“El camino de la fe”

 

 

II PASCUA Ciclo B.

 

 

 

 

 

Tres partes tiene el evangelio de hoy,

 

  1. una primera en la que Jesús vuelve a los suyos, los libera del miedo y los envía a continuar su misión, para lo que les comunica su Espíritu.

  2. una segunda que relata la incredulidad de Tomás, que representa a quienes dejan a un lado el testimonio de la comunidad y no son capaces de percibir los signos de vida que existen en ella ( pienso que de éstos somos cada día más…). En lugar de integrarse y participar responsablemente en sus preocupaciones y experiencias, exigen evidencias, pero sin arrimar el hombro para que sea una comunidad creíble. Representa además a los que no buscan tanto a Jesús, como fuente de vida, sino como una pieza de museo o una reliquia del pasado. Jesús le concede a Tomás esta evidencia, pero no aisladamente, sino en presencia de toda la comunidad.

  3. La tercera es la primea conclusión del Evangelio de Juan: el libro de las señales de Jesús, escrito para que creamos en él y, desde ahí, tener vida para siempre.

 

Cada uno de nosotros vivimos nuestra fe como los discípulos del evangelio “ al anochecer, con las `puertas cerradas, llenos de miedo, temerosos ante las autoridades. Inmersos en lo viejo, ni hemos visto ni experimentado al Resucitado, Nuestra comunidades arrastran una vida mortecina, gris, solapada; como si en lugar de tener una vida y una esperanza que transmitir, se nos estuviera perdonando la vida por creer. A pesar de vivir en el primer día de la semana, de la nueva creación, seguimos aferrados a lo viejo, a lo de antes. Necesitamos una presencia y unos signos que llenen de fuerza nuestras alicortadas vidas. Y estos signos aparecen en el evangelio de hoy y en todos los relatos de las apariciones son-

 

LA DONACIÓN DE LA PAZ: no como ausencia de conflictos sociales o personales, sino como armonía consigo mismo y con los demás, con la naturaleza y con el Dios de la Paz.

 

El SOPLO CREADOR QUE INFUNDE ALIENTO DE VIDA: un soplo que rompe los moldes y los corsés en los que sus seguidores vivían y les hace salir a la luz pública. Seremos gente resucitada en la medida en que luchemos por la vida y los valores cristianos y tratemos, con todas nuestras fuerzas, de eliminar lo que deshumaniza y mata el espíritu de Jesús .

 

LA EXPERIENCIA DEL PERDON. El Resucitado ha perdonado la desbandada de todos y la traición de algunos y les ofrece este perdón, En ningún momento hay la más mínima alusión o reproche a tal deserción.

 

Para nosotros, en una sociedad incapacitada para valorar la grandeza del perdón- lo considera como la “virtud de los débiles”, resignados o timoratos-tenemos que ser conscientes de que la solución de los conflictos humanos no llegará jamás, si no introducimos en nuestras vidas la dimensión del perdón, no como liquidación de conflictos pasados, sino como generador de nuevas esperanzas y energías tanto en quien perdona como en quien es perdonado ( recordad la fiesta en casa del hijo perdido cuando vuelve).

 

Tenemos que ser Iglesia reconciliada y reconciliadora. LOS ESTIGMAS DE JESÚS: las señales de su crucifixión, son señales del amor y del sufrimiento por todos. Son los estigmas que podemos descubrir hoy en cuantos llevan las señales, en su cuerpo y espíritu, del sufrimiento y de la marginación. Los podemos detectar en los excluidos de una sociedad donde sólo tienen cabida los que pueden y tienen; a los relevantes de este mundo. En este pasaje “Ver “ al Resucitado se ha convertido en un reto: contagiar vida donde sólo había temor ,amenaza…muerte.

 

La figura de Tomás emerge como el paradigma de tantas personas, candidatas a la comunidad, pero cargadas de dudas. En un proceso pedagógico y catequético en que los pasos para incorporarse son:

 

  • verificar en la realidad humana del Dios sufriente, la presencia del que es la vida;

  • escuchar su palabra, el valor del testimonio, el encuentro personal, silencioso, con el que vive,

  • para acabar en la gran afirmación de fe. SEÑOR MIO Y DIOS MIO:

 

 

 

Francisco Aranda Otero.

 

I Domingo Pascua 2018

Hemos comido y bebido con él”:

 

 

 

 

 

Cuando se habla de resurrección, el primer comentario suele ser que de allá nadie volvió para decir lo que pasa.

 

Esa constatación con aires de evidente, lo sería si la resurrección se entendiese como un regreso de los muertos a la vida, un desandar el camino desde la oscuridad de la tumba a la luz acostumbrada de nuestras vidas.

 

Pero no es eso lo que entendemos quienes celebramos que Cristo ha resucitado.

 

¡La resurrección de Cristo no es regreso a su pasado sino entrada en su futuro! ¡Su Pascua no es recaída en el mundo viejo sino comienzo de un mundo nuevo!

 

Por la resurrección, no recobra el hombre la vida perdida sino que se abre a una vida nueva, a la vida de Dios. Resucitado, no regresa el hombre a la mortalidad sino que se le reviste de inmortalidad.

 

Habéis muerto –dice el Apóstol- y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”, o, lo que es lo mismo, la vida de Dios está escondida con Cristo en nosotros.

 

Así que, si alguien nos pregunta por la resurrección, no decimos: De allá nadie volvió. Sino que confesamos: ¡Cristo Jesús vive!, y somos sus testigos, pues “hemos comido y bebido con él después de su resurrección”, más aún, hemos resucitado con él, y estamos con él a la derecha de Dios en el cielo.

 

Es cierto: De allá nadie volvió. Pero es más cierto aún que allá, en la vida nueva, ya hemos entrado misteriosamente los que creemos en Cristo Jesús.

 

Con él nos encontramos y comemos siempre que, conforme a su mandato, escuchamos su palabra, hacemos nuestra su acción de gracias y recibimos los sacramentos de su vida entregada.

 

Arrodillados como el Señor a los pies de la humanidad, de él aprendemos a servir a los pequeños, a curar heridas, a limpiar miserias, a entregar como un pan nuestras vidas a los pobres.

 

Con Cristo resucitado comemos y bebemos siempre que los pobres se sientan a nuestra mesa. Y aunque sea poco lo que haya para compartir y guardemos silencio mientras lo compartimos, sabemos muy bien que es el Señor quien está con nosotros.

 

Porque comemos y bebemos con él, llevamos en el corazón su paz, la que él nos ha dado, su alegría, en la que él nos envuelve, su Espíritu, con el que él nos unge, nos transforma, nos fortalece, nos consuela, nos vivifica, nos justifica, nos santifica, nos resucita.

 

Su paz, su alegría, su Espíritu, son en nosotros los voceros de su resurrección.

 

Sabemos que él vive, porque vive en nosotros, porque espera con nosotros, porque ama en nosotros, y, en este cuerpo suyo que es la Iglesia, él va llenando la tierra de humanidad humilde, de humanidad pacificada, de humanidad reconciliada, de humanidad nueva, recia, libre y justa, de humanidad resucitada, de humanidad divinizada.

 

Sólo tu vida, Iglesia de Cristo, puede dar testimonio de que Cristo vive.

 

El mundo te necesita para salvarse de su resignación a la nada. El mundo te necesita para estrenar humanidad, para entrar en el día de la resurrección.

 

Deja que se transparente en ti la luz de Cristo resucitado.

 

Mons Agrelo.

 

 

 

ESPÍRITU SANTO- A

 

” Ven , dulce huésped del alma”

 

 

 

Día de Pentecostés, fiesta originariamente de la siega o recolección que, más tarde, los judíos la hacen historia, para conmemorar la promulgación de la ley sobre sl Sinaí. También se llamaban la “Fiesta de las Semanas” ( 7x7, días después de la Pascua., en que produjo esta entrega de la ley.)Estaban reunidos los discípulos, cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) “con las puertas atrancadas por miedo a los judíos :no estaban predispuestos a la fe en la Resurrección ni a la venida del Espíritu; es muy significativo que Juan una en un solo relato la aparición del Resucitado, el envío de los discípulos y la venida del Espíritu Santo. Iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos extraordinarios: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume, Espíritu ( ="ruah": aire, aliento vital, respiración) Santo (="hagios": no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas en los Hechos para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús. Recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Poco importa averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Sí una referencia al AT: en el episodio de la torre de Babel, todos hablan la misma lengua, pero no se entienden; aquí hablan distintas lenguas, pero todos se entienden. Babel es la dispersión; Pentecostés, la unidad

 

¿Qué es lo importante para nosotros hoy? Saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación. Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín "concertare": debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés "cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios". Dios hacía posible el milagro de entenderse. Ojalá que podamos revivir la experiencia de los discípulos y tratemos de redescubrir cauces para experimentar la presencia del Señor. No se puede seguir levantando muros ni barreras entre los que viven una misma fe.

 

La venida del Espíritu significó para aquel puñado de discípulos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron. Nació una comunidad humana, libre como viento, como fuego ardiente. No sin razón dice Pablo: "Donde hay Espíritu de Dios hay libertad", y donde hay libertad y autonomía, se fomenta la pluralidad y la individualidad, como camino de unidad, y de verdad. En la Asamblea del CONSEJO ECUMENICO en Upsala (Suecia, 1968) el Metropolita ortodoxo, Mons Hazim hizo una declaración de fe en el Espíritu que puede servirnos de oración hoy: “ Sin Espíritu Santo, Dios queda lejos. Cristo pertenece al pasado; el evangelio es letra muerta; la Iglesia una mera organización; la autoridad un dominio; la misión, una propaganda; el culto una evocación y el obrar cristiano una moral de esclavos. Pero con el Espíritu el cosmos es exaltado y gime hasta que dé a luz el Reino. Cristo Resucitado está presente; el Evangelio es potencia de vida; la Iglesia, comunión trinitaria; la autoridad, servicio liberador; la misión, un nuevo Pentecostés; el culto, memorial u anticipación y el obrar humano queda deificado. Sin miedos, abramos hoy nuestro corazón al Espíritu.

 

 

 

6 Pascua A

 


 

Es la noche de la última cena de Jesús con sus discípulos; los más íntimos. Están tristes. Jesús se está despidiendo. Les habla en profunda intimidad. No deberíamos olvidar que la Eucaristía nace en un contexto que no es, precisamente, claro, luminoso y feliz, pero que supone una honda y urgente invitación a la esperanza y a la acogida del Espíritu.

 

Lo que pide Jesús, guardar los mandamientos, es esencial. Nosotros entendemos en esta cultura eso de los mandamientos como algo que coarta la libertad. Somos una cultura de mucho derecho y poco deber, lo que hace que, al final, solo seamos de “mi” derecho. En la clave de Jesús, el Mandamiento nuevo es otra cosa: es el camino de la humanidad, de la vida y la felicidad. Guardar y cumplir su mandamiento, vivirlo, es evocar y hacer presente a Jesús, y eso solo puede hacerse por amor; no por opción, ni por compromiso, ni por...

 

El mandamiento de Jesús requiere inexcusablemente a los demás, pues es el mandamiento del amor, de la fraternidad, de la comunión, de la vida entregada por amor.

 

Eso es algo que solo puede hacer posible la acogida del Espíritu en nuestra vida. Dios quiere que viviendo de él, seamos como él, don de sí. Es lo que Jesús nos revela y ofrece. He ahí una aventura para cada uno de nosotros: dejarse guiar por el Espíritu para descubrir y vivir cada día la novedad de Dios. Lo contrario nos lleva a buscar otras seguridades: la ley, la norma, la costumbre, la autoridad, el poder, la corriente que nos lleva... Sin la fe en el Espíritu vivimos empobrecidos los cristianos, y empobrecemos a los demás.

 

En el fondo es cuestión de amor. Eso es amar a Dios y los hermanos. Por eso no cabe el sentimiento de soledad, de orfandad, para un cristiano. La presencia viva del Espíritu ha de llenar nuestra vida. Lo que configura la vida del creyente no es el legalismo, y tampoco la anarquía, sino ese buscar la verdad de la existencia a la que nos que nos conduce el Espíritu. Ser cristiano es dejarse guiar por el amor creador del Espíritu que vive en nosotros y nos hace vivir con la humanidad que nace del Amor.

 

Tenemos el peligro de no creer en el Espíritu, de encerrarnos y repetir lo de siempre, pensando que ya tenemos la verdad, o que ya sabemos a Dios del derecho y del revés. Pero sigue abierta la puerta hacia la aventura de dejarnos conducir por el Espíritu hacia nuevas maneras de encarnación en este mundo cambiante, hacia nuevos caminos para vivir la fe, con las personas, acompañando sus vidas, construyendo con ellos nuevas maneras de pensar, de sentir y de vivir, conforme a Jesucristo.

 

En fin, el cristiano es un artista: una persona que bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu aprende el arte de vivir con Dios y para Dios; aprende el arte de vivir con toda persona como hermana, porque en ella reconoce la presencia de este Espíritu de Dios. Y ejercita ese arte.

 

¿Qué te queda por aprender para ser este artista? Mira tu proyecto de vida. ¿Es un proyecto para aprender el arte de vivir? ¿Es para crecer en fraternidad? ¿Es para ayudarte a reconocer la presencia de Dios, de su Espíritu de Amor, en tu vida?

 

¿Cómo puedes afinarlo un poco más? Si quieres, claro.

 

 

 

V DOMINGO DE PASCUA :

Es el Camino el que nos busca a nosotros.

 

 

 

 

Es, el evangelio de hoy, una parte del discurso de despedida de Jesús, su testamento. Ante la inevitable partida del Maestro, los discípulos se sienten sacudidos y entristecidos. El verbo “voy” atraviesa todo el texto , va y viene, barriendo ilusiones residuales.

 

Es un evangelio que sabe a corazón, casa , partida camino, ausencia ,que llenan nuestro vocabulario cotidiano y que en boca de Jesús toman un significado particular

 

El Maestro desea anular el miedo de sus amigos, sacar a sus corazones de la turbación. Por eso aclara que su partida no es definitiva, irremediable. Es un “alejamiento” que ni ausencia, vacío, sino una forma de presencia distinta, escondida.

 

Y el Maestro se va por su cuenta, los precede. Va a buscarle un sitio definitivo. “ Volveré y os llevare conmigo, para que donde estoy yo estéis tambien vosotros".

 

Al final le desvela el secreto de su meta: va a una persona; al Padre, un punto de llegada que es persona, accesible a sus seguidores. Ellos , a través del camino que es Cristo, también están encaminados a la casa del Padre. Con una sugerente precisión: “Quien me ha visto a mi , ha visto al Padre”

 

Es como si eludir la turbación que les atenaza , Jesús, para dejar como un ventanuco , un rasgón luminoso a través del que pudieran entrever, desde aquí abajo, el “lugar” donde está Jesús ; el mismo al que ellos llegarán

 

A la fe no solo le afecta el compromiso, el riesgo…pero tambien la belleza y la poesía ( V. Balthasar)

 

Esta teología de la belleza se orienta a contemplar a Dios , no en cuanto comunica la verdad, ni siquiera en cuanto demuestra lo bueno, sino en cuanto acerca al hombre al “esplendor del amor trinitario”

 

En nuestro mundo occidental , donde domina la técnica, la utilidad y lo práctico, hemos llegado a avergonzarnos de la belleza. Y es muy necesaria

 

Dostoievski llegaba a afirmar que la belleza salvará al mundo. No muchos entre nosotros comparten esta afirmación, pero la belleza es un atributo divino.

 

Del que podemos seguir la pista en la creación- prendada se quedó de su belleza- que el hombre interrumpió con el pecado ; hemos matado la luz, ensuciado su imagen. Con la encarnación la belleza de Dios irrumpe en nuestra tierra. Dios no sólo se ha dejado oir; también se ha hecho ver. Jesucristo es el rostro de Dios, la manifestación de la belleza de Dios . “ Seguidamente a la encarnación del Verbo, todo está dominado por el rostro, el rostro humano de Dios . Cristo es icono de Dios , A su luz, todo lo creado se convierte en gran sacramento de Dios . Por eso tenemos la posibilidad de divisar, contemplar, a través de lo sensible, lo invisible.

 

Sólo adhiriéndonos a Cristo, sanador, restaurador de nuestra imagen original, nuestro rostro reencuentra el esplendor de los orígenes , la inocencia de la belleza primitiva.

 

Pasamos buena parte de nuestra vida buscando caminos , ensayando senderos , dibujando horizontes y soñando con proyectos, hasta que un buen día caemos en la cuenta de que es el camino el que nos buscaba a nosotros, que el camino no había que inventarlo, sino descubrirlo. Es más, alguna vez descubriremos que nosotros somos el camino , que basta ser , que caminar es vivir. Que la vida nos ofrece lo necesario para entrar en la patria a la que Jesús llama Padre y a los que todos aspiramos

 

IV PASCUA. BUEN PASTOR: CONOCER LA VOZ QUE ME LLAMA

 

En el mundo agrícola palestino era normal que en un aprisco se alojen diversos rebaños que pertenecen a distintos amos que, por la noche, confían las ovejas a la vigilancia de un pastor. De mañana se presentan los demás pastores y cada uno llama a sus ovejas que, como lo conocen, le siguen. Las ovejas sólo responden a la voz y la llamada de su amo. Los otros dueños le resultan extraños. Es la voz la que permite el reconocimiento

 

Aquí está la clave de toda esta comparación del evangelio de este cuarto Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, en que la Iglesia nos invita a rezar por la vocaciones a la vida sacerdotal y ministerial

 

Las ovejas, en el aprisco, por de noche, pueden sentir la impresión de haber perdido a su pastor, de haber sido abandonadas por él. Por la mañana lo reencuentran, no cuando lo ven sino cuando atienden- escuchan- su voz. Y entonces se produce el reconocimiento y el encuentro recíproco. Es la voz la que permite distinguir al suyo de los extraños. La voz sustituye lo que ha sido sustraído a los ojos ( María Magdalena)

 

La voz no traiciona; el timbre, el tono, el nombre pronunciado conduce a la alegría del reconocimiento. Y cada oveja, además de reconocer aquella voz , única e inconfundible, reconoce su nombre.

 

Por su parte, el pastor se ocupa no de un rebaño, de una masa, sino de cada una de sus ovejas. Esta relación personal e íntima, única, es la que se establece entre nosotros y el verdadero pastor y lo que lo distingue respecto a otros “extraños y ajenos”

 

Para Dios, yo no soy uno, sino único, No formo parte de una masa indiferenciada, no soy un número, una ficha sustituible por otra, intercambiable en el tablero del mundo. Soy un ser único, inconfundible, irrepetible. Ser hombre es siempre ser una cosa nueva; es una sorpresa , no una conclusión que se da por supuesta. La persona tiene la capacidad de crear cosas nuevas. Cada individuo es un descubrimiento, en ejemplar exclusivo; no hay persona estándar, tipo… a no ser en las estadísticas. Si una persona acepta perderse en la mediocridad general, adelanta una especie de suicidio. En Cada uno de nosotros se rompe el molde. Dios no trabaja en serie; el hombre no es fruto de una gigantesca cadena de montaje en serie…cada uno somos modelo original. Es un ejemplar único y exclusivo. “ Yo no soy algo que pueda ser repetido y de quien no existe copia o sustituto"

 

Cuando decimos que nadie es necesario afirmamos algo falso. Cada hombre que viene al mundo es necesario. Desde el momento en que ha sido creado es necesario para la vida, para el amor , “es importante de Amor”

 

Si no soy yo mismo privo al mundo , a la iglesia de algo que sólo yo estoy en condiciones de producir. Puedo dejarme sustituir en un trabajo, en una profesión…pero no puedo dejarme sustituir en la vida.

 

Para lo que hacemos podemos incluso ser inútil y es higienico tener este sentido de la inutilidad. Pero por lo que somos , estamos llamados a ser….somos indispensables. No está permitido concedernos turnos de ausencia en la vida

 

Ese ser llamado por el nombre es una llamada. Cuando me siento interpelado o llamado por mi nombre, soy invitado a moverme, a ponerme en camino a seguir detrás de la voz amiga, nunca delante. Es una voz ni sólo consoladora, sino que me invita a la paz, al sosiego, al sueño…a despertar y la respuesta se da …a lo largo del camino

 

Ser oveja, conocer la voz, seguir la llamada, detrás de él….en el camino que se va haciendo al andar

 

III DOMINGO DE PASCUA : UN CAMINO DE IDA Y VUELTA

 

 

 

El episodio de Emaús nos describe el camino que tenemos que hacer los discípulos y las comunidades de todos los tiempos para reconocer la presencia de Jesús en la historia.

 

Dos discípulos que han perdido la fe por el escándalo de la Cruz. Dos discípulos que, aparentemente, poseen todos los elementos necesarios para creer. Todo inútil. Caminan envueltos en tristeza y desaliento. Todas sus esperanzas se han desvanecido. Ya no hay nada que esperar.

 

Se habían hecho una imagen (¿su propia imagen?) de Jesús, se habían ilusionado… pero la Cruz es para ellos el fin de toda esperanza. No pueden ver otra cosa. Por eso no reconocen al Resucitado en el camino de la historia cuando se les aparece como otro caminante más.

 

 

 

Pero cuando empiezan a escuchar a Jesús, y salen de sí mismos, cuando se dejan interpelar, sienten arder el corazón y dan señales de vida: “Quédate con nosotros”. Acogen al hombre, se hacen prójimos del caminante, ya no son los mismos que al comienzo. Su actitud es otra.

 

 

 

Y en la fracción del pan le reconocen. En el pan compartido los discípulos descubren una nueva presencia de Jesús en medio de ellos. En la comunidad reunida para acoger la Palabra, en la memoria del pan compartido y la vida entregada, ahí está Jesús Resucitado. Palabra y Eucaristía: sin ellas tampoco nosotros podemos reconocer a Jesús Resucitado en medio de la vida del mundo obrero. Sin ellas, nuestras experiencias se sumirán en la misma sensación de fracaso y pérdida, muchas veces.

 

 

 

El camino de Jerusalén a Emaús es un camino de huida y abandono. El de quienes están de vuelta de todo, de los que se hicieron ilusiones, de los que esperan hasta cierto punto, y de quienes nunca acaban de entregarse del todo. Pero es el camino de la vida que todos, de una forma u otra, tenemos que recorrer. Es en ese camino por el que avanzamos muchas veces penosamente en el que nos sale al encuentro Jesús.

 

 

 

Al reconocer a Jesús desandan ese camino. Vuelven a Jerusalén. La fe no se hace ilusiones, vive con ilusión: “Hemos visto al Señor”. Podemos ver al Resucitado, en el hermano necesitado, en la Eucaristía, en la Comunidad fraterna reunida en el amor, en la escucha de la Palabra…

 

 

 

 

 

TIEMPO PASCUAL: 2º DOMINGO

 

 

 

Que no fue fácil la aceptación de la Resurrección de Cristo, desde el inicio de la difusión del Xtmo, parece una constante en los relatos de las apariciones Un ejemplo evidente es el relato del evangelio de hoy, escrito bastantes años después de la muerte y Resurrección de Jesús. Por su parte la 1ª carta de Pedro, escrita hacia el año 64, expresa el gozo de quienes no han visto a Jesús Resucitado y, sin embargo, le aman y creen en EL. Los que poco a poco nos hemos ido incorporando a la fe en el galileo, sin haber constatado tal acontecimiento, de alguna forma ya estábamos contemplados en aquella frase de Jesús: Dichosos los que crean si haber visto”, o en la de Pedro: no habéis visto a Jesucristo y lo amáis; no le veis y creéis en El; y os alegráis con un gozo inefable” .El relato evangélico de hoy admite dos puntos de vista; uno: Tomás, el Dídimo (Mellizo) siempre considerado como el prototipo del incrédulo, porque necesita meter sus dedos en la llaga de las manos y los pies de Cristo y su puño en el costado. “Tomás- se ha escrito - es un hombre moderno, existencialista que sólo cree lo que toca, un hombre que no se deja llevar por las ilusiones, un pesimista audaz que desea enfrentarse con el mal, pero que no se atreve a creer en el bien. Para él lo peor es siempre lo más seguro”. Solo cree en las realidades que puede experimentar físicamente y está cerrado a cualquier otra realidad, más allá de lo que se puede experimentar. Es el pesimista, que se encierra en su fracaso y no se abre a una esperanza en la que creer. Hay quien enfoca desde otra perspectiva su actitud: “ Tiene razón cuando quiere encontrar la fe por sí mismo, o no creer. Pese a su resistencia a creer sólo de oídas, se acerca el sábado siguiente al grupo de los discípulos; muestra disponibilidad para dejarse convencer; duda, por tanto, con sinceridad y capacidad de acogida y rectificación. Es la gracia del Resucitado la que va detrás de él, la que vence la duda en Tomás -y en cada uno de nosotros- y da paso a la fe de la Pascua. Es el hombre que necesita hacer suya la experiencia de fe; que no su fundamenta en el ambiente de sus amigos, sino que tiene, personalmente, su propia experiencia; la que le conducirá a la afirmación de fe: Señor mío, y Dios mío. Es como la culminación del Evangelio de Juan, que va seguida de una frase de Jesús referida a cuantos abrazamos esta fe, sin ser testigos directos de la Resurrección; y lo hace con la conocida forma de bienaventuranza: “dichosos los que crean sin haber visto”

 

Aún dentro de la Octava de la Pascua, deberíamos preguntarnos:¿por más de veinte siglos después de aquel acontecimiento, y de aquellos hombres, hemos proclamado que Cristo ha resucitado?

 

Ciertamente la fe es algo complejo; muchos la hemos heredado de nuestros padres, de nuestro ambiente familiar o educativo; forma parte de nuestra identidad más profunda. Pero la crisis religiosa que vivimos nos obliga hoy a replantearnos cuestiones en tiempos pasados innecesarias. Casi tenemos más de Tomás que las generaciones que nos precedieron. Es razonable que queramos encontrar la fe por nosotros mismos o no creer; ya no podemos vivir de una fe heredado o de oídas. La debemos encontrar por una búsqueda sincera. Y en esta búsqueda hay dos condiciones irrenunciables: la primera la necesidad de una experiencia personal, directa, íntima y profunda con Jesucristo el Señor; la oración de amigo a amigo; de corazón a corazón, sin prisas, hasta que el cuerpo aguante. La segunda: para reencontrarnos con El, el espacio ideal y único es la comunidad. En contra del individualismo religioso, de la privacidad de la fe, de la religión a la carta nuestra experiencia de fe tiene que producirse en la comunidad. Es el gesto que hicimos en la Vigilia Pascual, cuando desde el Cirio, unos a otros nos encendíamos la velitas: hemos recibido la fe de padres a hijos, pero necesitamos compartirla con los hermanos. Una comunidad cuyos rasgos vienen delimitados en la 2ª lectura (He). Posiblemente no fuera la situación real de las primeras comunidades, pero es ideal hacia el que apunta nuestra fe y nuestra experiencia del Señor Resucitado.

 

 

 

 

 

I PASCUA-A (2017)

 

 

 

Tú Cristo, eres el Dios que sales al encuentro, desde aquel día secreto y desapercibido en que te hiciste hermano de nuestra carne en el misterio de la Virgen Madre.

 

Saliste al encuentro, como un hombre más entre los que aguardaban un bautismo de conversión en las serenas aguas del Jordán.

 

Salías al encuentro de los rudos y sencillos pescadores de Galilea, a los que sedujiste e invitaste a dejar las redes y su familia para marchar de tras de ti.

 

Saliste al encuentro de aquel hombre pequeño, subido en una higuera para, sencillamente, verte pasar; de aquella mujer que había pecado mucho, pero que amaba mucho más aún... y de aquella otra, sedienta de amores, a las que esperabas en el brocal del pozo de Siquem.

 

Saliste al encuentro del amigo querido, cuatro días tras la losa del sepulcro; o de aquel otro, también amigos, que insidiosamente besaba tu mejilla, mientras sostenía el precio de un beso en la mano; y de los que venían a ti de noche, con espadas y antorchas en sus manos, mientras, precisamente tus amigos, uno a uno iban desapareciendo de la escena

 

Salías al encuentro de los que urdían tu muerte, utilizando la misma doble arma de siempre: confabular entre bastidores y manipular las maleables emociones del pueblo. No negaste su acusación ni su condena: que tú eras el buen Dios, que sale al encuentro, siempre, siempre de los hombres. Y allí, con tus brazos abiertos en la cruz, saliste al encuentro del Padre, en cuyas manos entregabas confiado tu vida y tu espíritu bueno

 

Y en la madrugada de aquel primer domingo, cuando alboreaba un sol de primavera, saliste al encuentro de unas mujeres, con bolsas de aromas y perfumes; de la

 

Mujer que tanto te amaba y buscaba tu cuerpo perdido; de amigo que no se fiaba del testimonio de los demás y quería tocar y palpar; de los compañeros caminantes a quienes partiste el pan... Y SIEMPRE CON LAS MISMAS PALABRAS: ALEGRAOS: NO TEMÄIS; ID APRISAY ANUNCIAD.

 

¿Y hoy?

 

También sales a nuestro encuentro, con palabras de esperanza y alegría a los que tenemos nuestro pobrete corazón lleno de temor y sobresalto.

 

“NO TEMAIS”, porque yo estoy con vosotros, porque la muerte ya está vencida, y hay una promesa de esperanza en el grano de trigo que se muere...

 

ALEGRAOS, porque detrás de las nubes hay un cielo lleno de estrellas; por que la vida tienen un camino que nos lleva, seguro, a tu encuentro; porque la sed de nuestro corazón puede encontrar un agua saciadora; porque nuestros ojos cegados pueden encontrar un luz deslumbrante; porque de nuestras muertes de cada día brota una vida que ya está germinando y detrás de nuestra última muerte esta la promesa de Vida.

 

ID A PRISA Y ANUNCIAD. Id y anunciad que Dios sigue saliendo a nuestro encuentro; que El esta en todos y cada uno de los encuentros; siempre que los hombres nos amamos y nos hacemos hermanos... Hasta que llegue el día bendito y esperado en que podamos encontrarnos para siempre con el buen Dios que un día empezó a salir a nuestro encuentro y aún no ha cesado, ni cesará, de hacerlo. HERMANOS CRISTO NUESTRA PASCUA HA RESUCITADO... VERDADERAMENTE HA RESUCITADO: