IV DOMINGO DE CUARESMA. CICLO A ( Jn 9, 1-41)

“Jesús es para los  excluídos”

 

 

 

Un relato inolvidable, seductor.. que engancha. Tradicionalmente le llamamos la “curación del ciego de nacimiento”; pero es mucho más: porque el evangelista, en un prodigio narrativo, nos presenta el recorrido que va desde un hombre perdido en las tinieblas y la postración, hasta llegar al encuentro con Jesús, “luz del mundo”

 

El protagonista, para aumentar el suspense, no tiene nombre. Es anónimo. Sabemos de sus penosas circunstancias: mendigo , ciego de nacimiento, que pide limosna cerca del templo. No conoce la luz, ni la ha visto nunca. Ni camina por sí mismo, ni se vale para nada. Vive en la más terrible de las frustraciones y postraciones …una vida indigna.

 

Casualmente, en su vida se cruza Jesús. Y tanta fe – y necesidad – tiene que deja que le “trabaje” en sus ojos. Confía en su fuerza curadora: va y limpia sus ojos en la piscina de Siloé, tal y como le ordena…Y empieza a ver. Se ha encontrado con Jesús y eso cambia su vida

 

Los vecinos le notan transformado y les explica su experiencia: “ Un hombre que se llama Jesús lo ha curado”. Ya no sabe más. No sabes quién es, ni donde está , ni de donde viene…le ha curado y basta. Es que Jesús hace el bien hasta con los que sólo reconocen su nombre

 

Otras explicaciones recaban los entendidos en religión- los fariseos- y él les habla de lo que ha vivido, sin más: “Sólo sé que no veía y ahora veo”. Le insisten en que piensa del tal curandero; dice que es UN PROFETA. Es la fe de los sencillos- que no la del carbonero-: no saben alta teología, pero sienten que ese hombre viene de Dios

 

En este empecinamiento, el mendigo se va quedando sólo: ni siquiera sus padres lo defienden, están asustados y le puede echar de la sinagoga, con todo lo que ello suponía para un judío ortodoxo. Al ciego , que ahora ve, sí que lo echan y Jesús va a su búsqueda. Es que Jesús tiene sus propios e insospechados caminos para quienes lo buscan

 

El encuentro de Jesús con el hombre que ya sí que ve, a quien nadie parece querer entender, se condensa en una pregunta. “ ¿Crees en el Hijo del Hombre, es decir, el hombre plenamente hombre porque es la encarnación del misterio de amor y cercanía que es Dios? El mendigo, antes tambien ciego, aunque esta dispuesto a creer , parece más ciego que antes: ¿ Y quién es para que crea en él?

 

La respuesta de Jesús es inequívoca: “Lo estás viendo , el que está hablando contigo? Y entonces al ciego se le abren otros ojos: los del alma. Se postra y exclama: “creo, Señor”

 

Es que sólo escuchando a Jesús y dejándonos conducir por él vamos caminando hacia la fe y hacia la Luz.

 

III CUARESMA : Jn , 4, 5-52)

 

UN ENCUENTRO PELIGROSO CON ALGUIEN IMPREVISIBLE

 

Una mujer de Samaria llega a un pozo a sacar agua, ajena a lo que allí la espera y que nada en la trivialidad de su vida cotidiana, hacía previsible: va por agua con el cántaro vacío para volverse con él lleno a su casa. No hay más expectativas, ni más planes, ni más deseos.

 

Pero lo imprevisible la está esperando junto a aquel galileo sentado en el brocal del pozo que entabla conversación con ella sobre cosas banales, como para no asustarla: hablan de agua y de sed, de pozos y de viejas rencillas entre pueblos vecinos, cosas de todos los días. De pronto irrumpe el lenguaje de “las cosas de arriba”: el don, un agua que se convierte en manantial vivo, la promesa de una sed calmada para siempre, un Dios en búsqueda, fuera de los espacios estrechos de templos o santuarios.

 

La mujer se defiende e intenta mantenerse en un nivel de trivial superficialidad, huyendo de la irrupción de lo de arriba en su vida. Pero al final de la escena el cántaro que era símbolo de la pequeña capacidad que está dispuesta a ofrecer, se queda olvidado junto al pozo, inútil ya a la hora de contener un agua viva.

 

Como en tantas otras ocasiones, el evangelio nos sitúa ante un Jesús imprevisible, capaz de vencer la estrechez de nuestras expectativas a la hora de recibirle. Los evangelistas se encargarán de poner de relieve esta presencia de lo desmesurado e imprevisible que parece acompañar las actuaciones de Jesús, desbordando siempre lo que se esperaba de él: ni los novios de Caná necesitaban tanto vino (Jn 26), ni los discípulos una pesca tan abundante que casi les revienta las redes (Lc 5,6); y para sostener las fuerzas de la gente que le había seguido al desierto bastaba un bocado de pan y pescado, no que sobraran doce cestos (Jn 6,13). El paralítico lo que quería era volver a andar, no esperaba volverse a casa libre de la carga de sus pecados, y Zaqueo, interesado solamente en ver el aspecto de Jesús, se le encontró metido en su casa y compartiendo su mesa (Lc 19); las mujeres sólo pretendían que alguien les descorriera la piedra del sepulcro para embalsamar un cadáver, pero se encontraron al Viviente saliéndoles al encuentro (Mt 28,1-10).

 

Siempre el mismo derroche por su parte, y siempre la misma resistencia por la nuestra a la hora de ser adentrados en lo imprevisible. Y eso ya desde que Sara se reía por lo bajo, escéptica y reticente ante una promesa que desbordaba por arriba sus previsiones.

 

 

 

Dolores Aleixandre

 

 

 

"Por la renuncia al triunfo" Segundo domingo de cuaresma.

2º Cuaresma -A

 

 

 

Abraham recibe una llamada y una promesa; fiándose de Dios deja su casa y su tierra para ponerse en camino hacia una tierra que no tiene ni nombre ni lugar. Es el camino oscuro y cierto, velo y revelación, desierto y tierra prometida , riesgo y gloria, muerte y transfiguración de la fe . A mitad del camino hacia Jerusalén, Jesús quiere compartir con sus más íntimos y cercanos una experiencia anticipo de su gloria: la experiencia del Tabor. A Abrahán, pese a la promesa, le queda un largo trecho, nada fácil ni expedito; la luz de la fe jamás elimina el rigor del camino. También Jesús, transfigurado en la cumbre, bajará al valle donde sabe que le espera la miseria de la vida y la cruz. Lo que pretende Pedro, permanecer arriba al margen de la prueba, queda descalificado para siempre y nos llega a nosotros: hay que abajarse, hasta los sótanos del mundo, responder a sus preguntas y afrontar, sin escapismos ni evasiones, la prueba de la fidelidad al Señor y los hermanos. La gloria, como promesa y horizonte, tiene que pasar, sin camino alternativo, por la cruz. Desde esta realidad sí que es posible, al menos iluminar - nunca comprender y explicar - los padecimientos de la Iglesia y del cristiano. Lo expresó S, Agustín: "la Iglesia va peregrinando por la historia entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios" Y ello con una certeza de partida: Dios es fiel y cumplirá su palabra; por eso, el futuro del hombre no es la ruina ni la cruz, sino la gloria; estamos amenazados no de muerte, sino de resurrección; el final, no será hecatombe, sino transfiguración.

 

Es del todo necesario que, a la vista de los acontecimientos y cuando desde todas las instancias de opinión se nos empuja a apurar la vida porque es lo que tenemos, y a dejarnos de pensar en sus orígenes y fines, reivindicar la esperanza: sabemos de dónde venimos y adónde vamos, por qué y por quién caminamos, hacia dónde y hacia quién nos dirigimos

 

En la Cuaresma, junto a Abrahán y Jesús, seguimos caminando. Y como propuesta para esta segunda semana vayan estas sugerencias: tenemos que vivir la fe en medio, no al margen, de una sociedad indiferente, turbia y a veces hostil; mantener la esperanza, contra viento y marea, en un mundo que se afana por vivir el día y al día; testimoniar un amor fiel y de corazón a todos los compañeros de viaje. Tres instrumentos de fidelidad - fe, esperanza y caridad- para recorrer el camino que llega hasta la Pascua. Llegará, ciertamente, el día que se nos haga del todo la luz y descubriremos con gozo la tierra prometida. Pero no nos empeñemos en la absurda pretensión de Pedro: llegar arriba, permanecer arriba, sin abajarnos. No podemos, por más que lo intentemos, ser más que el Maestro.

 

“ Dejad a Dios ser Dios”

Primer domingo de Cuaresma: Ciclo A: LAS TENTACIONES EN EL DESIERTO

 

Desierto, en la biblia, puede tener una doble significación: lugar de encuentro con Dios, intimidad, diálogo. Donde Yahvé llama al pueblo. Y tierra inhóspita, árida, dura. El anti Edén. Lugar donde se libra el combate con el Mal. Por tanto, es tierra de bendición y de maldición. Oasis benéfico o prueba cruel

Tentación no es la inclinación al mal, sino que es un poder en acción; un manos a la obra, con intención de romper o separar. Probar la resistencia de una persona, controlar su constancia.

En el relato de Mateo, el tentador intenta separar a Jesús del proyecto del Padre, de su camino de Mesías doliente, rechazado y humillado, a cambio de un camino de facilidad, triunfo y poder. En un diálogo a golpe de citas de la Escritura. El diablo propone, para alejar a Jesús de su camino de la cruz, varias esperanzas mesiánicas

Primero, uno que consiste en una esperanza terrena, que se limita al bienestar económico ( piedras-pan) . Es reducir la esperanza de la salvación a un proyecto material

Luego, otro bajo el signo de lo espectacular (tirarse desde el alero del templo), que evite el camino difícil de la fe para abrirse a un escenario donde se obligue a Dios a intervenciones milagreras, que alejen toda duda y toda búsqueda

Por último, en tercero encarnado en los zelotas: el del poder aún a costa de la violencia y la guerra: lejos del camino del amor, la misericordia y la libertad. El camino del dominio, la subyugación y la fuerza…” para mayor gloria de Dios”

 

Jesús rechaza debidamente estas sugerencias y refuerza su determinación y voluntad de seguir sólo el camino establecido por el Padre; reafirma su fidelidad al proyecto divino, sin concesiones a desviaciones o distracciones como son el éxito y la popularidad: No sólo de pan… (el hombre es algo más que estómago y cartera); que sus horizontes no se pueden confiscar por la búsqueda exclusiva y obsesiva del bienestar económico, por las modas, el consumismo y conformismo. Que el hombre no viene aquí sólo para producir, acumular o medrar, Tiene que aprender a tener hambre de Dios

“No tentaras al Señor tu Dios…. El camino de la fe pasa tambien por los temibles silencios de Dios, la oscuridad, la duda, las contradicciones. La fe no se nutre de milagros o prodigios, sino de paciencia, espera, coraje. Hay que preferir la confianza a los signos

 

Está escrito: al Señor sólo adorarás …Es necesario deshacerse de los ídolos, unificar, centrar la vida en la esencial, no perderse en cosas efímeras, resistir los cantos de sirena de la vanidad t el orgullo

 

A destacar: 1) las tentaciones no se agotan en este prólogo; toda la vida de Jesús está atravesada por ellas, que proceden o del gentío, los jefes, ciertos grupos…los mismos discípulos. Sin cesar tiene que dejar claro el alcance y sentido de su forma peculiar de ser Mesías. La fidelidad al Padre la paga, de sobra, con el alto precio de la incomprensión y la soledad

La escena de hoy tiene un importante paralelismo con el “paso” de Israel por el desierto: Jesús, nuevo Israel que afronta las mismas, pero Cristo resulta vencedor; Israel salió derrotado.

Nosotros, la Iglesia de nuestros tiempos, debemos estar confrontando nuestra vida con esta página evangélica, ara garantizar su autenticidad en la misión y purificar las adherencias deformantes que la vuelven gris y opaca. La resistencia a las seducciones “reductoras” que apuntan hacia la comodidad, el éxito y el poder encuentran su fuerza aquí

Y el cristiano debe ajustar cuentas con la escena que se desarrolla en el desierto para recuperar su identidad y sentido en el mundo y la sociedad

Bien es verdad que un día Jesús convertirá multiplicará los panes para saciar a la gente que le seguía, pero no transformará las piedras en pan, sino que servirá de lo poco que aporta un muchacho: el milagro, nos da a entender, está en el compartir

Más tarde Cristo será glorificado y ensalzado, pero no sobre el alero del templo, sino desde al árbol de la Cruz. Y no aceptará la invitación a bajarse, salvará a todos perdiendo su vida. Es el el “paso” del discípulo, que no puede eludir el camino incómodo del Calvario

Se pondrá de rodillas, en Getsemaní, no ante Satanás sino ante el Padre para pedirle que se haga su voluntad; ante los apóstoles para lavarle los pies, poniendo patas arriba todos los criterios de grandeza posibles. Su grandeza está en el servicio. Y así nos quita toda posibilidad de usar a Dios a nuestro antojo o arbitrio.

En resumen, nos deja claro que cuando se dice Dios apelamos a su voluntad No es de recibo invocar ese nombre como rampa de lanzamiento para nuestros proyectos y codicias, disfrazadas de motivaciones falsamente religiosas

Hay que saber dejar a Dios ser Dios

 

domingo v dia del seminario.

Enviados a reconciliar

En Israel el adulterio se consideraba delito público y falta contra la ley de Dios, que lo castiga con la muerte (Lev 20). Con el tiempo esta ley se volvió contra la mujer; por eso, el adulterio del hombre casado sólo era tal si las relaciones eran con mujer casada. Para la mujer casada era irrelevante que el hombre lo fuera o no. Además, la mujer sospechosa de adulterio era sometida a la prueba de toma aguas amargas. Si el vientre se le hinchaba era señal de adulterio. La prueba la realizaban los sacerdotes y no se podía someter al hombre a este rito. Si se comprobaba el adulterio, el castigo era la muerte por lapidación. En el evangelio de hoy observamos: el contraste entre la implacable severidad de nuestros juicios hacia los demás y la indulgencia para con nosotros mismos ( “el que de vosotros esté…); la rigidez de la justicia humana y la misericordia de Dios. Escribas y fariseos representan la dureza de una actitud antievangélica. Toda la narración tiene un trasfondo: la trampa que se le tiende a Jesús: si se inclina por la absolución, se coloca contra la Ley judía; si por la condenación, contra la ley romana que prohibía a los judíos ejecutar al reo por su cuenta. El juicio de Jesús es doble: a los acusadores los pone cara a cara con su pecado; a la acusada, le concede el perdón, la paz y un futuro nuevo: no peques más. Es el modo de del Padre bueno.

Aprender: 1)la acogida al pecador: una constante en la vida de Jesús y una acusación que le hacen sin cesar y una llamada a nuestra capacidad de acogida, 2) llamar a los cosas por su nombre: Jesús lo hace: vete y no peques más. Algo importante en una cultura que ignora la noción de pecado y la elimina del lenguaje. Si Jesús la acoge no es porque le reste importancia, sino para rehabilitarla de su torcida conducta, 3) Jesús evidencia a los acusadores: escribía en el suelo y los acusadores captan el mensaje: empiezan a retirarse, empezando por los más viejos, 4) Obrar siempre con misericordia: los acusadores le niegan a la mujer la posibilidad de cambio y conversión; el futuro, Con las piedras tratan de sepultar el pasado, el futuro y a la misma persona. Jesús liquida el pasado y le da un futuro esperanzador y de paz .El castigo es estéril; el perdón, creativo, 5) Lanzar piedras es juzgar a las personas con criterios contundentes, inapelables. El seguidor de Jesús tiene que actuar por inclusión, no por exclusión. Frente al juicio y la condena fácil, se impone la comprensión y la confianza en que toda persona puede y debe hacer girar su vida en otro sentido. Antes de arrojar piedras, hemos de ser capaces de juzgar nuestro pasado y nuestro pecado. A lo mejor, hasta descubrimos que no son los otros, sino yo, quien merece ser condenado. O bien, que no es la condena sino la ayuda fraterna y la posibilidad de rehacerse la que logra la salvación del pecador. Lo que la mujer adúltera necesita no son piedras, sino un corazón misericordiosos- comprensión y acogida- y una mano amiga que le devuelva a su condición perdida y le ayude a levantarse

En el día del Seminario, que hoy celebramos, ningún texto mejor que el del Evangelio para rezar por las vocaciones sacerdotales, por nuestro Seminario de Málaga para que sea vivero de “misioneros de la misericordia” “enviados a reconcliar” como reza el lema de este Año Jubilar de la Misericordia.

Esquema de la charla cuaresmal dia 11-3-16

LAS OBRAS DE MISERICORDIA PROLONGAN EN LA HISTORIA EL OBRAR DE JESÚS

 

 

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

 

 

 

PUNTO DE PARTIDA: Mat. 25, 3-36

 

 

 

CORPORALES Dar de comer al hambriento (Jn 6, 14,24-27); Dar de beber al sediento Mt 10-42); Acoger al extranjero (Mt 25, 34-35); Vestir al desnudo( Is 58, 6-8) ; Visitar y asistir al enfermo (Jn 5, 1-18); Visitar a los encarcelados( Is 58, 6); Enterrar a los muertos (Tob 1, 16-20)

 

 

 

ESPIRITUALES: Dar consejo al que lo necesita (Baruc 3, 9-15), Consolar al triste ( Lc 16, 19- 31); Corregir al que yerra ( Mt 18, 15-16); Enseñar al que no sabe (Mc 6,34); Soportar con paciencia los defectos del prójimo (Col 3, 12-13); Perdonar las ofensas (Mt 5, 23); Rogar a Dios por los vivos y difuntos( Ex 17, 11-12)

 

 

 

LÍNEAS DE DESPLAZAMIENTO Y ACTUALIZACIÓN

 

 

 

AVANCES DE LA MISERICORDIA EN LA REVELACIÓN

 

 

 

  • PRIMERA ETAPA: Corazón cainita que elimina

  • SEGUNDO AVANCE : Corazón bueno, pero sólo hacia parientes , conciudadanos y amigos

  • TERCER AVANCE: M. con todos , aún desconocidos :

  • CUARTO AVANCE: La carne herida del otro es mi carne herida.

  • QUINTO DESCUBRIMIENTO: La carne herida del otro es carne de Dios

  • SEXTA Y PENÚLTIMA SORPRESA: Amar a los demás con el mismo amor de Cristo. “ Amaos los unos a los otros…( Jn 13..14)

  • SORPRESA FINAL : Compareceremos con lo que compadecimos ( Mt 25, 31-46)

 

 

 

 

 

 

 

A MODO DE EPILOGO

 

 

 

Seguidores misericordiosos del Buen Samaritano ( Lc 6, 36)

 

 

 

  • Misericordia , atributo central de Dios

  • El que se siente curado y bendecido por la Misericordia divina

  • Y empuja al misericordioso a llevar alivio y consuelo

  • Es cómplice activo contra las historias torcidas

  • Necesita un corazón fuerte , firme

  • Se sabe enviado por otro

  • Se compadece con el Compasivo

  • Grita al Compasivo que le envió

  • Propone una gran tarea

  • Forma grupos de cómplices

  • No solo entrega cosas , sino dignidad

  • Arriesga

  • No se atasca en el umbral humano de la solidaridad

  • No se desanima con la dureza de la realidad humana

  • No se endurece perdiendo la ternura

  • Busca espacios de soledad

  • Aprende a conciliar misericordia y justicia

  • No se contenta con eliminar la aflicción corporal

 

Esquema de la charla cuaresmal dia 10-3-16

VIVIMOS EN LA EPOCA DE LA SIMPASIÓN

 

 

 

Conócete a ti mismo:

 

Una sociedad informada

 

La simpasión

 

¿Por qué tal letargo?

 

Caminos para abandonarla

 

 

 

 

 

JESUS Y LA MISERICORDIA

 

 

 

 

 

Una pasión : el Reino:

 

  1. Compasión, principio de actuación

  2. La dignidad de los últimos , como meta

  3. La acción terapéutica , como programa

  4. El perdón como horizonte

 

  • El profeta de la misericordia ( Mc 1,15)

 

 

 

 

 

I.- La compasión como principio de actuación ( Lc 15, 11-32; Mt 20, 1-15; Lc 18, 10-14 a)

 

 

 

II Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo ( Lv 19, 30; Mt 5, ,13)

 

 

 

III.- Jesús, primer testigo de la compasión de Dios ( Mc 1, 29ss)

 

 

 

 

 

IV .- La parábola del buen samaritano ( “Comparecer para compadecer” (Lc 10, 25-37)

 

 

 

 

 

V.- El principio , misericordia ( Ef 2,4; ; Ex 34, 6-7) MV 1

 

 

 

 

 

VI.- Hacia una Iglesia samaritana: R. VOILLAUME: El en el corazón de las masas)

 

 

 

 

 

VII.- Hacia una cultura de la compasión ( Mt 25: Juicio Final)

 

 

 

Esquema de la charla cuaresmal dia 9-3-16

DIOS, ENTRAÑAS DE MISERICORDIA

 

EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 

EL MISMO PRINCIPIO QUE EL FINAL: EL PRINCIPIO MIERICORDIA

 

  • I .- EN EL PRINCIPIO: DIOS DE MISERICORDIA

 

 

 

I) Ex. 34, 6-7: cuatro nombres de misericordia: clemente, compasivo, paciente, lleno de amor y fiel . Ex 33, 31; Ex 3, 14 ss; Ps 51,57,67

 

 

 

II) Jonás , misericordia contestada en 4 bellos capítulos ( 4, 1-2) ; 4,3; 3-4; Gn 9, 9-16; 6, 9)

 

 

 

III.-Amar a todos los seres.Un mundo de misericordia ( Sab 11, 22-26)

 

 

 

  • II.- PROFECÍA , UN CLAMOR DE MISERICORDIA

 

( Amós y Oseas, Isaías, I-II-III)

 

 

 

I.- Amós , profeta de justicia en un mundo sin misericordia ( 2, 6-7; 5, 21-27; 6. 1-14; 8 , 4, 1-14, 5, 1-20)

 

II.-. Oseas, misericordia quiero y no sacrificios ( 2, 16-22, 1, 4; 4. 1-2; 11 , 1-14; 8.9)

 

III- Tradición de Isaías, los rostros de la misericordia ( 1-39; 40- 55; 56-66); 58, 6ss) ; 66, 10-13 Epilogo : Como un padre

 

IV.. Jeremías, cuatro obras de misericordia ( 2, 2; 7, 3-11; 7, 3-11)

 

 

 

  • III LEY FUNDAMENTAL: NUEVE OBRAS DE MISERICORDIA

 

I.- Canto de Ana: paz .justicia familia ( I Sam 2, 4-8)

 

II.- Los que no cuentan : huérfanos, viudas y extranjeros (Dt 27. 15-16)

 

III.- Obras de Jubileo: deudas, esclavos tierras (Dt 15, 1-4 ; Dt 15, 12-18; Lv 25, 8-13. 23-28

 

 

 

 

 

  • IV.- ORACIÓN DE MISERICORDIA: SALMOS

 

 

 

I.- Misericordia Dios mío por tu bondad ( Miserere) Ps 50 , 130; ( DE pronfundis) ; 145; 136; 91; 103; 118; 33

 

; 66; 68

 

II.- Contrapunto : los salmos de la ira ( 2; 11;13; 32; ; 35;; 49; ; 50; 51; 35, 58; 74 79; 118; 129.

 

 

 

¡¡Dios mío, cómo es Dios !!

IV CUARESMA 2016

 

Era una situación complicada que Jesús salda con una parábola impresionante. Dos grupos, con distintas intenciones, se le acercan: los publicanos y pecadores (el hijo menor) para escucharle y los fariseos y letrados ( el mayor), para criticarle. Pero el único y verdadero protagonista es el padre y su misericordia.La breve explicación de la mala vida del hijo menor u las consideraciones en torno a su breve escapada tienen un término feliz. El Padre corre a su encuentro y se utilizan uno verbos que desarman los discursos preparados del hijo: Vio; echó a correr, se le abrazó al cuello y se puso a besarlo. El error que le condujo a la fuga hacia los espejismos de una falsa felicidad y de una independencia esclavizante son respetados por el Buen Padre que, como escribía Rilke, crea la tierra como los océanos, retirándose; respeta la libertad ejercida, aunque sea a costa de pedirle la muerte.. Pero esa situación se torna en encuentro de alegría inesperada e inmerecida. La última palabra que sale del Padre es el triunfo de la misericordia, la gracia y la verdad. El hijo vuelve no tanto por el interés, sino porque ha entrado dentro de sí y ha contemplado, de forma borrosa, la Casa y el Hogar ; la Bondad del Padre abandonado y expectante.Más triste es la figura del hijo mayor : cumplidor, calculador, sin escándalos en su haber, tan cerca del Amor de Padre que no lo valora; resentido y vacío. Si no pecó, como el otro, no fue por amor al Padre, sino por amor a sí mismo. Cuando la fidelidad mantenida no produce felicidad, no se es fiel por amor, sino por interés o por miedo. Siempre al lado de su padre, nunca había sido hijo y por eso pone precio a su gesto de hacer tenido la suerte de no distanciarse de él. ¡Qué paradoja!. Su mezquina fidelidad era alicorta en relación a todo lo que podía tener como suyo: - Todo lo tuyo es mío- por eso sus ojos fueron torpes y su corazón duro para ver y gozar de tanto. Teniéndolo todo, se quejaba de la falta de un cabrito. Quien vive calculando es incapaz de entender o vislumbrar lo que se le ofrece gratuitamente en una cantidad y calidad mayor que los su actitud rácana puede esperar. La trama de esta parábola es la de nuestra disponibilidad y acogida al perdón de Dios. Lo escribía Ch. Péguy “Dios con esta parábola ha ido mucho más lejos de lo que nosotros podemos imaginar y de lo que El mismo se había atrevido antes a revelar; con ella nos acompaña más allá de cuanto lo hace con otras palabras también suyas” Y la cosa acaba en fiesta; es la fiesta del perdón: el Sacramento de la Penitencia es el abrazo del padre que, observando todas nuestras lejanías : la del que se va en aras de una ilusoria libertad y la del que se queda que , por cercano, no conoce el corazón del Padre, se nos acerca , no abraza, nos besa, nos invita a la fiesta de su perdón y de su misericordia. La parábola, como toda parábola, es incompleta, inacabada. Tengo para mí dos cosas: que lo mismo el hijo menor pudo haberse marchado otra vez- ¡cuántas veces lo hemos hecho nosotros!- y seguro que el Padre pródigo volvería a proceder de la misma manera. Y segunda, que el padre no cejaría en su empeño para que el mayor abandonara el umbral de la puerta donde , apostado, se negaba a entrar, y entrara a formar parte de la mesa de los hijos y de los hermanos.En el día del Seminario la Palabra no puede ser más sugerente: en una sociedad donde se diluye el concepto de pecado y donde se arrincona el sacramento del Perdón y la Reconciliación, necesitamos de esos voceros que en Nombre del Padre Bueno nos sacudan nuestras dormidas conciencias y nos inviten, con alegría y esperanza, a volver a la casa y al corazón del Padre, que de eso, no de otra cosa, se trata. ¡Dios mío, cómo es Dios! Preséntame un corazón amante y comprenderás lo que digo… Preséntame un corazón hambriento, un corazón que, sintiéndose solo y desterrado en este mundo, esté sediento… y asentirá en lo que digo… cada uno es atraído por el amor…” (San Agustín).

 

Varias formas de morir ; sólo una de salvarse: La conversión

La información que hacen a Jesús sobre la matanza que ordena Pilatos sobre unos galileos mientras ofrecían un sacrificio, no es circunstancial y encaja perfectamente en el contexto: la misma suerte correrá Jesús y su gente si mantienen en su comportamiento hostil, porque también son galileos y, por tanto pecadores. Pero Jesús les argumenta en dos sentidos: primero, esos galileos no son peores que los demás; también vosotros perecéis si no os enmendáis; segundo, tampoco los que murieron aplastados bajo la torre de Siloé eran peores que otros habitantes de Jerusalén. En conclusión: si no os enmendáis todos pereceréis. Informe contra informe: a los que le recuerdan, como galileo y conflictivo, la suerte de sus paisanos a manos de Pilatos, Jesús les trae a la memoria, como habitantes de Jerusalén, la suerte de unos paisanos suyos, por un accidente que igualmente consideraban castigo de Dios. Pero lo más importante del Evangelio de son dos mensajes nítidos:

 

  1. SABER INTERPRETAR LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS: entre los judíos se crecía que las desgracias o catástrofes eran castigo de Dios por los pecados. La teoría funcionaba a la perfección cuando se trataba de clases pudientes que, por esa lógica, podían interpretar su bienestar como signo indiscutible de la bendición de Dios. Jesús se vale de los dos sucesos anteriores para desmontar esta idea y dejar claro que las desgracias son ajenas a la voluntad de Dios y les exhorta a leer toda la historia desde la óptica de Dios; los acontecimientos históricos no son castigo de Dios, sino invitación a la conversión. Todos necesitamos cambiar para que se vaya construyendo el Reino. En las palabras de Jesús resuenan las de la Gaud. et Sp. (Vat II): “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio”. Los cristianos, metidos en la historia, tenemos que hacer una lectura desde el evangelio de los acontecimientos y saber que tienen sentido y objetivo. En sí mismos todos son ambiguos y confusos .Desde el evangelio estamos en condiciones de desvelar los designios ocultos de Dios.

  2. NECESIDAD DE DAR FRUTOS: es la parábola de la higuera estéril. En la Biblia es símbolo del pueblo de Israel, por eso los que le escuchan entienden lo que quiere decir. Conviene que la apliquemos a nosotros: una Iglesia, comunidad, que no da frutos no tiene razón de ser. El Dios de la vida piensa cortarla, pero queda un resquicio de esperanza. El viñador (Jesús) pide otra oportunidad; es posible que , si se le cuida, dé fruto; pero cambiar o no, no es intrascendente; sino un problema de vida o muerte. Ante el Reino hay que decidirse y, además, con urgencia porque el tiempo pasa y estamos, siempre, en la encrucijada de caminos. Tenemos tiempo y oportunidad, pero ¿estamos dispuestos?

 

 

 

El Mesías, Resucitado es el transfigurado y crucificado

Tras dar de comer pan y pescado a la gente, Jesús se retiró a orar. Lo solía hacer siempre que el ruido y el clamor de la muchedumbre le suponía un obstáculo para seguir el camino de servicio sin triunfalismos que se había trazado.

 

A la gente no le cabía en la cabeza la imagen de un Mesías -nombre con que se designaba en el Antiguo Testamento al rey, ungido de Yahvé- que no entendiera de triunfo, fuerza, poder, gloria, fama, desquite... Por otra parte, Jesús temía que también su grupo de discípulos participara de la mentali­dad del pueblo en este punto.

 

Por eso, «una vez que estaba orando solo en presencia de sus discípulos, les preguntó: -~ Quién dice la gente que soy yo? Contestaron ellos: -Juan Bautista; otros, en cambio, Elías, y otros, un profeta de los antiguos que ha vuelto a la vida. El les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo: -El Mesías de Dios. El les prohibió terminantemente decírselo a nadie» (Lc 9,28ss).

 

La respuesta de Pedro parecía exacta. Pero a Jesús le dio la impresión de que sus discípulos entendian por 'mesías' lo de siempre: un rey, al estilo de David, capaz de unir al pueblo dividido, liberándolo -mediante una buena operación militar- de la opresión de los enemigos (en tiempos de David, los filisteos; en aquel tiempo, los romanos).

 

Por eso Jesús se apresuró a puntualizar: «-Este hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los se­nadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resuci­tar al tercer día. Y dirigiéndose a todos, dijo: -El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga...»

 

El grupo de los doce debió de entrar en crisis al oír estas palabras, que les resultarían difíciles de entender. Y del grupo, Pedro, Santiago y Juan, famosos por su tozudez e intransigen­cia, estarían especialmente necesitados de aclaración. Por esto, «Jesús se los llevó a un monte a orar». Sólo con la ayuda divi­na entenderían a su Maestro.

 

La tradición identificó este monte con el Tabor, monte sagrado para las tribus israelitas del norte y célebre por la victoria de Barac contra Sísara; impresionante cono de 588 metros de altura que se yergue majestuoso sobre la hermosa llanura de Jezrael, al sudeste de Nazaret. Una tradición anti­gua, que parte de Origenes (s. III), sitúa en este monte la esce­na de la Transfiguración del Señor. Según otros, ésta habría tenido lugar más al norte del país, en el monte Hermón.

 

En el transcurso de la oración, «el aspecto del rostro de Jesús cambió, y sus vestiduras refulgían de blanco. De pronto hubo dos hombres conversando con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron resplandecientes y hablaban de su éxodo, que iba a completar en Jerusalén». Con estas imágenes se da a entender que Jesús contaba con el apoyo divino.

 

«Pedro y sus compañeros -apunta el evangelio- se caían de sueño.» Es curioso observar que los discípulos se duer­men cuando algo no les interesa. También se dormirán en Getsemaní. La idea de un salvador-rey-ungido que salva mu­riendo, dando la vida, dejándose matar, no les interesaba de­masiado.

 

Precisamente éste era el tema de que estaban conversando Jesús, Moisés y Elías. «Hablaban de su éxodo», palabra esta que ya desde el libro de la Sabiduría (4,10) designa la muerte del justo como salida (= éxodo) hacia Dios.

 

Al ver lo sucedido, los discípulos se despabilaron, y «mientras Elías y Moisés se alejaban, Pedro dijo: -Maestro, viene muy bien que estemos aquí nosotros; podríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

 

Jesús no le hizo caso. Según los incomprensibles planes de Dios, ese Jesús -que bajaría del monte para subir al Calva­rio es su Hijo a quien hay que escuchar.

 

            Los demás mesías esperados y soñados son falsos.

 

 

 

"Las tentaciones en el desierto, tres falsas maneras de entender la misión de Jesús y la nuestra" Primer Domingo de cuaresma ciclo c

 

 

Los evangelios no son historietas o relatos de un héroe. Si los leemos tendremos dificultades serias para entender muchas escenas: Es caso de las tentaciones de Jesús en el desierto, porque una interpretación literal, aparte de ponernos en claro algunas contradicciones o diferencias, nos lleva a una especie de ciencia –ficción y desplazan unos acontecimientos que se dan en toda vida humana al campo de lo sobrenatural o la milagrería. Todos los evangelistas y sobre todo Lucas emplean un lenguaje de símbolos y de alegrorías para tratar de explicar lo que, en un lenguaje común se podría explicar,

 

Es una escena que viene después del bautismo de Jesús, donde descubre su misión y describe las tentaciones que le sobrevendrán en cuanto hombre hasta su muerte en la Cruz. Se producen en el desierto: lugar de prueba y tentación, morada del mal; lugar de encuentro con Dios y de decisiones y experiencias divinas; lugar desde donde llega la salvación. Nos habla de cuarenta días cifra simbólica (40 años de desierto; diluvio; Moisés en la nube; Elías andando por el desierto hasta llegar al monte del Señor. )Un período donde ocurre y se vive algo fundamental. El diablo es el adversario por excelencia del plan de Dios sobre la humanidad, porque justifica el fin con medios que niegan y avasallan la libertad de las personas, quitándoles su humanidad. Es el espíritu opresor de la sociedad, indiferente a las dificultades que crea el abuso de poder para toda la humanidad. Fue llevado por el Espíritu: Jesús es caminante en el desierto, busca, se pregunta y hace camino. Su vida es de prueba y discernimiento.

 

Las tentaciones son tipo que tienen lugar en tres lugares en el desierto, en una montaña y en el alero del Templo.

 

a) La primera consiste en renunciar a su condición de hombre caminante. Es la de los panes. Jesús, como toda persona, tiene que caminar y luchar. Y en el camino sentirá hambre. Pero el hambre verdadera es de justicia, amor, liberad t fraternidad. De ahí su respuesta: no sólo el pan material sacia el hambre del hombre, sino de la Palabra, que a veces es dura y amarga, pero que otorga a la vida su sentido. Muchos queremos utilizar a Dios en nuestro provecho y ahorrarnos tener que buscar la solución de los problemas. Esta es la tentación. Jesús no renuncia a su condición de hombre en camino, y, además abre su corazón a lo que Dios quiera de él b) La segunda: es renunciar al ser Mesías servidor fraterno e imponerse por el poder, la grandeza y la fuerza; de convertir su vocación de servicio en vocación de poder que asombra. Y no ha venido para dominar, sino para servir. Por eso responde: adora y servir sólo a Dios c) La tercera es provocar a Dios. Se le insinúa que pida a Dios un signo que le ahorre todo el peso de su dura vida y, por un golpe de efecto, todos lo acepten y adoren. Es la tentación del prestigio y de los prodigios para embaucar, no para convencer y convertir. De renunciar a la cruz., que también le vendrá al final de su vida. Si eres hijo de Dios… La respuesta de Jesús no deja lugar a equívocos: no tentarás al Señor tu Dios

 

En el fondo, las tentaciones apuntan al Mesías diferente que es Jesús y que se va a concretar especialmente en los acontecimientos de Su Pasión, Muerte y Resurrección. Por eso siempre la iglesia los coloca en el primer domingo de cuaresma: No es un Mesías político- guerrero que utilice el poder; vivió y realizo su misión si privilegios ni ventajas. Tuvo que ir descubriendo el camino de Dios entre dudas y oscuridad; fue tentado como cada uno de nosotros para ir por el camino de lo fácil y exitoso, sin problemas. Y un Mesías de la justicia y el servicio fraterno. Vino a servir: ni a servirse ni a ser servido. Un buen programa para toda la vida y, sobre todo, para la Cuaresma.

 

Reflexión para la Cuaresma

La Cuaresma no ha de ser un residuo de prácticas acéticas de otros tiempos, sino una experiencia que hemos de actualizar de manera creativa en nuestras comunidades respondiendo a las llamadas de Dios en nuestros días. Ofrecemos algunas claves para reavivar tres líneas de fuerza del ejercicio cuaresmal.

 

Llamada a la conversión

 

La Cuaresma es, antes que nada, una llamada a la conversión. Según el nuevo ritual, así dice el sacerdote a quienes se acercan a recibir la ceniza al comenzar el tiempo cuaresmal: “Conviértete y cree en el Evangelio”. En nuestras comunidades ha de ir resonando a lo largo de todo el recorrido cuaresmal esa llamada de Jesús: “El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed esa Buena Noticia” (Marcos 11,15).

 

Muchos cristianos viven hoy su fe ignorando ese gran proyecto que tiene Dios de ir cambiando el mundo para hacer posible una vida más humana. No saben que ese proyecto que Jesús llama el “reino de Dios” es la pasión que animó toda su vida, el objetivo de todos sus esfuerzos y también la razón de su condena.

 

Ha llegado el momento de recuperar ese proyecto del reino de Dios en nuestras comunidades. La Cuaresma nos ha de ayudar a entrar en la dinámica del reino trabajando por construir un mundo más sano, más digno y más dichoso para todos, empezando por los últimos. Esta es la primera tarea que Jesús confió a sus seguidores.

 

Volver a Jesucristo

 

El ejercicio cuaresmal está orientado a la renovación del compromiso bautismal en la celebración de la Vigilia Pascual. Este compromiso adquiere, en este Año de la Fe, un relieve especial. Hemos de bautizarnos con el espíritu de Jesús, el “Autor de nuestra fe”, el único que puede regenerar nuestra fe débil y vacilante de nuestras comunidades.

 

Lo primero y más decisivo es volver a Jesucristo. Todo lo demás viene después. Ya no basta cualquier reforma o “aggiornamento”. Necesitamos volver al que es la fuente y el origen de la Iglesia: el único que justifica su presencia en el mundo. Enraizar nuestra fe en Jesucristo como la única verdad de la que nos está permitido vivir y caminar de manera creativa hacia el futuro.

 

El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo sin seguir a Jesús. El ejercicio cuaresmal nos ha de ayudar a dar contenido concreto a ese seguimiento. Hemos de aprender a creer en lo que Jesús creyó, defender la causa que él defendió, acercarnos a los que sufren como se acercaba él, confiar en el Padre como él confiaba, contagiar esperanza como la contagiaba él.

 

La práctica del amor solidario

 

En el ejercicio de la cuaresma se ha insistido a lo largo de los siglos en la oración, el ayuno y la limosna. Pero nunca se ha olvidado que esa ascética alcanza su verdadero sentido en la práctica del amor solidario al que sufre. ¿Cómo entender y vivir la Cuaresma en medio de la grave crisis económica que estamos sufriendo?

 

No es suficiente despertar en nosotros sentimientos de generosidad. Hemos de desplazarnos hacia una vida más sobria para poder compartir lo que tenemos y sencillamente no necesitamos con aquellos que lo necesitan. Renunciar poco a poco a nuestro nivel actual de bienestar para poder orientar nuestros recursos hacia los más golpeados por la crisis.

 

La Cuaresma nos ha de ayudar a encontrar nuestro lugar cristiano junto a las víctimas más débiles de la crisis, conociendo mejor su situación, estableciendo con ellos lazos de amistad solidaria y ofreciéndoles nuestro apoyo y ayuda para aliviar su situación.

 


Reflexión V Domingo de Cuaresma

La tumba de Lázaro en Betania (Jn 11)

Dolores Aleixandre

En el contexto anterior a la resurrección de Lázaro aparece de nuevo el tema de las obras, esta vez en relación con el verbo creer: "Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a mis obras y reconoceréis de que el Padre está en mí y yo en el Padre". (Jn 10,38)

En la escena siguiente, Jesús va a realizar la obra por excelencia del Padre que es comunicar vida, y una vida que ya estaba en posesión de la muerte. Pero no es esa señal la que obtiene la fe de Marta, sino que la confesión creyente de ésta la antecede: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo" (11, 27), apoyada solamente en la afirmación de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida" (v. 25).

Estamos ante una fe proclamada "a destiempo" ya que su momento adecuado parecería ser el siguiente a la salida de Lázaro de la tumba. Pero entonces, parece decirnos Juan, ya no sería fe, porque lo propio de ésta es adelantarse y preceder a los signos.

Pero hay otro significativo destiempo (más bien contratiempo o llegada intempestiva ) en la narración: el del retraso de Jesús que, aunque sabía de la enfermedad de su amigo, "prolongó su estancia dos días en el lugar" (v.6) y además pronuncia una frase incomprensible ante sus discípulos: "Lázaro ha muerto. Y me alegro por vosotros de no estar allí, para que creáis" (v 15).

Existe por lo tanto para Jesús un "no estar" en el lugar adecuado (devolviendo la salud a Lázaro) que es ocasión de fe, y eso es más importante para él que el consuelo que hubiera dado con su presencia.

Realmente se merecía el reproche de Marta: "Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano..." (v 21) Marta no hace más que sumarse con voz femenina a la multitud de los que a lo largo de los siglos habían protestado, clamado y hasta casi insultado a un Dios acusado de impuntual.

Abraham, el primer creyente, fue también el primero en refunfuñar ante Dios, cansado ya de tanto retraso en la promesa de descendencia: "Señor, ¿de qué me sirven tus dones si soy estéril y Elezer de Damasco será el amo de mi casa? (Gen 15, 2). Y es que, la verdad, ni Sara ni él mismo iban estando ya para nada.

"Que se dé prisa, que apresure su obra para que la veamos; que se cumpla enseguida el plan del Santo de Israel para que lo comprobemos" (Is 5. 18), apremiaban los listillos contemporáneos de Isaías, y Jeremías, después de comprar un campo con el destierro ya encima, se encaraba abiertamente con Dios: "Estás viendo la ciudad ya en manos de los caldeos y en este momento vas tú y me dices: - ¡Cómprate un campo! (Jer 32, 25)

En el NT tampoco los discípulos parecen estar muy de acuerdo con la medición de tiempos propia de Jesús: evidentemente, el durmiente que llevaban en la barca retrasó demasiado el momento de despertarse y calmar la tempestad (Mc 5,38); y cuando llegó aquella otra galerna, podía haber abreviado sus rezos en la montaña y acudir en su ayuda un poco antes (Mc 6, 46-50). Tampoco estuvo atinado de cálculo cuando se le fue la gente detrás : "El lugar es despoblado y la hora es avanzada" (Mc 6,35). O sea, mucha compasión, pero ni idea de que el tiempo pasa y ahora a ver cómo nos arreglamos para que coman. Y no digamos cuando le entró aquella prisa insensata por subir a Jerusalén, con la que estaba cayendo allí (Mc 10,32). En opinión de los de Emaús, los tres días pasados en la tumba eran ya más que suficientes para darles razón en su sospecha de que la promesa de resurrección no había sido más que una pretensión insensata (Lc 24, 21).

El tema del desajuste entre tiempos de Dios y tiempos humanos es reincidente en las parábolas: el amo no llegó hasta el tercer turno de vela (Lc 12, 38) y el novio se retrasó tanto, que el aceite de las lámparas estaba ya en las últimas (Mt 25,5).

Jesús es contundente y nunca aclara los cuándos de Dios ¡Estad en vela!, es lo único que recomienda (Mt 24,42) y, junto con eso la convicción de que la semilla crece sin que el que la sembró sepa cómo (Mc 4,27)

Marta esta vez es  quien nos invita:

Dejad que sea Otro quien mida vuestros tiempos, ritmos y compases. Recordad que él llega a tiempo pero a su tiempo, no al vuestro, y tendréis que ser pacientes y convertir vuestra prisa en espera y vuestra impaciencia en vigilancia. Acostumbraos a su extraño lenguaje: si decís de alguien: "está muerto" él os dirá "está dormido" y os pedirá también vuestro consentimiento, no sólo ante sus retrasos, sino ante sus anticipaciones: porque en el grano de trigo podrido en tierra él está contemplando la espiga, y cuando una mujer grita de dolor, él escucha ya el llanto del niño que nace.

No temáis permanecer a su lado junto a las tumbas de vuestro mundo, unid vuestro llanto al suyo allí donde parece que la muerte ha puesto ya la última firma y gritad vuestra rebeldía ante su dominio. Pero creed también en la fuerza secreta de la compasión y de la insensata esperanza. Cuando yo le esperaba junto al lecho de Lázaro para ahuyentar su fiebre, él vino a destiempo, a la hora tardía en que creíamos no necesitarle. Y el que no llegó a tiempo para curar a mi hermano, ordenó retirar la piedra del sepulcro, pronunció su nombre y le ordenó con su poderosa voz: -"Lázaro, ¡ven afuera!". Y todos supimos entonces que la última palabra la tenía aquel hombre en quien habitaba el poder de vencer a la muerte. Atreveos a jugar con él el juego de sus retrasos y de sus des-tiempos: apostad fuerte por la Palabra que os asegura que en él está la resurrección y la vida de todos los lázaros olvidados en las tumbas de la historia.

Alegraos de tener como Compañero de danza al Ex-céntrico y al Imprevisible, aunque os conduzca a un ritmo que os parezca paradójico, in-conveniente e intempestivo. Porque lo suyo es cambiar nuestro luto en danza, desatar nuestros sayales, como desató a Lázaro de sus vendas, y revestirnos de fiesta.

 

 

 


Reflexión IV Domingo de Cuaresma

Una alberca en Siloé

Dolores Aleixandre

La curación del ciego de nacimiento es un prodigio narrativo que requiere ser leído en su contexto inmediatamente anterior: se trata de una discusión de Jesús con los judíos (Jn 8,12-59) que comienza con su afirmación: "Yo soy la luz del mundo (8,12). En el diálogo que sigue, el verbo más repetido es hacer (8,28.29.34.39.40.41), unido al sustantivo obras (8, 39.41). Se trata de demostrar que es Jesús quien hace las obras de Dios, mientras que los judíos hacen las obras del diablo, su padre.

La escena de la curación del ciego es la ampliación narrativa de los temas enunciados anteriormente en forma discursiva. En el comienzo, y ante la pregunta de los discípulos acerca del motivo de la ceguera del hombre, Jesús responde: "Ha sucedido para que se revelen en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenéis que obrar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie pueda obrar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo (9, 3-5). A lo largo del relato, el verbo hacer aparece en los vv 6.11.14.16.26.33.

Lo que resulta sorprendente, y es aquí donde vamos a centrar la atención, es que sea el barro el medio extraño y claramente inadecuado empleado por Jesús para hacer su obra (que es la de Dios) de devolver la vista al ciego y para manifestarse él mismo como luz. El barro aparece cuatro veces en el texto, y siempre en manos de Jesús como complemento del verbo hacer ( Jn 9, 6.11.14. 15) y, aparte de la clara alusión al barro de la creación del Adam (cf Gen 2,7), quizá forme parte del humor que acompaña a todo el texto: es precisamente algo opaco y oscuro el instrumento para que el ciego recupere la vista y para que la luz vuelva a sus ojos.

"El Señor está realizando una obra extraña" había dicho Isaías (Is 28,21), haciéndose eco de la extrañeza y el desconcierto que provoca la manera de actuar de Dios Y es que el empleo de medios inapropiados parece pertenecer, según los escritores bíblicos, a las costumbres de Dios: cumplió su promesa de darles una descendencia numerosa a través de la esterilidad de las matriarcas (Gen 17,16); envió a un tartamudo a negociar la salida de Israel Egipto (Ex 4,10) y fueron las ranas, las moscas y los mosquitos los encargados de agotar la paciencia del poderoso faraón (Ex 7-8). Para conseguir la victoria contra los amalecitas, Moisés, en vez de empuñar las armas, extendió los brazos para orar (Ex 17,11-12), la condición para vencer al poderoso ejército de los madianitas fue la disminución drástica de los soldados de Gedeón (Jue 7) y, para vencer a Goliat, David no se servirá de la lanza sino de las chinitas de su zurrón (1Sm 17).

Las acciones simbólicas de los profetas tienen que ver con frecuencia con cosas rotas, mal usadas, deterioradas o gastadas, especialmente en las de Jeremías: un cinturón inservible (Jer 13,1-11), una vasija que se estropea rota en manos del alfarero (Jer 18,1-10; un cántaro quebrado ante las murallas de Jerusalén (Jer 19). La garantía de la protección de Dios a Acaz cuando temblaba de miedo viendo Jerusalén sitiada, fue el anuncio que su joven esposa esperaba un hijo (Is 7). Y no será un ángel quien sacará de Babilonia a los exilados, sino la benevolencia del pagano Ciro (Esd 1).

El Nuevo Testamento acentúa desde su comienzo los medios tan poco "convenientes" que van a caracterizar las acciones de Dios y del propio Jesús: las cuatro únicas mujeres que aparecen en su árbol genealógico según Mateo, son una muestra del "barro" de que se sirvió Dios para modelar al Nuevo Adán: Tamar, recordada por su comportamiento incestuoso (Gen 38); Rahab, una prostituta de Jericó (Jos 2); Rut, una extranjera de Moab; la mujer de Urías, asociada al adulterio de David... (2Sm 11). Descendiendo de abuelas tan insólitas, ya no puede extrañarnos nada de lo que sigue: una cuadra en un descampado como "denominación de origen" del anunciado como "Salvador, Mesías y Señor" (Lc 2,1-20); desperdiciar treinta años trabajando oscuramente en un pueblo perdido y, a la hora de aparecer en público, mezclarse con la gentuza para bautizarse en el Jordán.

 

Como predicadores de su evangelio elegirá a gente entendida solamente en barcas, peces o impuestos. Para convencer de la prioridad de "hacerse próximo" escoge a un samaritano, prototipo de los alejados (Lc 10,25-37); los modelos de fe que propone a su auditorio de intachables judíos serán una mujer impura por su flujo de sangre (Mc 5,34), una pagana, madre de una endemoniada (Mt 15,21-28) y un capitán del imperio invasor (Mt 8,10).

A los dispuestos a apedrear a la mujer acusada de adulterio no los disuade con un discurso brillante y convincente, sino inclinándose y escribiendo en el polvo (Jn 8); al ciego de Betsaida y a un sordomudo los cura aplicándoles su propia saliva (Mc 7,33; 8,23) y cura a un leproso realizando el gesto prohibido de tocarle.

 

Para hablar del Reino no acude al lenguaje erudito de los escribas, sino que narra cuentos poblados de personajes y elementos de la vida cotidiana: campesinos que siembran y cosechan, mujeres que amasan y encienden candiles, un pastor desvelado en busca de una oveja perdida, un padre asomándose al camino por si vuelve a casa el hijo que se le fue...

Y además de todos estos intermediarios inadecuados, los medios para alcanzar el Reino tampoco parecen los más convenientes: la pérdida resulta ser el precio de la ganancia (Mc 8,35) y para ser significativo e importante hay que ponerse a aprender de los niños (Mt 18,3); en cambio, el poder, la influencia y la riqueza se revelan como factores de alto riesgo; la posesión no es fuente de alegría sino de pesadumbre (Mt 19,16-22) y la acumulación, objeto de irrisión y ridículo(Lc12,16-21).

 

Aflojad la tensión de vuestras manos y dejad que se os escapen las riendas con las que intentáis controlar a Dios, podría decirnos el ciego de nacimiento. Liberaos de vuestra obsesión por fiscalizar los "cómos" y dominar los "porqués" de sus acciones: tampoco yo conseguí entender por qué untaba mis ojos con aquel barro espeso que parecía cegar aún más mis pupilas. Pero me fié de su palabra, me dirigí a tientas a la alberca de Siloé, me lavé y, junto con el barro, se fueron mis tinieblas y me vi sorprendido por la luz como en la primera mañana de la creación. Aceptad el desafío de creer que el barro puede ser portador de luz, confiad en las manos de quien lo aplica a vuestros ojos, reconoceos en la negativa farisea de aceptar que la luz pueda llegar por otro camino que no sea el de los propios candiles y lámparas.

 

Decidíos a creer que Alguien sabe mejor que vosotros qué es lo que os cura y lo que puede hacer luminosa vuestra vida y no os contentéis con conocerle solamente por el sonido de su voz y el roce de sus manos: porque él os sigue buscando para que podáis contemplar también el rostro del que procede toda luz.

Dad fe a la Palabra que os asegura que vuestras carencias y cegueras no os encierran definitivamente, sino que pueden ser puertas abiertas para el encuentro y entregad vuestra fe y vuestra adoración a Aquel que no pasará nunca de largo por las cunetas de vuestros caminos.

Un día, estaba sentado con Rodleigh, el jefe del grupo, en su caravana, hablando sobre los saltos de los trapecistas. Me dijo: "Como saltador, tengo que confiar por completo en mi portor. El público podría pensar que yo soy la gran estrella del trapecio, pero la verdadera estrella es Joe, mi portor. Tiene que estar allí para mí con una precisión instantánea, y agarrarme en el aire cuando voy a su encuentro después de saltar".No tratéis de agarraro A Dios ; él os agarrará a Vosotros. Lo único que debéis hacer es extender Vuestros brazos y Vuestras manos y confiar, confiar,confiar".


Reflexión III Domingo de Cuaresma

Un pozo en Samaria (Jn 4, 1-45)

Dolores Aleixandre

Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo está por encima de todos. El atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. Quien acepta su testimonio acredita que Dios es veraz. El enviado de Dios habla de las cosas divinas, pues Dios no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos. Quien cree en el Hijo tiene vida eterna. Quien no cree al Hijo, no verá la vida, pues lleva encima la ira de Dios." (Jn 3,31-36)

Estas palabras puestas en boca de Jesús son el atrio que antecede al relato de su encuentro con la mujer de Samaria junto al pozo de Jacob. Juan contrapone, a nivel discursivo, dos ámbitos: el cielo y la tierra, las cosas divinas y las terrenas. Y es eso mismo lo que va a hacer a continuación a nivel narrativo en la escena de la samaritana. La alusión al dueño del pozo, trae a la memoria la escena en la que Jacob vio en sueños una escalera que unía el cielo con la tierra. La comunicación entre "lo de arriba" y "lo de abajo" que parecía imposible, va a convertirse ahora en realidad y el hombre sentado en el brocal del pozo va a ser la escalera y el puente que comunique los dos ámbitos.

La mujer llega al pozo ajena a lo que allí la espera y que nada, en la trivialidad de su vida cotidiana, hacía previsible: va por agua con el cántaro vacío para volverse con él lleno a su casa. No hay más expectativas, ni más planes, ni más deseos. Pero lo imprevisible la está esperando junto aquel galileo sentado en el brocal del pozo que entabla conversación con ella sobre cosas banales, como para no asustarla: hablan de agua y de sed, de pozos y de viejas rencillas entre pueblos vecinos, cosas de todos los días. De pronto irrumpe el lenguaje de "las cosas de arriba": el don, un agua que se convierte en manantial vivo, la promesa de una sed calmada para siempre, un Dios en búsqueda, fuera de los espacios estrechos de templos o santuarios.

La mujer se defiende e intenta mantenerse en un nivel de trivial superficialidad, huyendo de la irrupción de lo de arriba en su vida. Pero al final de la escena el cántaro que era símbolo de la pequeña capacidad que está dispuesta a ofrecer, se queda olvidado junto al pozo, inútil ya a la hora de contener un agua viva.

Como en tantas otras ocasiones, el evangelio nos sitúa ante un Jesús imprevisible, capaz de vencer la estrechez de nuestras expectativas a la hora de recibirle. Los evangelistas se encargarán de poner de relieve esta presencia de los desmesurado e imprevisible que parece acompañar las actuaciones de Jesús, desbordando siempre lo que se esperaba de él: Ni los novios de Caná necesitaban tanto vino (Jn 26), ni los discípulos una pesca tan abundante que casi les revienta las redes (Lc 5,6); y para sostener las fuerzas de la gente que le había seguido al desierto bastaba un bocado de pan y pescado, no que sobraran doce cestos (Jn 6,13). El paralítico lo que quería era volver a andar, no esperaba volverse a casa libre de la carga de sus pecados, y Zaqueo, interesado solamente en ver el aspecto de Jesús, se le encontró metido en su casa y compartiendo su mesa (Lc 19); las mujeres sólo pretendían que alguien les descorriera la piedra del sepulcro para embalsamar un cadáver, pero se encontraron al Viviente saliéndoles al encuentro (Mt 28,1-10).

Siempre el mismo derroche por su parte, y siempre la misma resistencia por la nuestra a la hora de ser adentrados en lo imprevisible. Y eso ya desde que Sara se reía por lo bajo, escéptica y reticente ante una promesa que desbordaba por arriba sus previsiones. Abandonad vuestra rigidez entre los brazos del Danzante, dejaos llevar por él más allá de vuestros calculados movimientos, nos diría la samaritana: no temáis la hondura de su pozo, ni el empuje irresistible del manantial que salta hasta la vida eterna. Olvidad vuestro pequeño cántaro, vuestro raquítico sistema de pesas y medidas.

Olvidaos de las pequeñas disputas en torno a montes y templos: ha llegado la hora de adorar en espíritu y en verdad y todos están llamados a hacerlo. No os quedéis únicamente en lo que ya sabéis de Jesús: recorred el proceso de intimidad al que también tenéis la dicha de estar invitados. Al principio yo no vi en él más que a un judío, pero él me fue conduciendo hasta descubrirle como Señor, Profeta, Mesías, como Aquel a quien siempre había estado esperando sin saberlo. Tened vosotros la osadía de nombrarle con nombres nuevos, con esos que no aparecerán nunca en los resecos manuales de vuestras estanterías.

Pero os lo aviso, estad prevenidos: él os puede estar esperando en cualquier lugar , en cualquier mediodía de vuestra vida cotidiana, precisamente cuando andabais enredados en pequeñas historias relacionales, en rencillas mutuas o en rancias ortodoxias en torno a rúbricas o privilegios. Si os detenéis a escucharle, estáis perdidos para siempre por que él al principio os pedirá algo sencillo: "dame de beber", "llama a tu marido"..., pero al final, volveréis a vuestra casa sin agua y sin cántaro, y con la sed, antes desconocida, de atraer hacia él a la ciudad entera. 



 


Reflexión II Domingo de Cuaresma

No retener las ganancias-Aceptar las pérdidas

Dolores Aleixandre

El texto de la transfiguración en Mateo comienza por un dato significativo: "Seis días después... "Inevitablemente el lector se pregunta qué es lo que pudo ocurrir de tanta importancia seis días antes y se encuentra en el contexto anterior con el anuncio de la pasión:

"Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, padecer mucho a manos de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo: ¡Líbrete Dios, Señor! ¡No te pasará a ti eso! Jesús se volvió y dijo a Pedro: ?¡Retírate, Satanás! Quieres hacerme caer. Piensas al modo humano, no según Dios. Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque si uno quiere salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierde su vida por mí, la salvará. A ver, ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si malogra su vida? ¿Y qué podrá dar para recobrarla? Porque este Hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar a este Hombre como rey". (Mt 16,21-28).

 Este es el pórtico de entrada a la escena de la transfiguración y su función parece ser la de evocar el caos y la tiniebla anteriores al día primero en el que dijo Dios: "Que exista la luz . Y la luz existió. (Gen 1,3) .Este "guiño" del relato es una alusión clara a la definitiva Creación y presenta la transfiguración de Jesús como el Sábado definitivo. Pero además, el contexto del anuncio de la pasión y la resistencia de Pedro, nos recuerdan la imposibilidad de separar los aspectos luminosos de la existencia de los momentos oscuros, el dolor del gozo, la muerte de la resurrección. La contigüedad de las dos escenas parece comunicarnos la convicción pascual de que el inundado de Luz es precisamente aquel que consintió en atravesar la noche de la muerte y accedió a la ganancia por el extraño camino de la pérdida.

Pedro, y con él todos nosotros, intenta retener los momentos de ganancia ("hagamos tres tiendas aquí, donde te manifiestas resplandeciente, donde se escucha la voz del Padre y donde te rodean Moisés y Elías..."), lo mismo que poco antes había rechazado los de pérdida: "¡Líbrete Dios, Señor!"

 El creyente un ser que se mueve en la paradoja "¡Salid de vuestras tinieblas! Dejad atrás la seguridad del valle y emprended sin miedo la subida al monte, porque arriba os espera la luz!". Esta podría ser la propuesta del evangelio de la transfiguración.

"Renunciad a vuestras ideas equivocadas sobre Dios y a lo que creéis que es pérdida o ganancia, abríos a la novedad absoluta de Jesús y de su Evangelio, atreveos a romper con vuestra búsqueda codiciosa y obsesiva de ganar, poseer, conservar y, en lugar de ello, arriesgaos en un camino inverso de pérdida, derroche y entrega, sin más garantía que Su palabra.

Estad dispuestos al vuelco radical que supone llegar a "pensar y sentir como Dios" y a conformar con los criterios del Evangelio vuestra idea de lo que es luz y oscuridad, salvar la vida o perderla. Comportaos como los verdaderos discípulos, disponeos a romper con vuestros viejos esquemas mentales, a cambiar de lenguaje y de significados, a cuestionar vuestra propia lógica y vuestras ideas aprendidas en otras escuelas. Prestad oído a la promesa de vuestro único Maestro: "Al que se venga conmigo, voy a llevarle a la "ganancia" por el extraño camino de la "pérdida": ese es el camino mío y no conozco otro. La única condición que pongo al que quiera seguirme, es que esté dispuesto a fiarse de mí y de mi propia manera de salvar su vida, que sea capaz de confiármela, como yo la confío a Aquél de quien la recibo. La suya será siempre una vida sin garantía y sin pruebas, en el asombro siempre renovado de la confianza: por eso no puedo dar más motivos que el de "por mi causa".

Permaneced en lo alto del monte "firmes como si viérais al Invisible" (He 11,27), hasta que la prioridad del Señor y su Reino polarice y relativice todo lo demás, hasta que vuestras pequeñas preocupaciones y temores vayan pasando a segundo término y la lógica de lo evidente se quede atrás. La luz de la transfiguración os atrae a una manera de creer en la que la fe no es una manera de saber o de comprender, sino la decisión de fiaros de Otro, y de exponer la vida entera a una Palabra que hará saltar los límites de vuestros oscuros hábitos y valoraciones.

Entrad en esa danza y vuestra vida entera se convertirá en una apuesta arriesgada, más allá de cualquier pretensión de poseer certezas definitivas.

 

Dolores Aleixandre

 


REFLEXIÓN PARA EL I DOMINGO DE CUARESMA

A la tercera va la vencida

Mari Paz López Santos

Perseverante y buen estratega. Se toma su tiempo, sabe esperar hasta que la presa se debilita. Cuarenta días y sus noches al acecho sin presentarse, más dos intentonas: la primera directa al cuerpo, a la debilidad física; y la segunda, al alma, al profundo ser espiritual. Querría haber ganado a la primera, pero no le importó intentarlo por segunda vez. De nuevo tuvo tragarse el segundo fracaso.

Entonces recordó el refrán: “a la tercera va la vencida” que es la que le hace a uno ganador. Desplegó toda la espectacularidad escénica que tenía a mano: “se lo lleva a una montaña altísima…” para mostrarle el mayor espejismo que pueda verse: el poder del mundo.

Jesús era un hueso duro de roer porque sabía cual es el alimento que nunca se acaba “la palabra que sale de la boca de Dios”. Tampoco dudó de su ser esencial, su filiación divina: “no tentarás al Señor, tu Dios”. Y, sí, a la tercera va la vencida… pero gana Jesús: el poder del mundo es tan efímero como un espejismo en el desierto, tiene la misma fragilidad que una pompa de jabón en contacto con el suelo. “Vete, Satanás...” no hay nada que hacer “al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”.

Ahora que comenzamos el tiempo de Cuaresma, leyendo a Mt 4, 1-11 desgranando el pulso de las Tentaciones de Jesús; mirando desde la terraza, que no es exactamente como la “montaña altísima”, pero me vale para ponerme desde lo alto en perspectiva interior; sumando la ojeada el periódico de ayer y una incursión rápida en las noticias de la televisión, me atrevo a decir que cada año voy llegando a una comprensión mayor de lo que significa la incisiva tercera tentación, la del poder que genera destrucción y obstaculiza el desarrollo de la humanidad.

Todo ser humano (tú que lees y yo que escribo, también) tiene experiencia de lo que significa la tentación del poder. Por eso es fácil comprender la espiral de locura interna que se desata en quien se deja llevar por ella: no puede parar, no tiene fin, arrasa todo lo que se le ponga por delante. ¿Cómo combatir en semejante batalla?

Habrá que llevar una buena dieta del alimento que da vida: el Amor; dejando que proporcione las proteínas de la fe, la solidaridad, la justicia, la esperanza, la paz para que la debilidad humana deje paso a una fortaleza confiada, ya que sabemos que “no sólo de pan vive el hombre..

También habrá que cuidar con mimo el mobiliario interior, es decir, la vida espiritual, para no pedir a Dios magia protectora, sino ponernos en sus manos con absoluta confianza desde la comprensión de que somos hijos del mismo Padre.

Así cuando nos sintamos tentados por el espejismo de ambicionar el poder del mundo, el rechazo será tan drástico como el de Jesús y podremos colaborar en la evolución hacia delante de la humanidad a base de amor, libertad, justicia, solidaridad… para todos.

Tomado de ECLESALIA, 06/03/14

Desierto, encuentro con Dios en la verdad de lo que somos

Vidriera de la parroquia de Santiago
Vidriera de la parroquia de Santiago

Comenzamos la Cuaresma, que es un tiempo de preparación para la Pascua. Un tiempo para profundizar en nuestra fe y en nuestra vida de fe. Es un tiempo de reflexión y, como hemos rezado en la oración colecta, de «avanzar en la inteligencia del Misterio de Cristo y vivirlo en plenitud», o lo que es lo mismo, adentrarnos en las profundidades del Misterio de Dios y hacerlo vida en nosotros; vivir lo que celebramos, como rezaremos en la oración sobre las ofrendas: «que nuestras vidas sean conforme a las ofrendas que te presentamos». Cuaresma es el tiempo de adentrarnos en nosotros para descubrir si somos coherente con nuestra fe, si lo que creemos lo vivimos. Cuaresma es un camino espiritual al corazón de nuestra vida, al corazón de nuestra fe.

¿Cómo profundizar en la fe? ¿Cómo adentrarnos en el corazón de nuestras vidas? A lo largo de estos cinco domingos de cuaresma, las lecturas nos proponen un itinerario para hacer ese recorrido al centro de nuestras vidas. Las mismas lecturas de la Eucaristía, van a hacernos de guía.

En este primer domingo, Dios nos lleva al desierto. Jesús, antes de comenzar su ministerio público, antes de comenzar su misión, se va al desierto para encontrarse consigo mismo y con Dios, para descubrir cuál es su misión.

El desierto es un lugar de soledad, de vacío, de infertilidad. Un lugar donde falta lo más elemental para vivir, como es el agua, los frutos de una vegetación, la compañía de otras personas, el calor de un amigo. En el desierto falta todo. Es un vacío inmenso donde no se encuentra nada, donde todo está detrás, más allá de las dunas de arena…, pero no en él, ni a la vista. El desierto es vacío, sin eco, sin otro que te escuche y te responda. Por eso es soledad. Sin nada ni nadie. Pero el desierto no es solo un lugar geográfico; hoy y siempre, el hombre ha vivido el desierto en la calle y en la fábrica, entre los muros de su casa y en la estrechez o anchura de una multitud de gente. Porque el desierto no es un lugar, es el corazón solo, vacío, en aridez y sequedad… Es el corazón sin compañía, sin agua, sin vida. El desierto es una situación del ser humano, una vivencia del corazón. Desierto es tu vida cuando te sientes solo, desgajado del grupo, separado de todos.

Desierto es soledad, frente a frente conmigo, con mi realidad desnuda, con la realidad de lo que soy verdaderamente, sin máscara, sin aparentar. Desierto es coger mi vida en mis manos y descubrirla, aceptarla y vivirla de verdad, en la verdad de lo que soy. Y en mi desierto, en mi soledad sola, vacío, sin apariencias, sin falsos apoyos ni alicientes, en el desierto me descubro de verdad, descubro la verdad de mi vida. El desierto me conduce a la verdad de mi vida, despojándome de sus añadiduras.

Cuando el ser humano no tiene nada, cuando se encuentra solo en su soledad, sin añadiduras, sin apoyos… descubre lo que es y lo que realmente es importante en su vida. Descubrimos las personas que nos aman y a las que amamos. Descubrimos lo que es la vida, lo que vale la pena; descubrimos en qué o en quien hemos apoyado nuestras vidas, ahí aparecen las tentaciones, que no es solo del desierto, pero que en el desierto se hace más patente:

Aparece la primera tentación, la más instintiva en el ser humano: nuestras ansias de tener. “Convierte estas piedras en pan”, dice el tentador al Señor. Esta tentación es la más normal. Tan normal que ni siquiera la llamamos tentación. ¡Cuántas veces sentimos hambre de bienes, de mejores circunstancias! ¡Señor, que apruebe los exámenes! ¡Señor, que me toque la lotería! Es el deseo de poseer, acumular riquezas materiales, culturales, corporales, intelectuales… Es poner nuestro corazón en todo… menos en el Señor. El pan no es el único y el más necesario alimento. El ser humano tiene sed y hambre, pero no solo de pan. El corazón necesita otro alimento. El corazón pide amor, verdad, vida vivida. La plenitud de nuestro corazón está en amar y ser amado, en vivir en la verdad, en vivir la vida en profundidad, no en la superficialidad.

Pero sólo en el desierto, en nuestra soledad, podemos descubrir qué es lo más importante en nuestras vidas. Porque, este mundo nos atrapa, porque corremos mucho, porque tenemos que ir a la moda, porque anuncian aquello que ya quiero comprarlo. Vamos al desierto a despojarnos y a descubrir cuál es el fundamento de nuestra vida: ¿Dios, la moda, nuestra familia, la televisión, el fútbol?

También aparece en el desierto la segunda tentación, la tentación de poder y gloria. El tentador lleva a Jesús lo alto, donde domine y reine sobre toda la tierra. Todos queremos subir más arriba, a lo alto. Es la tentación de querer ser pequeños “diocesillos” en nuestro entorno. A costa de lo que sea, se busca poder, el aparentar, el prestigio, el quedar bien, el ser más que otros. Subrayamos nuestros méritos y cualidades si con ello sobresalimos. Con todo esto adquirimos honores, satisfacciones y vivimos superiores a los demás. Todo este instinto de sobresalir, de dominar a otros, se presenta muy sutil. Pero si somos sinceros, hemos de reconocer cómo buscamos quedar bien, y cuánto nos cuesta reconocer nuestros fallos. Esta tentación es la de alimentar nuestro “yo” con ansias de dominar sobre los demás. Es nuestra soberbia, nuestro orgullo y amor propio. Que nos impide ver nuestros fallos, y nuestra humildad para pedir perdón, para reconocerlo delante de otras personas. Es ser el centro de atención en todo momento, en todo lugar.

Sólo en el desierto, en nuestra soledad, sin nadie, nos desenmascaramos, y descubrimos la verdad de lo que somos.

La última tentación que el demonio lanza a Jesús, en su condición de Hijo, es a que use sus poderes para manifestarse con plena ostentación ante sus contemporáneos. Es buscar un Dios espectáculo y espectacular. Es la gran tentación de alejarnos de la sencillez de la vida y de la humildad. Es buscar la fama y la grandeza y la adulación. El tentador quiere que se arroje del alero del templo para que crean en Él, así lo tendrá más fácil Jesús, será más creíble. Es el camino fácil, el camino del espectáculo barato, el camino de lo sensacional. En la soledad de nuestro desierto podemos descubrir que la vida es más que un espectáculo barato, algo menos superficialidad. Vivimos en el mundo de la imagen, donde, lo que cuenta es lo de fuera. Pero la verdadera grandeza del ser humano está en su corazón.

Pero Jesús no fue solo al desierto, dice el texto del evangelio: «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán… el Espíritu lo fue llevando por el desierto…». No estamos solo, Dios nos acompaña, dejemos que Él nos guíe. Vamos al desierto para encontrarnos con nuestras vidas y descubrir, en ella la actuación salvífica de Dios, y, como el pueblo de Israel, proclamar nuestra fe en el Dios de la Historia, que nos salva en nuestras vidas a través de los acontecimientos y de las personas que Él nos pone en el camino… en toda nuestra historia: en la esclavitud de Egipto y cuando andamos perdidos en el desierto, en la tierra prometida, donde todo parece ir bien, y en los momentos de pecado y de separación de Dios, cuando lo ponemos a prueba y cuando parece que se ha ido de nuestras vidas; en toda nuestra vida, en toda.

En esta cuaresma, busquemos el desierto, al encuentro de nosotros mismos, el encuentro con la verdad de lo que somos. Y en esa soledad, nos encontramos con Dios que nos mira con cariño y nos quiere hablar al corazón.

Germán García Ruiz