2º Cuaresma - B

 

Desde el Tabor al Gólgota

 

 

 

En el camino hacia la Pascua la liturgia nos presenta personajes emblemáticos de un pueblo cuyo afán fue “buscar el rostro de Dios”. El domingo pasado, Noé el pacto de Dios tras el diluvio. Hoy, el padre de los creyentes: Abraham. De entrada el relato, en que Dios exige el sacrificio del “hijo de la promesa”, nos resulta duro de digerir, pese a su feliz desenlace. Pero no es más que un recurso que apunta mucho más alto: la fe de Abrahám, que aceptó, a cambio de nada, colgado del frágil hilo de la promesa, dejar su tierra y su parentela (que es lo mismo que pasar de la seguridad de un régimen de vida urbano a la eventualidad e imprevisibilidad nomádica) y que, en un más difícil todavía, recibe la orden de aniquilar a un hijo tan difícilmente conseguido, es ejemplo de la fe verdadera, que no es asentimiento teórico a unas fórmulas dogmáticas, sino opción vital, pistis, confiar en, adhesión incondicional a Aquel del que, no obstante, sabemos de qué va (Yo se de quien me he fiado, escribía Pablo).

 

¿ Tratamos de vivir nuestra fe de manera que todo lo que somos se vea afectado por ella o, por contra, nos ponemos, de vez en cuando, la fe como el que se pone una ropa para determinada ocasión? ¿Convulsiona o trastoca nuestra opción por Dios nuestros esquemas, valores, conducta y actitudes o sencillamente permanecen inalterables, alejadas de la quema?

 

Desde esta perspectiva y mientras tratamos de responder a tales interrogantes, nos asalta el pasaje de la Transfiguración en el Tabor: Elías y Moisés charlando con Jesús se aparecen a Pedro, Santiago y Juan, desconcertados y perplejos. Desde una nube se repiten las mismas palabras que en el bautismo en el Jordán, pero con un matiz decisivo: ESCUCHADLO.

 

Es el fundamento y el punto de partida irrenunciable de la fe, a la que nos hemos referido. La escucha de la Palabra, que se ha hecho definitiva en el Hijo Predilecto, no se puede obviar en ningún proceso de fe.

 

Bien sea por la interiorización, bien por la lectura de los acontecimientos y de la vida que nos rodea, bien por el esfuerzo por construir la ciudad de los hombres, preludio de la ciudad de Dios, de lo que no se puede pasar es de escuchar a un Dios que me habla personalmente y, tal vez, desde mi propio interior (intimior intimo meo).

 

Pero escuchar...para algo. El encuentro con la Palabra no puede dejarnos de brazos cruzados, viéndolas venir, extasiados en la belleza de la contemplación. Es el peligro que refleja Pedro (refugiarse en una interioridad sin perspectivas ni rumbo; un aquí me las den todas). Lo mismo que Abrahán, hay que salir y espabilar…andar. Puede, es seguro, que en el camino tendremos que lamentar pérdidas y caídas, errores y despistes...Pero nadie puede ahorrarnos la travesía. El camino a seguir no va de gloria a gloria, sino de cruz a gloria. Aquí es donde empezamos a dudar, temer, frenar, dar rodeos, buscar vías alternativas... pero es en vano. Es cierto que se está muy bien, pero quien pretende instalarse en esas alturas “no sabe lo que dice”.

 

La realidad, siempre a la vuelta de la esquina, es que en el trayecto hasta la Resurrección, hay que salvar el escollo del Gólgota, de la Cruz. Y eso, reconozcámoslo, nos gusta bastante menos.

 

 

 

I Cuaresma-B

 

Marcos presenta la escena de Jesús en el desierto como un resumen de su vida. Señalo algunas claves. Según el evangelista, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». No es una iniciativa suya. Es el Espíritu de Dios el que lo desplaza hasta colocarlo en el desierto: la vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, inseguridad y amenazas.Pero el «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios. El lugar al que hay que volver en tiempos de crisis para abrirle caminos al Señor en el corazón del pueblo. Así se pensaba en la época de Jesús.

 

En el desierto, Jesús «es tentado por Satanás». Nada se dice del contenido de las tentaciones. Sólo que provienen de «Satanás», el Adversario que busca la ruina del ser humano destruyendo el plan de Dios. Ya no volverá a aparecer en todo el evangelio de Marcos. Jesús lo ve actuando en todos aquellos que lo quieren desviar de su misión, incluido Pedro.

 

El breve relato termina con dos imágenes en fuerte contraste: Jesús «vive entre fieras», pero «los ángeles le sirven». Las «fieras», los seres más violentos de la creación, evocan los peligros que amenazarán siempre a Jesús y su proyecto. Los «ángeles», los seres más buenos de la creación, evocan la cercanía de Dios que bendice, cuida y defiende a Jesús y su misión.

 

El cristianismo está viviendo momentos difíciles. Siguiendo los estudios sociológicos, nosotros hablamos de crisis, secularización, rechazo por parte del mundo moderno… Pero tal vez, desde una lectura de fe, hemos de decir algo más: ¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos? Nunca habríamos elegido nosotros estos caminos.

 

Esta experiencia de desierto, que irá creciendo en los próximos años, es un tiempo inesperado de gracia y purificación que hemos de agradecer a Dios. El seguirá cuidando su proyecto. Sólo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones que nos pueden desviar una vez más de la conversión a Jesucristo.

 

Francisco Aranda Otero.

 

DIOS NO ESTÁ DE ACUERDO CON LA MUERTE

 

V CUARESMA –A

 

 

 

En la “casa de la amistad” comprobamos que Jesús tenía amigos, aunque haya venido para todos. Eran Lázaro, María y Marta. La amistad necesita de pocas palabras para expresarse: “Señor, Lázaro, tu amigo, está enfermo”. Así de simple, sin más, y sin menos. Jesús queda al corriente de la situación y se dirige a Betania

 

La misma amistad autoriza a Marta un solapado reproche: "Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano” pero rectifica: “Aún sé que lo que pidas a Dios, te lo concederá…” Eres verdadero amigo, me puedo fiar de ti…harás lo que puedas. Estás muy bien relacionado con el Padre; tu presencia convertirá el luto en fiesta. Desde ahí- “Yo soy la resurrección y la vida.”- Jesús conduce a Marta a la declaración de fe: "Yo soy la resurrección.” Sí Señor, yo creo que tú eres el Mesías…

 

Hay otro detalle que acredita esta intimidad: Jesús pregunta por dónde está y, mientras se encamina al sepulcro, llora. Un Dios que llora por la vida de un amigo es un Dios que convence más que un Dios que se complace en la muerte. Son unas lágrimas milagro. ¡Cómo lo quería! Porque importa que algunos, malintencionados, cavilen: “Y uno que puede dar vista a un ciego no podía haber impedido que éste muera”

 

Un poquito más adelante, Jesús hace causa en el llanto con María y el grupo de amigos: “Jesús sollozó, muy conmovido”

 

Cristo, el Señor, no está de acuerdo con el mal, no acepta con ojos secos, el sepulcro. De un Dios que ama de esa manera, tan humana, se puede esperar todo a favor del hombre. Jesús se dirige al sepulcro no como el que está por encima de todo, sino compartiendo todas las debilidades de los mortales. Por eso, porque está en comunión con nuestra debilidad, es por lo que ordena: Quitad la losa. El mal olor que exhala no es un detalle morboso, tiene sentido. Sí en el relato de la creación, Dios vio que todo era bueno(hermoso), aquí estamos en el otro extremo. ES el itinerario recorrido por el hombre a lo largo del camino de la desobediencia: de los espacios ilimitados y bellos de Dios a la prisión en el Sepulcro

 

Luego grita con fuerte voz: Lázaro, sal fuera y salió y se deshizo del vendaje que lo tenía inmovilizado.

 

Es el grito que dirige a cada uno de nosotros. Cristo no quiere nuestros sepulcros, nuestra convivencia con la muerte, nuestras elecciones de la muerte…nos llama “afuera”. Fuera de esa prisión en que nos encerramos, de los horizontes asfixiantes, de las dimensiones reductoras de nuestro propio. Nos impone caminar, haciendo trizas las vendas que nos atan e inmovilizan

 

Caminamos, en este tiempo, hacia la Pascua, hacia la resurrección de Jesucristo, que es la nuestra. Y que comienza cuando, obedeciendo a su llamada, decidimos salir a la luz de la vida; cuando permitimos que nuestro ser, confinado en el miedo, salga afuera, a la intemperie; cuando nos quitamos las máscaras y somos valientes para reencontrarnos con nuestro verdadero rostro.

 

No podemos permitir que fijemos nuestra morada en sepulcro- prisión. Tenemos que saborear el gusto por la vida, que es alegría, paz, misericordia y compasión

 

A todos nosotros, que bebemos del agua viva- samaritana- que hemos recuperado la luz- ciego de nacimiento- hoy, cercanos ya a la Pascua, se nos invita a que vivamos en una vida nueva, libres de las ataduras que nos bloquean.

 

IV DOMINGO DE CUARESMA. CICLO A ( Jn 9, 1-41)

“Jesús es para los  excluídos”

 

 

 

Un relato inolvidable, seductor.. que engancha. Tradicionalmente le llamamos la “curación del ciego de nacimiento”; pero es mucho más: porque el evangelista, en un prodigio narrativo, nos presenta el recorrido que va desde un hombre perdido en las tinieblas y la postración, hasta llegar al encuentro con Jesús, “luz del mundo”

 

El protagonista, para aumentar el suspense, no tiene nombre. Es anónimo. Sabemos de sus penosas circunstancias: mendigo , ciego de nacimiento, que pide limosna cerca del templo. No conoce la luz, ni la ha visto nunca. Ni camina por sí mismo, ni se vale para nada. Vive en la más terrible de las frustraciones y postraciones …una vida indigna.

 

Casualmente, en su vida se cruza Jesús. Y tanta fe – y necesidad – tiene que deja que le “trabaje” en sus ojos. Confía en su fuerza curadora: va y limpia sus ojos en la piscina de Siloé, tal y como le ordena…Y empieza a ver. Se ha encontrado con Jesús y eso cambia su vida

 

Los vecinos le notan transformado y les explica su experiencia: “ Un hombre que se llama Jesús lo ha curado”. Ya no sabe más. No sabes quién es, ni donde está , ni de donde viene…le ha curado y basta. Es que Jesús hace el bien hasta con los que sólo reconocen su nombre

 

Otras explicaciones recaban los entendidos en religión- los fariseos- y él les habla de lo que ha vivido, sin más: “Sólo sé que no veía y ahora veo”. Le insisten en que piensa del tal curandero; dice que es UN PROFETA. Es la fe de los sencillos- que no la del carbonero-: no saben alta teología, pero sienten que ese hombre viene de Dios

 

En este empecinamiento, el mendigo se va quedando sólo: ni siquiera sus padres lo defienden, están asustados y le puede echar de la sinagoga, con todo lo que ello suponía para un judío ortodoxo. Al ciego , que ahora ve, sí que lo echan y Jesús va a su búsqueda. Es que Jesús tiene sus propios e insospechados caminos para quienes lo buscan

 

El encuentro de Jesús con el hombre que ya sí que ve, a quien nadie parece querer entender, se condensa en una pregunta. “ ¿Crees en el Hijo del Hombre, es decir, el hombre plenamente hombre porque es la encarnación del misterio de amor y cercanía que es Dios? El mendigo, antes tambien ciego, aunque esta dispuesto a creer , parece más ciego que antes: ¿ Y quién es para que crea en él?

 

La respuesta de Jesús es inequívoca: “Lo estás viendo , el que está hablando contigo? Y entonces al ciego se le abren otros ojos: los del alma. Se postra y exclama: “creo, Señor”

 

Es que sólo escuchando a Jesús y dejándonos conducir por él vamos caminando hacia la fe y hacia la Luz.

 

III CUARESMA : Jn , 4, 5-52)

 

UN ENCUENTRO PELIGROSO CON ALGUIEN IMPREVISIBLE

 

Una mujer de Samaria llega a un pozo a sacar agua, ajena a lo que allí la espera y que nada en la trivialidad de su vida cotidiana, hacía previsible: va por agua con el cántaro vacío para volverse con él lleno a su casa. No hay más expectativas, ni más planes, ni más deseos.

 

Pero lo imprevisible la está esperando junto a aquel galileo sentado en el brocal del pozo que entabla conversación con ella sobre cosas banales, como para no asustarla: hablan de agua y de sed, de pozos y de viejas rencillas entre pueblos vecinos, cosas de todos los días. De pronto irrumpe el lenguaje de “las cosas de arriba”: el don, un agua que se convierte en manantial vivo, la promesa de una sed calmada para siempre, un Dios en búsqueda, fuera de los espacios estrechos de templos o santuarios.

 

La mujer se defiende e intenta mantenerse en un nivel de trivial superficialidad, huyendo de la irrupción de lo de arriba en su vida. Pero al final de la escena el cántaro que era símbolo de la pequeña capacidad que está dispuesta a ofrecer, se queda olvidado junto al pozo, inútil ya a la hora de contener un agua viva.

 

Como en tantas otras ocasiones, el evangelio nos sitúa ante un Jesús imprevisible, capaz de vencer la estrechez de nuestras expectativas a la hora de recibirle. Los evangelistas se encargarán de poner de relieve esta presencia de lo desmesurado e imprevisible que parece acompañar las actuaciones de Jesús, desbordando siempre lo que se esperaba de él: ni los novios de Caná necesitaban tanto vino (Jn 26), ni los discípulos una pesca tan abundante que casi les revienta las redes (Lc 5,6); y para sostener las fuerzas de la gente que le había seguido al desierto bastaba un bocado de pan y pescado, no que sobraran doce cestos (Jn 6,13). El paralítico lo que quería era volver a andar, no esperaba volverse a casa libre de la carga de sus pecados, y Zaqueo, interesado solamente en ver el aspecto de Jesús, se le encontró metido en su casa y compartiendo su mesa (Lc 19); las mujeres sólo pretendían que alguien les descorriera la piedra del sepulcro para embalsamar un cadáver, pero se encontraron al Viviente saliéndoles al encuentro (Mt 28,1-10).

 

Siempre el mismo derroche por su parte, y siempre la misma resistencia por la nuestra a la hora de ser adentrados en lo imprevisible. Y eso ya desde que Sara se reía por lo bajo, escéptica y reticente ante una promesa que desbordaba por arriba sus previsiones.

 

 

 

Dolores Aleixandre

 

 

 

"Por la renuncia al triunfo" Segundo domingo de cuaresma.

2º Cuaresma -A

 

 

 

Abraham recibe una llamada y una promesa; fiándose de Dios deja su casa y su tierra para ponerse en camino hacia una tierra que no tiene ni nombre ni lugar. Es el camino oscuro y cierto, velo y revelación, desierto y tierra prometida , riesgo y gloria, muerte y transfiguración de la fe . A mitad del camino hacia Jerusalén, Jesús quiere compartir con sus más íntimos y cercanos una experiencia anticipo de su gloria: la experiencia del Tabor. A Abrahán, pese a la promesa, le queda un largo trecho, nada fácil ni expedito; la luz de la fe jamás elimina el rigor del camino. También Jesús, transfigurado en la cumbre, bajará al valle donde sabe que le espera la miseria de la vida y la cruz. Lo que pretende Pedro, permanecer arriba al margen de la prueba, queda descalificado para siempre y nos llega a nosotros: hay que abajarse, hasta los sótanos del mundo, responder a sus preguntas y afrontar, sin escapismos ni evasiones, la prueba de la fidelidad al Señor y los hermanos. La gloria, como promesa y horizonte, tiene que pasar, sin camino alternativo, por la cruz. Desde esta realidad sí que es posible, al menos iluminar - nunca comprender y explicar - los padecimientos de la Iglesia y del cristiano. Lo expresó S, Agustín: "la Iglesia va peregrinando por la historia entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios" Y ello con una certeza de partida: Dios es fiel y cumplirá su palabra; por eso, el futuro del hombre no es la ruina ni la cruz, sino la gloria; estamos amenazados no de muerte, sino de resurrección; el final, no será hecatombe, sino transfiguración.

 

Es del todo necesario que, a la vista de los acontecimientos y cuando desde todas las instancias de opinión se nos empuja a apurar la vida porque es lo que tenemos, y a dejarnos de pensar en sus orígenes y fines, reivindicar la esperanza: sabemos de dónde venimos y adónde vamos, por qué y por quién caminamos, hacia dónde y hacia quién nos dirigimos

 

En la Cuaresma, junto a Abrahán y Jesús, seguimos caminando. Y como propuesta para esta segunda semana vayan estas sugerencias: tenemos que vivir la fe en medio, no al margen, de una sociedad indiferente, turbia y a veces hostil; mantener la esperanza, contra viento y marea, en un mundo que se afana por vivir el día y al día; testimoniar un amor fiel y de corazón a todos los compañeros de viaje. Tres instrumentos de fidelidad - fe, esperanza y caridad- para recorrer el camino que llega hasta la Pascua. Llegará, ciertamente, el día que se nos haga del todo la luz y descubriremos con gozo la tierra prometida. Pero no nos empeñemos en la absurda pretensión de Pedro: llegar arriba, permanecer arriba, sin abajarnos. No podemos, por más que lo intentemos, ser más que el Maestro.

 

“ Dejad a Dios ser Dios”

Primer domingo de Cuaresma: Ciclo A: LAS TENTACIONES EN EL DESIERTO

 

Desierto, en la biblia, puede tener una doble significación: lugar de encuentro con Dios, intimidad, diálogo. Donde Yahvé llama al pueblo. Y tierra inhóspita, árida, dura. El anti Edén. Lugar donde se libra el combate con el Mal. Por tanto, es tierra de bendición y de maldición. Oasis benéfico o prueba cruel

Tentación no es la inclinación al mal, sino que es un poder en acción; un manos a la obra, con intención de romper o separar. Probar la resistencia de una persona, controlar su constancia.

En el relato de Mateo, el tentador intenta separar a Jesús del proyecto del Padre, de su camino de Mesías doliente, rechazado y humillado, a cambio de un camino de facilidad, triunfo y poder. En un diálogo a golpe de citas de la Escritura. El diablo propone, para alejar a Jesús de su camino de la cruz, varias esperanzas mesiánicas

Primero, uno que consiste en una esperanza terrena, que se limita al bienestar económico ( piedras-pan) . Es reducir la esperanza de la salvación a un proyecto material

Luego, otro bajo el signo de lo espectacular (tirarse desde el alero del templo), que evite el camino difícil de la fe para abrirse a un escenario donde se obligue a Dios a intervenciones milagreras, que alejen toda duda y toda búsqueda

Por último, en tercero encarnado en los zelotas: el del poder aún a costa de la violencia y la guerra: lejos del camino del amor, la misericordia y la libertad. El camino del dominio, la subyugación y la fuerza…” para mayor gloria de Dios”

 

Jesús rechaza debidamente estas sugerencias y refuerza su determinación y voluntad de seguir sólo el camino establecido por el Padre; reafirma su fidelidad al proyecto divino, sin concesiones a desviaciones o distracciones como son el éxito y la popularidad: No sólo de pan… (el hombre es algo más que estómago y cartera); que sus horizontes no se pueden confiscar por la búsqueda exclusiva y obsesiva del bienestar económico, por las modas, el consumismo y conformismo. Que el hombre no viene aquí sólo para producir, acumular o medrar, Tiene que aprender a tener hambre de Dios

“No tentaras al Señor tu Dios…. El camino de la fe pasa tambien por los temibles silencios de Dios, la oscuridad, la duda, las contradicciones. La fe no se nutre de milagros o prodigios, sino de paciencia, espera, coraje. Hay que preferir la confianza a los signos

 

Está escrito: al Señor sólo adorarás …Es necesario deshacerse de los ídolos, unificar, centrar la vida en la esencial, no perderse en cosas efímeras, resistir los cantos de sirena de la vanidad t el orgullo

 

A destacar: 1) las tentaciones no se agotan en este prólogo; toda la vida de Jesús está atravesada por ellas, que proceden o del gentío, los jefes, ciertos grupos…los mismos discípulos. Sin cesar tiene que dejar claro el alcance y sentido de su forma peculiar de ser Mesías. La fidelidad al Padre la paga, de sobra, con el alto precio de la incomprensión y la soledad

La escena de hoy tiene un importante paralelismo con el “paso” de Israel por el desierto: Jesús, nuevo Israel que afronta las mismas, pero Cristo resulta vencedor; Israel salió derrotado.

Nosotros, la Iglesia de nuestros tiempos, debemos estar confrontando nuestra vida con esta página evangélica, ara garantizar su autenticidad en la misión y purificar las adherencias deformantes que la vuelven gris y opaca. La resistencia a las seducciones “reductoras” que apuntan hacia la comodidad, el éxito y el poder encuentran su fuerza aquí

Y el cristiano debe ajustar cuentas con la escena que se desarrolla en el desierto para recuperar su identidad y sentido en el mundo y la sociedad

Bien es verdad que un día Jesús convertirá multiplicará los panes para saciar a la gente que le seguía, pero no transformará las piedras en pan, sino que servirá de lo poco que aporta un muchacho: el milagro, nos da a entender, está en el compartir

Más tarde Cristo será glorificado y ensalzado, pero no sobre el alero del templo, sino desde al árbol de la Cruz. Y no aceptará la invitación a bajarse, salvará a todos perdiendo su vida. Es el el “paso” del discípulo, que no puede eludir el camino incómodo del Calvario

Se pondrá de rodillas, en Getsemaní, no ante Satanás sino ante el Padre para pedirle que se haga su voluntad; ante los apóstoles para lavarle los pies, poniendo patas arriba todos los criterios de grandeza posibles. Su grandeza está en el servicio. Y así nos quita toda posibilidad de usar a Dios a nuestro antojo o arbitrio.

En resumen, nos deja claro que cuando se dice Dios apelamos a su voluntad No es de recibo invocar ese nombre como rampa de lanzamiento para nuestros proyectos y codicias, disfrazadas de motivaciones falsamente religiosas

Hay que saber dejar a Dios ser Dios

 

domingo v dia del seminario.

Enviados a reconciliar

En Israel el adulterio se consideraba delito público y falta contra la ley de Dios, que lo castiga con la muerte (Lev 20). Con el tiempo esta ley se volvió contra la mujer; por eso, el adulterio del hombre casado sólo era tal si las relaciones eran con mujer casada. Para la mujer casada era irrelevante que el hombre lo fuera o no. Además, la mujer sospechosa de adulterio era sometida a la prueba de toma aguas amargas. Si el vientre se le hinchaba era señal de adulterio. La prueba la realizaban los sacerdotes y no se podía someter al hombre a este rito. Si se comprobaba el adulterio, el castigo era la muerte por lapidación. En el evangelio de hoy observamos: el contraste entre la implacable severidad de nuestros juicios hacia los demás y la indulgencia para con nosotros mismos ( “el que de vosotros esté…); la rigidez de la justicia humana y la misericordia de Dios. Escribas y fariseos representan la dureza de una actitud antievangélica. Toda la narración tiene un trasfondo: la trampa que se le tiende a Jesús: si se inclina por la absolución, se coloca contra la Ley judía; si por la condenación, contra la ley romana que prohibía a los judíos ejecutar al reo por su cuenta. El juicio de Jesús es doble: a los acusadores los pone cara a cara con su pecado; a la acusada, le concede el perdón, la paz y un futuro nuevo: no peques más. Es el modo de del Padre bueno.

Aprender: 1)la acogida al pecador: una constante en la vida de Jesús y una acusación que le hacen sin cesar y una llamada a nuestra capacidad de acogida, 2) llamar a los cosas por su nombre: Jesús lo hace: vete y no peques más. Algo importante en una cultura que ignora la noción de pecado y la elimina del lenguaje. Si Jesús la acoge no es porque le reste importancia, sino para rehabilitarla de su torcida conducta, 3) Jesús evidencia a los acusadores: escribía en el suelo y los acusadores captan el mensaje: empiezan a retirarse, empezando por los más viejos, 4) Obrar siempre con misericordia: los acusadores le niegan a la mujer la posibilidad de cambio y conversión; el futuro, Con las piedras tratan de sepultar el pasado, el futuro y a la misma persona. Jesús liquida el pasado y le da un futuro esperanzador y de paz .El castigo es estéril; el perdón, creativo, 5) Lanzar piedras es juzgar a las personas con criterios contundentes, inapelables. El seguidor de Jesús tiene que actuar por inclusión, no por exclusión. Frente al juicio y la condena fácil, se impone la comprensión y la confianza en que toda persona puede y debe hacer girar su vida en otro sentido. Antes de arrojar piedras, hemos de ser capaces de juzgar nuestro pasado y nuestro pecado. A lo mejor, hasta descubrimos que no son los otros, sino yo, quien merece ser condenado. O bien, que no es la condena sino la ayuda fraterna y la posibilidad de rehacerse la que logra la salvación del pecador. Lo que la mujer adúltera necesita no son piedras, sino un corazón misericordiosos- comprensión y acogida- y una mano amiga que le devuelva a su condición perdida y le ayude a levantarse

En el día del Seminario, que hoy celebramos, ningún texto mejor que el del Evangelio para rezar por las vocaciones sacerdotales, por nuestro Seminario de Málaga para que sea vivero de “misioneros de la misericordia” “enviados a reconcliar” como reza el lema de este Año Jubilar de la Misericordia.