes y levitas- no recibe una menos inmejorable respuesta: soy la Voz; Juan es la voz que grita en el desierto: ¿será porque  sólo desde el desierto se pueda escuchar?,  ¿porque has de hacer desierto para que llegues a percatarte de ella ? El profeta Elías dice que sólo escuchó a Dios en suave brisa y en el silencio

         En cualquier caso Juan grita y grita fuerte y dice muchas cosas que pocos quieren oír. Es un profeta y  "si se calla el cantor..". Los profetas ,que los hay, tienen la insignificante  virtud de ser estomagantes. Lo suyo es gritar, ser voz. Y no pueden callar. Nada existe más perjudicial para nuestras comunidades que  se sofoque, aísle o silencie la voz y la denuncia del profeta Con el agravante de que no hay nada más ensordecedor y más inquietante que su  silencio, aceptado o impuesto,

         Era la voz que ni se predica ni se; no se aferra al pasado, reforzando los defensas,  rehaciendo murallas, refugiándose en los cuarteles de invierno, ni siquiera trata de hacerse un sitio  entre  las antigua figuras proféticas del A.T; mucho menos adormecer o aletargar a sus incondicionales (diciéndoles lo que les gustaría escuchar)… es la voz que lanza hacia el futuro; prepara,  lo que  Otro completará; espera,  porque Otro llegará; inicia, y Otro concluirá. ¿Qué difícil nos resulta? No podemos, nunca, nunca, confundir el mensaje con el mensajero, porque el mensaje siempre trasciende y sobrepasa  al que lo trasmite; es mayor y más importante que sus mediadores. Si no fuera así ,se habrá quedado el Espíritu Santo en el paro.

         Ser voz de qué /quién y para qué: Voz de alguien, no de algo- no se puede perder en nuestra vidas la idea de que la convergencia de nuestra fe es una persona- Hijo de Dios: Cristo el Señor , Resucitado- de Alguien que es mucho más que yo; ni siquiera la relación Siervo- Señor (simbolizada entonces  en atar o desatar las correa de la sandalia), le sirve para fijar adecuadamente las distancias. Voz para  "allanar el camino del Señor": para eliminar  los obstáculos en que tropezamos y  dejar expeditos los caminos por donde viene, de nuevo, el que viene siempre.

Pero recibirlo exige la conjunción de una gracia de Dios con  una disposición personal: la CONVERSION; estar dispuestos a cruzar fronteras, soltar amarras, dejar soplar al Espíritu, no ponerles puertas al  campo, o intentar en vano  apresar  al viento.  (Isaías)  Es el Bautismo de sangre, como novedad radical del convertido, de tan grandes resonancias en las primeras iglesias cristianas. Es la esperanza contra cualquier forma de desesperanza o desencanto o estar de vuelta

II domingo de adviento

Francisco Aranda Otero

No es Juan, precisamente, un tipo fascinante, hecho para captar las simpatías y la admiración de multitudes. Más bien, parece un hombre huraño, arisco, indigesto para nuestra paladar moderno, que se vale de una curiosa dieta: saltamontes y miel silvestre. Ningún personaje, ni institución, importantes hoy, lo acreditaría como portavoz. Ninguna empresa le confiaría la tarea de relaciones públicas; ninguna institución religiosa lo reclamaría para suscitar vocaciones. Crearía, en todos los ambientes, incomodidad y rechazo, más que otra cosa.

No es un tipo tampoco tranquilizador o conciliador. Definitivamente no será utilizado en tareas de marketing o de asesor de imagen de nadie. Ni él parece estar muy interesado en agradar, lisonjear, adular o buscar el aplauso. En el desierto la Palabra sólo concita silencios no algaradas. Se encara, por si faltara algo, con su auditorio al que le echa en cara la exigencia de conversión y perdón de los pecados. Ha elegido el desierto, ni el templo, ni la plaza, ni los grandes espacios al uso, para decir lo que tiene- no lo que conviene decir. Sin ornamentos litúrgicos o hábitos ceremoniales. Su vestido es el del pobre, su divisa la del nómada: en el desierto ha descubierto la esencialidad del mensaje y se ha despojado de todo adorno más o mnos pintoresco.

Proclama lo preciso, lo único necesario y, para ello, debe hacerlo con lo preciso y necesario. Aquí tenemos ya  una muy buena lección para todos. Obsesionados por los medios -hipertrofia de los medios- descuidamos la sustancia, el contenido, el mensaje. Además, Juan no tiene ninguna necesidad, ni interés, de hablar de sí  mismo. Habla de “otro que es más que yo”. Ahí radica su grandeza, su autoridad, el aval que Jesús mismos le otorgará: el mejor de los nacidos  de mujer. Hay pues que tomarlo en serio

            Con frecuencia nos quejamos de “predicar en el desierto”, es como una condena que , de mala manera, soportamos. Juan predica en el desierto; porque entiende que es el lugar de la gran posibilidad del encuentro con Dios: “a través del desierto pasa Dios" ( Is 40,3).  Es el desierto lugar de encuentro, de discernimiento, de búsqueda.

            Y en el desierto, una Buena Noticia: PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR. No estan hechos los caminos, no estan solucionadfos los problemas, hay que preparar caminos y allanad senderos. Juan siembra retos, interrogantes, desafíos, inquietudes, deseos, dudas, búsquedas. No es su intención  de entregar a Cristo, porque no lo posee solo apunta, sugiere detrás de mi viene otro, al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

Bien es verdad que hay que hacer algo para no perder ese encuentro> valles/ abismos de vacio e insignificancia/ que hay que llenar. Montes y colinas de presunci’on y autosuficiencia que hay que rebajar. Terrreno acciodentado, de contradicciones, que hay que igualar. La estepa ardía de nuestra vida, quemada de muchas ilusiones, pide ser rescatada a través de la preparación de; camino que conduce al Señor o, mejor, a dejarnos encontrar por Él. El camino largo y tedioso de retorno, siempre mas difícil que el de la huida, la evasión la fuga. Es cuando uno es consciente de que no de debe cansar en la búsqueda cuando anticipa un cielo nuevo y una tierra nueva  (1 Pe 3, 13).

            Aun en los primeros compases del adviento, el mensaje es claro. Hay un quehacer continuo de despojo, de purificación para descubrir, en la desnudez y en la soledad/desierto/ la presencia que puede colmar nuestra espera, satisfacer nuestras expectativa, levanta nuestros desencantos y ofrecer salida a nuestras más profundas inquietudes, la paciencia interminable de nuestro Buen Dios, para quien un día es como mil años y mil años como un día (1Pe). Y su paciencia es porque no quiere que nadie perezca, sino que se convierta (1 Pe).

            Esta es la alegre noticia que nos trae el mensajero en el desierto: DIOS VIENE Y VIENE SIEMPRE, desde siempre.

I Domingo Adviento

"no mirar para otro lado"

Francisco Aranda Otero

Si la meta es común, ¿por qué tanto desamor en la carrera?

 El discurso escatológico de Jesús ( Mc, 13) consta de tres  partes y tres exhortaciones: frente a conflictividad político- religiosa: Discernimiento; frente a Venida del Hijo del Hombre :esperanza; frente a dura realidad: Vigilancia.

Iniciamos el Adviento y, al margen de otros tópicos- más o menos afortunados u oportunos -lo cierto, para los creyentes, es esperamos a un Dios sorprendente; siempre lo es. Sorprende porque no viene a solucionar, “manu militari”, los entuertos que hemos ido cuidadosamente fabricando, sino a "poner su casa entre nosotros", viene para quedarse, no para visitarnos esporádicamente (Dios con nosotros); sorprendente porque no viene para exigir, sino para dar: "Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de Ti, que hiciera tanto por el que espera en EL" ( Is. 64, 2) y sorprendente porque nos invita no a huir , sino a discernir lo que los acontecimientos, aún los más  penosos o enigmáticos, nos quieren decir

Para ser fiel a este Dios sorprendente no cabe mirar  para otro lado ante las realidades que nos han tocado vivir. El encargo de vigilar y trabajar no es delegable en nadie. Sólo le es fiel, quien compromete su vida, no en mil intereses y objetivos accidentales y personales y extraños al reino, sino en la construcción de un mundo de todos y para todos, donde quepa la dignidad y la esperanza. Para ser fiel, además hay que saber mantener esta espera, en el silencio contemplativo y en la profundización del mensaje del que vino no a condenar, sino a salvar y, para ser fiel hay que aprender también a amar, no a despreciar, nuestra propia vida. El futuro se juega en el día a día. Las personas que no ama su vida no saben vivirla. Para ello debemos empezar a desengancharnos de tantas cosas que nos atrapan, que nos inclinan a "evadirnos hacia un mundo feliz" recabando para ello cada uno su propia droga, que sólo nos conducen al mundo del vacío y de la insatisfacción.

Si añadimos a esta situación la realidad de un clima social cada vez más conflictivo y opaco; cada vez menos luminoso, podemos entender la carga liberadora de esta Palabra con la que iniciamos el Adviento: Vendrá el que convierta nuestra tristeza en gozo, nuestras lágrimas en cantos. Vendrá porque es fiel. No es de nuestra incumbencia conocer cómo o cuándo o dónde, sino ir allanado los caminos o avenidas de acceso del Señor de la vida y de la Historia. Porque sabemos QUE VENDRÁ.