Solemnidad de Cristo Rey del Universo

Vencemos por un Rey perdedor

 

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO

 

Concluir el año litúrgico, con el plus en este caso del Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, con la Solemnidad de Jesucristo , Rey del Universo,fue un acierto ya del Vaticano II y tiene una sólida base teológica: Cristo Alfa y Omega, principio y fin, manantial y desembocadura de la historia y de la humanidad. La fe, en todas sus manifestaciones deben orientarse y acabar en Él; es fe cristológica. Leemos en la segunda lectura: “Por medio de Él fueron creadas todas las cosas…Todo fue creado por Él y para Él”(Col 1, 12ss)

Jesucristo es el Rey del Universo. Pero esta realeza tiene connotaciones que no podemos olvidar, para que no se falsee o manipule, como ha podido ocurrir y ocurre

Su verdadero sentido nos lo presenta el hermoso prefacio de la misa de hoy- reino de verdad, de justicia, de amor y y de paz- y el evangelio ( Lc 23, 35-43) El escenario: un promontorio fuera de la ciudad, “lugar de la Calavera” donde se exponía, para escarnio y escarmiento, a los ajusticiados, patíbulo de esclavos: El Calvario y una Cruz, o tres.

Teniendo en cuenta la 1ª lectura ( 2 Sam 5, 1-3) , donde hay una investidura sobre David por aclamación de todas las tribus, observamos diferencias con el evangelio: mientras en ella la investidura de David es plebiscitaria, en el evangelio, es contestada. El pueblo aparece neutral y oportunista; los soldados se burlan ; otro de los crucificados con él, le insulta; la inscripción, es una mofa- “éste es el rey de los judíos” . Sólo otro delincuente le reconoce como rey, pero curiosamente se dirige a él con un nombre muy cercano y cordial: el suyo. Jesús

David se ha impuesto por la fuerza de las armas, la única fuerza de los débiles. Jesús , en la cruz, es un rotundo perdedor. Donde está la Cruz no hay espacio para la fuerza, sólo para la libre adhesión, en el amor, sin coacción ni imposición

Un Rey vencido por la fuerza, pero que vence en la debilidad del amor, jamás puede admitir el “honor de las armas”

El diálogo entre jefes y soldados y el crucificado es significativo. Los jefes se manejan con el lenguaje del poder y le piden a Jesús que se ponga a su nivel. “ A todos ha salvado, que se salve a sí mismo…si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.” Jesús parece no oír. Su único lenguaje es el del amor, perdón y misericordia: “hoy estarás conmigo en el Paraíso”

En la cima del Calvario, Cristo está coronado no por una aclamación que exalta su fuerza militar, sino por un prodigio de perdón y reconciliación. Por eso ofrece “derecho de asilo” incluso al malhechor. Sus brazos, clavados pero abiertos, acogen a quien desee “ponerse a salvo” Lo había repetido hasta la saciedad; “he venido a curar no a los sanos sino a los enfermos y a los que se consideran perdidos”. Siempre ha estado con ellos, pese a los ataques de las “personas de orden” . Y ocurre en el momento definitivo de la cruz. Muere como vivió: rodeado de “indeseables”; era la gran acusación

Uno de ellos, al que la tradición ha llamado el “buen ladrón” lo reconoce como rey y se convierte en el primer ciudadano de ese aparentemente imposible nuevo reino ( “Hoy estará conmigo…”) El “buen ladrón” no obtiene la salvación física, como le pedían, sino la total. Sufriendo con él la muerte, sigue a Cristo el “primogénito de todos los muertos( 1ª lectura)

La historia del tal “Dimas” es equiparable a la nuestra. Como este primer cliente del Reino, formamos parte del séquito de los que dan gracias al Padre porque nos ha sacado del dominio de la tinieblas y nos ha conducido al Reino de su Hijo querido” ( 1ªlectura)

En resumen, por el camino de la derrota, vencemos en aquel que “es el primero en todo; el principio…haciendo la paz por la sangre se su Cruz” ( 1ª Lectura)

 

 

VIVA CRISTO REY

 

 

 

 

 

Casi todos los historiadores coinciden en aceptar que la causa más determinante de las conocidas persecuciones romanas fue la contumaz negación de los cristianos en negarse a dar culto al emperador. Los cultos imperiales romanos eran un signo externo inapelable de la sumisión a su autoridad y la realeza. No se trataba sólo de actos o espectáculos públicos de exaltación de su grandeza y soberanía, sino, además y sobre todo, de reconocimiento y acatamiento de su “realeza”, que tenía claras connotaciones divinas.

 

 

 

Lo que explica que muchos cristianos, para reafirmar la única soberanía y realeza de su Dios exclamasen, antes de ser entregados al martirio, la expresión ¡Viva Cristo Rey! . Gozamos de muchos testimonios en este sentido en la literatura martirial, como en autores de la época (Policarpo, Ignacio de Antioquía, Cipriano y Tertuliano, entre otros)

 

El título Chistus Rex es aclamación latina , pero hunde sus raíces en las Sagradas Escrituras, donde aparece vinculado a los de “Rey de los siglos”(1 Tm, 1,17), “Rey de Israel” ( Jn1, 49)”Rey de los Judíos” ( Mt 27, 11) , “Rey de Reyes” ( 1 Tm 6, 15) , “Rey de los santos” ( Ap 15,3) , “ Soberano de los reyes de la Tierra( Ap 1,5)

 

A la vez , es un título frecuente que , como solemnidad de Cristo Rey que se celebra en la Iglesia Católica, Anglicana, Episcopaliana, Presbiteriana y algunas Luteranas y Metodistas

 

 

 

Cuando la instituye Pío XI, mediante la encíclica “Quas primas”( 1925) -posiblemente una de las peor entendidas e ignoradas de todos los tiempos”- es cierto que corrían tiempos difíciles: la pérdida de los estados pontificios, la creciente secularización del mundo y la nostalgia del esplendor de la Cristiandad medieval, propician este intento de la Iglesia de reafirmar su primacía acudiendo a la figura de Cristo Rey.

 

El Vaticano II cambió su ubicación (final del año litúrgico) y su sentido (expresar la consumación del plan de Dios en la figura de un Cristo Rey que ejerce como tal desde la impotencia frente al poder religioso del Sanedrín y político de Pilatos)

 

Pese a todo , no convine pasar por alto lo que, en la misma encíclica. se cita de San Cirilo de Alejandría “ Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sin en virtud de su misma esencia y naturaleza”.

 

El papa emérito Benedicto XVI , y su predecesor , San Juan Pablo II, han coincidido poner de relieve que el reinado de Cristo no se basa en el “poder humano” , sino en el amor y el servicio a los otros ( Catholic World News, Nov , 27, 2006)

 

La excelencia de dicha Solemnidad se recoge en el Introito de la Misa del día :

 

Dignus est Agnus, qui occisus est, accipere virtutem, et divinitatem, et sapientiam, et fortitudinem, et honorem.
Ipsi gloria et imperium in saecula saeculorum.
Deus, judicium tuum Regi da: et iustitiam tuam Filio Regis. 

 

 

 

Francisco Aranda Otero, sacerdote

 

 

 

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SOLEMNIDAD DE CRISTO REY: EL REINO DE DIOS  ESTÁ DENTRO DE NOSOTROS
Por Francisco Aranda Otero
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FELIZ REY:REINA POR SER TESTIGO DE LA VERDAD



Es la festividad de Cristo Rey de contrastes que ya aparecen en sus orígenes, cuando la instituye PIO XI mediante la encíclica “Quas primas” en 1925: la pérdida de los estados pontificios, la creciente secularización del mundo y la nostalgia del esplendor de la Cristiandad medieval, propician este intento de la Iglesia de reafirmar su primacía acudiendo a la figura de Cristo Rey.
El Vaticano II cambió su ubicación (final del año litúrgico) y su sentido (expresar la consumación del plan de Dios en la figura de un Cristo Rey que ejerce desde la impotencia frente al poder religioso (Sanedrín) y político (Pilatos).
El contrate es claro en las lecturas de hoy: en la 1a lectura - Daniel- se le da el título de Hijo del Hombre, título de grandeza y victoria aplicado a Cristo, o en la segunda del Apocalipsis donde se declara el Alfa y Omega al que hay que dar toda gloria. Sin embargo, el evangelio pone de manifiesto algo distinto. Es el
diálogo entre Jesús y Pilatos, entre el representante del poder romano y ese indefenso e incómodo reo, al que se le acusa de desórdenes públicos, de socavar los cimientos tanto de la piedad judía como del poder romano; el encuentro entre un hombre esclavo de los intereses de un mundo de opresión
y poder, frente a un hombre libre que se ha decantado por los valores del reino y del hombre; entre alguien que ostenta todos los atributos de la prepotencia, con otro cuyos atributos son una ridícula corona de espinas y un raído manto de púrpura La riada de preguntas del primero- ¿Eres rey de los judíos? ¿Qué has hecho?¿Eres rey?- no provocan la respuesta que Pilatos esperaba puede que hasta para eludir de alguna forma, la condena a muerte, que incesantemente pedían los judíos y que él, en aras de su prestigio y seguridad no deseaba e ninguna manera. Pero la dramática situación lo ponen en un aprieto y manifiestan la absoluta libertad de Jesús, su fidelidad a la misión recibida, aún a sabiendas del coste Jesús no rechaza su realeza, como lo había hecho en su vida, sino que la ratifica y añade:” Mi Reino no es de este mundo...he venido para ser testigo de la verdad”. Tras esta respuesta Pilatos ordena que lo azoten y empieza el escarnio de la soldadesca hasta que, ante las insistencia del mismo pueblo, lo entrega a la cruz.
Nos acercamos al sentido de la fiesta de hoy : Jesús es nuestro rey; pero de un reino que no es de este mundo, porque está enfrentado a los poderes que se mueven entre los bastidores de la mentira, la mediocridad, competitividad, injusticia, agresión a la vida y a su dignidad, egoísmo y violencia. En las antípodas está sólo la VERDAD (reino de verdad, vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz proclamamos en el prefacio ).
También el texto de hoy suprime la última pregunta de Pilatos ¿ Qué es la verdad?, ni a él parece interesarle. Pero ahí radica lo que nos singulariza en la historia a los creyentes en este Rey: ser testigos de la verdad. En ello reside la verdad del que quiera ser servidor del que vino a ser Rey, siendo hermano y compañero en todos los sufrimientos y el dolores que acompañan la vida del más débil. ¿Somos ciudadanos de este Reino y seguidores de tal rey? ¿ Cómo hacemos concreta nuestra opción por la verdad? ¿ A costa de qué?

El cielo son los otros

 

El infierno son los otros, escribía Sastre. Pero este evangelio nos dice precisamente lo contrario. Con la solemnidad de Cristo Rey del Universo, cerramos el año litúrgico. Lo hacemos con un pasaje sorprendente, profético  e inapelable, donde  el criterio supremo para gozar del Reino, para ver  y conocer a Dios es el amor. La escena nos representa un juicio público universal. El juez, el Hijo del Hombre, ante quien comparecen todas las naciones. Tiene lugar en un momento impreciso “cuando venga el Hijo del Hombre. Y como imputados dos grupos de personas cuyo comportamiento, aquí en la historia, ha sido diametralmente opuesto. Es un juicio de separación y definitivo. Y, es curioso, el veredicto pilla de sorpresa tanto a unos como a otros. La sentencia se pronuncia en forma de maldición o bendición. La sanción: heredar el Reino o ser arrojados al fuego eterno. Todo con un criterio inesperado por todos: lo que cuenta es la actitud de amor o indiferencia hacia el necesitado. Así, con este mensaje, quiere despedirse Mateo en su evangelio, que, lo hemos ido viendo, presenta un enfrentamiento incesante y progresivo con las autoridades religiosas del Israel. Lo que cuenta es lo que hayamos hecho a Dios, presente en los enfermos, encarcelados, desnudos…no figura ni se menciona ni la oración, ni el culto, ni la comunidad. ¿Por qué? Porque puestos a dar una clave única y definitiva, una contraseña que permita el acceso, no hay vuelta de hoja: ES LA OPCION POR LOS POBRES. Lo demás, sin esto, no sirve. Y no hay más. Es el test definitivo de nuestra existencia como seguidores de Jesucristo.

            Pero echemos una ojeada y trasvasemos la parábola al momento actual. Y debemos afirmar que no se trata sólo de obras de caridad, sino a un compromiso socio-político  que se oriente a favorecer una sociedad libre, democrática y fraternal. Porque es fácil hacer muchas obras de caridad y seguir explotando al débil, apoyando situaciones contrarias a la justicia. Y nos sólo las acciones aisladas tienen trascendencia, también las estructuras sociales, la relaciones internacionales, las políticas de bloques, el abismo Norte- Sur… tienen una dimensión trascendente; tienen que ver con el proyecto de Dios: el Reino. Jesús, el Señor, es el único Señor del Universo. Y le corresponde devolver a Dios un mundo salvado y reconciliado. Compartir este señorío, sentarse a su derecha es abrirse a las necesidades y los padecimientos de los demás; reconocerle en el pobre; trabajar por mundo más  cercano al deseo de Dios. Unas palabras de Juan Pablo II cuando, en una homilía, comentaba este texto: “A la luz de las palabras de Cristo el Sur pobre juzgará a opulento Norte. Y los pueblos pobres -no sólo faltos de alimentos, también privados de libertad y de otros derechos humanos- juzgarán a los que le arrebatan estos bienes, acumulando para ellos el monopolio imperialista del predomino económico y político a expensas de otros” (Namao, Canadá, 1995).

Creer que Dios nos ha comunicado su vida no nos puede sacar, bajo ningún concepto, de la historia; sino adentrarnos en ella, asumirla plenamente; en lo transitorio es donde se juega lo definitivo. Por eso la opción por los pobres, más que una moda pasajera, es la mejor reformulación para hoy de la enseñanza de Mateo. Son los pobres el camino y el sacramento de nuestra salvación: Quien acoge a los pobres y organiza su vida en función de ellos, pese a que camine entre perplejidades y oscuridades respecto a Dios, está viviendo ya, aquí y ahora, en el amor de Dios. Lo está conociendo aunque no lo sepa. Está salvado. Es el Principio- Misericordia algo frontal, siempre presente y activo en la persona. Puede que si avanzamos por esta reflexión, como a los del Evangelio, la perplejidad nos arranque la tremenda pregunta que es, a la vez, una autoinculpación: ¿Cuando te vimos en la indigencia y no te socorrimos? Estamos a tiempo, de salir de nuestras dudas: “si lo hacéis con uno de estos mis pequeños, conmigo lo hacéis”.