Mi cáliz sí lo beberéis.

En pocos años ha crecido de manera insospechada el número de gentes, sobre todo jóvenes, que recorren “el camino de Santiago”. No es fácil saber a qué se debe exactamente tal atracción. Peregrinar es mucho más que hacer deporte o vivir una aventura. Mucho más que emprender un viaje turístico o recorrer una ruta cultural. ¿Qué buscan quienes se ponen en camino hacia Santiago?
El camino ha sido desde muy antiguo un símbolo empleado para significar la vida humana. Vivir es caminar, dar pasos, marchar hacia el futuro. Lo dijo de forma bella Jorge Manrique en sus famosas Coplas:
“Partimos cuando nacemos /andamos mientras vivimos/ y llegamos al tiempo que fenecemos/ así que cuando morimos descansamos”.
Quien peregrina largas horas fácilmente comienza a repensar su vida de peregrino por esta tierra.
El camino es siempre marcha hacia adelante: ¿hacia dónde? El peregrino se pone en camino por algo: ¿qué le anima a emprender la marcha? Sin meta no hay camino sino un ir de una parte a otra vagando sin sentido. Sólo la meta convierte el recorrido en camino. Sólo la meta da sentido a los esfuerzos de cada día. La pregunta es inevitable: ¿cuál es la meta de la vida?, ¿hacia dónde hemos de encaminar nuestros pasos?
Siempre se emprende el camino con esperanza y cierto temor, con confianza y con incertidumbre. Es necesario andar el camino acertado, no extraviarse, no seguir caminos equivocados. Así sucede también en la vida. Hemos de encontrar nuestro propio camino: ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿a qué quiero dedicarla? La grandeza de una persona se mide por la meta a que aspira y por el ideal que moviliza sus esfuerzos. Sólo cuando sigue su vocación personal, sale el joven de la indefinición y del gregarismo.
Con el paso de los días, la peregrinación se va convirtiendo en escuela que permite ahondar en lo esencial de la vida. El cansancio, la marcha en silencio, la perseverancia en el esfuerzo van conduciendo al peregrino hacia el fondo de su corazón. Es entonces cuando pueden brotar las preguntas esenciales: ¿No es Dios la meta última del ser humano? ¿No es la vida un peregrinar hacia nuestra patria verdadera? ¿No es Cristo el camino que hemos de seguir para encontrarnos con el Padre?
La llegada a Santiago, el encuentro con el apóstol testigo del Señor, la acción de gracias a Dios, la súplica callada, la reconciliación sacramental y la participación en la eucaristía puede culminar una experiencia religiosa renovadora como pocas.

 

J.A.Pagola

 

DOMINGO XVI T.O . A El Reino de la mostaza y la levadura

 


 

La predicación de Jesús sobre el Reino de los cielos trasciende las expectativas de sus contemporáneos, y transparenta una imagen nueva del rostro de Dios. Contrariamente a lo esperado, el Reino de Dios no tendrá una dimensión triunfal en la historia; no hay una victoria sobre los opositores y las fuerzas del mal en este mundo, aunque eso no significa la derrota del sembrador de la buena semilla. Precisamente porque es dueño de la situación, puede frenar la impaciencia de los discípulos.

 

La buena semilla comienza a crecer junto con la cizaña en la historia humana; el bien siempre se encuentra obstaculizado por el mal. Pero Dios ve el tiempo en la perspectiva de la meta final. Solo con la siega tendrá lugar el discernimiento definitivo.

 

Es una lección de paciencia frente a fariseos y zelotas de cualquier generación, partidarios de diversas maneras de diferentes “purezas religiosas” –de izquierdas o derechas- excluyentes. Es una lección de paciencia sabia también para nosotros, que estamos dispuestos a constituirnos rápidamente en jueces y verdugos.

 

El Reino de los cielos no tiene tampoco la apariencia desbordante de las épicas victorias de la historia. Está cerca y presente, pero es insignificante como el grano de mostaza hasta que germine de forma exuberante. Dios realiza cosas admirables a través de instrumentos y materiales humildes.

 

El reino es como la levadura: algo pequeño en este mundo, oculto, amasado con los acontecimientos de la historia humana, pero que contiene en sí una potencialidad y dinamismo irresistibles.

 

No se nos llama a separarnos del resto de la humanidad para permanecer puros, sino a fermentar desde el interior las situaciones del mundo obrero, con la paciencia que requiere el hacerlo acompañando la vida de las personas, para que pueda ir surgiendo otra manera de vivir, de sentir, de actuar, que pueda generar una nueva cultura: la del amor.

 

La palabra de Dios nos sigue empujando a asumir la manera de ser, de pensar, de mirar y actuar de Dios. Para nosotros es fuerte quien supera dificultades y tiene éxito. Para Dios la fuerza, la omnipotencia, solo está en el amor omni-paciente. Por eso no se limita a esperar, sino que sale al encuentro, haciéndose débil con los débiles.

 

Tenemos que aprender a cosechar en las realidades humanas más humildes e insignificantes las grandes ocasiones de amor que se nos presentan.

 

 

 

DOMINGO XV-T-O “Salió el sembrador a sembrar”

 

 

 

En estos tiempos líquidos de rentabilidad e inmediatez a toda costa, nos puede resultar difícil entender la parábola del sembrador. Podemos sentir la tentación de no creer en la eficacia del Evangelio. Tenemos demasiada prisa por ver frutos, por recoger cosechas; incluso las que ni siquiera hemos sembrado. Lo queremos todo y ya. Pero lo que realmente vale, cuesta. Lo que merece la pena tiene otro ritmo de profundidad y hondura, y requiere sus pasos que no podemos forzar.

 

 

 

Nos podemos preguntar si sirve para algo práctico este mensaje que los cristianos queremos proclamar ante el mundo. Nos podemos preguntar dónde están los resultados de tantas generaciones de cristianos, de militantes… ¿No será una bella utopía, o simplemente una ilusión o un engaño? ¿Tantas vueltas tiene que dar la historia en un interminable bucle de injusticia, para vislumbrar la meta? ¿No será mejor tirar la toalla y dejarnos de ilusiones? Son preguntas que nacen de la prisa.

 

 

 

El Evangelio de hoy es luz, paz, y esperanza, para quien se formula esas preguntas. Porque Jesús habla desde su experiencia personal, forjada en el contacto cotidiano con la gente, con la vida, forjada en el acompañar la vida de las personas, y forjada en su relación cotidiana con Dios Padre, en su oración constante.

 

 

 

La Palabra de Dios es eficaz; nos lo recuerda hoy la primera lectura de Isaías 55, 10-11: “así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo”.

 

 

 

Nosotros somos, también, semillas llamadas a sembrarnos con generosidad. El Sembrador nos desparrama con generosidad por tantos ambientes y lugares de vida que, por ser plenamente humanos, son plenamente cristianos, para que nuestro testimonio vital sea germen de una nueva manera de ser, de sentir, de pensar y trabajar. Nuestro mundo, sobre todo el mundo obrero, necesita este testimonio de vida sembrada que haga visible que otra manera de vivir, de trabajar, de creer, de soñar, de construir el presente, -la manera del Reino- es posible.

 

 

 

Pero la semilla necesita tierra donde poder germinar; la Palabra de Dios, el proyecto del Reino necesitan la acogida personal en nuestro corazón, como fundamento de nuestro proyecto de vida y nuestra acogida comunitaria, como fundamento de nuestro quehacer. Si nuestro corazón se ha endurecido egoístamente, la Palabra no penetra. Si es un corazón superficial, no dejaremos hueco a la presencia del Señor. Si nos envuelve la mundanidad de la que nos alerta el papa Francisco las ilusiones y espejismos de nuestros “propios proyectos” ahogarán la vida.

 

 

 

Hacernos semilla capaz de dar fruto, requiere disponer la tierra de nuestra vida, para que la semilla pueda echar raíces, y crecer.

 

 

 

 

 

Tres llamadas al corazón de los humildes: Venid a mí…Cargad con mi yugo…Aprended de mí…

 

14 Tiempo Ordinario (A) Mateo 11, 25 – 30

 

 Un día Jesús sorprendió a todos dando gracias a Dios por su éxito con la gente sencilla de Galilea y por su fracaso entre los maestros de la ley, escribas y sacerdotes. «Te doy gracias, Padre… porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». A Jesús se le ve contento. «Sí, Padre, así te ha parecido mejor». Esa es la manera que tiene Dios de revelar sus «cosas».

 

La gente sencilla e ignorante, los que no tienen acceso a grandes conocimientos, los que no cuentan en la religión del templo, se están abriendo a Dios con corazón limpio. Están dispuestos a dejarse enseñar por Jesús. El Padre les está revelando su amor a través de él. Entienden a Jesús como nadie.

 

Sin embargo, los «sabios y entendidos» no entienden nada. Tienen su propia visión docta de Dios y de la religión. Creen saberlo todo. No aprenden nada nuevo de Jesús. Su visión cerrada y su corazón endurecido les impiden abrirse a la revelación del Padre a través de su Hijo.

 

Jesús termina su oración, pero sigue pensando en la «gente sencilla». Viven oprimidos por los poderosos de Séforis y Tiberíades, y no encuentran alivio en la religión del templo. Su vida es dura, y la doctrina que le ofrecen los «entendidos» la hacen todavía más dura y difícil. Jesús les hace tres llamadas.

 

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados». Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que sienten la religión como un peso, los que viven agobiados por doctrinas que les impiden captar la alegría de la salvación. Si se encuentran vitalmente con Jesús, experimentarán un alivio inmediato: «Yo os aliviaré».

 

«Cargad con mi yugo… porque es llevadero y mi carga ligera». Es la segunda llamada. Hay que cambiar de yugo. Abandonar el de los «sabios y entendidos» pues no es llevadero, y cargar con el de Jesús, que hace la vida más llevadera. No porque Jesús exige menos. Exige más, pero de otra manera. Exige lo esencial: el amor que libera de lo que hace daño a las personas.

 

«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Es la tercera llamada. Hay que aprender a cumplir la ley y vivir la religión con su espíritu. Jesús no «complica» la vida, la hace más simple y humilde. No oprime, libera para vivir de manera más digna y humana. Es un «descanso» encontrarse con él.

Francisco Aranda Otero.

 

 

 

 

 

Domingo XIII: Os lo aseguro, no perderá su paga

 

Con alegría , gratitud y muy buenas dosis de esperanza, tras 18 largos meses , volvemos a nuestra restaurada parroquia de Santiago. Ha sido un largo y dificultoso trayecto , cargado de todo lo que forma la esencia misma de la trama de vida: Hay tiempo para ….. “Atrás queda “

 

Reanudamos, con esta celebración de la Eucaristía, en el día del Señor, nuestro caminar como comunidad que peregrina con los ojos puestos en el Señor de la Vida y de la e Historia

 

Como podéis observar, se ha renovado el templo en profundidad y al interior. No ha sido posible más. Es bastante , por ahora. Gracias

 

Ahora conviene que , atentos al Papa Francisco y a las exigencias de los tiempos , todos nosotros retomemos el rumbo de nuestra conversión pastoral . De este modo nos unimos también a las prioridades pastorales de nuestra diócesis malacitana.

 

En este contexto, la Palabra de Dios, sobre todo en el Evangelio de este domingo, nos ofrece a todos un inmejorable programa de esta conversión: los requisitos del seguidor: Dar la vida hasta gastarse en la construcción del Reino de Dios

 

 

 

Es posible que lo tengamos en el olvido: seguir a Jesús, siempre, acarrea desprendimientos , renuncias, sinsabores y conflictos. Realizar opciones decisivas y nunca fáciles. Jesús es exigente. No es de recibo seguirle sin abrazar la cruz. Es como si nos invitara a caminar tras él, tras habernos quitado el terreno firme sobre el que deberíamos caminar. Nos segara la hierba en los pies

 

Ante este evangelio de hoy- final del discurso misionero o apostólico- estamos tentados a leer e interpretar como si fuera un lenguaje simbólico, utópico. Estamos más cómodos en un Cristianismo de bajo coste, en una fidelidad cargada de privilegios y favores. Pero un seguimiento que no lleve la señal de la cruz, bien poco tiene que ver con Jesús de Nazaret

 

Una cosa es “conservar la vida” : blindarla, defenderla, gestionarla juiciosamente, acorde a nuestros intereses y programas utilitarios , garantizar seguridades y beneficios. Y otra, “perder la vida”: jugársela, sin cálculos oportunistas y acomodaticios ; gastarse a tiempo completo y sin reservas, entregase apasionadamente, no aferrarse a cantos de sirena…por el Reino

 

No es bueno que nos engañemos: la única forma de realización personal, según el Evangelio es perderse: no entrar en esquemas prefabricados y debidamente homologados, ignorar los aplausos y agasajos, saber perder los apoyos acostumbrados. Ahí reside el núcleo de nuestra identidad cristiana. La encuentra sólo quien acepta darse, no sólo dar; quien ser consume por el otro y no rechaza ser de la “marca” de la Cruz.

 

Desprendimiento , renuncia y conflictos que incluso, dice Jesús, afectan a una institución tan grande y sagrada como la familia. Porque sabemos que hay familias abiertas y replegadas. Familias que educan en el egoísmo y otras que enseñan y viven la solidaridad. Familias liberadoras y opresoras. Para las que Jesús no es algo absoluto y para las que lo es. Hay algo que está no en contra, sino por encima, de la familia: el Reinado de Dios . Lo decisivo es la gran familia que debemos construir entre todos bajo el Reinado de un mismo Padre: Dios

 

Este discurso misionero , que al comienzo nos presenta la misión como caminar entre lobos, se cierra con un acto pequeño, pero sublime y , por tanto, gratuito: dar un vaso de agua a unos de esos humildes. Es que dar significa estar vivo y ser rico. Sólo es rico quien es capaz de dar, de regalar algo de sí mismo a los demás : “No quedará sin recompensa ni un vaso de agua que demos a uno de esos humildes”

 

En un mundo ampliamente fragmentado por diversos factores, es importante , esencial , la llamada evangélica a la acogida . Acoger , escuchar , abrir , hospedar, ofrecer una posibilidad al diálogo y abrir de par de par las puertas a la vida y la esperanza de todos … es la única vía de hacer posible una vida decente y digna para cuantos vivimos en esta casa común ( LS)

 

¿Son así nuestras comunidades cristianas, nuestros grupos, movimientos? ¿Lugares de acogida y hospitalidad? ¿Somos así nosotros

 

Claro que hay muchos, gracias a Dios . Son los ejércitos pacíficos de voluntarios que se afanan , de manera gratuita y callada, en mil rincones de la tierra;, que han entendido su vida radicalmente cuestionada por aquellas palabras del Rey en el juicio final: Venid vosotros…Alejaos de mi….porque tuve hambre.

 

Permitidme que traiga a la memoria la ternura de una mujer poeta – Gloria Fuertes: “ El voluntario no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música , no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte con sus horas libres”

 

Para ellos Jesús reserva un premio que está por encima de honores, poder, aplausos y fotos de portada: Os lo aseguro, no perderá su paga

 

Domingo XII T.O.

De entrada, una pequeña anécdota, sacada de la película. “Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini: El sacerdote que asiste a D. Pietro, párroco, a punto de ser ejecutado por colaborar con la resistencia durante la ocupación de Roma, le pide “Padre , tenga el valor y prepárese a bien morir”. A lo que D, Pietro le responde: “ No es difícil morir bien, lo difícil es vivir bien” Porque al igual hoy la persecución más terrible es la ausencia de persecución; no la hostilidad declarada y violenta , sino la indiferencia. Las comunidades cristianas a las que se dirige S. Mateo, sí que eran fuertemente perseguidas en su tiempo; de ahí este texto de hoy que pertenece al discurso misionero de Jesús (Mt 9, 36-11, 1) ; se trata de una exhortación a la valentía ,a la confianza y al buen ánimo en los duros momentos de la persecución. De ahí la insistencia: “No temáis” , que en el AT se utiliza para manifestar la ayuda de Dios y que, aquí se dirige a los que ya de hecho están siendo perseguidos y zarandeados.

 

No era amigo Jesús de ocultar la verdad a sus seguidores: los éxitos , no muchos, y los fracasos, más, que soportaron con Él durante su vida pública, son el anticipo de los que sobrevendían en sus vidas y en las de los que les siguieron…y le seguimos. Nunca garantiza el éxito de sus discípulos ni les pone al abrigo de tempestades. Pero no se trata de buscarla- no queremos mártires- ni de ceder ante el victimismo morboso: viene por sí cuando le seguimos. No hay se trata de

 

Jesús mismo incluso justifica, de una forma rotunda , la persecución: “Un discípulo no puede ser más que su maestro” . Hay una necesaria conformidad discípulo/ Maestro

 

Lógico que ellos temieran lo que se les venía encima ; por eso añade otras razones que a nosotros nos valen hoy

 

  1. La fuerza incontenible del Evangelio. Nadie podrá contra él y hay que pregonarlo desde todos sitios y con todos los medios. Es la Iglesia en salida

  2. La entereza interior de los propios seguidores: podrán atosigarlos, no neutralizar su ímpetu y valor

  3. La especial providencia de Dios que es el Padre que cuida de lo más insignificante

 

No es suficiente con no tener miedo, hay que apresurar a predicar el gozo del Evangelio y a colocarse, claramente, en su bando

 

 

 

Es frecuente que estemos habitados por el miedo, por diferentes miedos que nos impiden caminar y nos paralizan o bloquean. Crece entre nosotros el miedo social que se concreta , entre otros aspectos, en la desconfianza y el desencanto respecto de todas las instituciones , que se nos antojan insuficientes para resolver tantos problemas como la sociedad, y cada uno de nosotros, tiene planteados. Y en esta situación buscamos muchas posibles salidas: el consumo desmedido, la diversión a tiempo completo , la pasividad o la resignación acompañada de un sentimiento de impotencia…y tiramos la toalla

 

Los hay que buscan su seguridad en la religión. Pero cuando lo que nos empuja a la experiencia religiosa es el deseo de seguridad- y no la búsqueda de sentido- la fe corre el riesgo de ser manipulada y distorsionada, convertida en otra cosa. Y es que la inutilidad es la prueba decisiva de la Palabra. El cristiano, siempre es, a la vez, persona de impaciencia( necesita comunicar lo que estalla dentro de sí) y de la paciencia incansable ( la Palabra agarra en la oscuridad, el rechazo , la incomprensión…) Su vocación se acredita cuando se olvida de si para dejar hablar solamente al amor probado de la humildad.

 

Superar el miedo no es sólo cuestión de buena voluntad; necesitamos una razón para vivir, una confianza para morir. Eso es la fe. Cuando escuchamos de Jesús la invitación a no tener miedo, no somos orientados a eludir nuestros compromisos , sino que, impulsados por la fuerza del Espíritu, nos enfrentamos a ellos

 

Y junto a la fe, el regalo de la vida matrimonial- cuidarla y reproducirla. Algo para lo que no hay un manual de instrucciones definitivo. Por eso debemos vivir valorando este inmenso regalo; sopesando su enorme valor . Sobre todo la de esa vida que brota de Dios y a ÉL se dirige. Somos lo que somos ante ese Padre que nos mima y nos cuida con toda su alma. Que, por medio de Jesús , hoy nos repite: No tengáis miedo …Tenéis un buen Padre…Vosotros valéis más que los gorriones que Él cuida”

 

 

 

EL CRISTIANO ANTE DIOS
(domingo de la Stma. Trinidad)

 


 

No siempre se nos hace fácil a los cristianos relacionarnos de manera concreta y viva con el misterio de Dios confesado como Trinidad. Sin embargo, la crisis religiosa nos está invitando a cuidar más que nunca una relación personal, sana y gratificante con él. Jesús, el Misterio de Dios hecho carne en el Profeta de Galilea, es el mejor punto de partida para reavivar una fe sencilla.

 

¿Cómo vivir ante el Padre? Jesús nos enseña dos actitudes básicas. En primer lugar, una confianza total. El Padre es bueno. Nos quiere sin fin. Nada le importa más que nuestro bien. Podemos confiar en él sin miedos, recelos, cálculos o estrategias. Vivir es confiar en el Amor como misterio último de todo.
En segundo lugar, una docilidad incondicional. Es bueno vivir atentos a la voluntad de ese Padre, pues sólo quiere una vida más digna para todos. No hay una manera de vivir más sana y acertada. Esta es la motivación secreta de quien vive ante el misterio de la realidad desde la fe en un Dios Padre.
¿Qué es vivir con el Hijo de Dios encarnado? En primer lugar, seguir a Jesús: conocerlo, creerle, sintonizar con él, aprender a vivir siguiendo sus pasos. Mirar la vida como la miraba él; tratar a las personas como él las trataba; sembrar signos de bondad y de libertad creadora como hacía él. Vivir haciendo la vida más humana. Así vive Dios cuando se encarna. Para un cristiano no hay otro modo de vivir más apasionante.
En segundo lugar, colaborar en el Proyecto de Dios que Jesús pone en marcha siguiendo la voluntad del Padre. No podemos permanecer pasivos. A los que lloran Dios los quiere ver riendo, a los que tienen hambre los quiere ver comiendo. Hemos de cambiar las cosas para que la vida sea vida para todos. Este Proyecto que Jesús llama "reino de Dios" es el marco, la orientación y el horizonte que se nos propone desde el misterio último de Dios para hacer la vida más humana.
¿Qué es vivir animados por el Espíritu Santo? En primer lugar, vivir animados por el amor. Así se desprende de toda la trayectoria de Jesús. Lo esencial es vivirlo todo con amor y desde el amor. Nada hay más importante. El amor es la fuerza que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. Es el amor el que nos salva de tantas torpezas, errores y miserias. Por último, quien vive "ungido por el Espíritu de Dios" se siente enviado de manera especial a anunciar a los pobres la Buena Noticia. Su vida tiene fuerza liberadora para los cautivos; pone luz en quienes viven ciegos; es un regalo para quienes se sienten desgraciados

 

 

 

No sirváis a nadie, a nadie más que a ÉL

DOMINGO VIII T-O. A

 

Las llamadas urgentes de Jesús en Evangelio de hoy: no servir a dos amos; no estar agobiados por la vida; ni por el vestido…mejor buscad el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura,lo son a los que quieren seguirle. Pero nos cuesta admitirlas. Una clave para entender algo en sentido positivo y no puramente negativo o restrictivo , nos la ofrece la 1 Lectura de hoy : Is 49, 14-15: es difícil encontrar a alguno que niegue la grandeza del amor de una madre. El profeta escribe a un pueblo , desterrado en Babilonia, que ha sido, entiende ellos, abandonado por Yahvé: les ha arrebatado sus privilegios ( tierra, reyes y sacerdotes) y en los canales de Babilonia se desesperan : nos ha abandonado Yahvé. Como ellos , también nuestra reacción, antes estas situacioes de desamparo , es la misma: Dios calla, no habla no manifiesta su presencia.

Parece claro que trabajar, comer, vivir, vestir…son necesarios para todos.Pero Dios está por encima de eso de ahí la última exhortación, muy ligada a la primera: Buscad el Reino de Dios…porque no podéis servir a dos señores. En el mismo sentido la 2 lectura, ( 1 Cor ) “Vosotros sed servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”

Sin duda, uno de los gritos más firmes y apremiantes de Jesús y también más difícil de aceptar- se recoge en el texto del Evangelio de hoy: “ No podéis servir a Dios y al dinero”

Y es un grito de una lógica aplastante. Dios no puede “reinar”en nuestros corazones y entre nosotros si no es preocupándose por aquellos por los que nadie lo hace. Por tanto, sólo poder ser servido por aquellos que promueven la fraternidad y la comunión entre las personas .

En pura lógica , los privilegiados son invitados a compartir sus bienes con los que menos tienen y son sistemáticamente olvidados por todos

Por eso Jesús condena duramente , en toda su vida, a los que acaparan y poseen más de lo necesario para vivir, sin tener en cuenta a los que ,junto a ellos, padecen terribles necesidades. Mientras siga habiendo pobres de solemnidad, la riqueza acaparada es injusta , porque priva a otros de lo que necesitan

En el fondo , la riqueza de algunos solo es sostenible y progresiva a costa de la pobreza de los otros. Quien sólo se afana por acrecentar su patrimonio está dificultando e impidiendo el nacimiento de una sociedad y una “cultura” de comunión e inclusión. O se sirve a Dios que es llamamos “Padre nuestro” – de todos- o se sirve al propio interés económico.

De nada sirve: a) afirmar que se vive en actitud de desapego interior si disfruta cómodamente de cuantiosos bienes sin mirar al lado. Cuando uno tiene “espíritu de pobre” y desapego interior , busca compartir lo que tiene, para aliviar el peso de los necesitados y olvidados de una pobreza que, como en tantas ocasiones ha dicho el Papa, es deshumanizadora. b ) ni pensar que los ricos son siempre los otros. Muchos de nosotros lo somos en un grado u otro: pues un rico es el que sigue teniendo sólo para sí mucho mas de lo que necesita, mientras que otros carecen de lo necesario. Se trata de vivir sencillamente para que muchos, puedan, sencillamente vivir

Y algo falla en nuestra vida cristiana cuando vivimos disfrutando despreocupadamente de nuestras muchas cosas, sin sentirnos interpelados por el mensaje de Jesús y las necesidades del hermano

La plena confianza en Dios, sobre todo en los momentos de dolor y dificultad, tiene “principio y fundamento” : nuestro Dios cuida de nosotros como una madre. Por tanto es nuestro único Señor y Maestro. No sirvamos a nadie, a nadie más que a él.

 

Francisco Aranda Otero.

7 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 38-48

De la venganza al amor

 

Asi formulaban los clásicos griegos algo que todos estamos inclinados a hacer y que se opone radicalmente al mensaje del Evangelio de hoy: “Considero como norma establecida que uno tiene que procurar hacer daño a sus enemigos y ponerse al servicio de sus amigos” Es la lógica que preside nuestras relaciones y que , sin embargo, queda muy lejos de la lógica del Evangelio.La llamada a amar es seductora. Seguramente, muchos escuchaban con agrado la invitación de Jesús a vivir en una actitud abierta de amistad y generosidad hacia todos. Lo que menos se podían esperar era oírle hablar de amor a los enemigos .Sólo un loco les podía decir con aquella convicción algo tan absurdo e impensable: «Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen, perdonad setenta veces siete... » ¿Sabe Jesús lo que está diciendo? ¿Es eso lo que quiere Dios? Los oyentes le escuchaban escandalizados. ¿Se olvida Jesús de que su pueblo vive sometido a Roma? ¿Ha olvidado los estragos cometidos por sus legiones? ¿No conoce la explotación de los campesinos de Galilea, indefensos ante los abusos de los poderosos terratenientes? ¿Cómo puede hablar de perdón a los enemigos, si todo les está invitando al odio y la venganza?
Jesús no les habla arbitrariamente. Su invitación nace de su experiencia de Dios. El Padre de todos no es violento sino compasivo. No busca la venganza ni conoce el odio. Su amor es incondicional hacia todos: «El hace salir su sol sobre buenos y malos, manda la lluvia a justos e injustos». No discrimina a nadie. No ama sólo a quienes le son fieles. Su amor está abierto a todos.
Este Dios que no excluye a nadie de su amor nos ha de atraer a vivir como él. Esta es en síntesis la llamada de Jesús. "Pareceos a Dios. No seáis enemigos de nadie, ni siquiera de quienes son vuestros enemigos. Amadlos para que seáis dignos de vuestro Padre del cielo".
Jesús no está pensando en que los queramos con el afecto y el cariño que sentimos hacia nuestros seres más queridos. Amar al enemigo es, sencillamente, no vengarnos, no hacerle daño, no desearle el mal. Pensar, más bien, en lo que puede ser bueno para él. Tratarlo como quisiéramos que nos trataran a nosotros.
¿Es posible amar al enemigo? Jesús no está imponiendo una ley universal. Está invitando a sus seguidores a parecernos a Dios para ir haciendo desaparecer el odio y la enemistad entre sus hijos. Sólo quien vive tratando de identificarse con Jesús llega a amar a quienes le quieren mal.
Atraídos por él, aprendemos a no alimentar el odio contra nadie, a superar el resentimiento, a hacer el bien a todos. Jesús nos invita a «rezar por los que nos persiguen», seguramente, para ir transformando poco a poco nuestro corazón. Amar a quien nos hace daño no es fácil, pero es lo que mejor nos identifica con aquel que murió rezando por quienes lo estaban crucificando: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen"

Y algo más: ninguno somos inocentes. El gran escritor francés G. BERNANOS escribía: ¿Qué sabéis de salvación vosotros, que nunca habéis pecado?. Es lo que Jesús repite a Simón el fariseo ante el espectáculo que estaba dando, a su parecer ortodoxo, la mujer pecadora: Porque ha amado mucho se le ha perdonado mucho. Solo la propia experiencia del pecado y del perdón los puede situar en condiciones de comprender esta ilógica llamada de Jesús hoy.

 

5º T.O. - A

" Tan fácil como dejarse iluminar y tratar de ser personas "saladas"

 

Después de proclamar el espíritu que anima a los hijos del Reino y declararles bienaventurados, Jesús se dirige al grupo de los Doce que se preguntan: en concreto nosotros ¿qué tenemos que hacer? ¿cómo actuar para sentirnos dentro del grupo de los bienaventurados?. Y les dice: sois comunidad de sal y luz. En las culturas antiguas, la sal además de para preservar las comidas y condimentarlas, era símbolo de alianza entre los pueblos y familias; un instrumento para conducir a las ovejas, cuando se hacía de noche, hacia el redil y algo con lo que se activan las fogatas en las noches de invierno. Al decir Jesús sois la sal de la tierra, viene a decir que los discípulos son los que tienen la misión de reunir el pueblo disperso para que no se pierda, ni quede expuesto a los rigores e inclemencias del mundo. Ser comunidad de sal y luz es lo mismo que afirmar que sus seguidores son los que deben mantener el calor entre todos, la capacidad de sostener la vida; llevar ese fuego por dentro y transmitirlo a los demás. Si no ocurre esto es mejor que “sea tirada afuera y sea pisoteada por los hombres”. Si una comunidad no anima , acompaña, reúne y armoniza a todos no merece ser llamada “ comunidad de sal y de luz”

Por la luz nos orientamos entre las cosas y nos reconocemos entre las personas; medimos distancias, evitamos peligros. La luz se asocia a la calidez del hogar y a la fecundidad de la tierra, a la vida , a la chispa de la inteligencia y al golpe del afecto. En el evangelio Jesús no utiliza el imperativo, sino el indicativo: Sois sal y luz., para que no pasemos por alto algo esencial alto a nuestra fe: que todo es regalo del Padre, y que por El todo se convierte en ser vida, alegría y felicidad . Puede que nuestra pequeñez nos impida creer que somos capaces de aportar algo de sal y luz para una humanidad cada día más sombría e insípida.

Pero podemos mirar las cosas desde otro ángulo y constatar que es tiempo para una fe recia y desnuda. Vivimos en el invierno, a la intemperie (K.Rahner) y es entonces cuando debemos echar mano a un concepto actual: el de autoestima , entendida en cuanto personas destinadas por el Buen Dios a proceder, en nuestra práctica, al modo y semejanza del espíritu de las Bienaventuranzas. En ello insiste la 1ª lectura de hoy: "Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo…." Un texto de Isaías que tiene la lamentable virtud de la perennidad: referido a situaciones de hace más de 2500 años, parecen más bien una crónica de actualidad. Sin arrogancias, pero sin encorvarnos ante la magnitud de los problemas, hoy, podemos ser sal y luz para tantos que nos gritan lo que hemos escuchado del profeta: "Clamarás a Yavhé y te dirá "aquí estoy"...cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador , cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente… Entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía"

Francisco Aranda Otero.

 

" Dios sufre donde sufre el amor" domingo IV T.O. ciclo A

Desde el monte, lugar de manifestación de Dios, Jesús habla a un gentío y les dirige uno de los cinco dscursos que componen el Evangelio de Mateo, con una apertura o condensación :Las BIENAVENTURANZAS.. En cada una existe tensión entre el presente y el futuro ; los que aparecen en ellas van a ver cambiar su suerte. Por tanto la situación actual- de los pobres y los que sufren, - no es querida por Dios.. En la primera se resumen todas: DICHOSOS LOS POBRES DE ESPIRITU- los que han depositado toda su confianza en Dios, los que tienen la actitud de desprendimiento y confianza absoluta en el Dios que está de su parte; Jesús no los proclama dichosos por ser pobres, ni aconseja la pobreza como ideal de vida. Interpretación que se burla no sólo de los pobres sino también del núcleo del mensaje de Jesús. De hecho El se rodeo de ellos no para consolarlos o invitarlos a la resignación, sino para darles de comer y curarlos. Los pobres son dichosos porque con Jesús ha llegado para ellos el Reino y porque Dios, que está de su parte, los ama. Si no nos esforzamos por hacer presente este Reino liberador y sanador, es una farsa proclamar la bienaventuranzas. Que son una proclamación mesiánica: anuncio de que el Reino ya ha empezado a estar presente entre nosotros y para todos. Además, .Jesús no se limitó a proclamar la Bienaventuranzas; las vivió. Por eso lo acompaña un gentío (enfermos, aquejados de diversos males, endemoniados, epilépticos, paralíticos..). Vivir esta invitación acarrea la persecución y la injuria. Todos los que entran en la dinámica del Reino, más tarde o más temprano se verán acompañados de estas deplorables circunstancias. En ellas Dios no es un ser apático o insensible al sufrimiento. Dios sufre donde sufre el amor. Por eso el futuro es de quienes no tienen cabida en el corazón de los hermanos y de la sociedad. Una llamada contra apatía y el individualismo crecientes en nuestra sociedad. Difícil arte el de vivir la felicidad interior, porque todo nos programa para ser felices en la medida en que jugamos: vivir dependientes de lo exterior. Sabemos afortunadamente que la felicidad no se compra. Por eso crece la infelicidad en proporción directa al crecimiento de ofertas externas y caminos errados. Entre otras cosas cabría la pregunta de ¿en qué creer: en la Bienaventuranzas- propuesta de felicidad por un camino paradójico-o en los reclamos de nuestra sociedad? Porque con el paso de los años nos vamos dando cuenta de que somos más felices cuando amamos, incluso sufriendo, que cuando no amamos y por tanto nos ahorramos el dolor. Ser cristiano no es ser más desgraciados que nadie, sino buscar la felicidad, que debe comenzar aquí y que llegará a su plenitud en el encuentro con Dios. Por eso no es un mensaje trasnochado o anacrónico, sino una realidad presente en el mundo donde son muchos los signos y frutos de esta felicidad. Se trata de saber descubrirlos y, una vez descubiertos tomar conciencia de que sólo desde ellos- amor, justicia, paz, fraternidad, verdad, solidaridad- vale la pena vivir y creer.

III. T.O A : Un relato de “vocación”

 

 

 

“Cuando Él pasa, todo cambia”

 

Jesús fue un nómada, sin morada fija: no tenía “una piedra donde reposar su cabeza” Y a su paso moviliza a otras personas; quiere implicar a todos en su dinamismo. El verbo “pasar” es típico de la encarnación. Es Dios quien no se queda en su sitio, sino que desciende al nivel del hombre para encontrarlo en su terreno: “Vino a los suyos…” Este paso no puede dejar indiferente a la persona, que no es un simple espectador, sino que es reclamado – llamado- para tomar una decisión , asumir una posición, hacer una elección. El paso de Jesús por la vida de aquellos galileos- Simón y Andrés, Santiago y Juan- cambió la dirección de sus vidas y determinó su adhesión y el compromiso , sin saber exactamente a quién y por qué. Pero , y lo señala el texto en dos ocasiones – “ de inmediato…enseguida” cuando sienten su llamada lo dejan todo- pesca, redes, padre- y le siguieron. Siempre es una llamada que obliga a salir a la intemperie, al descampado y…rápido.

 

Llama la atención que esta llamada no ocurre en un espacio religioso o sagrado, sino en un escenario profano: el lago de Galilea, en el mismo sentido que leemos en el AT ( Moisés, Gedeón, David, Amós…) Jesús llama en dentro de las faenas diarias; el encuentro es en lo cotidiano.

 

Dos palabras resumen la vocación de los primeros discípulos: “vio” y “creyó” . Una mirada y una voz o palabra son las únicas armas del Maestro galileo, que , a diferencia de los maestros del judaísmo, elige y toma la iniciativa ÉL. Verbo muy rico el de “ver”-que el relato repite dos veces. Una mirada que elige, escoge, arranca y atrae. No puede ser una mirada lejana o fría; es de afecto. Porque el encuentro comienza con un ver. La mirada se hace mensaje y propuesta de comunión. En la vocación , lo que ofrece el discípulo es sólo una respuesta; porque toda la iniciativa es de Jesucristo. Al discípulo le toca dejarse encontrar y dejarse hacer: es la pasividad del seguidor

 

La vida cristiana es respuesta a la manifestación de la gracia, no una decisión autónoma. Si me decido es porque he sido solicitado. Al hombre le corresponde “ponerse en camino”. Lo primero no que nosotros salgamos a buscar, sino que Dios se pone en camino hacia nosotros. La vocación no es una conquista, sino un ser conquistado

 

Y otro verbo importante: dejar. Seguir significa, antes que nada, dejar: distanciarse del oficio, de las cosas, de la familia, del presente… para dejar que Él ocupe el centro de nuestra vida. No hay respuesta que no se traduzca en separación , renuncia, alejamiento. Y esto duele y no se acaba nunca. Dejar para seguir. Dejar para no estar “encorvados sobre sí mismos”, sino salir fuera, hacia los demás

 

Conviene no perder de vista ambos aspectos: dejar para seguir. La pérdida es absorbida por la ganancia. Lo que descubre hace palidecer lo que se ha dejado. El desprendimiento es “para” , nunca, un fin en sí; es condición del seguimiento

 

Y aún así, queda algo: la fe. Los primeros discípulos no se pusieron en camino por un programa o una lista de verdades. Ellos “se fiaron de una persona” , confiaron totalmente en ella y establecieron una relación de amistad y vital

 

Ser llamado, seguir, dejar , fiarse…para una misión “ Os haré pescadores de hombres”

 

 

 


 

JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO
“Menores migrantes vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”

 

Dejamos, en esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, unos textos del mensaje del Papa para este domingo 2ª del tiempo ordinario

 

 

 

Hoy, la emigración no es un fenómeno limitado a algunas zonas del planeta, sino que afecta a todos los continentes y está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial. No se trata sólo de personas en busca de un trabajo digno o de condiciones de vida mejor, sino también de hombres y mujeres, ancianos y niños que se ven obligados a abandonar sus casas con la esperanza de salvarse y encontrar en otros lugares paz y seguridad. Son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos. (Mensaje del papa Francisco para la Jornada mundial del migrante y del refugiado 2017)

 

 

 

El pecado del mundo existe antes de Jesús y sigue existiendo hoy con rostros y formas de absoluta inhumanidad. Algunas manifestaciones de este pecado colectivo son novedosas; otras, en cambio, existen desde siempre. El pecado del mundo es el rechazo de la palabra-vida que interpela a la humanidad, consiste en oponerse a la vida que Dios comunica, frustrando así su proyecto creador.

 

 

 

La actividad de Jesús tiene mucho que ver con quitar este pecado, con su acción liberadora. Jesús es don de Dios a la humanidad que hace posible que el mundo escape de la muerte y obtenga vida. En Jesús se encuentra la vida; por él podemos liberarnos del pecado y de la muerte.

 

 

 

El papa nos recuerda en el Mensaje para esta Jornada que el fenómeno de la emigración no está separado de la historia de la salvación, es más, forma parte de ella. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 22,20); «Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto» (Dt 10,19). Este fenómeno es un signo de los tiempos, un signo que habla de la acción providencial de Dios en la historia y en la comunidad humana con vistas a la comunión universal.

 

 

 

Sin ignorar –sigue diciendo el papa- los problemas ni, tampoco, los dramas y tragedias de la emigración, así como las dificultades que lleva consigo la acogida digna de estas personas, la Iglesia anima a reconocer el plan de Dios, incluso en este fenómeno, con la certeza de que nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Cada uno es valioso, las personas son más importantes que las cosas, y el valor de cada institución se mide por el modo en que trata la vida y la dignidad del ser humano, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso de los niños emigrantes.

 

 

 

Dios es una mano tendida con ternura, empeñada en quitar el pecado del mundo. Jesús ofrece la posibilidad de ir quitando el pecado, la injusticia y el mal que se apodera de los seres humanos. Por eso creer en Jesús es, también, comprometerse en su lucha y su esfuerzo por quitar el pecado, que nos domina.

 

 

 

Necesitamos beber hoy del Espíritu de Jesús, actualizar en nuestro mundo el misterio del Amor liberador de Dios que se manifiesta en Cristo. Nuestro mundo necesita testigos de este Amor.

 

DOMINGO XXXIII T.O-C

 

"Creer en tiempos revueltos"

 

Estamos acabando el año litúrgico, que culminará el domingo que viene con la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. En este domingo la Palabra nos ofrece textos que remiten al final de los tiempos y que pertenecen a la llamada literatura apocalíptica/ escatológica

 

El primero del profeta Malaquías, ( 3,19-20 a) El drama del pueblo judío a comienzos del siglo VI a.C., con parte de la población deportada a Babilonia, Jerusalén y el templo en ruinas, y el pueblo dependiente de dominios extranjeros, provocó un resurgir de profecías que anunciaban, como inminente, un cambio radical de la situación y los profetas rivalizaban dibujarlo lo más espléndido posible. Durante algún tiempo se mantuvo esa esperanza. Pero la realidad se impuso: ni independencia, ni riqueza, ni esplendor. La decepción fue tan fuerte que hubo quienes vieron la solución en la desaparición del este mundo y la aparición de un mundo futuro maravilloso, del que sólo formarían parte los buenos israelitas. Así, en la primera lectura, alude a un “sol de justicia” no se refiere a un sol insoportable que quema; sino : «un sol salvador, que nos salva con sus rayos” (“ lleva la salud en sus alas”).

 

En la segunda lectura, 2 Tes 3, 7-12 Pablo advierte a las comunidades de Tesalónica que , contra de los que ellos creían y divulgaban, la llegada de Cristo no estaba a la vuelta de la esquina; por tanto, no era de recibo cruzarse de brazos. Ni mucho menos; no vale “vivir muy ocupados en no hacer nada” . El entusiasmo, trabajo, esfuerzo, ánimo no debe dejar paso a actitudes de desaliento y dejadez. Pablo mismo se pone de ejemplo, no es habitual en él, de cómo con el trabajo de sus manos no es gravoso a nadie y que debemos revisar qué “modelos “ nos sirven de referencia y pongamos nuestra mirada en los que se esfuerzan y buscan el bien de todos.

 

Extraño el texto evangélico de hoy: Lc 21, 5-19. Para la apocalíptica el fin del mundo de este mundo es inminente y el hombre desea conocer cuándo y qué signos lo anunciarán. Las dos preguntas que formulan los discípulos lo recogen: ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? A Jesús, y lo vemos en otros pasajes, no le agradan estas preguntas porque resultan estériles. Todo se queda en cálculos y señales, sin un compromiso directo con la realidad.

 

De ahí la respuesta de Jesús que recoge un catálogo de estas señales: guerras, revoluciones ,epidemias, hambre y signos espantosos. Pero nada de esto apunta hacia el fin del mundo, sino que describe la dura realidad de las primeras comunidades cristianas a las que se dirige Lucas: muchos eran juzgados y condenados injustamente, traicionados incluso por sus seres más queridos.

 

Jesús introduce dos frases que alivian esta tensión .La primera: Así tendréis ocasión de dar testimonio. La persecución, la cárcel y los juicios injustos ofrecen la posibilidad de dar testimonio de Jesús, y así lo interpretaron los numerosos mártires de los primeros siglos y los mártires de todos los tiempos. La segunda: ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. 

 

Todo culminaría en la aparición de Jesús, «el Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria». Es el sol del que hablaba Malaquías, que ilumina y salva a todos los que creen en él.

 

En el final del año litúrgico se nos advierte de que lo que importa es encarar con tesón las dificultades, que no faltarán. Porque queremos ser fieles a Dios y necesitamos llenarnos de confianza, fortaleza y entrega para vivir y hacer vivir a los demás. Siendo conscientes de que Él estará con nosotros hasta el fin de los tiempos.

 

 

 

 

XXXII- T-O C

" A Dios no le gusta que se le mueran sus hijos"

 

Jesús ya está en el Jerusalén y sabe lo que eso significa. Pero no desaprovecha el tiempo. Lucas, más que ninguno otro sinóptico, extrema su enfrentamiento contra los grupos o facciones que provocarían el desenlace final. En el caso de hoy son los saduceos; grupo más de corte político que religioso; aristocrático,admirados, influyentes,vienen y forman las poderosísimas castas sacerdotales, desde la época de Sadocq. A ellos pertenecía,en exclusiva, a elección del Sumo Sacerdote, que debía se entre ellos.

En el Sanedrín, su inmenso poder lo limitaban escribas y fariseos; por lo que no lograban controlar del todo al pueblo

Sabemos de ellos, casi siempre por Flavio Josefo- fuente lo del todo fiable y casi hostil. Tampoco otras referencias son del todo de fiar. Es el caso de la literatura rabínica que se ensaña con ellos. No faltan los que les despachan como oportunistas en política y liberales el religión

Son ,en realidad, realistas, pragmáticos y calculadores de cada decisión y situación; celosos defensores de sus derechos adquiridos y colaboracionistas con el poder dominante, en tiempos de Jesús , el de Roma, pero sin entrar en conflicto con el pueblo.

No aceptan ni la inmortalidad del alma, ni la existencia de un premio o castigo individuales , ni creen en la resurrección. De las Escrituras valoraban , casi en exclusiva, el Pentateuco eran alérgicos , lógicamente, a cualquier tipo de literatura apocalíptica ( estaban muy bien aquí, para perder el tiempo pensando en el más allá) y en parte a la que provenía de tradiciones orales

En el pasaje someten a Jesús a un asunto de escasa trascendencia: dar o no tributo al César. Cuestión académica con la que buscan el fiasco del Maestro. Era la ley del levirato que perseguía evitar que la viuda se casase con un extranjero , asegurar la descendencia de sangre y mantener el patrimonio familiar. Aunque poco en vigor entonces, era un buen crucigrama para los casuistas. Ellos no quieren aclarar nada legal; si plantean la cuestión , con un caso irrisorio, era para demostrar lo absurdo de la resurrección ellos rechazaban

Dos problemas plantean: el hecho de la resurrección y el modo de la misma

Respecto al segundo, Jesús no niega la corporeidad de la resurrección; afirma que la existencia, tra la muerte, será distinta a la terrenal porque Dios es el totalmente otroestá en su mano

Sobre el modo de la misma, Jesús ofrece una demostración inusitada: al citar el Ex 3,6 ( pasaje de zarza ardiendo donde Dios se presenta a Moisés como el Dios de Abrahán , Isaac y Jacob) Jesús reconduce el debate al amor de Dios y a su fidelidad: Si Dios ama al hombre y le es fiel, no puede abandonarlo a la muerte. Jesús no se afana en demostrar la inmortalidad del alma, sino en hablar de un Dios de Vivos y no de muertos. Nos conduce a pensar que el poder de Dios siempre crea cosas nuevas y que Dios es siempre y eternamente fiel a sus promesas. Ni la muerte tiene fuerza para destruir su alianza con nosotros

Llegados aquí advertimos la mezquindad y miopía de los que, saduceos y nosotros, sólo levantamos los ojos para razonar en términos de cálculo, posesión, derechos, propiedad. No logramos librarnos ni de la corporeidad, ni de las manos

Además . olvidamos que Dios no es un distribuidor de recompensas, sino de Vida. A Dios no le gusta que se le mueran sus hijos.

Y estamos ante la grandeza de la escorada y sagaz respuesta de Jesús: Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos”. Por eso morir no es final. Estamos amenazados de Resurrección y de VIDA.

Francisco Aranda Otero

 

31 D. T.O C  
"Salvado por una mirada"

 

Zaqueo fue salvado por una mirada. El verbo “ver” articula este episodio: él intenta ver, pero no lo logra; la multitud se lo impide. Y se sube a un árbol, “para poder verlo”. Ocurre algo inesperado: es “visto”.

Los que lo “ven “ mal, ahora, “al ver esto, murmuran…”

Y es Cristo, que va de paso, quien “ve” de otra manera, porque los otros lo ”veían “ demasiado, y cada día, en su cachivaches. Lo que veían- lo que querían ver- era un pecador, odioso y ávido recaudador de impuestos…un ladrón. No “veían “ en el nada bueno. Y hubiera seguido siempre el mismo. Estaba “catalogado”, definido , fijado en sus aspectos más negativos y de ahí no podía escapar

Distinta es la mirada de Jesús; va más allá de la corteza, rompe ese caparazón y penetra en lo profundo. Justo allí, en esa zona de misterio, donde nadie se ha adentrado… Jesús encuentra otra persona, Uno que está por nacer, venir a la luz. Un Zaqueo nuevo, diferente, verdadero. La mirada de Jesús es “creadora” “reveladora”. La salvación comienza por una mirada. Y es una mirada que cree: Jesús, al mirar, ha creído en Zaqueo. La fe de Cristo en Zaqueo, precedió a la de él. Si me apuráis, “tener fe significa creer en uno que cree en nosotros” . Hay que bajarse, como Zaqueo, del árbol de los resentimientos, remordimientos, resignaciones, miedos, para responder a una voz y a una mirada que nos llama por nuestro nombre, no para reprocharnos nuestros yerros, sino para alentar nuestras posibilidades intactas.

 

Recuerdo un breve poema: “ A pesar de lo que te hayamos hecho,

que sea día también para nosotros, ¡oh Señor”

 

Y Jesús le abre los ojos. Y Zaqueo pasa de la curiosidad a la fe, con dos elementos: la liberación y la curación de la ceguera

Es cuando Zaqueo, liberado de las cosas, “ve” a los otros. Se da cuenta de que existen y exclama “ Mira, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si en algo me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más “( muy por encima de lo que la ley estipulaba).

Llama la atención que Zaqueo no lleve a aquel ilustre huésped a que admire el botín de sus fraudes: cuadros, muebles, colecciones, piezas valiosas. Cuando Cristo entra en su casa, al propietario todo le fastidia, se torna un estorbo innecesario y casi engorroso, un obstáculo para “ver” al Maestro. Necesita liberarse de todo. Desea y procura que el “tener” no sofoque el “ser” que empieza a emerger. La fe se traduce en desprendimiento, descentramiento, tomar distancia de lo que había sido el único objeto de su deseo. Acoger a Dios es desalojar los ídolos, “matar a nuestros dioses”.

Es cuando Zaqueo descubre , casi de sopetón, a los otros: están y están ahí, con su presencia obstinada y opaca. Ocurre cuando están a su puerta y murmuran contra su manifiesta y escandalosa fortuna. Pero no murmuran por ella; lo hacen porque “ ha entrado a hospedarse en  casa de un pecador”

Es bien cierto que Zaqueo “ve” al prójimo a través de los cristales rotos y lo “ve” como hostil. Pero esta mirada, distorsionada por el egoísmo, se ha curado. Ya no los “ve” como sujetos a explotar y exprimir; los “ve” como hermanos. Y empieza a conjugar un verbo hasta el momento poco frecuente en él: “compartir”. Comienza a utilizar las manos no para depredar, arrebatar, expoliar…sino para dar. Manos rotas y vacías. Las cosas, los bienes el dinero ya no son objeto de conquista, rapiña, voracidad, sino que se convierten en signo y sacramento de comunión y fraternidad.

Por lo injustamente acumulado Zaqueo era un excomulgado, un superado, un excluido. Pero ahora, en el acto de compartir, se convierte en un hombre de encuentro. Pero porque antes ha” visto “ y se ha encontrado.

La excomunión le ha sido levantada, el muro se ha convertido en puente…y todo por aquella “mirada” que le ha llegado al corazón, le ha desanidado , mientras el estaba “encaramado” en la higuera.

 

Dejemos, pese a los riesgos que acarrea, que Dios nos mire; dejémonos mirar por Jesús. Él cree en nosotros y nos mira...

Francisco Aranda Otero.

DOMINGO XXX-T-O C

"Dios no tiene que perdonarnos ni justificarnos"

 

Hoy no tenemos una parábola, sino una “historia ejemplar , que tiene como marco solemne el Templo y dos personajes contrapuestos. Utiliza la técnica de contraste

-Un fariseo, observante escrupuloso de la ley, practicante fiel de la religión convencional. Piadoso por excelencia. Ora en la postura establecida por los judíos: de pie, con la cabeza levantada, los brazos al cielo .Y con la más bella oración la de gratitud y alabanza. Pero no da gracias a Dios por su grandeza y misericordia, sino por ser como es …no como otros…unos indeseables. Para revalorizarse ante los demás necesita desprestigiarlos ( ladrones, adúlteros, injustos) Necesita echar mano de los bajos fondos de los demás para resaltar sus méritos acumulados. Y por eso mira hacia arriba y hacia atrás. Donde el publicano le vale para recordar a Dios que él, gracias a Dios, no es como “ese” ( no tiene nombre) Ya están las cosas en si sitio. Y pasa a desgranar su curriculum que avala su conducta aparentemente intachable. Además se pasa en su celo por cumplir Cumple en demasía. Le sobra “puntos·”: ayuna más de la cuenta, cotiza diezmos por encima de lo que debe, cosa que campesinos y comerciantes ni se les ocurre. Remedia, de su propio bolsillo, a los evasores y corruptos. Un dechado de perfección. Arriagado no en el Dios Misericordia, sino en el de la implacable justicia y castigo. A lo mejor, por este camino, hasta Dios le debe algo

- Un publicano, un “malo oficial y profesional” ( recoge impuestos para el monstruo ocupador, Roma; allá en el fondo, en la penumbra, se sabe y, así lo catalogan sus paisanos, como usurero, prestamista, ladrón y colaboracionista con un poder extranjero y desalmado, Un ser que tienen todas las papeletas para ser abominable, Por eso ni se acerca a la fila de los buenos , ni se atreve a levantar los ojos al cielo, ni a alzar las manos, llenas de inmundicia a costa de los demás. Sólo le valen para golpearse el pecho

- Una conclusión desconcertante: el juicio de Dios, que no está llamado ni a condenar ni al salvar, separa ambas posturas, no el sentido que quiere el fariseo. que significa etimológicamente separado- sino todo lo contrario. Pero ojo

- Dios no condena las obras buenas del fariseo, ni alienta los fraudes del recaudador. Simplemente constata que la buena conducta de uno- el fariseo- se torna en postura errónea ante Dios ( y ante el prójimo al que desprecia en su “gran bondad”) , mientras la fraudulenta conducta del publicano desemboca en la única postura justa ante Dios; la oración que brota de la propia debilidad y reconoce la infinita ternura de Dios. Mientras el fariseo se coloca ante Dios como un calculador puntilloso que tiene totalmente calculados sus méritos- y por tanto se engaña pensando que tiene “merecido “ a Dios , ignorando que sólo Dios sabe quién lo es cercano y grato y, además esta indebidamente seguro de su propia justicia, lo que le lleva a juzgar, condenar y despreciar a “esos otros”- el publicano baja del templo justificado por algo tan sencillo como reconocerse pecador y pobre. Ha hecho inventario de si mismo y es consciente de que no tiene nada de qué jactarse. Acepta que sólo la misericordia de Dios es de lo que puede “presumir” . No tiene nada que ofrecer: todo lo ha recibido de Dios , todo es don, hasta su propia indigencia. Ni se le ocurre “demoler a los otros para obtener un eventual favor de Dios . Le basta su propia miseria y sólo cuenta en su haber con la gracia de Dios.

Jesús, dice el texto de Lucas, que no pierde puntá, “dijo esta parábola por algunos que , teniéndose por justos, se sentían seguros de si mismos , y despreciaban a los demás

¿Nos queda clara la lección de hoy? . Como el fariseo está lleno de sí y de sus propias obras meritorias, no le queda espacio para ubicar a Dios . El publicano, que no tiene nada en su haber, ni reivindica, ni se reivindica.. Sus únicos “títulos de mérito” son sus propias miserias que, desde lejos, le muestra, su propio vacío y el reconocimiento de su radical condición de pecador.

Conclusión: uno, el que subió “cargado de méritos” volvió a casa no justificado; el que subió hecho una piltrafa, bajó con sus pecados perdonados

 

¡¡Dios mío, cómo es Dios!!!!

 

SAL DE TU TIERRA, ( Gn 12, 1) : el primigenio relato de vocación para la misión, es el slogan que este 90ª aniversario del DOMUND que hoy celebramos, nos coloca la Iglesia . Y Abrahán salió…a las periferias, a tierra hostiles. El Papa Francisco. Por una Iglesia de salida que se embarre con publicanos y con fariseos.

Francisco Aranda Otero


En deuda con el evangelio:


Lo consiguió el fariseo de la parábola, y lo conseguimos también nosotros: presumir de justos sin estar justificados, presumir de ortodoxia sin ser de la verdad, presumir de cristianos y dejar el evangelio fuera de nuestras vidas.

Hemos conseguido conjugar la fe en Cristo con la indiferencia ante los pobres, con la justificación de la violencia, con el desprecio del que no piensa como nosotros, con el odio a quien suponemos que representa un peligro para nuestros intereses.

Se pudiera pensar que hemos arrancado del evangelio algunas páginas: la del publicano y el fariseo, las del sermón de la montaña, la del rico necio, la del epulón indiferente… Pero se puede sospechar también que no hemos abierto todavía el libro, que todavía no nos hayamos puesto a la escucha humilde de Jesús de Nazaret, del que es el evangelio, del que habla en cada página del libro, del que vive en medio de la comunidad creyente… Se ha hecho urgente que nos preguntemos si hemos empezado a creer.

Lo más probable es que el fariseo se ofenda si se le dice que es engañosa su seguridad, que de nada sirve la justicia de la que presume, que su desprecio hacia los demás carece de fundamento, y que desde el templo, a donde había subido creyéndose justo, baja a su casa no justificado.

En una verdadera comunidad eclesial, toda pretensión de superioridad debería naufragar en la verdad de la propia vida, pues todos somos deudores, todos necesitados de la misericordia de Dios, todos acomunados en esa necesidad.

Odio, desprecio, violencia e indiferencia, que suelen formar el cortejo del propio enaltecimiento, destruyen en la comunidad eclesial la imagen de Cristo y son un escándalo permanente para los pequeños en la fe.

Sólo si te reconoces necesitado de salvación, reconocerás en el Señor a tu salvador, sólo así te gloriarás en el Señor tu Dios, sólo así su alabanza estará siempre en tu boca.

Sólo si te reconoces necesitado de salvación, Cristo podrá ser el centro de tu vida, y su Iglesia será para ti la comunidad de los pobres que él ha evangelizado.

El domingo –el Día del Señor- nos recuerda que “Dios estaba en Cristo, reconciliando el mundo consigo”. Sólo quien se acoge con humilde insistencia a la compasión de Dios, bajará a su casa reconciliado, justificado.

Feliz domingo a todos los pecadores.


Mons Agrelo , arzobispo de Tánger.

DOMINGO XXIX . T. O-C

 

Nada es más vulnerable que un Dios que ama.

 

 

 

Dios nos resulta desconcertante; sus palabras también. No encajan en nuestros esquemas. Ocurre con la parábola de hoy. El modelo de la oración confiada es una pobre viuda- hasta aquí todo correcto. Pero la posterior intervención de Dios se asemeja a la de un magistrado deshonesto y displicente. Y la cosa se complica.

 

Los protagonistas de la parábola son

 

  • primero el Juez, un sujeto indeseable. Ni tiene sentimiento religioso, ni pizca de humanidad. Descreído y alérgico a cumplir mínimamente su deber. Le trae sin cuidado Dios y su conciencia. Alguien cerrado en su yo, instalado en su comodidad. Insensible a todo, autoinmune a la compasión. Un acabado perfecto de quien no cabe esperar nada. Con un gélido blindaje. Todas las súplicas que se le dirijan acaban en la papelera de reciclaje, sin que le rocen, ni produzcan remordimiento , ni nada parecido

  • segundo, la Viuda: la imagen de la debilidad desarmada; si apoyos, enchufes ni recomendaciones. Imposible para ella pagarse un abogado de cierto fuste. Tiene dos adversarios: el contendiente y el magistrado y es víctima de dos atropellos: la prepotencia del contrario y la descarada inercia del juez. La batalla, así planteada, está perdida de antemano. Pero esta mujer-coraje no se arredra. Una y otra vez acude al juez; siempre que se pone a tiro. No le importan los desplantes. Al final, el juez debe capitular. No por bondad o compasión, sino pos quitarse de en medio el incordio. Precisamente su punto débil le ha traicionado: su egoísmo, que le impulsa a no ser molestado, abre una brecha en su dureza de corazón. Lo derrota no en el terreno de la piedad, sino en el de la insensibilidad. Le hace caso porque está harto de ser importunado. Se ha hecho justicia????, no porque haya seguido la ley, sino porque no le apetece oír mas esa voz molesta. La debilidad ha prevalecido sobre la fuerza

 

Y aquí reside la primera lección de tan extraña parábola: no debemos tener miedo a nuestra debilidad, sino alegrarnos con ella. No hay que venirse abajo por nuestra constatada impotencia, ni buscar apoyos donde no existen. El arma decisiva está dentro de nosotros y es…nuestra misma pobreza. Con ella , sólo con ella, podemos salir adelante

 

Pero importa, y mucho, que no nos cansemos de esperar. Los “retrasos” de Dios, en lugar de debilitar la esperanza, son razón suficiente para alimentarla y acrecentarla. Tanto más cuanto en la otra parte no hay un juez insensible, sino un Padre que se deja tocar el corazón por el grito de sus hijos; está deseoso de oírlos

 

No es la debilidad contra la fuerza. Es nuestra debilidad contra otra debilidad- la de Dios. Nada es más vulnerable que un Dios que ama. Nunca nos oye Dios para no ser molestado más, sino para seguir siendo “molestado”

 

La parábola se cierra con una pregunta inquietante: Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

 

Está claro, aunque no nos guste: los tiempos de Dios no son los nuestros; ni sus prisas- que no la tiene- las nuestras. Cuando , a primera vista, parece no escucharnos, puede suceder que nuestra fe se haya adormecido o apagada. Siempre, nuestro cansancio es anterior a la concesión amorosa de Dios Padre bueno. Cuando se interrumpe el canal-fe ,las respuestas no llegan a su destino. Llegamos hasta quejarnos del silencio de Dios ( recordemos, como experiencia religiosa primordial, el lamento, transmutado en oración de gratitud, de Job: “te conocía de oídas...ahora…)

 

 

 

Es que Dios no sabe ser malo

 

9-OCTUBRE -2016: DOMINGO XXvIii

1ª lectura: Re. 5, 14-17; Sal. 97; 2ª lectura: Tim. 2, 8-13; Evangelio: Lc. 17, 11-19.

Situación de esta lectura

Comienza con esta viñeta la tercera parte del viaje de Jesús a Jerusalén. Algunos estudiosos se entretienen en lo que denominan “la imprecisa geografía de Lucas”. Lo que conozca o no el evangelista de los lugares que menciona ni nos importa ni puede deducirse de escenas como ésta. La marcha de Jesús a Jerusalén, más que un itinerario geográfico, es una determinación de concluir allí su misión, por lo que no nos debe extrañar ningún recorrido inesperado que Lucas describa, como tampoco ha de extrañar el largo y sinuoso recorrido del Éxodo durante 40 años hacia la tierra de la promesa. Motiva el escenario geográfico de la viñeta el hecho de que se trata de una colonia de leprosos de distinta procedencia.

El Evangelio de Lucas

Y sucedió en su caminar hacia Jerusalén que transitaba a través de los límites entre Samaría y Galilea, cuando iba a entrar en una aldea, le salieron al paso diez leprosos, que se quedaron parados a distancia y le gritaron diciendo:

-¡Jesús, Maestro, compadécete de nosotros!

Al verlos, él les dijo:

-Id a presentaros a los sacerdotes.

Y sucedió que, al marcharse, quedaron limpios.

Uno de ellos, al verse curado, se volvió alabando a Dios a grandes voces y se postró a sus pies dándole gracias. Y era un samaritano. Jesús preguntó:

-¿Es que los diez no quedaron curados? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Cómo es posible que no se haya encontrado quien dé gloria a Dios fuera de éste, que es extranjero?

Y le dijo:

-Levántate y vete. Tu fe te ha salvado.

Debemos recordar

Más de una enfermedad de la piel, debido a su aspecto repugnante, era considerada altamente contagiosa y se le llamaba con el nombre genérico de lepra. Todo leproso era cruelmente aislado. Tenía que andar harapiento y despeinado, con la barba tapada, gritando: -¡Impuro! ¡Impuro!, para que nadie se acercase, y sólo podía volver a la sociedad cuando hubiese comprobado el sacerdote que ya estaba sano y que su compañía no era peligrosa. La curación de un leproso era algo así como la resurrección de un muerto. Oigamos un dicho antiguo: Cuatro pueden compararse con un muerto: el paralítico, el ciego, el leproso y el que no tiene hijos. La prueba más grande que sufre Job es la lepra. Y del siervo paciente de Yahveh dice Isaías estas palabras: Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado... (53, 4)

El leproso en Marcos y en Lucas

El importante capítulo del leproso en Marcos encabeza una serie de provocaciones evangélicas a la religiosidad formalista de los fariseos. El leproso ha provocado a Jesús y, pese al arrogante egoísmo de sus planteamientos (dar por hecho que Jesús tiene que transgredir las leyes para favorecerle a él), ha desatado la misericordia del Maestro, que le envía al sacerdote para que sea posible su integración social. En Lucas se trata de un grupo y lo que se pone de relieve en primer plano no es esa integración de los marginados, cosa que presupone cuando les manda ir a los sacerdotes, sino la diferente reacción ante la gracia que tienen los “justos” y los “pecadores”.

Diez leprosos

Nada se nos dice de la procedencia de los demás. Se supone que son galileos o judíos. Sólo se dice que el que, loco de alegría, volvió dando gracias era un samaritano. Este hombre comprende que siempre tendrá tiempo para ir por su “certificado de sanidad”. Lo que ignora es de cuánto tiempo dispondrá para encontrarse de nuevo con Jesús y darle las gracias. Y eso es lo que hace, antes de que Jesús desaparezca de aquellos contornos. ¿Cómo va a reintegrarse en la sociedad sin mostrar su reconocimiento y alegría al que fue la causa de su reinserción? Los otros nueve, solucionado su problema, no sienten más necesidad que la de presentarse al clero para recoger su “boleto de reinserción”. Pero toda esta viñeta nos está sugiriendo algo… ¿Es realmente una salvación “integral” la de los otros nueve?

La gratitud

Jesús no disimula sus sentimientos: -¿Es que los diez no quedaron curados? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Cómo es posible que no se haya encontrado quien dé gloria a Dios fuera de éste, que es extranjero? Estas palabras de Jesús vienen a mostrar que la lepra de la piel no es la peor. Él anuncia una liberación más radical, que afecta a las actitudes profundas del ser humano. Es muy lógico que un hombre afectado por algo tan lamentable como la lepra tienda a encerrarse en el estrecho círculo de su “yo”, puesto que tiene una desgracia personal urgentísima con pocas esperanzas de salida. Pero no todos viven sus problemas como una lucha por la vida que se instala en su condición de animal. Algunos tienen esperanza o viven y transmiten a los demás un modo de vivir lo más humanamente posible a partir de su situación. Desde fuera no se pueden juzgar estas cosas, pero sí podemos constatar que, como en todas las situaciones humanas, no todos reaccionan amargándose y amargando a los demás. La compasión nos debe hacer comprender todo, pero no justificarlo todo.

Esto mismo pasa con la gratitud. Hay quienes, por sus complejos o por lo que sea, se sienten incómodos con la gratitud: la confunden con unos sentimientos de dependencia y no aguantan la presencia de aquél a quien deben algún favor. Son las personas que sólo tienen prójimos para utilizarlos en beneficio propio. Logrado ese objetivo, se acabó el prójimo. Si ha obtenido mil servicios, una sola negativa basta para olvidar todo lo demás. La gratitud es de gente humilde de corazón. Y es una constante evangélica que esta cualidad se da mas en los “pecadores” que en los “justos”, en los extraños que en el pueblo de la promesa.

Los otros nueve” del evangelio que comentamos no han sido curados del todo. Desaparecida la lepra, podrán integrarse en la sociedad con el boleto que le dé el clero, pero no sirven para integrarse en esa otra nueva sociedad del hombre nuevo, sociedad de salvación. Al quejarse Jesús de la ingratitud de esos nueve, dice al samaritano: Levántate y vete. Tu fe te ha salvado. Esa fe no tiene nada que ver con la que motivó la curación de los diez; es algo de lo que carecieron nueve de ellos. Por tanto, la palabra de salvación pronunciada tiene mucho que ver con el hombre nuevo: Tú, con tu humilde agradecimiento, muestras que tienes las aptitudes de un ciudadano del Reino de Dios. En medio de hombres que no agradecen, tú crees en la gratitud, y por tanto en la gratuidad de lo que se te ha dado. Por eso, levántate (eres hijo) y vete (a la integración social que necesitas).

Nosotros hoy

Bueno es que el hombre, todo hombre, recupere una dignidad y una autoestima que dictadores de todas clases, se llamen dioses, gobernantes o cleros, le han hecho perder, pero eso no debe nublar de nuestros ojos algo fundamental en la vida: la gracia, la gratuidad y, por tanto, la gratitud. La gratitud con Dios no me hace su esclavo, sino su hijo, hecho a su imagen, es decir: libre, creador y señor… y servidor de todos, como nos ha revelado en Jesús.

Esta gratitud para con Dios es imagen de nuestra gratitud hacia los demás: padres, amigos, bienhechores (ojo con la palabra, que será bueno analizar)…

Benito Acosta.

 

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

 

Varemos la patera en la justicia:

 

 

Más que una patera era un calvario, con treinta y siete misterios de dolor evitable.

Fueron noticia de páginas interiores: tres muertos, treinta y cuatro supervivientes.

En un mundo ávido de distracción sin preocupación, importan muy poco, puede que nada, unos inmigrantes muertos en la ruta que va del África empobrecida a una Europa imaginada y seductora.

Perdidos en la frontera de nuestros banquetes sin corazón, a la deriva durante una eternidad, olvidados en una soledad sin confines, prisioneros del agua y de la sed, tres jóvenes africanos encontraron en aquel infierno el alivio de la muerte, y treinta y cuatro volvieron a nacer cuando fueron rescatados.

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico”. Había –dice Jesús- un rico sin nombre, y un mendigo que Dios conocía por el nombre de Lázaro.

¡Nombres! Necesitamos llamar por su nombre a los que murieron en aquella patera y, si ello fuere posible, devolverles con el nombre la dignidad de una historia personal soslayada a nuestra conciencia con el anonimato de los números: Blaise, Peter, Freddy.

Mientras los muertos sean enterrados en un adjetivo numeral, no sentiremos la necesidad ni la urgencia de comprometer la vida en la lucha contra la muerte.

Aquella mísera patera, en la que agonizaron y murieron Blaise, Peter y Freddy, es alegoría hiriente de aquella otra, grande como un hemisferio, en la que, a millones, agonizan y mueren cada día los lázaros de nuestro portal: nombres y nombres y nombres, historias, pasiones y angustias, que nosotros reducimos a números cardinales, a guarismos fríamente ajenos a la vida e indiferentes al sufrimiento, y que para Dios y para la fe se llaman siempre Jesús.

En el día de la verdad, no nos juzgará nuestro Dios por haber cuestionado su existencia o haber ignorado sus derechos de Creador y Señor; “iremos al destierro”, al lugar de los malditos, por haber cerrado los ojos para no ver al necesitado, por haber retirado la mano que había de dar pan al hambriento, por haber renunciado a romper cadenas de los esclavizados y oprimidos; en aquel día “encabezaremos la cuerda de cautivos” quienes hemos colaborado en hacer de la tierra una inmensa patera.

La palabra de Dios nos urge, la comunión con Cristo nos apremia: varemos en las playas de la justicia y la solidaridad tanto misterio de dolor evitable.

Feliz domingo.

Santiago Agrelo Arzobispo de Tanger.

 

DOMINGO XXV T.O-C

 

Una parábola embarazosa ,escandalosa: un latifundista conoce, por rumores, que un administrador suyo es dado a ciertas corruptelas. Cuando le llama, el interesado ni piensa en disculparse, porque los libros contables le quitan la razón. El despido resulta inevitable y le preocupa su futuro. Para salir al paso de la situación sólo se le ocurre granjearse amigos, porque no sabe otros oficios. Convoca a los deudores de su amo y reduce ampliamente el importe de la deuda. Una irregularidad que se remedia con otra mayor. Lo curioso es que el amo lo “felicitó …por la astucia con que había procedido”. Leyendo el texto, parece que incluso Jesús elogia la actitud: “os aconsejo que os ganéis amigos utilizando las riquezas de este mundo” leemos

 

Un escándalo y la más escalofriante de las parábolas, con el buen gusto que nos habían dejado las de misericordia del domingo pasado

 

Pero vayamos por partes; la aprobación del Señor hacia el administrador deshonesto no se refiere a la misma deshonestidad, sino a la astucia que ha usado. Jesús no emite un juicio moral sobre la conducta estafadora. Lo que valora es la intrepidez e inteligencia del pícaro

 

Dicen que las parábolas nunca andan con cuatro pies; es decir no todas las cosas que se narran en ellas es edificante; hay un “punto central” , dominante. En nuestro caso no es , claro está, la alabanza de la injusticia, sino la capacidad de salir airoso de una situación crítica. El Señor elogia a los que usan la cabeza y recurren a soluciones complicadas. En este caso, el administrador infiel encuentra un paso que le permite salir de su situación por un descubrimiento decisivo: el de los OTROS, cuya existencia hasta ahora parecía ignorar. Descubre la realidad de la amistad y dispone, injustamente, de la propiedad que administra no en su propio beneficio, sino en el de los demás. Su salvación pasa por la apertura a los otros

 

Importante lección para nosotros y para la Iglesia: no es dueña, sino administradora de los tesoros de su Señor. Por eso no puede vivir en una burbuja de cristal, recluida en su propia seguridad. Debe “poner en circulación” los bienes de su Amo. Su vocación no es la autogestión, sino el servicio. Los bienes del Señor se malgastan cuando se guardan, se encierran, se defienden a capa y espada. La apropiación en exclusiva es la verdadera culpa. Hay que dilapidar en beneficio de la humanidad. Las gran infidelidad es el no distribuir a manos llenas. Manos vacías y corazón lleno de hombres. Es hermoso que la Iglesia y las comunidades no sepan o puedan hacer otros oficios. Su único quehacer, ineludible, es perdonar, misericordiar, comprender, abrir…

 

Y para cada uno de nosotros, todos sabemos que no tenemos en regla los libros de cuentas con Dios. A Dios, además , no le preocupan las matemáticas, ni le salen nunca las cuentas. La parábola nos enseña a hacer irregularidades, si van en beneficio del prójimo.

 

Además conviene que minimicemos las deudas- culpas – de los demás, reducir sus defectos, cancelar ofensas, tachar equivocaciones, no razonar tanto en términos de derecho, sino de amor.

 

Nuestras manos quedarán vacías- limpias, cuando las abramos al gesto del don, cuando malgastamos para regalar alegría , luz, esperanza , misericordia. La única medida justa con el prójimo es la desmesura del amor. Los límites del amor son el amor sin límites ( S. Agustín) . Y Él estará satisfecho de nuestra “despilfarradora administración, porque lo que falta no estará en nuestra cartera, sino en otra parte. Está guardado en los bolsillos de los que más lo necesitan. Y nos habremos granjeado amigos que hablarán muy bien de nosotros al Amigo

 

DOMINGO XXIV.T.O

Dios Padre se resiste a ser empobrecido

 

El evangelio del domingo pasado nos ponía en bandeja el de hoy: los judíos no aceptaron a Jesús como Mesías y Señor ( parábola de los invitados que la rechazan) ; porque para ser discípulo y acoger su mensaje hace falta seguirlo, radical y responsablemente ( comparaciones del dueño que quiere fortificar su propiedad o del rey que afronta en minoría un combate). Ser discípulo es estar dispuesto a renunciar a todo, incluso a nuestras ideas sobre Dios, quemar las naves y seguirlo. Porque el Dios, que Jesús revela, es el Dios bueno de las parábolas del Reino o de la misericordia: oveja perdida, dracma perdido y…del hijo pródigo

En las tres , curiosamente unos se acercan para murmurar ( fariseos y escribas) y otros para escuchar ( publicanos y pecadores ) Ni el pastor, ni la mujer ni el padre se sienten satisfechos con lo que les queda. El pastor las otras 99; la mujer, las 9 monedas que aprieta con su mano. El padre, un hijo fiel y cumplidor. Y una fácil y evidente conclusión: la contabilidad de Dios no es como la nuestra. No se basa en criterios de cantidad. Cada cosa, cada uno de nosotros somos únicos ante Dios, es “importante de amor” por eso… búsquedas obstinadas, preocupaciones, esperas pacientes

Dios, que es pobre, no se resigna a ser empobrecido. Un hijo perdido, aún por voluntad e iniciativa propia, no es un número del inventario; es un daño irreparable, que no se puede compensar. Lo que para nosotros puede resultar irrelevante o incluso molesto- una “rama seca” que lo mejor es cortar- en el corazón del Buen Padre Dios provoca una herida dolorosa que sólo se puede compensar si se recupera, un tesoro inapreciable.

El hijo puede dejar, o querer dejar, de ser hijo, prescindir del padre y huir. Pero el buen padre de la parábola no se resigna a estar sin su hijo . No lanza un suspiro de alivio porque se ha librado de “un perla” . Al contrario: se vuelve loco de alegría y obliga a todos a hacer fiesta cuando, a lo lejos, se dibuja el perfil del hijo díscolo, que ha tenido todo y lo ha malgastado todo y que vuelve no tanto al calor del hogar paterno, sino apremiado por la necesidad más esencial : comer , sobrevivir como sea.

Las conclusiones para nuestra vida son múltiples;

  1. Son muchos los que hoy quieren verse libres de Dios; sin su presencia. Borrarlo de la sociedad. Irse o instalarse en un país lejano, donde Dios no aparezca. Dios no rechista ante esta pretensión, aunque espera pacientemente y con los brazos y el corazón abiertos. Pronto, en este afán, se instala una vida “desordenada” , casi trágica: “ Yo aquí me muero de hambre”

  2. Es cuando el joven “entra dentro de sí” y ahondando en el vacío vislumbra el rostro de la Misericordia del Padre y de la abundancia que supone estar en la casa paterna. Y se pone en camino ¿Nos ponemos en camino hacia ÉL? Para ello debemos intuir la grandeza de que el Padre nos recibe echándose al cuello , besándonos efusivamente y organizando una gran fiesta de bienvenida. ¿No será esta la actitud que nos pide a toda la Iglesia el Papa Francisco con este año de la Misericordia ( Vultus misericordiae)

  3. aún dentro del año de la Misericordia, nos centramos en una: El Sacramento de la Penitencia – reconciliación- muy devaluado últimamente

Al confesarnos recibimos un desmesurado don de Dios y restituimos a Dios algo de lo que le habíamos quitado y defraudado : nuestra comunión con él. Y Dios tambien recibe algo: nuestra conversión. Confesarse es dar y recibir. Le devolvemos nuestra presencia y comunión. Recibimos su condición de ser un Padre ya enriquecido por un hijo.

Cuando el pródigo que vuelve intenta enumerar sus barbaridades, el padre ni lo escucha. No porque no le interese, sino porque su preocupación es “tener a su hijo como hijo y en su casa”. Pese a que el otro “hijo mayor”, de tanto estar en su sitio y cumplir al pie de la letra, no se quiera sumar a esa fiesta de comunión.

Estos abrazos y besos hablan de su amor mejor que todos los libros de teología. Junto a Él y con ÉL podemos encontrar una vida mas digna y mas dichosa. Aceptar a este Padre, todo corazón, misericordia y acogida, es ser discípulo suyo.

Francisco Aranda Otero

Realismo responsable y radicalidad evangélica. Domingo XXIII de T.O.

Llama la atención el lugar que ocupan estos consejos que da Jesús a “mucha gente” camino de Jerusalén. Inmediatamente antes ha colocado la parábola de gran banquete al que acuden sólo los pobres, lisiados, ciegos y cojos. Los invitados en primer lugar se habían ido excusando uno a uno. Tras el trozo de hoy, vienen las parábolas de la Misericordia- oveja perdida, moneda perdida e hijo pródigo ( el domingo que viene)

 

Pero antes estas pinceladas de hoy que dibujan el perfil del seguidor de Jesús y que él dirige a “mucha gente” : la llamada es universal, el Reino es para todos, pero sólo los que se saben necesitados están en condiciones de recibirlo. Porque es un Reino de perdón, misericordia y acogida a los excluidos de esta sociedad

 

Y Jesús pone hoy dos ejemplos de que cómo se debe caminar en este seguimiento con realismo responsable: el que inicia unan construcción, sin calcular costes y el que va a encarar una batalla, sin reparar en sus fuerzas reales. Y dos consejos

 

  1. LUCIDEZ: El que emprende un proyecto importante de manera temeraria, sin calcular si reúne los requisitos imprescindibles. Construir una torre para defender la viña sin prever que pueda acabarla, puede causar la risa de los vecinos; hacer frente a un ejército enemigo sin medir las capacidades del propio, acaba provocando la derrota . Pero no nos engañemos, Jesús , que siempre es audaz al aconsejar a los suyos, no está invitando a la precaución, sino a que nadie se comprometa a una misión de forma inconsciente, presuntuosa, osada. Lo que cobra actualidad para nosotros en momentos difíciles para la fe: Jesús invita a la reflexión madura, a “sentarse a reflexionar” Es grave tratar de vivir hoy como discípulos que no saben lo que quieren , ni a dónde se dirigen, ni con qué medios hay que trabajar. Tenemos que “sentarnos” a unir fuerzas, a buscar juntos caminos ; dedicar mucho más tiempo a la escucha de la Palabra y a la oración…para descubrir las nuevas llamadas, despertar nuevos carismas, cultivar un estilo renovado del seguimiento…entre todos

  2. REALISMO RESPONSABLE Jesús inicia el texto con una advertencia sobre la radicalidad del seguimiento : si se alguno viene conmigo y no pospone( no dice odia- no se trata de eso- ) sino posponer, poner detrás, dar prioridad a tomar la cruz y seguirlo. Y ello en un medio sociocultural sin precedentes. Para ello es necesario un realismo responsable. Comunicar la fe en este mundo que está emergiendo, sin conocerlo y comprenderlo desde dentro, sin padecerlo y compadecerlo , ignorando u dejando a un lado el pensamiento, los sentimientos, el lenguajes de las personas de nuestro tiempo es un grave error. No se puede responder a los retos de hoy con estrategias de ayer.

 

Siempre partiendo de una actitud de base: ser plenamente conscientes de que ser discípulos es una aventura ilusionante y peligrosa; no la iniciamos solos: vamos detrás de EL ( viene detrás de mi..) y que arraca un compañero de viajesintocable,imprescindible: la renuncia a todo…por causa del Reino. Es por ahí, siempre, por donde tenemos que caminar

 



 



 

Jesús, un huésped belicoso.(28 de agosto)

DOMINGO XXII. TO C

 

 

 

Sin duda es una temeridad invitar a Jesús a casa. En el caso de hoy se cuentan sus intervenciones ( tres) por provocaciones, en tres momentos: a la entrada, al elegir sitio y al seleccionar a invitados

 

  1. Apenas entra cura a un hidrópico. En lugar de un regalo digno, un gesto escandaloso, porque infringe la ley del descanso del sábado, intocable. Y sin pedir permiso al amo de la casa, a la sazón hombre ilustre ( del sanedrín?) Jesús reivindica su libertad, no tanto de la ley , sino de una interpretación mezquina de misma, que inmoviliza la voluntad en esquemas rígidos y crueles por puntillosos, Anula la libertad para intervenir a favor de la persona

  2. Jesús,espiado,empieza a observar cómo los jueces inician una carrera hacia los primeros sitios y no deja de pasar por alto tal descortesía, antes bien, denuncia que una autoridad religiosa caiga en una postura tan arribista, y trepadora: “ Cuando te inviten…no busques los primeros lugares, los de honor. “todo el que se enaltece será humillado…” No trata de fijar una regla de comportamiento astuta de cara a los invitados, sino una extraña forma de comportarse ante Dios . Rechaza la actitud por lo que tiene de seguridad que alega derechos incluso frente a Dios. La actitud del hombre ante Dios es de humildad…es decir, de verdad. Porque todo es don, gracia, acogida y gratitud de su bondad y misericordia . es ridículo pretender enaltecerse ante Dios y ante los semejantes. Nuestra ley es la pobreza y el abajamiento. No podemos jugar a ricos con Dios

  3. Jesús aborda el tema de la elección de los invitados: todos de relieve, de pedigrí; ninguno pobre, débil, desgraciado, excluido. Grave olvido. La sugerencia de Jesús es transgresora: abrir las puertas a las personas marginadas, privilegiar a los pequeños, a los últimos. Una caridad bien entendida excluye todo cálculo oportunista. Acoge en pura pérdida

 

Así nos indica y enseña que si queremos tener a Jesús como huésped, no somos nosotros quienes tenemos que confeccionar las listas de invitados, con arreglo o conveniencias propias, Hay que buscar “buenas compañías” entre los que todos consideran “indeseables “ compañías. No se trata sólo de organizar , de vez en cuando, una fiesta benéfica; es más bien cuestión de mentalidad, de actitud general en nuestra relaciones con el otro. El evangelio “ quiere que las preferencias se muevan no por el criterio de la exclusión de los menos poderosos. Una elección que no puede basarse en una táctica astuta, demagógica o utilitaria, sino en una opción consciente de unirse y acoger plenamente a los pobres. Y sin ninguna prospectiva ni estrategia que no sea la de comprometerse con ellos, para trabajar por su total dignidad, sin usarlos como instrumento para nada y de nada

 

XX. TO-C

 

A Jeremías ( 1ª lectura) se le considera un derrotista, porque rechaza asegurar que “todo va bien” ; es un pájaro de mal agüero. No se presta al juego deshonesto de alimentar ilusiones vanas y se obstina en hacer abrir los ojos hacia una realidad no ilusionante. Es, por ello, un hombre peligroso, al que conviene mantener alejado: hace mal

Y, en verdad, cuando él profetiza, Israel está al borde del precipicio. Mas no conviene perturbar los “coros del consenso organizado y correcto”. Una voz discordante hay que excluirla. La música orquestada debe adormecer

La palabra profética cuando no asegura el “bienestar” fastidia a los “cuerdos”, molesta a los jefes, hay que acallarla como sea. El gran error de Jeremías es no aceptar ocultar cosas que no se nadie quiere oír. De hecho se le quitó de en medio.

Pero el rey Sedecías, rehén de sus jefes, acata el consejo de un hombre inteligente y honesto y lo saca de la cisterna. La Palabra, una vez más, vuelve a resurgir para denunciar lo que es inaceptable. No ha quedado sepultada en el lodo

Por el contrario, el fuego la expande. “He venido a traer fuego a la tierra ¡y ojalá estuviese ya ardiendo! ( Evangelio)

El Hombre la Palabra alberga fuego en su propia persona y los enemigos, aunque como en el caso de Jeremías, reduzcan el rollo del libro a cenizas, jamás podrán apagar el fuego de la Palabra que vive en el corazón del hombre

Si la vida es fuego, la leña debe ser quemada. El que anuncia la palabra no es ni fatalista, ni inmovilista, ni rebelde; lleva la “revolución” de la ternura, la compasío y la misericordia que arden en su corazón; es un apasionado por la Palabra. Todo servicio en la Iglesia se convierte en oficio si no está alentado por una gran pasión: Una palabra presentada en forma impersonal, desapegada, fría es una Palabra Traicionada. Una verdad apagada bajo la insensibilidad y la simpasión, es una verdad ofendida. Mucho mejor la piedra tosca que el profeta se echa encima que un trozo de hielo pulido que sesudos expertos proclaman para tratar de nutrir nuestra fe. Una iglesia” de salida” manchada y embarrada es mejor que una Iglesia impoluta a base de no mojarse.

El evangelio se difunde por contagio, no a través de largas sesiones de especulación aislada de la realidad

Jesús ha venido a traer una fe que debe convertirse en incendio. Y si llega a ser otra cosa, el sueño de Cristo ( el fuego) queda eclipsado

Tanto en Jeremías como en Jesús el martirio resulta inevitable. Una gran pasión, Jesús fue un apasionado del Reino, lleva consigo a la Pasión. Ser apasionad significa padecer.

Nosotros, como leemos en la 2ª lectura, debemos fijar “ la mirada en Jesús , que inició y completa nuestra fe” ; ha elegido la ignominia y se ha sometido, voluntariamente, a la cruz.

No podemos cansarnos ni perder ánimo. Animados “por una nube ingente de testigos de la fe” corremos “ la carrera que nos toca, sin retirarnos” . Dos verbos aparecen el texto muy significativos : Soportar y perseverar. Conviene que nos liberemos de otros pesos, o fardos, menos del de la Cruz. Sirve quemar, pero no para dejarse apagar”

Francisco Aranda Otero

XIX T-O-C

 

 

 

Continúa Jesús su enseñanza a los discípulos y al gentío que le sigue. El domingo pasado, por medio de la parábola del rico insensato. ponía en guardia contra los falsos valores y seguridades de este mundo; especialmente contra la codicia y el afán por el dinero. E indicaba que la elección se realiza aquí y ahora. Aquí donde se opta por el tener o el ser, por la posesión o el amor que se entrega, por el compartir y no por el acumular. Y eso basado en un principio fundamental: DONDE ESTÄ TU TESORO ESTARA TU CORAZÓN

 

Hoy nos invita a la vigilancia, a estar preparados porque no sabemos ni el día ni la hora. En esa incertidumbre, hay que estar vigilantes, para que no te pillen de improviso, te encuentre dormido

 

Además , la vigilancia excluye el miedo y la obsesión. Estar atentos y dispuestos no es vivir angustiados o agitados, sino serenos y esperanzados

 

Esta espera no debe vivirse como algo pasivo, sino dinámico. Se trata de estar en su sitio, trabajando con responsabilidad y fidelidad mientras que llega el amo. Es el esfuerzo, no el desinterés no la indolencia lo que Jesús recomienda.

 

Y eso a través de dos imágenes: la lámpara encendida y la cintura ceñida

 

Teniendo en cuenta el sentido y uso oriental de las vestiduras largas, cuando hay que afanarse en un trabajo concreto, para facilitar la movilidad haya que subirse algo la vestidura, arremangarse decimos nosotros

 

En cuanto al verbo atender, quiere decir, literalmente, tender hacia. Para el creyente, el futuro no es algo impreciso, abstracto, etéreo. Tiene un nombre y un rostro: Jesús, el Señor. Atender al futuro , ser testigos de esperanza no equivale considerar la vida como una sala de espera, dispuestos a coger el tren que nos conduzca a a la eternidad. No empotrarnos en un misticismo de ojos cerrados ni en una espiritualidad alejada de la realidad en que nos movemos. Congelar esfuerzos, ahorranos aspiraciones en el presente. Alguien escribió: “ La única manera de ser fieles a la eternidad y al futuro es ser actuales”

 

El Cristiano no es un emboscado en la historia, ni un desertor de los compromisos con su mundo. Tener el reloj sincronizado con el tiempo de Dios , equivale a tenerlo con el hoy. El cristiano es el que no se deja aprisionra en horizontes demasiado cortos o limitados. Es el que mira hacia lo alto, pero sin despreocuparse de la tierra. Ser ciudadano del cielo no es querer rechazar el duro menester de los hombres. Este mundo tiene hondura, espesor, profundidad que no se deben anular, sino aceptar, asumir, encarar y afrontar. Sabiendo que esta grandeza de lo real se convierta en un muro que nos impide ver algo más allá

 

El creyente es una persona que tiende a ( atento) al más allá. Más allá de las apariencias, de lo visible, de las falsas grandezas, de lo contingente , de lo material

 

Testigo ya de otro mundo, valores, ideales que superen el tener, ser , poseer, hacer carrera.

 

El dilema no es elegir entre el cielo y la tierra, sino permitir que el cielo mande su luz sobre la tierra. Entonces todo será más claro, mas luminoso, menos precario y miope. Las criaturas vigilantes en espera del “que ha de venir” hacen la tierra más habitable, mas “casa de todos” “hogar común” como nos indicado tan bellamente el Papa Francisco el su Encíclica, Laudato si.

 

Las lámparas encendidas no sólo sirven para esperar al Señor o alumbrar el camino; alumbran también la casa en que nos hallamos y nos ayudan a no despistarnos en los senderos intrincados de esta tierra.

 

DESENMASCARAR LA INSENSATEZ

 

José Antonio Pagola

 

El protagonista de la pequeña parábola del «rico insensato» es un terrateniente como aquellos que conoció Jesús en Galilea. Hombres poderosos que explotaban sin piedad a los campesinos, pensando solo en aumentar su bienestar. La gente los temía y envidiaba: sin duda eran los más afortunados. Para Jesús, son los más insensatos.

 

Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se ve obligado a reflexionar: «¿Qué haré?». Habla consigo mismo. En su horizonte no aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Solo le preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha, mis graneros, mis bienes, mi vida...

 

El rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Solo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material: «Construiré graneros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come y date buena vida».

 

De pronto, de manera inesperada, Jesús le hace intervenir al mismo Dios. Su grito interrumpe los sueños e ilusiones del rico: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?». Esta es la sentencia de Dios: la vida de este rico es un fracaso y una insensatez.

 

Agranda sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, solo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida?

 

La crisis económica que estamos sufriendo es una «crisis de ambición»: los países ricos, los grandes bancos, los poderosos de la tierra... hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular bienestar sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto nuestra seguridad se ha venido abajo.

 

Esta crisis no es una más. Es un «signo de los tiempos» que hemos de leer a la luz del evangelio. No es difícil escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias: «Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel». Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida: hemos de vivir de manera más austera; hemos de compartir más nuestro bienestar.

 

Necedad y prudencia:



La parábola que escuchamos en el evangelio de este domingo no considera la desdicha última del rico, sino la necedad actual de su codicia.

Mientras el cántico al evangelio evoca la dicha de “los pobres en el espíritu, porque de ellos es –se dice que “es” ya, y no sólo que “será”- el reino de los cielos”, el evangelio evoca la figura de un hombre, cuyos campos habían producido una cosecha suficiente para muchos años, y piensa, en su necedad, que, si tiene bienes para muchos años, tendrá muchos años de vida para disfrutar de sus bienes.

La pregunta es: si somos pobres que viven ya en el reino de los cielos, o somos ricos todavía dedicados a acumular lo que no puede darnos la vida.

Confieso que ese hombre de la parábola me inspira una gran compasión, pues lo veo avanzar, como quien va a una fiesta, hacia un reino de nada.

Si nos fijamos en él, no podemos evitar la sensación de que, si cree en Dios, no se relaciona con él: ni para pedir, ni para buscar, ni para llamar, ni para agradecer, ni para bendecir… Nos queda la impresión triste de que ese hombre sólo habla consigo mismo, sólo se preocupa de su cosecha, y sólo aspira a disfrutar de lo que ha cosechado. Nos queda la impresión triste de que aquella cosecha es el único dios de aquel hombre.

Esa fe en los bienes –esa avaricia que es una idolatría-, suplanta fácilmente a la fe en Dios, a la fe que hoy nos convoca en asamblea santa para pedir, buscar, llamar, agradecer y bendecir. Somos muchos, sin embargo, los que en la comunidad cristiana pretendemos ser al mismo tiempo servidores del dinero y de Dios, pretensión que teniendo un objetivo imposible, nos lleva de hecho a ser, como el necio e la parábola, simples servidores del dinero.

Nuestra idolatría no es sólo negación de Dios: niega también con los hechos la resurrección de Cristo y nuestra resurrección con él.

En esta parábola nada se dice acerca de los pobres y de lo que podrían representar en la vida del rico. Intuimos, sin embargo, que, si aquel hombre, en vez de pensar sólo en la forma de almacenar sus bienes, hubiese pensado en la forma de hacer partícipes de ellos a los necesitados, hubiese entrado sencillamente en la categoría de los prudentes que, dando lo que es propio de la tierra, se procuran un tesoro en el cielo.

Santiago Agrelo.

XVII. TO-C
La oracion, regateo  y confianza

 

 

 

 

 

Dos escenas se gravan en la memoria hoy; el curioso regateo entre Dios y Abrahán ( Gn 18, 20-32) y el coloquio nocturno entre un individuo inoportuno y el amigo despertado de sobresalto a medianoche ( Evangelio) Ambos son tratos que se llevan a cabo entre lo alto y lo bajo.

 

 

 

Una oración de intercesión; otra de petición. Ambas bajo el signo de la insistencia, coraje, confianza y lucha. Al final ambas son escuchadas.

 

 

 

Abrahán, haciendo un inventario exhaustivo de la “mercancía” , se ve obligado , para el canje, a reducir y mucho la propia oferta , para acabar en 10 justos, para que Sodoma y Gomorra se salven.

 

Tres observaciones a la oración de Abrahán

 

  1. la audaz oración de Abraham supone un cambio importante en las relaciones entre Dios y la humanidad pecadora; un reducido grupo de justos puede tener tal peso en la justicia de Dios que lo mueve a indultar a la mayoría culpable. Abrahán lucha, con humildad y decisión para que la inocencia de una minoría sea motivo de perdón para todos los demás

  2. Abrahán no se dirige a Dios de igual a igual. No tiene ni razones ni derechos que alegar. Se reconoce “polvo y ceniza” . A media que se desarrollo en “trato” y Dios redice sus exigencias, Abraham se encuentra con una justicia predispuesta a dar cabida al perdón. Por eso Abrahán sigue con las rebajas. La actitud benévola de Dios hacen crecer su audacia :sabe que la voluntad de salvar prevalece sobre la de castigar

  3. En la cifra de los diez no se encuentra Abrahán. Es un forastero, polvo y ceniza por eso no ofrece su inocencia para salvar a las ciudades pervertidas. Es la fe, no la inocencia, la que le da osadía para hablar así con su Señor. Esta negociación se interrumpe al llegar a 10; tan bajo que ya no se atreve a seguir porfiando. Podría haber llegado a uno. Pero en la lógica matemática de Dios, ese uno lo pondrá el mismo Dios: su Hijo, que salvará a todos es lo que nos recuerda la Carta a lo Colosenses en 2ª lectura. La negociación entre Yahveh y su amigo , entre lo alto y lo bajo, acaba en la Cruz, donde toda distancia y condiciones desfavorables quedan anuladas

 

 

 

Otra de petición. Pero en ésta la perspectiva cambia del todo. No se trata de apelar al “juez de la tierra” sino a un Dios que es ABBA. Y es el mismo Cristo quien nos autoriza a dirigirnos al Padre con tan insólita palabra. Abre todas las puertas; legitima todas las aspiraciones.

 

Tampoco se trata de poner en una balanza ambos pesos : el de los justos e injustos, sino de apelar a nuestra condición de hijos. Ya no cabe miedo, sino confianza, cercanía y ternura

 

Por eso el Padrenuestro es la oración tipo de los hijos que tienen la “osadía” ( nos atrevemos a ) de pedir al Padre lo necesario para la realización de su Reino en la tierra; piden y se comprometen al mismo tiempo. Colaboran. Nada hay en esta oración, ni en ninguna, que nos dispense de actuar, Dios nos escucha pero quiere, a su vez, que tambien nosotros escuchemos .

 

Ahora bien Dios nos escucha no en nuestros tiempos y modos, sino con una seguridad de fondo: Vuestro Padre celestial dará EL ESPIRITU SANTO a los que se lo piden

 

Es el Espíritu el principio de libertad e imprevisibilidad. Dios nos escucha…a su modo, no a nuestro modo, siempre más alicorto que los proyectos de Dios

 

Esa oración escuchada es una oración que nos transforma; nos hace entrar, bajo el impulso del Espíritu, en el proyecto de Dios ( Santificado sea…Venga tu Reino, Hágase tu voluntad

 

Es , por eso, mejor un Dios que nos sorprende que un Dios que nos contenta. Me fío ,más de sus respuestas que de mis preguntas, de su don que de mis peticiones.

 

 

XVI T.O: "El agobio de cumplir y la paz de la escucha"

El relato evangélico de hoy ha servido con frecuencia para contraponer oración y acción, vida contemplativa y de compromiso, para terminar afirmando que la oración y la contemplación son la mejor parte. Pero se trata de una inadecuada lectura del mismo.

Si que existe una afirmación clara “ María ha escogido la mejor parte: se sentó a sus pies y escuchaba sus palabras”. De Marta se dice que “lo recibió en su casa y se afanaba en los muchos quehaceres del servicio”. Lo hace tan segura de que es su tarea que incluso le reprocha a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en la tarea?”. Al reproche Jesús responde con una severa advertencia (de ahí el vocativo en el nombre repetido: “Marta, Marta, te inquietas...”) Escuchar y gozar con la novedad y grandeza del mensaje de Jesús es la mejor parte. María ha comprendido esto y quiere empaparse de ello. Marta, como los Doce discípulos, sigue atada a la ley, al cumplimiento, a lo que ella cree que es lo mejor, a las imposiciones y a la responsabilidad como forma de ser fiel, pero no ha descubierto aún la grandeza del mensaje. Marta es el prototipo de la mujer atareada e incluso atrapada por su tarea; pero además con la certeza de estar en posesión de la verdad, aunque sea esclava de un estilo de vida cerrado a la novedad y a la alegría. María es la otra cara de la moneda: espera y busca incentivos nuevos, de ahí que se quede a los pies de Jesús escuchándolo. Ha elegido dejarse moldear por Jesús.

Siempre ha existido y existirán diferentes maneras de entender el cristianismo, y todas serán válidas con una condición: que se acojan y se adecuen al evangelio. Por eso en este pasaje no se reprocha la caridad o el servicio a los demás de Marta, sino su ansiedad, inquietud, nerviosismo y posesión de la verdad. Por eso una conclusión actual del evangelio de hoy podría ser: HAY QUE SER CONTEMPLATIVOS EN LA ACCION Y ACTIVOS EN LA CONTEMPLACIÓN. Y todo ello como consecuencia de la acogida que prestemos al Señor.

Por eso necesitamos, cada vez más, aprender y practicar el difícil arte de escuchar; de gustar del silencio entre tanta prisa y agobio; de buscar tiempo para mirar a nuestro interior; de captar en su profundidad toda la vida que gira a nuestro alrededor y sintonizar con las personas. Y todo para reencontrarnos con nosotros mismos y con la ternura de Dios, fuente de vida. Con no poca frecuencia nuestra oración se limita a una cantinela de peticiones, más o menos interesadas, ajena al esfuerzo por el encuentro amistoso y contemplativo con el Dios de la vida.

Y necesitamos aprender además a redescubrir la hospitalidad, un valor entrañable cada vez con menos presencia en nuestra sociedad. De ciudades inhóspitas, de viviendas fortalezas cada vez más reforzadas. La familia de Betania es un símbolo de esa hospitalidad, una virtud que no sólo atañe a necesidades materiales. Betania es lugar de conversación, diálogo, intercambio de opiniones, ayuda y consolidación de los lazos de fraternidad. En este sentido la hospitalidad es buena noticia y evangelio experimentado y vivido en plenitud.

XV de T.O: " Sin prójimo no hay Dios que valga"

No debería Jesús ser demasiado aficionado a hablar de la otra vida, porque no es la primera vez que en el Evangelio le preguntan ( un jurista y un dirigente judío) lo mismo : ¿Qué debo hacer la para heredar la vida eterna Es predecible que quienes no quieren comprometerse con el hermano, al que ven, sean demasiado propensos a divagar sobre la vida eterna. Es, por tanto, un pasaje que , al margen de su claridad y contundencia manifiesta novedad de la experiencia religiosa de Jesús

-el amor Dios y el amor al prójimo no pueden disociarse

-Jesús cambia nuestra idea de quién el es el prójimo: a la pregunta del jurista sobre ¿quién es el prójimo? La respuesta de Jesús se torna en pregunta ¿Quién de los tres- sacerdote, levita o samaritano- se hizo prójimo para el hombre maltratado y apaleado? Nos viene a recordar algo tan esencial como fácil de olvidar: el prójimo no es el otro, sino que el prójimo soy yo, cuando me acerco y hago frente a las necesidades del otro. En otras palabras: el problema no reside tanto en saber quién es mi prójimo, sino en que yo me haga prójimo para los demás.

  • Además, en esta parábola, Jesús nos indica quienes son los prójimos, de quién debemos hacernos fundamentalmente prójimos: el caído, el herido, el abatido, el que sufre violencia, el despojado de sus derechos de persona ( al margen de nación, país, edad, religión o etnia) Es común y general entre nosotros decir que primero son los que convivimos con ellos, los de casa. Y que la caridad empieza por uno mismo... y es verdad. Pero Jesús, sin negar eso, propone otro ejemplo: un hombre asaltado, apaleado, un cualquiera que, al no tener nombre ni patria, personifica a toda la humanidad sufriente en tantos y disperso lugares

  • Dos cambios revolucionarios introduce Jesús en la experiencia religiosa de sus contemporáneos y de nosotros: uno , en el concepto de prójimo; otro en el de preferencia

  • Jesús critica con acritud una religiosidad sin prójimo. Y la dureza de tal crítica se hace patente en los personajes que elige como contraejemplo: un levita y su sacerdote. Ambos representantes oficiales de la religión, ocupados y preocupados por el templo, el culto y el servicio legal y convencional a Dios. Ambos justifican su conducta o “rodeo” en la observancia la ley: para no caer en impureza legal. Pero Jesús los descalifica: estar oficialmente el servicio de Dios y pasar la persona necesitada es no entender el mandamiento de Dios: es pasar de largo ante lo que en realidad hay que hacer para hacer lo que no es primordial. Una religiosidad sin prójimo(el más necesitado) tergiversa mandamiento principal de Dios y, por tanto , es falsa.

- Jesús abre las puertas de la vida a extranjeros, heterodoxos y mal vistos que, sin embargo, tienen la sensibilidad suficiente para apostar y dar todo lo que está en su mano por el necesitado. El modelo ético elegido es un enemigo religioso, político social del jurista que se le acerca a preguntarle: UN SAMARITANO

- La conclusiones y aplicaciones para nuestra vida de creyentes y seguidores de Jesús, que se pueden extraer de este pasaje evangélico, son demasiado evidentes para que sea necesario explicitarlas; quizá lo mejor sea que todos las meditemos delante del Señor,

Aniversario D. Manuel Pineda

 

 

 

Hace un año se nos fue a la casa del Padre D. Manuel Pineda Soria y hoy nos reunimos para rezar y celebrar, con el gran Misterio de nuestra fe , que es la Eucaristía, el triunfo sobre la muerte de alguien que escuchó la voz del Señor, la llamada al sacerdocio y que , tras muchos años de entrega y servicio callado y absolutamente generoso y desinteresado, en tantas y tan diversas tareas, las que se le encomendaron siempre, retornó a la Casa Paterna.

 

Entre Pedro (Evangelio que hemos leído) y D. Manuel hay mundos de distancia; dos mil años casi. Pedro era pescador, D. Manuel sacerdote. Con muchas cosas en común, señalo algunas

 

 

 

  1. Llamados por Dios. Un acontecimiento común y esencial en sus vidas: LA VOCACIÓN. A Pedro Jesús le dijo: Te necesito, desde ahora serás pescador de hombres” Con sus debilidades y grandezas fue llamado a construir o hacer de puente entre Dios y los hombres. En algún momento también D. Manuel sintió que alguien, con más o menos claridad para él, le llamaba: Te necesito. Debes tender puentes entre Dios y los hombres y D. Manuel entró en el Seminario

  2. Llamados a servir: En la actual crisis vocacional , no es nada fácil ni atractivo atender a esa llamada. Ni siquiera el mundo que te es más cercano lo facilita. Lo mismo pasaría con Pedro entre su familia y amigos. No obstante, Pedro abandona el suelo seguro de la barca y se baja al agua. Sus compañeros tienen miedo. Pedro confía y arriesga. Cuando hoy se responde a esta llamada- Dios sigue llamando- tambien se abandona un suelo seguro ( familia, trabajo, pertenencias- la más honda, la de uno mismo, que se queda descentrado con otro centro) . Un camino arriesgado y desconocido se le abre. Como a Abrahán: salir de su tierra y su parentela sin saber hacia dónde Tambien D. Manuel dejó sus espacios y seguridades, con la única seguridad de que era llamado para servir.

  3. Vivir la vocación: Lo que a Pedro le hizo marchar con tanta valentía fue una voz: VEN. El mar estaba agitado, el agua entraba en la barca, los discípulos tenían miedo y gritan para que no se lance. Y Pedro oye la voz serena y soberana de Jesús: “Tranquilizaos; soy yo; no tengáis miedo”. Pedro se va en busca de Jesús, con todas las evidencias en contra. Para D. Manuel , para muchos de nosotros, la suave pero segura voz de Jesús , nos cortejó y nos sedujo ( Jer.) y dejamos, en medio del tumulto diario, la barca y emprendimos el desconocido camino.

  4. Mirar hacia delante: Pedro escucha la voz y la llamada: No temas, ven, y dejando el último resto de seguridad, va al encuentro de Jesús. Un salto de locos, en el vacío. Cuando se hunde su confianza en Jesús , Pedro tambien se hunde. Mientras mira más al peligro que le amenaza que a Jesús que viene a su encuentro, se hunde del todo. En nuestro querido D. Manuel, en todos nosotros, las dudas sobre Dios nos sobrecogen y aturden. El sentimiento de hundirse en la nada a él y a nosotros nos aborda cada día

  5. La esperanza: Analizando, en este pasaje de vocación, nos damos cuenta de la esperanza que mantenemos ante la muerte. La historia de Pedro es casi la nuestra; la de D. Manuel. Por eso nos atrevemos a esperar que cuantos abandonan toda seguridad por causa de Jesucristo y su Reino, ganan la seguridad de la vida pascual. Porque esperamos que el que se atreva a dar el salto de la fe, aunque le sobrevenga la duda y el miedo…hasta hundirse, puede gritar: “Señor sálvame”. Y es escuchado y llevado a la otra orilla de la vida nueva

  6. Tened confianza: Es de todos conocido y experimentado cómo D. Manuel vivió en la barca zarandeada de la comunidad, de la Iglesia en los intempestivos años que le tocó vivir. Sabemos cómo afrontó las tormentas, las olas…hasta el fin de su vida. Por eso , ya viviendo la gozosa esperanza del encuentro definitivo con Cristo resucitado, todos tenemos razones de sobra para hacer nuestras dos expresiones del Señor: “Tranquilizaos, soy yo, no tengáis miedo” y “Yo he vencido a la muerte”. Porque, en último término, nuestra vocación es la de VIVIR como resucitados.

 

Lo encomendamos a la Virgen María y a Apóstol Santiago, titular de la parroquia a la que tantos años presidió en la caridad. Que así sea.e

 

14 T.O.C

 

 

 

Misión de los 72, exclusivo de Lucas, que poco antes y en el mismo capítulo, había relatado la de los Doce, debe aportarnos algunas reflexiones que aclaren esta duplicidad

 

  1. Es una misión universal. 72 o, mejor, 70 era el número de pueblos de la tierra., hay otras connotaciones que no vienen al caso. Cristo, al ordenar su misión, no excluye, no descarta ( Papa Francisco) . Todos somos llamados al Reino

  2. Deben ir de “dos en dos: requisito , según costumbre judía, para que el testimonio sea válido y para la mutua ayuda. Es la comunidad cristiana la que debe ser misionera

  3. Como corderos en medio de lobos: La debilidad, la misericordia son elementos esenciales en la forma de ser evangelizadores.. Prohibidas las ilusiones; nada de paseo triunfal o morir de éxito. Convencidos, como escribe J. Crisóstomo, de que “mientas seamos corderos , vencemos . Si nos convertimos en lobos, seremos vencidos porque nos falta la ayuda del Pastor, que no apacienta lobos, sino corderos

  4. Que se vale de medios pobres. Ni talega, ni alforja, ni sandalias. Bajo el signo de la libertad y sólo pertrechados de …la falta de seguridades. Sólo con la debilidad de la Palabra es fuerte el discípulo. Lo decía Pablo” “cuando estoy débil, es cuando soy fuerte” ( 2 Cor 12, 10) Otras compañías, aunque sea por motivos de seguridad, son peligrosas no tanto para el apóstol como para el mensaje. El apóstol no cuenta en el ranking de los grandes

  5. Urgente: Hay prisa porque llegue el mensaje: no os detengáis a saludar, es una falta de educación, exigida por la premura del mensaje. Nada de zalamerías empalagosas, ni cumplidos innecesarios ( por eso son “cumplidos”. La importancia de la buena noticia está por encima de la urbanidad

  6. Jesús señala tareas, no éxito. “ Cuando entréis en un pueblo…” La actividad evangelizadora que compete a todos encuentra siempre hostilidades. Con el rechazo se cuenta. “ Al discípulo se le confía una tarea, nunca el éxito” . El anuncio gozoso es compatible con un itinerario sufrido, de amplio recorrido. No va a “vender un producto” sino a combatir contra quienes no lo quieren de ninguna manera. El fracaso, en realidad, no es el rechazo, la cerrazón, sino los resultados postizos, clamorosos a base de imposición y engaño. “Con olor a oveja…”

  7. Es anuncio de la paz. “Cuando entréis en una casa decid :paz. La misión- misioneros de la misericordia, es la alegría, la ternura. la plenitud, no el luto o la desventura o la amenaza o el castigo

  8. No es una delegación de expertos, un cuerpo especial de la expedición. Es tarea de todo bautizado . Ser cristiano no es tomar apuntes de una buena lección que recibimos, sino tomar la responsabilidad de llevarla- contagiarla- a los demás. El cristiano no es el que sabe, sino que hace saber, vivir y contagiar. Es el mensaje central de la EG. Hay que caminar, no conquistar. Sólo caminar. Es el “gusto del camino y ligeros de equipaje”

 

DOMINGO 13 – C

 

25-junio-2016

 

1. Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén

 

Acabamos de escuchar un texto del evangelio de Lucas. El texto proclamado recoge dos cosas: -la firme decisión de Jesús de ir a Jerusalén y -tres breves relatos vocacionales.

 

 

 

Lo primero es, como decimos, una decisión firme y nada fácil de tomar: ir a Jerusalén. Ir a Jerusalén significaba asumir con ánimo y entereza todo lo que ocurriría en aquella ciudad: el Hijo del hombre allí sería entregado y crucificado. Con ese ir a Jerusalén Jesús indica que está dispuesto a todo, a cumplir en todo la misión a la que ha sido enviado.

 

 

 

Habrá violencia en Jerusalén contra él, pero ya por el camino deja claro a sus discípulos que no se puede responder con violencia: Al cruzar por Samaría, camino de Jerusalén, los samaritanos no quieren alojar a Jesús y sus discípulos, porque son judíos; Santiago propone mandar fuego que acabe con ellos; y Jesús se volvió y le regañó. Al mal un discípulo de Jesús jamás ha de responder con el mal: la entrega total sí, la respuesta violenta jamás.

 

 

 

2. En ese camino, tres relatos vocacionales

 

 

 

Ver en Jesús su decisión firme de entrega y escuchar su planteamiento de vida debió atraer a quienes se acercaron a él. Recoge Lucas tres relatos de vocación, tres relatos de seguimiento de Jesús: nos habla de dos personas que se ofrecen a seguir a Jesús, y de uno a quien el mismo Jesús llama.

 

 

 

Nosotros también fuimos y somos llamados por Jesús. Nos sentimos discípulos de él y caminamos en nuestra vida en seguimiento suyo.

 

 

 

Ya eran modelo en el seguir la llamada de Dios tantos hombres del Antiguo Testamento: Abrahán, Moisés, los profetas… De uno de ellos nos habla la 1ª lectura: Eliseo fue llamado por el Espíritu para ser profeta.

 

 

 

Eliseo está en su trabajo, gañán, está arando el campo con su yunta de bueyes. Elías va él y le echó encima su manto. Era un signo de que le transmitía su espíritu y su misión, la misión de profeta, a la que Dios le llamaba, era la vocación que Dios le concedía. Eliseo va a despedirse de su gente, ofrece luego sus bueyes en sacrificio, hace una comida con sus compañeros, quemó los aperos que tenía para la labranza y se fue a lo que Dios lo llamaba. Fue llamado por Dios, lo dejó todo y se fue a la misión.

 

 

 

En el relato del Evangelio proclamado ahora se nos habla también de tres decisiones de seguimiento de Jesús. De ninguno de ellos se da su nombre concreto, es decir, están presentados como casos paradigmáticos, casos que pueden ser… cada uno de nosotros:

 

 

 

1) Al primero, que se ha ofrecido espontáneamente –Te seguiré a donde vayas--, Jesús le descubre que para seguirlo ha de aceptar la inseguridad, Ha de renunciar a la vida cómoda y tranquila: Las zorras tienen madrigueras… el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza.

 

 

 

2) El segundo es llamado personalmente por el mismo Jesús: Sígueme. El llamado quiere antes resolver asuntos familiares, asuntos que significan su “atadura con el pasado”. Jesús le pide que se olvide totalmente ya de ese pasado, que no retrase su decisión y que se disponga a anunciar la novedad a la que ha sido vocacionado, llamado, con urgencia y prontitud.

 

 

 

3) Y al tercero Jesús le revela que el seguimiento sólo es posible con decisión firme y con constancia. Quien siga mirando para atrás no vale: El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

 

3. Nosotros, llamados a seguir al Maestro hoy

 

 

 

Decía que los casos anteriores son casos paradigmáticos: nos están representando a cada uno de nosotros. ¿Qué les pedía el Maestro a ellos? ¿Qué nos pide el Maestro, Jesús, a nosotros hoy?

 

 

 

Jesús va delante, a Jerusalén = ir a la entrega total, ir a dar hasta la propia vida. Con él hemos de ir nosotros, a dar todo lo que el Padre Dios nos proponga.

 

 

 

Y a aquellos que van a seguirlo, según el relato del evangelio, se les pide que no se aten en nada al pasado, que estén disponibles para vivir en la inseguridad y en la vida austera y que la prioridad total sea el mismo Jesucristo.

 

 

 

Nosotros somos hoy los que queremos seguir a Jesús, somos llamados a ello: ¿Vamos decididos y firmes a dar todo lo que se nos pide? ¿Estamos poniendo muchas condiciones, retrasando así la llamada que se nos hace? ¿Hemos puesto la mano en el arado y aún echamos la mirada atrás?

 

 

 

Ayer tres muchachos (Dani, Fernando, Fran) ofrecían su vida al Señor, que los ha llamado al sacerdocio: ¡que sea para siempre y por completo!

 

 

 

Y tú y yo, también seguidores de Jesús, ¿vamos siendo fieles a la llamada que el Señor nos está haciendo, en el estado que tenemos, en la edad que tenemos, en las circunstancias en que vivimos?

 

 

 

Como María, escuchemos la llamada del Señor, no pongamos resistencias, no miremos al pasado y… ¡sigamos al Maestro! Él nos muestra el camino, Él va delante y Él nos acompaña en todo.

 

 

 

Y, estando con Él, estaremos al servicio de los demás, al servicio de la gente, que su voz nos llama.

 

"Cuando perder es ganar" (XII T.O)

En una ocasión, en que Jesús se había retirado para orar…” Nos llama la atención esta breve pincelada que Lc coloca y nos viene a decir dos cosas: que Jesús oraba siempre y mucho y que cada momento importante de su vida estaba precedido de laoración,  solas con el Padre.

Hoy este momento tiene dos direcciones: esta llamada “crisis galilea” o sondeo de opinión- muy útil en estos días preelectorales para nosotros- Jesús se interesa por su identidad. Pero hay que ir por partes: a él nadie le ha pedido programa, programa, no documentos identificativos para ninguna entrevista, control de pase de aduana. Es Él el q se interesa por averiguar hasta dónde ha calado en sus inmediatos seguidores los años de convivencia, a quien están siguiendo o acogiendo.

Por eso a las primeras respuestas de los doce- que le colocan como uno de los grandes profetas de Israel- no parecen importarle en exceso. Está distraído, en otra cosa. Y entonces una simple- y fundamental – curiosidad : Y vosotros ¿Quién decís que soy yo? De la información a la fe personal; del conocer el pensamiento de la gene a la manifestación del suyo, de la encuesta al compromiso personal. El silencio que sigue a la pregunta se rompe con la intervención de Pedro : EL MESÍAS DE DIOS…el Esperado de Israel

Y se pasa, sin solución de continuidad, a la otra escena: Jesús, para que no haya lugar a confusiones ni ambigüedades, anuncia la forma de su mesianismo: Un modo que no responde a las expectativas de nadie, ni de los suyos. El sufrimiento, el dolor , la cruz es la piedra de escándalo. La gloria final- resurrección – llega por un procedimiento insólito y rechazable: el abajamiento, la humillación, la derrota

Por eso a la respuesta de Pedro Jesús impone silencio. No conviene ir tan deprisa. Conviene que se sepa claramente el camino: no triunfal, sino que debe pasar por el rechazo del triple poder: civil- económico ( Roma) religioso(saduceos, ancianos..) y teológico- cultural( doctores de la ley, fariseos) …la descalificación de los que cuentan

Ss﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ndenado trsapasado desgarra la vida de Jescon que se sepa claramente el camino: no triunfal, sino que debe pasar por olo los que son conscientes del estilo "perdedor"del Maestro saben quien y como es el Mesías.

Lo leemos en primera lectura: “mirarán al que traspasaron” . La muerte , sólo, del condenado traspasado desgarra la vida de Jesús pero revela el sentido de una vida “dada” perdida, destrozada…por el Reino de Dios

 

La segunda orientación es que no basta con saber esto, definirlo correctamente. Ni siquiera el camino nada triunfal- es necesario aclarar las condiciones del seguimiento “ El que quiera seguirme , que se niegue, cargue con su cruz de cada día y se venga conmigo”

Cuatro en uno:

a) quiera seguirme: no se da por hecho de que estemos en su camino, ni lo impone. Es necesaria una decisión precisa, valiente, lucida, libre;

b) se niegue a sí mismo. Negarse es cancelar la identidad precedente , echar a la papelera los datos válidos del pasado y buscar otros documentos de identidad. El carnet del seguidor es la cruz y cargar con ella. Se sabe si se es seguidor si se ha aprendido a perder.

c) “El que pierda su vida por mi causa la salvará” Perder es ganar; y hacer de esta pérdida no un lamento, sino un don de nuestra persona a favor de Dios y de los demás ;

d) Cargue con su cruz DE CADA DÍA...cotidiana. El seguimiento a Jesús no se mide por un acto heroico, martirial, sino por mantenernos con Él en la aceptación amorosa de los sinsabores de la vida normal (preocupaciones, disgustos, incidentes, incomprensiones, rechazos, olvidos e incomprensión) El cristiano no es un héroe de lo excepcional, del gesto heroico sólo, sino el humilde portador de la cruz diaria, hecha de cosas muy chicas no siempre agradables. El verdadero heroísmo es el de la fidelidad sufrida y gozosa, silenciosa y cotidiana, costosa y poco lucida y brillante y apabullante

Cuando en la famosa aduana o frontera se nos pregunte ¿Algo que declarar? No contará la mercancía inútil que arrastramos y nos arrastra. Solo cuenta si, en nuestro equipaje personal, hay una cruz. Todo lo pequeña o grande que se quiera. Pero que no sea decorativa o de ostentación, sino llevada con amor …prueba definitiva de que hemos cambiado nuestras señas de identidad por la de Él y que, por tanto, puede fiarse de nosotros y darnos el visto bueno.

La “señal” de la Cruz es la del Hijo y la de los hijos. La de los seguidores; la única y definitiva. Perder para ganar.

 

Francisco Aranda.

NO APARTAR A NADIE DE JESÚS

 

 
        
Según el relato de Lucas, un fariseo llamado Simón está muy interesado en invitar a Jesús a su mesa. Probablemente, quiere aprovechar la comida para debatir algunas cuestiones con aquel galileo que está adquiriendo fama de profeta entre la gente. Jesús acepta la invitación: a todos ha de llegar la Buena Noticia de Dios.
 
Durante el banquete sucede algo que Simón no ha previsto. Una prostituta de la localidad interrumpe la sobremesa, se echa a los pies de Jesús y rompe a llorar. No sabe cómo agradecerle el amor que muestra hacia quienes, como ella, viven marcadas por el desprecio general. Ante la sorpresa de todos, besa una y otra vez los pies de Jesús y los unge con un perfume precioso.
 
Simón contempla la escena horrorizado. ¡Una mujer pecadora tocando a Jesús en su propia casa! No lo puede soportar: aquel hombre es un inconsciente, no un profeta de Dios. A aquella mujer impura habría que apartarla rápidamente de Jesús.
 
Sin embargo, Jesús se deja tocar y querer por la mujer. Ella le necesita más que nadie. Con ternura especial le ofrece el perdón de Dios, luego le invita a descubrir dentro de su corazón una fe humilde que la está salvando. Jesús sólo le desea que viva en paz:
«Tus pecados te son perdonados... Tu fe te ha salvado. Vete en paz».
 
Todos los evangelios destacan la acogida y comprensión de Jesús a los sectores más excluidos por casi todos de la bendición de Dios: prostitutas, recaudadores, leprosos... Su mensaje es escandaloso: los despreciados por los hombres más religiosos tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios. La razón es sólo una: son los más necesitados de acogida, dignidad y amor.
 
Algún día tendremos que revisar, a la luz de este comportamiento de Jesús, cuál es nuestra actitud en las comunidades cristianas ante ciertos colectivos como las mujeres que viven de la prostitución o los homosexuales y lesbianas cuyos problemas, sufrimientos y luchas preferimos casi siempre ignorar y silenciar en el seno de la Iglesia como si para nosotros no existieran.
 
No son pocas las preguntas que nos podemos hacer:

 

¿dónde pueden encontrar entre nosotros una acogida parecida a la de Jesús?
¿a quién le pueden escuchar una palabra que les hable de Dios como hablaba él?
¿qué ayuda pueden encontrar entre nosotros para vivir su condición sexual desde una actitud responsable y creyente?
¿con quiénes pueden compartir su fe en Jesús con paz y dignidad?
¿quién es capaz de intuir el amor insondable de Dios a los olvidados por todas las religiones?
 

 

¡A los pies de Jesús! ¡A los pies de los pobres!

 

Fíjate en la “mujer de la ciudad”, de la que todo el mundo –Simón, la ciudad, la mujer misma, el evangelista, Jesús y el Padre del cielo-todos saben que es “una pecadora”.

 

Todo el mundo sabe, pero no todos saben lo mismo.

 

Simón –supongo que también “la ciudad”- sabe con un saber que, además de llevarle a juzgar a la mujer –sabe quién es y lo que es-, y a considerarse a sí mismo mejor que ella, le lleva también a “juzgar” a Jesús, que mal profeta debe de ser si ni siquiera sabe lo que está en boca de todos.

 

Simón sabe con ese saber que los soberbios hemos adquirido al comer del fruto del árbol que está en mitad del jardín: un saber farisaico, inquisitorial; un saber que abre los ojos, pero sólo para desnudar y avergonzar; un saber que agosta lágrimas, besos y perfumes; un saber que mata.

 

El evangelista, Jesús y el Padre del cielo saben quién es y qué es aquella mujer que se llegó “con un frasco de perfume” a la casa donde Jesús estaba, y, “colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, lo cubría de besos y se los ungía con el perfume”. Lo saben ellos, y lo sabe ella.

 

Aquellas lágrimas, aquellos besos, aquel perfume, nacen de un saber que es memoria necesaria de quién es y qué es la mujer, quién es y qué es para ella Jesús de Nazaret, quién es y qué es para ella el Dios que se le ha acercado en Jesús de Nazaret.

 

Lágrimas, besos y perfume –el mundo propio de “la pecadora”- son ahora la expresión de su hospitalidad para recibir a Dios, son los sacramentos de su encuentro de amor con Dios. La que antes se lavaba y se ungía para seducir, ahora lava y unge los pies de Jesús para amar.

 

Lágrimas, besos y perfume son evidencia de la fe que abre las puertas de una vida al don divino de la paz.

 

Ya habrás entendido, hermano mío, hermana mía, que ese evangelio no se proclama hoy para hablar de una mujer que no conocemos, sino para hablar de la Iglesia y de su Señor, de ti y de Cristo resucitado, de tu noche y de su luz que te ha iluminado, de tu pecado y de la gracia que te ha justificado, del amor con que has sido redimida, de la paz con que has sido bendecida.

 

En el misterio de la Eucaristía, la fe, la esperanza, el amor, el canto, la acción de gracias, la súplica, la bendición, son lágrimas, besos y perfume con que honras en la comunidad eclesial y en la intimidad de tu casa al que es tu salvador y tu paz y el perdón de tus pecados.

 

Allí aprendes a honrar a Jesús en el misterio de los hermanos; allí aprendes a lavar pies heridos, a secarlos con la entrega de tu vida, a ungirlos con el ungüento de la misericordia; allí aprendes a ser para Jesús –para su cuerpo, para sus pobres- alimento, bebida, cercanía y abrazo: ¡lágrimas, besos y perfume!

 

JESÚS NO SOPORTA FUNERALES

 

Nadie le había dado vela en aquel entierro; nadie le llama; iba en otro cortejo o procesión, con 62 km andados, desde Cafarnaúm Y…se acercó al ataúd que paran…¡”Muchacho, yo te lo digo, levántate”!

La única cosa en común de la restitución a la vida en la primera lectura ( 1Re) y el evangelio de Lc es que se trata de dos viudas- situación ya de por sí muy desvalida el la sociedad judía de la época- que lloran la pérdida de sus hijos. En el libro de los Reyes, por parte de Elías; en el Evang, por Jesús

Las diferencias son importantes entre ambos prodigios

  1. Elías actúa como intercesor de Dios; Jesús lo hace en nombre propio

  2. Elías lo hace en casa de la viuda de Sarepta, con un complejo ritual: Jesús actúa con extrema simplicidad, con extraordinaria tranquilidad y ante la multitud, mientras Elías lo hace en casa de la viuda, en su propia habitación

  3. Jesús “se compadeció” de una persona que ni lo llamó ni lo conoce.

 

Es que Cristo no considera natural la muerte. Le conmueve y la siente como negativa ( Lázaro y él mismo en la experiencia de Getsemaní) Para él la muerte no es aceptable; contradice el plan de Dios …

Al decir “le dio lástima” sería mejor traducir por se le conmovieron la entrañas ( de misericordia) . Es que Jesús, como Papa Francisco ha repetido, es la manifestación de la ternura materna de Dios, Padre y Madre

Y tras el milagro, el comentario del gentío: “ Un gran profeta ha surgido… Dios ha visitado a su pueblo” Es decir que la señal decisiva de la visita de Dios a su pueblo consiste en que el Enviado es portador de vida

Y vida no sólo en el más allá; sino aquí , en la tierra. La vida eterna comienza cada día. Claro que ninguno de nosotros puede resucitar a un muerto, lo que no nos exime de ser, aquí y ahora, portadores de vida. Porque los creyentes no tenemos como tarea preparar el funeral de los vivos, mortificar la vida, sino vivificar la vida. Y se está al servicio de la vida , sólo si se tiene gusto por ella.

Cuando el médico anuncia a S. Fco de Asís que no le queda otra cosa que esperar la muerte, el Poverello exclama: Seas Bienvenida , hermana muerte y le pide a dos hermanos que entonen: y por la hermana muerte, loado mi Señor. Y es que , quien haya vivido como él, puede acoger la muerte así; o mejor: puede dejar lugar a la muerte en su vida, que de eso se trata

El Dios revelado por Cristo es amante de la vida; la recompone: la del hijo muerto, la de la viuda que recupera a su hijo, su mirada y su ser de madre que había perdido

Tb Pablo en Gálatas, prefiere hablar de “revelación de Dios en lugar de conversión. El encuentro con Cristo, recompone su existencia por unos caminos insospechados. Su anterior pasión por mantener tradiciones de antepasados la pone a disposición del evangelio de Cristo. El encuentro con el que Vive sólo se constata en el anuncio, con obras y palabras, del mensaje de Vida, alegre y misericordioso

Un cristiano no es una momia, ni un comentador de códigos, ni un organizador de funerales.

Y toda la Iglesia , si acepta la revelación de Dios en Jesús, debe empeñarse en crear vivientes que experimenten y fomenten la vida . Para ser luz del mundo no le basta ser institución, ni estructura, sino vida y misericordia. Lugar de vida. Porque la luz de la verdad sólo emana del esplendor de la vida . Donde se mortifica la vida, no queda espacio para la verdad.

Casa de misericordia; hogar de acogida; CASA COMÚN

Francisco Aranda.

Durante toda la semana he dado vueltas al escrito que tienes entre manos, precisamente porque hablaba de víctimas, y parecía que las palabras dejasen a Dios el trabajo de remediar el mal que nosotros hacemos.

He dado vueltas a ese texto porque a los pobres los condenamos a muerte cada día, desde siempre y sin pestañear, y en el comentario, las palabras parecen dibujar un paraíso imaginario para los cadáveres que se apiñan en las playas.

He dado vueltas a ese texto porque  temía echar el velo de una ilusión sobre los restos de una humanidad con menos derecho a la protección que cualquier animal.

"Lázaros ".... así dibujó Jesús de Nazaret hace dos mil años a los mendigos echados en el portal de nuestra casa: heridos, hambrientos… e invisibles para quienes a sí mismos se pierden en la sala de sus banquetes.

No, no hacían falta los de hoy para que a mi reflexión subiesen los muertos...  Y porque la fe me dice que la última palabra sobre ellos no la tiene la insoportable frivolidad del mal sino la fuerza insospechada del amor, los he subido a la comunidad de los redimidos, los he unido al canto de los que han conocido el amor que es Dios, los he puesto en el centro del domingo, porque el domingo es para ellos, porque Dios es para ellos, porque, si no fuese para ellos, Dios no existiría.

“No llores”

En la comunidad eclesial oramos hoy con un salmo de acción de gracias. La palabra profética: “Mira, tu hijo está vivo”, ha iluminado de alegría el corazón de los fieles, y la fiesta ha irrumpido en el lugar del luto y de las sombras: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”.

Hay fiesta porque hay Pascua; hay alabanza porque ha llegado la liberación; hay cántico al Señor porque suya es la victoria, porque él es la fuerza y el poder de su pueblo, porque él es la salvación.

Alertada por la fe, la comunidad adivina el cántico que resuena en el corazón de la viuda de Sarepta, la bendición que llena la casa de la viuda de Naín, y se une a los clamores de fiesta que se oyen en la Jerusalén del cielo; allí “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar”, gentes de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, “gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Con todos los redimidos vamos diciendo: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado… sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”.

Ése es, Iglesia cuerpo de Cristo, el salmo de tu Pascua con Cristo, de tu liberación en Cristo, de tu redención por Cristo; ése es el salmo de tu resurrección, de tu divinización, de tu comunión con la eternidad de la dicha en Cristo resucitado.

Deja que la fe busque palabras para la novedad de tu canto: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte”.

A tu Pascua, Iglesia cuerpo de Cristo, a tu fiesta y a tu canto se unen los pobres para quienes Dios se hizo evangelio. Nadie diría que están ahí; puede que tú misma no hubieses tampoco reparado en ellos; pero son los primeros entre tus hijos, bautizados en las fuentes de la compasión todopoderosa de tu Dios. Me refiero a los descartados por el poder, a los invisibles para los epulones, a las víctimas sacrificadas en el altar de nuestra opulencia y de nuestros privilegios; hablo de los condenados a la clandestinidad, de hombres y mujeres que la legalidad ha hecho ilegales, perseguidos, acosados, irregulares; hablo de los lázaros, de quienes Dios ha querido ser redentor y recompensa, justicia y bienaventuranza.

Puede que no sepas cómo, pero sabes que están contigo y que, en Cristo resucitado, entonas con ellos el mismo salmo de alabanza, porque Cristo es su vida, su Pascua, su destino; Cristo es también para ellos la esperanza que ningún egoísmo, ninguna crueldad, ningún odio pueden hacer vana.

Hoy resuena en los campamentos de los pobres un “no llores” que es compromiso de Dios con la vida de cada uno de ellos, un “no llores” que, en la celebración de la comunidad eclesial, anticipa la dicha eterna de la ciudad santa, cuando Dios “enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido”. Con toda razón podemos decir: Feliz domingo, amados de Dios.

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Siempre en el corazón Cristo.
 
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

Y SE LE CONMOVIERON LAS ENTRAÑAS

 

Escrito por  Carmen Soto

 

El evangelio de Lucas nos recuerda una historia conmovedora que narra el encuentro de Jesús con una mujer viuda que acaba de perder a su hijo único. El relato además de mostrar una acción poderosa de Jesús nos invita a preguntarnos por qué y para que Jesús actuó así, cual es el mensaje fundamental que el autor nos quiere ofrecer.

 

Jesús acababa de llegar a las puertas de la ciudad de Nain procedente de Cafarnaúm, un viaje que suponía haber recorrido unos 62 km posiblemente caminando. Junto a él iban su discípulos/as y mucha gente que había dejado sus casas atraída por la palabra y actuación de Jesús. Al entrar se cruzan con el entierro del hijo único de una viuda pobre. Jesús, cansado del viaje e inmerso en el bullicio de la gente que venía con él, es capaz de centrar su atención en la mujer que sufre.

 

El hecho de que sea viuda acrecienta su horizonte de desesperación, pues está enterrando a su único hijo varón, el único que podía asegurarle un futuro. Las viudas se encontraban entre los sectores de población más vulnerables y más necesitados de ayuda (Dt 22, 22-23; Sal 94, 6; Is 1, 23; Job 22,9; Mt 12, 40, Lc 18,  3-4… etc). Como mujeres no tenían voz en la sociedad, pero si además carecían de un varón adulto que pudiese sostenerlas, no solo económicamente, sino jurídica y religiosamente estaban abocadas a la pobreza y a la marginación. En el Antiguo Testamento se evidencia con frecuencia como Dios clama en su defensa y urge a su pueblo a un comportamiento ético frente a ellas (Ex 22,21; Dt 10,18; 24, 17-21…etc).

 

Jesús al mirarla, es consciente de todo esto. Sabe de su vulnerabilidad pero también del lugar que tiene en el corazón de su Padre. Al encontrarse con ella se le conmueven las entrañas. Muchas veces en el Antiguo Testamento se expresa la actuación misericordiosa de Dios con el símbolo de las entrañas maternas porque tiene una gran capacidad para evocar el amor hondo y gratuito. Al visibilizar el sentimiento de Jesús el texto nos muestra que lo que ocurre en él es algo más que lastima. La mujer ha perdido el fruto de sus entrañas y a él se le conmueven las entrañas ante su dolor.

 

El encuentro con la viuda lleva a Jesús a traducir su sentimiento en acción salvadora. Toca el féretro ignorando las normas de pureza y devolviendo a la vida al joven recupera también la de la madre y ofrece un futuro a ambos. Jesús actúa movido por la misericordia del Padre que le brota de las entrañas, de los más hondo de su ser. Ahí donde él también se siente hijo y enviado a hacer visible el amor liberador de Dios.

 

Todos/as los que presencian la escena reconocen que Dios ha visitado a su pueblo y lo ha hecho a través del dolor de una mujer viuda. El amor y la misericordia de Dios, no es un principio religioso, es praxis liberadora concreta. Jesús así lo muestra dejándose afectar por el dolor de quien más sufre y actuar para liberar y salvar por encima de  cualquier límite social o religioso. 

 

 

 

TRINIDAD

 

 

 

Con el paso del tiempo las personas vamos aprendiendo que el amor tiene nombre. Al nacer miramos ,callamos y aprendemos que el amor tiene nombres que, poco a poco, vamos pronunciando (mamá, papá, tato,nene…)Una lista de amor que se va alargando a medida que palpamos ese amor en otras personas. Porque el amor, aunque innombrable, no es abastracto, tiene rostro, manifestaciones, vida, va y viene, nos alimenta y lo alimentamos. Un niño paga todas las preocupaciones de sus padres con una sonrisa, un balbuceo, una mirada de paz, un beso ,una manita que dice algo así como adiós.La Santísima Trinidadno es un crucigrama para cristianos eruditos, ni un imposible teorema matemático de tres en uno, con nombre de lubricante. Confesamos con él que nuestro Dios es un amor tan grande que es inabarcable y todo nombre se le queda corto.La Trinidad es esa casa de Dios que los hombres, sin El, no podemos construir “ Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles”. Y es que es imposible construir una casa cuando quienes la diseñan, la financian, la construyen han despreciado la piedra angular: “ Jesús es la piedra que desechasteis vosotros los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular.

 

Es por eso, aplicando el sentido de esta solemnidad a nuestras circunstancias y vivencias, que sorprende ver que existan tantos cristianos acríticos y tan disciplinados para con los dictámenes de quienes pretenden construir un mundo sin Dios o contra El ( sin humanidad y contra ella) y sigan vociferando contra quienes, con verdad y libertad, son las nuevas voces proféticas a quienes no se les da voz en los grandes foros de nuestro mundo.Jesús nos ha abierto la puerta que un pecado cerró. Es la primera piedra de un edificio nuevo, el hogar de la Trinidad entre nosotros. Pero no es una casa terminada, porque nos llama a cada uno a ser piedra vivas de ese nuevo hogar. El Padre el Hijo y el Espíritu Santo, bajo quienes hacemos nuestra señal de cristianos, en cuyos nombres comenzamos, a diario, la Eucaristía y con cuya bendición la terminamos, son nuestra casa, nuestra nostalgia, nuestro origen y nuestro destino. La Trinidad casa de amor y comunión; de concordia u de paz, de belleza y bondad, de justicia y verdad, de luz y de vida.No perdió sus años Jesús lamentándose de la maldad del mundo de su época. No fue un profeta de calamidades, ni un nihilista radical, ni un pesimista irredento. El caminó por otros senderos: predicando y realizando la Buena Noticia del Reino: los ciegos ven, los sordos oyen……Bienaventurados… En sus palabras y obras hay mucho más de canto y de esperanza que queja y desconsuelo

 

Es tanto lo que hay por hacer que no nos esta permitido perder el tiempo en jeremiadas o acusaciones mutuas. La confusión y sus pregoneros siempre han tenido fecha de caducidad. A nosotros, cada uno en la medida de sus posibilidades, nos corresponde hacer verdad su mensaje y su vida, dejando que el Espíritu, que sopla donde quiere, nos lleve hasta le verdad plena.Que cada uno de nosotros y cada una de nuestros grupos , comunidades, familias, como prolongación hoy de la comunión trinitaria, como piedras vivas de su casa estrenada en la historia de cada día, ofrezcan ante el mundo con nitidez el insólito y necesario espectáculo de la bienaventuranza, de la gracia y de la felicidad.Vinculada a esta fiesta, la Iglesia nos invita rezar hoy- jornada pro orantibus- por todas las personas que han sido llamados por el Espíritu, a vivir sin figurar, a no existir.. por las vocaiones consagradas a la contemplación del misterio de amor que es Trinidad. Personas consagradas a la vida contemplativa, cuya rentabilidad, sólo puede ser ponderada con criterios non rentables: ocultamiento,silencio, oración, palabra que no se oye….como escribía D. Ramón en sus Cartas a Valerio: lo esencial del árbol está en las raíces, precisamente lo que no se ve. Lo esencial es invisible a los ojos. Probablemente han elegido la mejor parte.

 

Por Misericordia de Dios soy aceptado

V T-O-C

 

Lucas ha colocado la llamada a los primeros discípulos en un lugar distinto al que o habían hecho Mt y Mc; en éstos ha aparecido antes de empezar Jesús sus actividades de la vida pública; Lc la sitúa después de la presentación de Jesús en Nazaret, de su primeros signos y milagros y de la pesca milagrosa, en el lago de Genesaret. Y ello para explicar mejor la pronta respuesta de los discípulos. Por eso, el pasaje de hoy es todo un relato teológico, sobre una base histórica ( la enseñanza de Jesús a orillas del lago, la profesión de los primeros discípulos; la veces que Jesús y ellos anduvieron por el lago, pescaron y charlaron entre sí.

 

Como relato teológico nos esclarece la iniciativa divina, la profunda experiencia que acompaña a la fe, la generosidad e incondicionalidad de la respuesta humana; la estrecha unión entre fe y envío misionero, el impuso misionero de los primeros cristianos

 

El encuentro y la llamada fueron tan fuertes que trocaron sus vidas. Se nota en la expresión de Pedro: “ Apártate de mí, que soy un pecador”; en la expresión “estaban pasmados” y en la actitud de “dejar todo y seguirle”. En estos tres elementos se puede resumir la que es el camino de fe. En todas nuestra vidas siempre hay un momento de gracia, en que una “luz interior” no aclara y nos descubre nuestra indigencia, pobreza y pecado. Son momentos de transparencia que nos dejan temblando el corazón y nos llevan a balbucear palabras parecidas a la de Pedro: Señor, apártate de mi, no soy digno de ti”. Y justo entonces cuando Jesús nos responde: NO TEMAS. No debemos temer descubrir la verdad de Dios y la verdad de nuestra vida, pobre y oscura, ante quien nos ha buscado y elegido. CREER ES ACEPTAR SER ACEPTADOS PESE A SER INACEPTABLES.Siempre LA INICIATIVA PARTE DE JESUS: llama a quien quiere, al margen de nuestros sentimientos de fracaso, cansancio e ineptitud. Jesús siempre asume las realidades humanas, pero las cambia de rumbo. Además es Jesús el que puede hacer eficaz nuestro esfuerzo: “Jefe, hemos pasado toda la noche bregando y no hemos cogido nada; pero fiado en tu palabra, echaré las redes”. Y sólo por eso, por habérselo pedido Jesús, aunque probablemente conociera menos que ellos las condiciones de pesca del lago, echan las redes. Bajo sus órdenes el resultado es totalmente diferente: “Capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes” Y no solo cambia el resultado de su actividad; también , la actitud y la orientación de las personas y las obras: Desde ahora lo que pescarás serán hombres” Simón Pedro y su grupo dejan los valores por los que se movían le dan una vuelta de tuerca a sus vidas.

 

En el pasaje, hay además, otra enseñanza importante: fe y misión son una única llamada. Creer es sentirse enviado. El simbolismo de la pesca, tal vez poco feliz para nuestros oídos, vienen a expresar dos mensajes fundamentales: primero que los cristianos somos, todos, llamados a construir el reino de Dios ya anunciar la buena noticia; que formamos una comunidad activa cuya misión, como reza el título de nuestro PPD, es fortalecer y transmitir la fe. Segundo, que las redes del reino de Dios tienden a abrazar toda la humanidad, sin distinciones; que todo. Aún sin formar parte de la Iglesia de forma consciente y práctica, deben sentirse acogidos y amados por el Dios de la misericordia. A la vez, Lc da testimonio de la vitalidad misionera de las primeras comunidades. Sin recursos, en una cultura y ambiente hostil, pero fiados en Jesús llegarán hasta los confines del mundo conocido por entonces. A l tiempo que nos interpela a nosotros: con más medios y más personas, ¿por qué estas comunidades alicortas, sin vida, si energías, mortecinas? La razón podemos encontrarlas en muchos sitios, sin olvidar la falta de momentos, espacios y ocasiones para favorecer en el encuentro con Quien también hoy nos exhorta: pese a lo difícil de la tarea, NO TEMAIS.

 

 

 

Una omisión profética e insidiosa

La reacción de los paisanos de Jesús tras su intervención en la sinagoga de Nazaret, del domingo pasado, se pudo deber al recorte que hace al texto de Isaías, eliminando del original la alusión al juicio y la venganza de Yavhé. El auditorio estaba compuesto en su mayoría por judíos palestinos y no faltaría algún que otro celota- nacionalistas radicales y violentos contra la dominación romana. En ambos casos el escándalo que producen sus palabras se debe a que sólo pronunciase, para describir la llegada de los tiempos mesiánicos, palabras y mensajes positivos- curación, liberación y gracia- sin referirse a ningún tipo de castigo, condena ni contra ellos ni contra habitantes de otras regiones. Sólo con esto, hubiera sido explicable la creciente hostilidad de los nazarenos que refleja el texto, hasta tratar de despeñarlo por un torrente. Pero, por si era poco, Jesús recurre a dos personajes paganos, un militar sirio y una viuda fenicia, para ponerlos como ejemplo de la receptividad de los gentiles similar a la que sus antepasados habían mantenido con los antiguos profetas; también ellos quieren matar el mensajero y evitar su mensaje. El evangelista quiere que no quede duda alguna de que la misión y el mensaje de Jesús está en las antípodas de los ellos esperan y por eso lo rechazan.

 

Como entonces, tampoco nuestro corazón es tan grande como para entender la incalculable generosidad y el ilimitado perdón de Dios.. Y fruto de ello es nuestra incapacidad para aceptar opciones de vida y planteamientos que no coincidan con los nuestros.

 

Como entonces, también nosotros esperamos lo espectacular y milagroso; los golpes de mano de Dios y nos viene largo el mensaje de salvación que nos trae Jesús, algo tan humano, cercano, a ras de tierra como es el amor del que nos habla Pablo en la segunda lectura. Todo lo sublime que Pablo dice sobre este amor, ha sido verificado hecho presente y eficaz por alguien que asumió nuestra naturalidad y normalidad para llevarlo a cabo y, precisamente por medio de ella: Jesucristo el Señor. Un mesianismo, contra todo pronóstico, de amor, gracia, perdón que es el que nos abre y señala nuestro camino. Como entonces, también hoy a nosotros nos resulta difícil aceptar a un Dios que valore lo que no cabe en nuestra forma de entender y vivir la religión. Tal vez no lleguemos al extremo, como entonces, que pretendamos despeñar por un barranco a Jesús, pero hay formas más sutiles de quitarlo de en medio: descalificar o eludir sus exigencias como utópicas, ilusorias e irrealizables.

 

 

 

Aún es tiempo, incluso en una sociedad realista y poco esperanzada, para que surjan quienes nieguen que la frescura y originalidad del mensaje se van agostando; para que haya vidas que se deshagan pero en la vivencia de ese amor que “nunca se acaba”. Cada Eucaristía hace presente el mismo Señor que anunció un año de gracia y salvación, que se hermanó a nuestra carne y, que nos repite también hoy: ”todavía hay tiempo”, ha cumplido, se cumple esta palabra.

 

 

 

 EN LA MISMA DIRECCIÓN : en al año de la misercordia

Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Lucas quiere dejar muy claro a sus lectores cuál es la pasión que impulsa al Profeta de Galilea y cuál es la meta de toda su actuación. Los cristianos han de saber en qué dirección empuja a Jesús el Espíritu de Dios, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección.
 
Lucas describe con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo: se pone de pie, recibe el libro sagrado, busca él mismo un pasaje de Isaías, lee el texto, cierra el libro, lo devuelve y se sienta. Todos han de escuchar con atención las palabras escogidas por Jesús pues exponen la tarea a la que se siente enviado por Dios.
 
Sorprendentemente, el texto no habla de organizar una religión más perfecta o de implantar un culto más digno, sino de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. Esto es lo que lee. «
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor ». Al terminar, les dice: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».
 
El Espíritu de Dios está en Jesús enviándolo a los pobres, orientando toda su vida hacia los más necesitados, oprimidos y humillados. En esta dirección hemos de trabajar sus seguidores. Ésta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere imprimir a la historia humana. Los últimos han de ser los primeros en conocer esa vida más digna, liberada y dichosa que Dios quiere ya desde ahora para todos sus hijos e hijas.
 
No lo hemos de olvidar. La "opción por los pobres" no es un invento de unos teólogos del siglo veinte, ni una moda puesta en circulación después del Vaticano II. Es la opción del Espíritu de Dios que anima la vida entera de Jesús, y que sus seguidores hemos de introducir en la historia humana. Lo decía Pablo VI: es un deber de la Iglesia "ayudar a que nazca la liberación...y hacer que sea total".
 
No es posible vivir y anunciar a Jesucristo si no es desde la defensa de los últimos y la solidaridad con los excluidos. Si lo que hacemos y proclamamos desde la Iglesia de Jesús no es captado como algo bueno y liberador por los que más sufren, ¿qué evangelio estamos predicando? ¿a qué Jesús estamos siguiendo? ¿qué espiritualidad estamos promoviendo? Dicho de manera clara: ¿qué impresión tenemos en la iglesia actual? ¿estamos caminando en la misma dirección que Jesús?

 

Que no se queden sin el gozo haced lo que Él os diga

ALEGRÍA Y AMOR

Según el evangelista Juan, Jesús fue realizando signos para dar a conocer el misterio encerrado en su persona y para invitar a la gente a acoger la fuerza salvadora que traía consigo. ¿Cuál fue el primer signo?, ¿qué es lo primero que hemos de encontrar en Jesús?

El evangelista habla de una boda en Caná de Galilea, una pequeña aldea de montaña, a quince kilómetros de Nazaret. Sin embargo, la escena tiene un carácter claramente simbólico. Ni la esposa ni el esposo tienen rostro: no hablan ni actúan. El único importante es un «invitado» que se llama Jesús.

Las bodas eran en Galilea la fiesta más esperada y querida entre las gentes del campo. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas de boda y cantando canciones de amor. De pronto, la madre de Jesús le hace notar algo terrible: «no les queda vino». ¿Cómo van a seguir cantando y bailando?

El vino es indispensable en una boda. Para aquellas gentes, el vino era, además, el símbolo más expresivo del amor y la alegría. Lo decía la tradición: «el vino alegra el corazón». Lo cantaba la novia a su amado en un precioso canto de amor: «Tus amores son mejores que el vino». ¿Qué puede ser una boda sin alegría y sin amor?, ¿qué se puede celebrar con el corazón triste y vacío de amor?

En el patio de la casa hay «seis tinajas de piedra». Son enormes. Están «colocadas allí», de manera fija. En ellas se guarda el «agua» para las purificaciones. Representan la piedad religiosa de aquellos campesinos que tratan de vivir «puros» ante Dios. Jesús transforma el agua en vino. Su intervención va a introducir amor y alegría en aquella religión. Ésta es su primera aportación.

¿Cómo podemos pretender seguir a Jesús sin cuidar más entre nosotros la alegría y el amor?, ¿qué puede haber más importante que esto en la Iglesia y en el mundo?, ¿hasta cuándo podremos conservar en «tinajas de piedra» una fe triste y aburrida?, ¿para qué sirven todos nuestros esfuerzos, si no somos capaces de introducir amor en nuestra religión? Nada puede ser más triste que decir de una comunidad cristiana: «no les queda vino».

“Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”:



Las de la profecía de Daniel son palabras para “tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora”. Las del evangelio lo son para los días que vendrán “después de la gran angustia”, días de regreso de la tierra al caos primordial, cuando sol y luna no la iluminaban y los astros no ocupaban sus órbitas en el cielo.

Pero profecía y evangelio remiten a tiempos que, por misteriosos y lejanos, difícilmente percibiremos en la comunidad eclesial como angustiosos y como nuestros.

De ahí la necesidad de escuchar profecía y evangelio desde el dolor de las víctimas, desde el caos en el que todas ellas deambulan, como si sus vidas y su mundo no formasen ya parte de la creación de Dios.

Desde el abismo, Jesús de Nazaret se preguntaba: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Desde lo hondo, el emigrante se preguntaba y me preguntaba “si Dios había creado también a los negros”.

Necesitamos escuchar profecía y evangelio desde el no mundo de los pobres, desde la noche de los crucificados, desde el árbol seco de los malditos, desde la angustia de los excluidos de la paz, desde el temblor de hombres, mujeres y niños entregados a la intemperie de una tierra informe y vacía.

Sólo quienes todo lo han perdido, Jesús de Nazaret el primero, y con él todos los excluidos de la creación y devueltos al caos , sólo ellos pueden reconocer en Dios su todo, y poner en su Creador toda esperanza de ser.

En comunión con Cristo y con los pobres, también nosotros aprendemos a decir las palabras del salmo: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”.

Y en esa admirable comunión tu corazón sabrá que “el Señor es el lote de tu heredad”, todo tu ser sabrá que tu suerte está en la mano de tu Señor. “Por eso se te alegra el corazón, se gozan tus entrañas, y todo tu ser descansa sereno”.

Hoy, en Cristo, Dios te sacia de alegría.

Feliz domingo, Iglesia amada del Señor.

Santiago Agrelo arzobispo de Tánger

Ocho de noviembre, domingo XXXII de tiempo ordinario.

“Compartir lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla”  (Papa Francisco)


Llegó una viuda pobre y echó unas monedillas de muy poco valor. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que todos los demás

Los ojos de Jesús nos observan, sentado frente al cepillo del templo del mundo, para contemplar la generosidad o escualidez de nuestras limosnas, habitualmente bien menguadas. Y observó que cuando las viudas dan limosna, no tocan las trompetas como los hipócritas y que, en su indigencia, dan cuanto tienen para poder seguir viviendo.

La Sagrada Escritura nos las presenta como ejemplo. Una, la que ofrece al templo lo que tiene. Otra, la de Sarepta, que le da a Elías la torta que había cocido en las cenizas para su hijo y para ella (1 Reyes 17, 9-13). Así el humilde óbolo de ambas cayó sin alharacas desde el rubor de la pobreza en el cepillo. Cuando lo abrieron, todas la monedas eran de cobre menos las de las viudas, que a los ojos de Jesús brillaban más que el oro.

¿Qué dieron, por qué y cómo? Dieron de lo que ellas y los suyos necesitan en la vida porque ayudar a otros más necesitados les apremiaba la conciencia. Y lo hicieron con toda discreción, como aconseja el Evangelio en Marcos: “Cuando tú hagas limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”  (Mc 6, 3). La pintura universal recoge su gesto silente y generoso con Gustave Doré (1832-1883) o con Bernardo Strozzi (1581-1644).

Mujeres sencillas -pobres en palabras, ricas en sentimientos- de las que el  apóstol Santiago nos recuerda en su Carta lo importante que es llevar a la práctica la palabra, y no dejar vacío de obras nuestro cacareado cristianismo“Una religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es cuidar de huérfanos y viudas en su necesidad” (Sant 1, 27).

Y huérfanos y viudas son los emigrantes que cada día y noche desembarcan en las costas de Europa, las prostitutas que ofrecen su cuerpo en los burdeles, los que piden techo y alimento a las hermanitas de los pobres, las aguas y el aire contaminados de ríos y ciudades, los sufridores todos de tantas injusticias terrenales. No es humano seguir respondiendo a su llamada con un sonoro antievángélico “¡Que Dios le ampare, hermano!”   

¿Puede alguien acaso todavía irse a dormir tranquilo como antaño, pensando que con su desnudez, su sed, su hambre, estos hermanos nuestros de acá abajo serán premiados por Dios y ganarán el cielo? ¿Hasta cuándo podemos continuar sordos al grito del Padrenuestro: “Danos, Señor, el pan de cada día”, e irnos a dormir con la hipócrita esperanza, de que Dios bajará, de no sabemos dónde, presto a socorrerlos con una tienda de campaña y mesa puesta y bien servida de bienaventuranzas suculentas y apetitosas obras de misericordia? ¿No dejó Jesús claro en Mateo 12, 46-50, quiénes de verás son nuestros hermanos?

Esta plegaria del jesuita Luis Espinal (1932-1980), de claras resonancias evangélicas, nos puede ayudar a comprenderlo: Dios Supremo, te damos gracias porque te podemos hallar en el mundo. No allá sobre las nubes. Te podemos amar y adorar en estas personas que nos rodean y que tanto sufren”.

Domingo XXX.   tiempo ordinario.

No hay peor ciego...

Era la ceguera frecuente en el Oriente: el desierto, el polvo, la falta de higiene y el gran resplandor de la luz solar se encuentran entre las causas En los evangelios muchos ciegos- concreción más apurada de la miseria, el desamparo y la falta de expectativas: sólo pueden mendigar, son ciegos por necesidad y por oficio- son curados por Jesús. Marcos coloca el relato al final del capítulo diez cuando termina la subida de Jesús a Jerusalén con una intención clara: la curación del ciego Bartimeo(hijo de Timeo) que se encuentra dependiente y solo; y otro despreciado, Jesús, (es la luz y la posibilidad de recrear y reconducir toda una vida) es una severa crítica a la falta de fe de sus discípulos; a su incomprensión y torpeza: se han opuesto sistemáticamente a Jesús cuando les ha hablado de lo que significa dar la vida, hacerse los últimos, servidores de todos para entrar en el Reino. La pregunta de Jesús al ciego es la misma que dirigió a los hijos del Zebedeo el domingo anterior: ¿ Que quieres o queréis que haga por ti? Sabemos lo que pidieron Santiago y Juan. Por eso el relato de hoy no es sólo el de una prodigiosa conversión y el de un espectacular milagro, es una catequesis perfecta que nos invita al cambio y nos urge a la conversión. El ciego está falto de luz; sentado al borde del camino no puede caminar más se encuentra despistado, sin trayectoria posible, sin futuro y sin esperanza. Es mendigo, su vida depende de los demás. Pese a este dechado de contingencias hay un rescoldo de fe que le lleva a rehacerse y atreverse a pedir a gritos la ayuda del nazareno.

La misma pregunta de Jesús a ambos acentúa la diferencia de la respuesta: Los Zebedeos le piden un cargo relevante; Bartimeo: ver...para seguirlo. Es clara la intención del evangelista: primero dice que ¡tirando el manto, se acercó…Cuando es curado “Lo siguió por el camino” Justo antes de empezar el relato de la Pasión, en este contexto, el ciego se convierte en modelo de seguidor porque tiene arrojos para gritar, pedir, creer en la fuerza de Jesús y dejándolo todo- un manto lleno de carroña- ponerse en camino tras él. Es una curación ejemplar: expresa el paso del alejamiento ( al borde del camino) a la proximidad (se acercó a Jesús); de la pasividad (estaba sentado) a la acción (lo siguió por el camino); de la marginación ( muchos le regañaban), a al liberación (recobró la vista). Es el proceso del convertido: reconocer su situación, orar con humildad; dejarse interpelar por él, abrir los ojos y comprometerse en el seguimiento. No creyó por ser curado, fue curado porque creyó .

Dos personajes en distinta situación nos enseñan hoy: el del ciego, que puede representar a cada uno de nosotros, convencidos de nuestra precariedad y deseosos de, pese a todo, salir de la postración. Jesús que , pese a la premura de los acontecimientos que se le vienen encima, no le impone con prisas su voluntad, sino que le pregunta La respuesta- un prodigio de fe: que vuelva a ver- , es la causa del milagro. Y una última reflexión: también hoy, indigentes, angustiados, trágicamente marginados, se dirigen a nosotros en busca de una actitud de cercanía y compasión: ¿ Qué hacemos nosotros? ¿ O tenemos demasiadas prisas para detenernos ante tanto dolor concentrado

Francisco Aranda.

Domingo XIX. Día del DOMUND: Misioneros de la Misericordia.

"VOSOTROS; NADA DE ESO".

En lo que piensa Jesús

Todo comienza con el tercer anuncio de la pasión y resurrección, que no se lee, pero que es fundamental para entender lo que sigue. Jesús repite una vez más a los discípulos que los sumos sacerdotes y los escribas lo condenarán a muerte, lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, le escupirán, azotarán y matarán.

En lo que piensan Santiago y Juan: Presidente del Gobierno y Primer Ministro

Igual que en los casos anteriores, al anuncio de la pasión sigue una muestra de incomprensión por parte de los apóstoles: Santiago y Juan, dos de los más importantes, de los más cercanos a Jesús, ni siquiera han prestado atención a lo que dijo. Mientras Jesús habla de sufrimiento, ellos quieren garantizarse el triunfo: “sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. “En tu gloria” no se refiere al cielo, sino a lo que ocurrirá “en la tierra”, cuando Jesús triunfe y se convierta en rey de Israel en Jerusalén: quieren un puesto a la derecha y otro a la izquierda, Presidente de Gobierno y Primer Ministro. Para ellos, lo importante es subir.

La respuesta de Jesús, menos dura de lo que cabría esperar, procede en dos pasos. En primer lugar les recuerda que para triunfar hay que pasar antes por el sufrimiento, beber el mismo cáliz de la pasión que él beberá. No queda claro si Juan y Santiago entendieron lo que les dijo Jesús sobre su cáliz y su bautismo, pero responden que están dispuestos a lo que sea. Entonces Jesús, en un segundo paso, les echa un jarro de agua fría diciéndoles que, aunque beban el cáliz, eso no les garantizará los primeros puestos. Están ya reservados, no se dice para quién.

La reacción de los otros diez y la gran enseñanza de Jesús

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”. ¿Por qué se indignan? Probablemente porque también ellos ambicionan los primeros puestos.

Jesús aprovecha la ocasión para enseñarles cómo deben ser las relacio­nes dentro de la comunidad. En la postura de los discípulos detecta una actitud muy humana, de simple búsqueda del poder. Para que no caigan en ella, les presenta dos ejemplos opuestos:

1) el primero, que no deben imitar, es el de los reyes y monarcas helenísticos, famosos por su abuso del poder: "Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las opri­men".

2) el segundo, el que deben imitar, es el del mismo Jesús, que ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

En medio de estos dos ejemplos queda la enseñanza capital: “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”. En la comunidad cristiana debe darse un cambio de valores absoluto.

Pero esto es lo que debe ocurrir “entre vosotros”, dentro de la comunidad. Jesús no dice nada a propósito de lo que debe ocurrir en la sociedad, aunque critica indirectamente el abuso de poder.

J. Luis Sicre

Domingo XXVIII del tiempo ordinario

Una cosa me falta; me sobran demasiadas.

Un paso en la fila


Lo has oído en la palabra sapiencial: cetros y tronos no se equiparan a la sabiduría, salud y belleza no son tan deseables como ella, la riqueza es nada frente a ella, el oro es un poco de arena, la plata vale lo que el barro.

Ahora, donde el autor sagrado escribió “sabiduría”, tú has aprendido a leer “Cristo crucificado”, “escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados –judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.

Y vuelves a leer la palabra sapiencial: “no le equiparé la piedra más preciosa”… me propuse tener por luz al que es la Luz; con ella “me vinieron todos los bienes juntos”, pues en Cristo Jesús fui bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

A quienes el Señor concede esa sabiduría, los sacia de misericordia. Tú, Iglesia cuerpo de Cristo, conoces de cerca la luz de ese misterio, pues habiendo conocido por la fe a tu Señor, has reconocido en él la misericordia de Dios que te ha visitado y redimido, y que ha llenado de alegría tu vida entera.

Hoy, en medio de ti, resuenan las palabras de la misericordia hecha carne: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”.

Confieso que al transcribir esa llamada de Jesús, algo dentro de mí decía: “no lo hagas”, pues sólo conseguirás escandalizar a quien escuche esas palabras; “no lo hagas”, pues los llamados fruncirán el ceño y se alejarán pesarosos, como el joven del relato evangélico, que así se marchó “porque era muy rico”; “no lo hagas”, pues sonará a lenguaje duro y alejará de Jesús a los pocos seguidores que aún le quedan.

Pero las del evangelio son palabras ineludibles, y nos emplazan a manifestar qué es lo que realmente cuenta para nosotros. El sabio había dicho: “al lado de la sabiduría, todo el oro es un poco de arena”. El rico del evangelio entiende, sin embargo, que, si ha de optar, es preferible el oro a la sabiduría.

Lo sepamos o no, cada día escogemos entre riquezas y Cristo. Escogen la tristeza atroz de sus bienes las mafias que engordan con el sufrimiento de los pobres, las empresas que multiplican beneficios con la sangre de los trabajadores, los gobiernos que sanean cuentas pisoteando la dignidad de las personas, los privilegiados –el 10% de la población mundial- que nos hemos erigido en dueños de los recursos del planeta y condenamos a vivir en la miseria a gran parte de la humanidad.

Esa opción que tan natural nos parece entre riquezas y Cristo, entre bienes y pobres, es el seno en el que se gestan la corrupción, la explotación, la violencia, la mentira…

Y a todo eso –mentira, violencia, explotación, corrupción- se supone que renuncio hoy, si oída la llamada del Señor, doy un paso en la comunidad y me pongo en la fila de la comunión; Dios habrá hecho posible lo imposible para el hombre: ¡que entremos con Jesús en el Reino de Dios!

Monseñor Agrelo.

domingo xxvii del tiempo ordinario "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este pecepto...Al principio Dios los creó hombre y mujer..." (Mc 10,5)


Los fariseos no pretenden una respuesta aclaratoria, sino poner a prueba a Jesús. El divorcio, entre los israelitas, se regula por Dt. 24, 1-4(era suficiente que el marido descubriese “algo vergonzoso” en la mujer, para presentar acta de divorcio) que concedía fácilmente el divorcio sólo al hombre lo que resultaba denigrante para la mujer. Las escuelas rabínicas del tiempo de Jesús no ponían en duda el divorcio, sino los motivos del mismo.

Jesús no entra en discusiones de escuela, se dirige al fondo de la cuestión y critica la práctica judía y la misma norma de Moisés, en cuanto se aparta del proyecto original de Dios. Y explica su actitud: “por la dureza de vuestros corazones” ya que Dios los pensó iguales y uno para el otro; igualdad provocativa para los judíos y “curiosa” para los grecorromanos. Jesús propone un estilo de vida alternativo para la pareja y lo fundamenta en el proyecto creador de Dios; quiere dibujar una comunidad cristiana familiar, comprometida a fondo con el amor que se entrega y la igualdad de la pareja; donde cuentan los derechos del débil, del pequeño, del niño.; donde prevalezca la renuncia y la apertura a la gratuidad. En este sentido, la alusión a los niños esclarece todo el párrafo. Para quienes entienden que el Reino es cosa de adultos, con muchos méritos acumulados, Jesús reacciona de forma sorprendente: El Reino sólo debe ser “recibido”; es pura gratuidad. Por tanto, la única actitud apta es la de los niños: confianza, dependencia, necesidad y apertura. Es el Reino de los que no cuentan. También Jesús corrige la conducta de los discípulos, incapaces de asumir que los preferidos del Reino son aquellos de los que no cabe esperar nada, sino entregarlo todo.

Complejo y rico el texto de hoy, donde Jesús, proclama la grandeza permanente del matrimonio, la igualdad esencial del hombre y de la mujer y la centralidad de la condición de niños para entrar en el Reino. Nos presenta tres puntos de mira: a) desde la Iglesia para poder aproximarse a tan dolorosas situaciones: b) de forma positiva: desde la afirmación paulina que el amor todo lo supera y c) desde la perspectiva de los hijos, consecuencia del proyecto de amor del varón y la mujer. Es claro que el plan de Dios es que el hombre no esté solo “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. En la liturgia matrimonial se recoge “en la salud y en la enfermedad, en las tristezas y la las alegrías todos los días de nuestra vida”. Es decir, el compromiso mutuo es mantener y ponderar la grandeza y permanencia de un amor capaz mantenerse fiel, pese a las dificultades de la vida y en una cultura poco dada a los compromisos definitivos.

Con frecuencia este proyecto, con buena voluntad y con conocimiento de causa, fracasa. Caben dos reflexiones:1) La situación de estabilidad de la pareja no es tan pesimista como con frecuencia se nos muestra (“la familias felices no tienen historia”). 2) Ni la situación de tiempos anteriores era tan positiva como algunos pretenden. Están cambiando los componentes sociológicos de forma clara: El acceso de la mujer al mundo laboral, la reivindicación de sus derechos y el incremento de la esperanza de vida han cambiado en una sociedad del “usar y tirar” El relato evangélico aporta un punto de vista importante: Jesús responde situándose al margen del casuismo y entrando en espíritu de la ley: por vuestra cerrazón concedió esto Moisés, antes no era así, y recurre al texto fundacional del libro del Génesis. La Escritura, tradición, y el magisterio mantenido de la Iglesia no dejan lugar a dudas: el matrimonio, entre un hombre y mujer, que simboliza el amor de Dios al mundo y de Cristo a su Iglesia, tiene vocación de permanencia, fidelidad y unicidad. Entender y asumir esto implica tener un corazón limpio, como el de los niños. Es la condición par aceptar los valores del Reino.


Domingo xxvi del tiempo ordinario "Un exorcista sin credenciales"


Es probable que en tiempos de Jesús y cercanos a él, taumaturgos, videntes, exorcistas y curanderos -judíos y griegos- utilizasen su nombre en las prácticas de curación y de expulsión de demonios. Las primeras comunidades creen que deben impedirlo y, en este sentido, con intolerancia e intransigencia se atribuyen el monopolio sobre Jesús, tratando de parar a los que actúan al margen del grupo, especialmente si tienen éxito.

El episodio del exorcista sin credenciales nos muestra a Jesús tratando de evitar estos riesgos entre los suyos, pero el relato sirve para ponernos alerta sobre alguno de los rasgos más típicos y peligrosos de cualquier grupo cerrado, exclusivista, elitista incluso al día de hoy: la intransigencia, el temor mezquino a cualquier forma de competencia, el creerse en posesión exclusiva no sólo de la verdad, sino, lo que es peor, de los medios para llegar a ella, el soportar con dificultad la mínima posibilidad de que el Espíritu sople donde quiera... está, por desgracia, a la orden del día entre muchos grupos , también cristianos.

Pero la causa de Jesús, el Reino, supera con creces, los límites de cualquier comunidad y de la misma iglesia, porque ni las primeras comunidades cristianas, ni la Iglesia hoy tienen la exclusiva del proyecto de Dios en el mundo. El espíritu no se acaba ni encierra en grupos o instituciones, sino que es soberanamente libre. El sectarismo y la intolerancia, de tan amplio arraigo en toda comunidad y en todos los tiempos, no tiene sitio ni en la mente ni en el corazón de la comunidad que se dice ser de Jesús. No es de recibo la envidia y el rechazo a que otros puedan hacer el bien,: no son nuestros enemigos, sino nuestros verdaderos hermanos y colaboradores en la expansión del Reino.

La exclusión sectaria, la mirada recelosa hacia el otro son actitudes ajenas a la comunidad de los seguidores de Jesús.

Por eso en el fondo del Evangelio de hoy, del día de las migraciones, un problema con tantas repercusiones y que especialmente nos afecta, podríamos señalar algunos principios irrenunciables:

1) NO al Escándalo , sí a la vida

2) No a las conveniencias del momento, si a la Radicalidad del Evangelio

3) No a la prepotencia, si al respeto

En cualquier caso ser sal y luz, semilla que fermenta, no hoz que ciega; forjadores de caminos de diálogo, comprensión, aceptación y apertura, no promotores y propagadores de incomunicación, rechazo, cerrazón y exclusión

Muy al hilo de los acontecimientos y el día que celebra la Iglesia- de las migraciones- para revisar nuestras actitudes hacia el otro y los otros que cada día en mayor número y más lamentables condiciones tocan a nuestras puertas.

La observación de Jesús en el Evangelio de hoy, “ quien os dé a beber un vaso de agua por razón de que seguir al Mesías, no se quedará sin recompensa, os lo aseguro”, debe resonar en nuestros oídos y penetrar, con todas sus implicaciones, en nuestro corazón.


 

Homilía XXV domingo del tiempo ordinario (ciclo B)

Un exorcista sin credenciales



Es probable que en tiempos de Jesús y cercanos a él, taumaturgos, videntes, exorcistas y curanderos -judíos y griegos- utilizasen su nombre en las prácticas de curación y de expulsión de demonios. Las primeras comunidades creen que deben impedirlo y, en este sentido, con intolerancia e intransigencia se atribuyen el monopolio sobre Jesús, tratando de parar a los que actúan al margen del grupo, especialmente si tienen éxito.

El episodio del exorcista sin credenciales nos muestra a Jesús tratando de evitar estos riesgos entre los suyos, pero el relato sirve para ponernos alerta sobre alguno de los rasgos más típicos y peligrosos de cualquier grupo cerrado, exclusivista, elitista incluso al día de hoy: la intransigencia, el temor mezquino a cualquier forma de competencia, el creerse en posesión exclusiva no sólo de la verdad, sino, lo que es peor, de los medios para llegar a ella, el soportar con dificultad la mínima posibilidad de que el Espíritu sople donde quiera... está, por desgracia, a la orden del día entre muchos grupos , también cristianos.

Pero la causa de Jesús, el Reino, supera con creces, los límites de cualquier comunidad y de la misma iglesia, porque ni las primeras comunidades cristianas, ni la Iglesia hoy tienen la exclusiva del proyecto de Dios en el mundo. El espíritu no se acaba ni encierra en grupos o instituciones, sino que es soberanamente libre. El sectarismo y la intolerancia, de tan amplio arraigo en toda comunidad y en todos los tiempos, no tiene sitio ni en la mente ni en el corazón de la comunidad que se dice ser de Jesús. No es de recibo la envidia y el rechazo a que otros puedan hacer el bien,: no son nuestros enemigos, sino nuestros verdaderos hermanos y colaboradores en la expansión del Reino.

La exclusión sectaria, la mirada recelosa hacia el otro son actitudes ajenas a la comunidad de los seguidores de Jesús.

Por eso en el fondo del Evangelio de hoy, del día de las migraciones, un problema con tantas repercusiones y que especialmente nos afecta, podríamos señalar algunos principios irrenunciables:

1) NO al Escándalo , sí a la vida

2) No a las conveniencias del momento, si a la Radicalidad del Evangelio

3) No a la prepotencia, si al respeto

En cualquier caso ser sal y luz, semilla que fermenta, no hoz que ciega; forjadores de caminos de diálogo, comprensión, aceptación y apertura, no promotores y propagadores de incomunicación, rechazo, cerrazón y exclusión

Muy al hilo de los acontecimientos y el día que celebra la Iglesia- de las migraciones- para revisar nuestras actitudes hacia el otro y los otros que cada día en mayor número y más lamentables condiciones tocan a nuestras puertas.

La observación de Jesús en el Evangelio de hoy, “ quien os dé a beber un vaso de agua por razón de que seguir al Mesías, no se quedará sin recompensa, os lo aseguro”, debe resonar en nuestros oídos y penetrar, con todas sus implicaciones, en nuestro corazón.


 Domingo XXVI del tiempo ordinario (ciclo B)

Quién quiera ser el primero,

que sea el último de todos

 

            Hay textos evangélicos que van a la raíz misma de la sociedad y la  persona, que por mucho que los maquillemos o maticemos , es imposible zafarse de su rotundidad y radicalidad y que están en las antípodas de los criterios y valores que imperan en la sociedad. En una sociedad donde el poder siempre quiere más poder, porque, de lo contrario, pierde poder hasta dejar de ser poder El del evangelio de hoy es uno de ellos: Jesús va desvelando a sus  discípulos el sentido de su misión; ellos ni aceptan ni siquiera escuchan, al contrario, discuten sobre el lugar que cada uno ha de ocupar en el presunto Reino. Son dos discursos contradictorios. Tan opuestos como puede resultar, para nosotros hoy, vivir en una sociedad brutalmente competitiva y no sólo declararse a favor de los que nada cuentan- como era el caso de los niños en Israel - sino asumir como proyecto de vida “hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Es toda una comunidad alternativa la que Jesús propone

            Ante semejante  propuesta, tanto ellos  como a nosotros hoy se nos viene a la cabeza este  reproche  ¿ No se trata de una bella utopía, que no ha lugar aquí y ahora? ¿ no es predicar en el desierto defender, - donde el único criterio para medir el valor de   las personas es el tanto tienes tanto vales-, que  a la vida se llega a través de la muerte o  que la grandeza personal se fragua a base de hacer del otro el centro prioritario y desinteresado de mi atención?.

            Pero podemos devolver contra éstas otras preguntas  ¿no es hora de ir pensando que lo que en verdad constituye una verdadera utopía es imaginarnos que se puede construir un mundo mas humano desde la competencia más feroz, desde la lucha por ser primeros, sin tener en cuenta a los que se van quedando descolgados en inhumana carrera? También podríamos retomar los  interrogantes- de tanta actualidad, por desgracia,-  que hemos escuchado en la carta a Santiago: ¿De donde salen las luchas y los conflictos entre vosotros? ¿ No es acaso de los deseos de placer que combaten en nuestro cuerpo ? CODICIAIS LO QUE NO PODEIS TENER Y ACABAIS ASESINANDO. AMBICIONAIS ALGO Y NO PODEIS ALCANZARLO; ASI QUE LUCHAIS Y PELEAIS.

            La propuesta evangélica no debe entenderse como renuncia a los esfuerzos necesarios para realizarse en la sociedad o exhortación a un estéril quietismo e inmovilismo. Es algo  más profundo: no se trata de abortar los afanes   que nos conducen al bien y al progreso de todos, sino de saber  en qué dirección utilizarlos; de pasar por la vida no en actitud de dominio, de relacionarnos con los demás no como objetos a utilizar,  instrumentos de qué servirnos o rivales a quien vencer, sino de  decantarnos  por el servicio y el amor. Escribía LAIN ENTRALGO que el ser humano sólo tiene tres cosas a las que puede legítimamente llamar “mías”: el esfuerzo, la entereza y el sacrificio.. el reconocimiento social suele faltar para los que fracasaron, por eso merece añadir a la Bienaventuranza una: “FELICES los que fracasaron en su esfuerzo por el bien, porque en ellos lucirá, aunque no les sea socialmente reconocida, la alta dignidad de ser hombre”.

            Muy similar al reto de Jesús hoy: “El que quiera ser el primero -figurar y ser reconocido- que sea el último de todos el servidor- el que nadie reconoce ni ensalza”

Homilía XVI domingo del tiempo ordinario (ciclo B)

El descanso del Buen Pastor: enseñar


            Un bello texto de AMADO NERVO ilustraba el pósters que se colocó hace unos años en muchas parroquias en verano. Aparecían bellas montañas, una espléndida vista del mar y una toma de las cataratas de IGUAZU. Al pie, el texto: “¿Saben la luna y las estrellas y el mar y la montaña el bien que nos hacen? Detrás de ellos se esconde la sonrisa de Dios”.

            El texto del Evangelio de hoy es el único en que se exhorta al descanso, muy apropiado a la experiencia de  estos días. Los discípulos han regresado de la misión; entusiasmados y le cuentan a Jesús “lo que habían hecho y enseñado”; el Maestro les invita; “Venid a un sitio tranquilo y descansad un poco”. El texto de Éfesos habla de que "Cristo es nuestra paz". Paz y descanso           

            Las vacaciones se han convertido en una necesidad casi  imprescindible, en un rito con elementos agradables y menos agradables. Pero a veces  corremos el riesgo de pasar del ritmo trepidante del mundo del trabajo, al de las vacaciones; de cambiar el estrés de la acción por el vértigo de la diversión. Y así al final de estos días sentimos el desaliento y la decepción de no haber cumplido  los objetivos propuestos.

            Con los textos de la palabra de Dios,  voy a tirar de un pensamiento  de B. PASCAL: “ He dicho- escribía- que toda la desgracia de los seres humanos procede de una sola cosa que es no saber permanecer en paz dentro de una habitación”. Y es verdad que nos cuesta permanecer en paz con nosotros mismos. El deseo de tener - aunque sea los paisajes y los monumentos que se nos ofrecen- nos impiden estar sencillamente ante una vista que nos deleita; la civilización del “tener” impide “ser". Estar sencillamente ante lo contemplado.

            Pero  el relato del evangelio da un salto: el descanso  duró poco; una multitud los abordó y Jesús sintió que se le conmovía el corazón “porque andaban como ovejas sin pastor”. El Maestro  pasa a enseñarlos con calma.

            La actitud y el sentimiento de Jesús se concilian  con la alegoría  del BUEN PASTOR: siente lástima de ellos, porque cada ser humano es para él no un número, sino alguien de carne y hueso. Frente a esta actitud del Maestro, en la primera lectura Jeremías maldice a los pastores que dispersan, expulsan, alejan, no guardan y dejan perecer a sus ovejas. A los funcionarios de lo religioso, a los que les duele el corazón por las inquietudes de su rebaño; fríos tecnócratas.

            Escribía Von BALTAHSAR que “los hombres que han abierto caminos, que han configurado el mundo, han surgido de una soledad continuada. Cristo fue el gran solitario; de esa soledad sacó fuerza para derramar la plenitud del amor”. El  buen pastor  se debe presentar ante las ovejas   como alguien irrelevante ofreciendo al mundo solo su persona. Es una forma de pastorear, y una forma de ser ante Dios. Jesús interrumpe su descanso para orar ante Dios, de donde emana su fuerza. ¿No configuraríamos mejor nuestra vida si, en vacaciones, dedicamos algún tiempo a permanecer en paz, con nosotros, en la soledad compartida con Dios y con la belleza que nos rodea? Detrás de tanta belleza se esconde para el creyente la sonrisa, la grandeza, la hondura de Dios y del mismo hombre. ¡Felices vacaciones, en la paz, en el descanso, en el amor, en Dios!

 


Homilía XV domingo del tiempo ordinario (ciclo B)

         "Id y proclamad la Buena Nueva"


      Llama la atención el contraste entre los nuevos  cauces de acción pastoral que la tecnología  puede  y debe aportarnos y la precariedad de medios con que se llevó a cabo la primera evangelización. Tras el fracaso de Jesús en Nazaret - “ No desprecian a un profeta más que en su tierra... no pudo hacer allí ningún milagro... y se extrañó de su falta de fe”- Jesús no se viene abajo ni se repliega; da un giro  y  aparece centrado en el grupo de los Doce; éstos  hasta ahora se han limitado a estar a su lado y acoger sus enseñanzas (han contemplado y aprendido; importante tarea de todo discípulo); desde ahora muestran la otra cara del  seguidor: la misionera. A ellos los envía a comunicar su mensaje, y utiliza la mismas palabras conque escribe la misión de Jesús: “Predicaban la conversión, expulsaban muchos demonios, ungían con aceite  a muchos enfermos y los curaban. Su misión está dentro y es continuación de la del Maestro, tiene idéntico  estilo: “un bastón nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero en la faja”. No van  sobrecargados, sino ligeros de equipaje; un discípulo cargado se hace sedentario, incapaz de captar la absoluta novedad de Dios. La pobreza para el discípulo no es un consejo piadoso, sino condición de credibilidad del mensaje. Junto a la pobreza la urgencia: no andéis perdiendo el tiempo cambiando de casa;  también el dramatismo de la misión- la repulsa y la contradicción siempre son acompañantes del seguidor y, ahí cuando dejen de serlo. Por fin el carácter global del enviado: no preparar para el más allá, sino erradicar el mal donde quiera que se encuentre: la salvación y la liberación del cuerpo y del espíritu.         

Nada se nos dice sobre el contenido  salvo que “salieron a predicar la conversión”, que llevaban un mensaje de paz, que expulsaban a los demonios y que ungían  a muchos enfermos y los curaban.  Una forma de evangelizar con una característica común: la libertad; libertad de los mismos que predican, para no quedarse empotrados  en ningún cargo ni situación; y libertad hacia los oyentes. Cuando, tras Pentecostés, se produzcan la segunda gran ola de predicación, sí que conocemos sus contenidos básicos, que se pueden sintetizar en la 2ª lectura de hoy (Éfesos).

1.- La  centralidad de la persona de Jesús. El cristianismo, más  allá de una  propuesta ética, es oferta de vida en relación íntima y personal con Dios

2.- En Cristo somos elegidos, benditos y destinados para una gran tarea. Para Dios no somos un ser anónimo, un número más  entre los miles de millones de seres, sino objeto de una predilección personal y especial.

3.- En Cristo somos salvados. Y, pese a que  distemos mucho de ser lo que se propuso, es, en esta situación de pecado y limitación, donde tenemos que sentir que Dios me sigue amando con toda su intensidad.

4.- Esta elección y misión es la de “ser irreprochables en el amor”. No es la perfección ética lo que nos debe atraer, sino la entrega y generosidad que brota del amor del que es bueno  con todos y para todos. ¿Por qué el escaso entusiasmo de nuestras comunidades? ¿No será que nos creemos dueños, no servidores, del Evangelio? ¿ o porque la exigencia de desprendimiento radical no se casa bien con la opulencia y el despilfarro de esta sociedad? Seguir a Jesús un modo de ser y un camino que mostrar.

            


Homilía XIV domingo del tiempo ordinario (Ciclo B)

Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

El rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de un grupo de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y "empieza a enseñar". Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que todo "les resultaba escandaloso". ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niños. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos, quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con la que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús? ¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos? ¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un Profeta? ¿Tal vez intuimos que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente su Iglesia?


Homilía XIII domingo del tiempo ordinario (Ciclo B)

"SE ACERCARON AL "CENTRO" JAIRO Y LA HEMORROÍSA"


La fe, la del jefe de la sinagoga, la de la mujer que padecía flujos de sangre, pone a Jesús de Nazaret en el centro de sus vidas.

Aquel día mucha gente rodeaba a Jesús, aún más, lo apretujaban, pero eso no significaba que tuviesen con él una relación personal.

No se nos da razón de la fe de aquel hombre, pero la fe da razón de lo que el hombre hace: “se acercó” a Jesús y, “al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: _Mi niña está en las últimas, ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva”. Este hombre no apretuja, ¡cree!, y hace de Jesús el complemento necesario de todos sus verbos: se acercó a Jesús, vio a Jesús, se echó a los pies de Jesús, presentó a Jesús su ruego, pidió a Jesús que pusiera sus manos sobre su hija, puso en las manos de Jesús la vida que más quería.

No se nos da razón de la fe de aquella mujer, pero la fe da razón de sus pensamientos, de sus palabras, de sus opciones: Oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás, una más entre la gente, le tocó el manto; pensaba que, con sólo tocarle el vestido, curaría.

Esta mujer no apretuja, se acerca y ¡roba la fuerza de Jesús!, y Jesús pregunta por el ladrón: “¿Quién me ha tocado?”

Ahora, curada, la mujer se acerca asustada y temblorosa, se echa a los pies de Jesús, y le confiesa todo.

Sólo la fe hace posible que nos acerquemos a Jesús, que lo veamos, que nos echemos a sus pies, que le roguemos, que le toquemos, que le robemos, que vivamos por él.

Sólo la fe pone a Jesús en el centro de nuestras vidas.

En nuestra eucaristía la fe nos permite escuchar la palabra del Señor, recibir su paz, comulgar su Cuerpo. No la celebramos para apretujar, sino para creer y robar, creer en Cristo Jesús, y robarle su fuerza de vida.

Feliz domingo.


Homilía XII domingo del  tiempo ordinario (Ciclo B)

 «¿Por qué tanto miedo?»

 

 La barca en la que van Jesús y sus discípulos se ve atrapada por una de aquellas tormentas imprevistas y furiosas que se levantan en el lago de Galilea al atardecer de algunos días de verano. Marcos describe el episodio para despertar la fe de las comunidades cristianas que viven momentos difíciles.


El relato no es una historia tranquilizante para consolarnos a los cristianos de hoy con la promesa de una protección divina que permita a la Iglesia pasear tranquila a través de la historia. Es la llamada decisiva de Jesús para hacer con él la travesía en tiempos difíciles: "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?".

Marcos prepara la escena desde el principio. Nos dice que "era al atardecer". Pronto caerán las tinieblas de la noche sobre el lago. Es Jesús quien toma la iniciativa de aquella extraña travesía: "Vamos a la otra orilla". La expresión no es nada inocente. Les invita a pasar juntos, en la misma barca, hacia otro mundo, más allá de lo conocido: la región pagana de la Decápolis.

De pronto se levanta un fuerte huracán y las olas rompen contra la frágil embarcación inundándola de agua. La escena es patética: en la parte delantera, los discípulos luchando impotentes contra la tempestad; a popa, en un lugar algo más elevado, Jesús durmiendo tranquilamente sobre un cojín.

Aterrorizados, los discípulos despiertan a Jesús. No captan la confianza de Jesús en el Padre. Lo único que ven en él es una increíble falta de interés por ellos. Se les ve llenos de miedo y nerviosismo: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?".

Jesús no se justifica. Se pone de pie y pronuncia una especie de exorcismo: el viento cesa de rugir y se hace una gran calma. Jesús aprovecha esa paz y silencio grandes para hacerles dos preguntas que hoy llegan hasta nosotros: "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?".

¿Qué nos está sucediendo a los cristianos? ¿Por qué son tantos nuestros miedos para afrontar estos tiempos cruciales, y tan poca nuestra confianza en Jesús? ¿No es el miedo a hundirnos el que nos está bloqueando? ¿No es la búsqueda ciega de seguridad la que nos impide hacer una lectura lúcida, responsable y confiada de estos tiempos? ¿Por qué nos resistimos a ver que Dios está conduciendo a la Iglesia hacia un futuro más fiel a Jesús y su Evangelio? ¿Por qué buscamos seguridad en lo conocido y establecido en el pasado, y no escuchamos la llamada de Jesús a "pasar a la otra orilla" para sembrar humildemente su Buena Noticia en un mundo indiferente a Dios, pero tan necesitado de esperanza.



Homilía Domingo XXXIII del tiempo ordinario

Vigilante responsabilidad

Francisco Aranda Otero

No valen medias tintas; queda prohibido tanto huir como instalarse. La actitud del creyente , ante el Amo y ante la historia, no puede ni debe ser ni una ni otra, sino de “responsabilidad vigilante”. La parábola evangélica, colocada al final del año litúrgico, nos invita a hacer balance, pero con unos criterios contables algo disparatados. Esta parábola de “crisis” se sitúa en un contexto específico: la última venida del Señor. La expresión “se va de viaje” trata de darnos a entender que la historia y la responsabilidad sobre su rumbo es nuestra. Los tres casos son significativos: en dos de ellos los criados/encargados negocian y consiguen según lo recibido y son elogiados y recompensados por igual: en el Reino no cuenta tanto haber rendido mucho, sino haber puesto cuanto cada uno es y tiene a su servicio. En el tercer caso, el que conserva y devuelve lo mismo, por miedo a perder lo poco recibido, no valen las justificaciones: es un servidor malo y perezoso… infiel... En su cicatera y calculada mezquindad sólo concibe un Dios que se mueve al son de recompensas y castigos. La fe, en cuanto don y tarea, no es una pieza de museo a proteger: es vida que se expresa en el amor y en la entrega. La parábola nos enseña que una vida cristiana basada no en el formalismo ni en la autoprotección, sino en la gratuidad, el compromiso y el coraje es la que alegra al Señor y a nosotros mismos. Nuestra cultura a cada vez más interesada por la autoestima, puede conducir al narcisismo. Conviene que nos valoremos en su justa medida y reconozcamos los talentos recibidos; también nuestras limitaciones y que aprendamos a vivir con ellos. Y mal camino es “enterrar” la vida de manera estéril; por eso es condenado el tercero. Vivir a la espera del Señor es hacerlo en responsabilidad vigilante. Una necesaria aclaración: identificar a los arriesgados, emprendedores y triunfadores con los preferidos de Dios, y, por el contrario, a los pobres como los empleados inútiles es muy mala lectura de la misma que exhorta a la responsabilidad activa según lo que cada ha recibido; no al triunfo y al éxito sin reparar en los medios. Podemos desenfocar la perspectiva: somos administradores del don recibido.

Homilía Domingo XXX del tiempo ordinario

¿Cuál es el mandamiento principal? Muchos católicos responderían: «Ir a misa el domingo». Los que piensan así probablemente no irán a misa este domingo. A los que piensen de otro modo y vayan, les gustará recordar lo que pensaba Jesús.

El problema de sus contemporáneos

En los domingos anteriores, diversos grupos religiosos se han ido enfrentado a Jesús, y no han salido bien parados. Los fariseos envían ahora a un especialista, un doctor de la Ley, que le plantea la pregunta sobre el mandamiento principal. Para comprenderla, debemos recordar que la antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que se dividían en fáciles y difíciles: fáciles, los que exigían poco esfuer­zo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero (como honrar padre y madre) o ponían en peligro la vida (la circuncisión). Generalmente se pensaba que los importantes eran los difíciles, y entre ellos estaban los relativos a la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá.

¿Se puede reducir todo a uno?

Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, de saber qué era lo más importante. Este deseo se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammai y Hillel, que vivie­ron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammai y le dijo: «Me haré prosélito con la condición de que me enseñes toda la Torá mien­tras aguanto a pata coja». Shammai lo despidió amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. El pagano acudió entonces a Hillel, que le dijo: «Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción" (Schabat 31a). También el Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) sintetizó toda la Ley en una sola frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá».

La novedad de Jesús

Mateo había puesto en boca de Jesús una síntesis parecida al final del Sermón del Monte: «Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas» (Mt 7,12).

Pero en el evangelio de hoy Jesús responde con una cita expresa de la Escritura: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Deuteronomio 6,5). Son parte de las palabras que cualquier judío piadoso recita todos los días, al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el manda­miento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19,18). Una vez más, su respuesta entronca en la más auténtica tradición profética. Los profetas denunciaron continuamente el deseo del hombre de llegar a Dios por un camino individual e intimista, que olvida fácilmente al prójimo. Durante siglos, muchos israelitas, igual que muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos... Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. Dios y el prójimo no son magnitudes separables. Tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. Ambos preceptos, en la mentalidad de los profetas y de Jesús, están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. «De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas» (v.40).

El prójimo son los más pobres (1ª lectura)

En esta misma línea, la primera lectura es muy significativa. Podían haber elegido el texto de Deuteronomio 6,4ss donde se dice lo mismo que Jesús al principio: «Escucha, Israel, el Señor tu Dios es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...» Sin embargo, han elegido un texto del Éxodo que subraya la preocupación por los inmigrantes, viudas y huérfanos, que son los grupos más débiles de la sociedad (la traducción que se usa en España dice los «forasteros», pero en realidad son los inmigrantes, los obligados a abandonar su patria en busca de la supervivencia, marroquíes, senegaleses, rumanos, etc.). Luego habla del préstamo, indicando dos normas: si se presta dinero, no se pueden cobrar intereses; si se pide el manto como garantía, hay que devolverlo antes de ponerse ponerse el sol, para que el pobre no pase frío.

Es una forma de acentuar lo que dice Jesús: sin amor al prójimo, sobre todo sin amor y preocupación por los más pobres, no se puede amar a Dios.

 

José Luís Sicre


Homilía XXIX del tiempo ordinario

Seguimos en la explanada del templo de Jerusalén, en medio de los enfrentamientos de diversos grupos con Jesús. Esta vez, fariseos y herodianos lo van a poner en un serio compromiso preguntándole sobre la licitud del tributo al emperador romano. Por entonces, además de los impuestos que se pagaban a través de peajes, aduanas, tasas de sucesión y de ventas, los judíos debían pagar el tributo al César, que era la señal por excelencia de sometimiento a él.

Fariseos y herodianos no tenían dudas sobre este tema; ambos grupos eran partida­rios de pagarlo. Los fariseos, porque no querían con­flictos con los romanos mientras les permitieran observar sus prácticas religiosas. Los herodianos, porque mantenían buenas relaciones con Roma.         

Como a nadie le gusta pagar, los rabinos discutían si se podía eludir el tributo. Y algunos adoptaban la postura pragmática que refleja el tratado Pesajim 112b: «... no trates de eludir el tributo, no sea que te descubran y te quiten todo lo que tienes»

Sin embargo, otros judíos adoptaban una postura de oposición radical, basada en motivos religiosos. Dado que el pago del tributo era signo de sometimiento al César, algunos lo interpretaban como un pecado de idolatría, ya que se reconocía a un señor distinto de Dios. Este era el punto de vista de los sicarios, grupo que comienza con Judas el Galileo, cuando el censo de Quirino, a comienzos del siglo I de nuestra era.

Al narrar los comienzos del movimiento cuenta Flavio Josefo: «Durante su mandato [de Coponio], un hombre galileo, llamado Judas, indujo a los campesinos a rebelarse, insultándolos si consentían pagar tributo a los romanos y toleraban, junto a Dios, señores morta­les» (Guerra de los Judíos II, 118). Más adelante repite afirmaciones muy pareci­das: «Judas, llamado el galileo..., en tiempos de Quirino había atacado a los judíos por someterse a los romanos al mismo tiempo que a Dios» (Guerra de los Judíos II, 433).

Con este presupuesto, se advierte que la pregunta que le hacen a Jesús sobre si es lícito pagar el tributo podía compro­meterlo gravemente ante las autoridades romanas (si decía que no), o ante los sectores más progresistas y politizados del país (si decía que sí). Además, la pregunta es especialmente insidiosa, porque no se mueve a nivel de hechos, sino a nivel de principios, de licitud o ilicitud.

Jesús, que advierte enseguida la mala intención, ataca desde el comienzo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas?» Pide la moneda del tributo, devuelve la pregunta y saca la conclusión. Jesús, como sus contemporáneos, acepta que el ámbito de dominio de un rey es aquel en el que vale su moneda. Si en Judá se usa el denario, con la imagen del César, significa que quien manda allí es el César, y hay que darle lo que es suyo.

Estas palabras de Jesús, tan breves, han sido de enorme trascen­dencia al elaborar la teoría de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Y se han prestado también a inter­pretaciones muy distin­tas.

Si analizamos el texto, las palabras: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», no constituyen una evasiva, como algunos piensan. Van al núcleo del problema.

Los fariseos y herodianos han preguntado si es lícito pagar tributo desde un punto de vista religioso, si ofende a Dios el que se pague. La respuesta contundente de Jesús es que a Dios le interesan otras cosas más importantes, y esas no se las quieren dar.

Teniendo presente el conjunto del evangelio, «las cosas de Dios», lo que le interesa, es que se escuche a Jesús, su enviado, que se acepte el mensaje del Reino, que se adopte una actitud de conversión, que se ponga término al raquitismo espiritual y religioso, que se sepa acoger a los débiles, a los menesterosos, a los marginados. Eso no interesa ni preocupa a fariseos y herodianos, pero es la cuestión principal.

Si el evangelio no fuese tan escueto, podría haber parafraseado la respuesta de Jesús de esta manera:

¿Es lícito poner el sábado por encima del hombre? ¿Es lícito cargar fardos pesados sobre las espaldas de los hombres y no empujar ni con un dedo? ¿Es lícito llamar la atención de la gente para que os hagan reverencias y os llamen maestros? ¿Es lícito impedir a la gente el acceso al Reino de Dios? ¿Es lícito hacer estúpidas disquisiciones sobre los votos y juramentos? ¿Es lícito dejar morir de hambre al padre o a la madre por cumplir un voto? ¿Es lícito pagar los diezmos de la menta y del comino, y olvidar la honradez, la compasión y la sinceridad? En todo esto es donde están en juego «las cosas de Dios», no en el pago del tributo al César.

Naturalmente, la comunidad cristiana pudo sacar de aquí conse­cuencias prácticas. Frente a la postura intransigente de los sicarios, defender que no era pecado pagar tributo al César. Y, con una perspectiva más amplia, fundamentar una teoría sobre la conviven­cia del cristiano en la sociedad civil, sin necesidad de buscar por todas partes enfrentamientos inútiles. Siempre, incluso en las peores circunstancias políticas, nadie podrá arrebatarles a la iglesia y al cristiano la posibilidad de dar a Dios lo que es de Dios.

En Israel, desde los primeros siglos, hubo gente fanática y enemiga de conceder el poder político a un hombre mortal. El único rey debía ser Dios, aunque no quedaba claro cómo ejercía en la práctica esa realeza.

Otros grupos, sin negarle la autoridad suprema a Dios, aceptaban el gobierno de un rey humano. Pero siempre debía tratarse de un israelita, no de un extranjero.

La novedad del texto de Isaías, una auténtica revolución teológica para la época, es que Dios, aunque afirma su suprema autoridad («Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios»), él mismo escoge al rey persa Ciro, lo lleva de la mano, le pone la insignia y le concede la victoria. Porque Ciro, al cabo de pocos años, será quien conquiste Babilonia y libere a los judíos, permitiéndoles volver a su tierra.

Este proceso de esclavitud – liberación – vuelta a la tierra recuerda a lo ocurrido siglos antes, cuando el pueblo salió de Egipto. La gran novedad, escandalosa para muchos judíos, es que ahora el salvador humano no es un nuevo Moisés sino un emperador pagano.

El texto ha sido elegido para confirmar con un ejemplo histórico que se puede respetar al emperador, pagar tributo, sin por ello ofender a Dios. 

 

José Luís Sicre

Homilía XXVIII del tiempo ordinario

La palabra de Dios que hoy hemos escuchado la hemos saboreado ya muchas veces a lo largo de nuestra vida. Acogiéndola, el creyente vuelve por las puertas de la fe a la abundancia añorada de un paraíso semejante al jardín de Edén, pues adquiere la certeza de que un día, en el monte de Dios, el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, alejará el oprobio de su pueblo, aniquilará la muerte para siempre, preparará un festín para todos los pueblos. ¡Aquel será tiempo de salvación! Aquel día se dirá: Celebremos y gocemos con la salvación que nos viene de Dios.

Viene a la mente aquel banquete de fiesta que un padre pródigo manda preparar para celebrar el retorno a casa de un hijo largo tiempo esperado. Viene a la mente el banquete que mandó preparar aquel rey que celebraba la boda de su hijo. Viene a la mente aquel banquete familiar y festivo de las bodas de Caná, en el que se sirvió un vino exprimido en lagares de ternura femenina y misericordia divina.

Pero tú sabes, Iglesia amada del Señor, que la del banquete es sólo una figura, y que la realidad es más hermosa y más rica que todas las figuras. Por la puerta de la fe puedes asomarte a ese mundo real representado en la figura del banquete. Entra en el banquete de los pastores en la noche de Belén: escucharás música de fiesta en el cielo y asombro maravillado en la tierra, porque para los pobres ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Asómate en el templo de Jerusalén al banquete del justo Simeón, y verás que para él, que vivía de esperanza, el tiempo se ha hecho pleno y ya no queda nada más que esperar, pues tiene en sus brazos a Jesús y ha visto con sus ojos la salvación de Israel. En casa de Simón el fariseo, la abundancia y la dicha no están sobre su mesa, que hemos de suponer bien servida; la abundancia y la fiesta están en el corazón de una intrusa pecadora que baña con sus lágrimas los pies de Jesús. Imagina el banquete que se ofrece a la adúltera perdonada: en su mesa, para su fiesta, Jesús sirve el perdón y la vida. Pregúntale a Zaqueo por el festín que Dios ha preparado para él, y te dirá que con Jesús entraron en su casa la salvación y la alegría. Adivina, si puedes, lo que se ofrece en la mesa del banquete preparado para el ladrón que entra con Jesús en el paraíso… Por donde pasa Jesús, el amor de Dios prepara para los pobres, para los enfermos, para los pecadores, para los que viven de esperanza, “un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera”… Pecadores, enfermos y pobres pueden decir con verdad: “El Señor es mi pastor, nada me falta, tú preparas una mesa ente mí, tu bondad y tu misericordia me acompañan”.

La eucaristía que celebramos es a un tiempo figura y realidad del banquete mesiánico. Es figura, pues hay una mesa y una comida en la que todos participamos. Es realidad, pues el alimento que recibimos es Cristo Jesús, el mismo que fue salvación, alegría, paz y vida para quienes se encontraron con él en los caminos de Palestina.

Me gustaría imaginar, hermano mío, hermana mía, «tu banquete» de hoy, tu encuentro con Cristo en esta celebración, eso que sucede en lo más íntimo de nosotros mismos, en nuestro corazón, cuando el Señor entra en nuestra vida. Te pregunto: ¿Qué ha dispuesto hoy para ti el Señor en la mesa de «tu banquete»? Tú me dirás: _Allí está Cristo, allí me recibe el que me ama, allí recibo al que yo amo. Pregunto de nuevo: ¿Cómo sabes que te has encontrado con él? Y tú me dirás: _Lo sé, porque él ha dejado en mi corazón su alegría, su paz, su perdón, su salvación, su vida, su amor, su misericordia, su ternura…

No deja este banquete empachos ni resaca. Deja embriagada el alma y abrasado el corazón. Ahora eres tú quien puede decir con verdad: “El Señor es mi pastor, nada me falta, tú preparas una mesa ente mí, tu bondad y tu misericordia me acompañan”.

Misterio grande es éste, pues aniquilada está la muerte aunque morimos, enjugadas las lágrimas aunque lloramos, alejado el oprobio aunque nos cubran de ignominia.

Misterio grande es éste que llena tu vida de dones tan maravillosos que buscarás una y otra vez encerrarte en tu intimidad para gustar de ellos; y, al mismo tiempo, ese misterio abre tu vida para que entren en ella con Cristo Jesús los pobres de Cristo, con tu Señor su cuerpo sufriente, con tu herencia celeste los desheredados de la tierra, con el Hijo de Dios todos sus hermanos.

Misterio grande es éste que nos ofrece abundancia en la pobreza, hartura en el hambre, gloria en la cruz.

Feliz domingo

 

 

Homilía XXVII del tiempo ordinario

¿Estamos decepcionando a Dios? Mt 21, 33-43

Jesús se encuentra en el recinto del Templo, rodeado de un grupo de altos dirigentes religiosos. Nunca los ha tenido tan cerca. Por eso, con audacia increíble, va a pronunciar una parábola dirigida directamente a ellos. Sin duda, la más dura que ha salido de sus labios.

Cuando Jesús comienza a hablarles de un señor que plantó una viña y la cuidó con solicitud y cariño especial, se crea un clima de expectación. La «viña» es el pueblo de Israel. Todos conocen el canto del profeta Isaías que habla del amor de Dios por su pueblo con esa bella imagen. Ellos son los responsables de esa "viña" tan querida por Dios.

Lo que nadie se espera es la grave acusación que les va a lanzar Jesús: Dios está decepcionado. Han ido pasando los siglos y no ha logrado recoger de ese pueblo querido los frutos de justicia, de solidaridad y de paz que esperaba.

Una y otra vez ha ido enviando a sus servidores, los profetas, pero los responsables de la viña los han maltratado sin piedad hasta darles muerte. ¿Qué más puede hacer Dios por su viña? Según el relato, el señor de la viña les manda a su propio hijo pensando: «A mi hijo le tendrán respeto». Pero los viñadores lo matan para quedarse con su herencia.

La parábola es transparente. Los dirigentes del Templo se ven obligados a reconocer que el señor ha de confiar su viña a otros viñadores más fieles. Jesús les aplica rápidamente la parábola: «Yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Desbordados por una crisis a la que ya no es posible responder con pequeñas reformas, distraídos por discusiones que nos impiden ver lo esencial, sin coraje para escuchar la llamada de Dios a una conversión radical al Evangelio, la parábola nos obliga a hacernos graves preguntas.

¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del reino o estamos decepcionando a Dios? ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano? ¿Cómo estamos respondiendo desde el proyecto de Dios a las víctimas de la crisis económica y a los que mueren de hambre y desnutrición en África?

¿Respetamos al Hijo que Dios nos ha enviado o lo echamos de muchas formas "fuera de la viña"? ¿Estamos acogiendo la tarea que Jesús nos ha confiado de humanizar la vida o vivimos distraídos por otros intereses religiosos más secundarios?


Homilía Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

Van por delante en el Reino. (Mt 21, 28-32)

La parábola es tan simple que parece poco digna de un gran profeta como Jesús. Sin embargo, no está dirigida al grupo de niños que corretea a su alrededor, sino a «los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo» que lo acosan cuando se acerca al templo.
Según el relato, un padre pide a dos de sus hijos que vayan a trabajar a su viña. El primero le responde bruscamente: «No quiero», pero no se olvida de la llamada del padre y termina trabajando en la viña. El segundo reacciona con una disponibilidad admirable: «Por supuesto que voy, señor»; pero todo se queda en palabras. Nadie lo verá trabajando en la viña.
El mensaje de la parábola es claro. También los dirigentes religiosos que escuchan a Jesús están de acuerdo. Ante Dios, lo importante no es «hablar» sino «hacer». Para cumplir la voluntad del Padre del cielo, lo decisivo no son las palabras, promesas y rezos, sino los hechos y la vida cotidiana.
Lo sorprendente es la aplicación de Jesús. Sus palabras no pueden ser más duras. Sólo las recoge el evangelista Mateo, pero no hay duda de que provienen de Jesús. Sólo él tenía esa libertad frente a los dirigentes religiosos: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios».
Jesús está hablando desde su propia experiencia. Los dirigentes religiosos han dicho «sí» a Dios. Son los primeros en hablar de él, de su ley y de su templo. Pero, cuando Jesús los llama a «buscar el reino de Dios y su justicia», se cierran a su mensaje y no entran por ese camino. Dicen «no» a Dios con su resistencia a Jesús.
Los recaudadores y prostitutas han dicho «no» a Dios. Viven fuera de la ley, están excluidos del templo. Sin embargo, cuando Jesús les ofrece la amistad de Dios, escuchan su llamada y dan pasos hacia la conversión. Para Jesús, no hay duda: el recaudador Zaqueo, la prostituta que ha regado con lágrimas sus pies y tantos otros… van por delante en «el camino del reino de Dios».
En este camino van por delante, no quienes hacen solemnes profesiones de fe, sino los que se abren a Jesús dando pasos concretos de conversión al proyecto de Dios

Paco Aranda

Homilía Domingo xxv del Tiempo Ordinario


Una justicia más justa, pero diferente.

El propietario de aquella viña tenía una extraña forma de organizar su empresa agrícola. Por lo que nos cuentan, no parecía importarle demasiado el dinero que invertía en mano de obra. La relación entre jornal y tiempo trabajado no se ajusta a los cánones empresariales del mundo que entendemos. Posiblemente, no había hecho ningún master en “Racionalización de Recursos Humanos”, “Índices de Productividad” o “Salarios Mínimos, Máximos Beneficios: Introducción a los Contratos-Basura”. Incomprensible su actitud: pagó a todos por igual sin valorar tiempo y trabajo realizado.

Este evangelio es piedra de choque. Nos introduce en un mundo de contradicción, nos revuelve y nos hace clamar por un reparto más equitativo, más justo. La medida del empresario trastoca los esquemas razonables del sistema económico en el que nos movemos que, cuando trata de dinero, no admite frivolidades.

Jesús comienza diciendo: “El reino de los cielos se parece...” y desde este primer momento hemos de esperar que los esquemas salten. Ya nada se parecerá a nada. Debemos prepararnos para las sorpresas y los cambios, porque “mis planes no son vuestros planes” (Is 55, 6-9) y la moneda de pago, tampoco.

Me serenó mucho la comprensión de este evangelio entendiendo que la moneda de curso legal en el reino de los cielos no tiene que ver con el vil dinero sino con el amor total.

El camino de cada persona es saberse hijo de Dios y comprometerse en las tareas del reino siendo este un camino de conocimiento que dura toda la vida. Unos tienen la suerte de comprenderlo al amanecer; otros, a media mañana, se dan cuenta de que están siendo llamados; y todavía al caer la tarde, unos cuantos más entienden que son enviados; por fin, al anochecer, todos recibirán el pago a su entrega, su esfuerzo y su confianza en Dios.

El amor de Dios no se fracciona como el dinero. El amor de Dios es total o no es. Paga sin importarle cuando se dieron cuenta de cómo ama Dios. En el amor de misericordioso de Dios están implícitas la justicia y la alegría.

Si salimos de nuestros esquemas y nos metemos en el esquema de Dios, no tendremos problema en entender la extraña manera de realizar los pagos, pues no desearemos nada que Él no desee con cualquiera de nuestros hermanos, estaremos alegres cuando, a media mañana o por la tarde, se vayan uniendo a las tareas del reino y reciban el único pago posible: su amor total.


Homilía XVII doingo del tiempo ordinario


"El tesoro, la perla y la red"

 Todos sabemos que la esperanza de vida, en general, se ha incrementado. Pese al aumento de las causas de muerte en nuestra sociedad- SIDA, terrorismo, accidentes de tráfico o enfermedades cardio-vasculares, sobre todo- hoy vivimos más años que  las generaciones pasadas. Pero tal vez el problema no resida en la cantidad, sino en la calidad. No se trata de añadir años a la vida, sino vida a los años. Y a esto se refiere el texto del evangelio de hoy. En el discurso de las parábolas del Reino, Jesús  lo ha presentado ya de varias formas: en la del sembrador, cuya semilla cae en lugares diferentes, se aludía a las actitudes necesarias para acoger la Palabra; en la  del trigo y la cizaña se nos recordaba que el Reino se realiza en un mundo donde se mezclan, inevitablemente, el bien y el mal; se nos ha hablado también del crecimiento lento y encubierto del Reino con las parábolas del grano de mostaza y de la levadura.

Hoy se nos presentan las parábolas del TESORO, LA PERLA y la RED.
La dos primeras son prácticamente idénticas y vienen a transmitirnos un mensaje de especial importancia en los tiempos que vivimos: en ellas no se insiste tanto en el sacrificio de tener que vender todo, sino en la alegría con la que se vende para poder adquirir el campo o la perla maravillosa.. En paralelo  a esto se sitúa la primera lectura del 1 libro de los Reyes: cuando Salomón debe asumir la responsabilidad de gobernar a un pueblo difícil y numeroso como Israel y Dios  se le aparece en sueños para que le pida lo que desee, pide un corazón dócil, capaz de discernir el  mal del bien. Como el comprador del campo o el comerciante de perlas finas, el sucesor de David subordina las riquezas y  el éxito a esos valores. Todo lo coloca en un segundo plano porque prefiere la calidad de vida, el saber discernir lo que está bien o mal, a otras aspiraciones más concretas y estimadas en toda sociedad. Ya en la década de los sesenta el cardenal MARTY, obispo de Paris, comentaba a raíz de los acontecimientos del mayo francés del 68: "lo que les falta a los jóvenes no son los medios, sino las razones para vivir". A muchos años ya de esta afirmación las circunstancias no se han modificado tanto. Tenemos aún más medios, pero nos faltan los motivos para vivir.

La respuesta de la Palabra de Dios ante esta realidad es clara: el que quiera entrar en la dinámica del Reino, el que quiera vivir como El, necesita encontrar el tesoro escondido o la piedra preciosa. Pero para encontrar hay que buscar y buscar "donde se le encuentra", que no es otro que El mismo. Es el mensajero y el mensaje. Y el que se encuentre con El, aunque tenga que renunciar a muchas cosas, todo lo dará por bien merecido, porque donde está su tesoro estará también su corazón. Una fuente de alegría y deseos de vivir a la que se refería nuestra Santa Teresa de Avila cuando expresaba que un santo triste es un triste santo.  Santa Teresa de Calcuta, más cerca de nosotros, escribía: lo que necesita el hombre de hoy es justicia y amor, sin duda. Pero mucho más aún, sentido para su vida, para no tener que vivir los quizás muchos años de su existencia encerrado en el sinsentido del trabajo, del placer o de sexualidad. ¿ No sería bueno reconocer que el gran drama de nuestro tiempo es que tenemos más cosas, más vida, pero menos sentido? Y , por otra parte, ¿ no tendríamos que insistir en que el camino del Cristianismo no es tanto de sacrificio y esfuerzo titánico como de alegría por haber encontrado lo que se anhelaba y se buscaba? Así lo experimentó San Agustín cuando tras una adolescencia y juventud  más que agitadas, escribía: ¡Tarde te amé, oh hermosura siempre antigua y siempre nueva! Tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro de mí, pero yo , de mí mismo, estaba fuera. Y por fuera te buscaba!.
Francisco Aranda
Párroco de Santiago Apóstol de Málaga

Homilía domingo XVI del Tiempo Ordinario


Con una audacia desconocida, Jesús sorprendió a todos proclamando lo que ningún profeta de Israel se había atrevido a decir: "Ya está aquí Dios con su fuerza creadora de justicia abriéndose camino en el mundo para hacer la vida de sus hijos más humana y dichosa". Es necesario cambiar. Hemos de aprender a vivir creyendo en esta Buena Noticia: el reino de Dios está llegando.
Jesús hablaba con pasión. Muchos se sentían atraídos por sus palabras. En otros surgían no pocas dudas. ¿No era todo una locura? ¿Dónde se podía ver la fuerza de Dios transformando el mundo? ¿Quién podía cambiar el poderoso imperio de Roma?
Un día Jesús contó una parábola muy breve. Es tan pequeña y humilde que, muchas veces, ha pasado desapercibida para los cristianos. Dice así: «Con el reino de Dios sucede como con la levadura que tomó una mujer y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó fermentado».
Aquella gente sencilla sabía de qué les estaba hablando Jesús. Todos habían visto a sus madres elaborar el pan en el patio de su casa. Sabían que la levadura queda "escondida", pero no permanece inactiva. De manera callada y oculta lo va fermentando todo desde dentro. Así está Dios actuando desde el interior de la vida.
Dios no se impone desde fuera, sino que transforma a las personas desde dentro. No domina con su poder, sino atrae con su amor hacia el bien. No fuerza la libertad de nadie sino que se ofrece para hacer más dichosa nuestra vida. Así hemos de actuar también nosotros si queremos abrir caminos a su reino.
Está comenzando un tiempo nuevo para la Iglesia. Los cristianos vamos a tener que aprender a vivir en minoría, dentro de una sociedad secularizada y plural. En muchos lugares, el futuro del cristianismo dependerá en buena parte del nacimiento de pequeños grupos de creyentes, atraídos por el evangelio y reunidos en torno a Jesús.
Poco a poco, aprenderemos a vivir la fe de manera humilde, sin hacer mucho ruido ni dar grandes espectáculos. Ya no cultivaremos tantos deseos de poder ni de prestigio. No gastaremos nuestras fuerzas en grandes operaciones de imagen. Buscaremos lo esencial. Caminaremos en la verdad de Jesús.
Siguiendo sus deseos, trataremos de vivir como "fermento" de vida sana en medio de la sociedad y como un poco de "sal" que se diluye humildemente para dar sabor evangélico a la vida moderna. Contagiaremos en nuestro entorno el estilo de vida de Jesús e irradiaremos la fuerza inspiradora y transformadora de su Evangelio. Pasaremos la vida haciendo el bien. Como Jesús.

Paco Aranda

Homilía XV domingo del tiempo ordinario

Noticia de los últimos días: el número de matrimonios por la iglesia ha bajado en España al 34%. El de bautismos, no será mucho más elevado. Las Primeras Comuniones son Últimas en la inmensa mayoría de los casos. La España católica ha dejado de serlo hace tiempo. Si alguno se siente desconcertado, le ayudarán las lecturas de este domingo y de los dos siguientes: las parábolas del Reino.

 

Una crisis con cinco interrogantes y siete parábolas

 Al llegar a este momento del evangelio de Mateo (capítulo 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la persona y el mensaje de Jesús y se convierten en "mis hermanos, mis hermanas y mi madre". Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el punto de pensar en matarlo.

 

Mateo está reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio. ¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? Mateo, basándose en el discurso en parábolas de Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros:

 

¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? ― Parábola del sembrador.

 

¿Qué actitud debemos adoptar con los que rechazan ese mensaje? ― El trigo y la cizaña.

 

¿Tiene algún futuro este mensaje aceptado por tan pocas personas? ― El grano de mostaza y la levadura.

 

¿Vale la pena comprometerse con él? ― El tesoro y la piedra preciosa.

 

¿Qué ocurrirá a los que aceptan el mensaje, pero no viven de acuerdo con los ideales del Reino? ― La pesca.

 

Este domingo se lee la primera; el 16, las tres siguientes; el 17, las otras tres.

 

¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús?

 La primera parábola, la del sembrador, responde al problema de por qué la palabra de Jesús no produce fruto en algunas personas. Parte de una experiencia conocida por un público campesino. Para nosotros, basta recordar dos detalles elementa-les: Galilea es una región muy montañosa, y en tiempos de Jesús no había tractores. El sembrador se veía enfrentado a una difícil tarea, y sabía de antemano que toda la simiente no daría fruto.

 

El ideal sería contar o leer esta parábola a personas que no la hayan escuchado nunca. Al final se mirarían extrañados y dirían: ¿y qué? A lo sumo, las últimas palabras de Jesús "¡Quien tenga oídos, que oiga!", les indicarían que la historieta tiene un sentido más profundo, pero no saben cuál. Estamos ante un caso de parábola enigmática, que pretende provocar la curiosidad del lector.

 

Por eso, inmediatamente después, surge la pregunta de los discípulos: ¿Por qué les hablas en parábolas? Y esto sirve para introducir el pasaje más difícil de todo el capítulo. La liturgia permite suprimir la lectura de esta parte y aconsejo seguir su sugerencia, pasando directamente a la explicación de la parábola.

 

¿Por qué la palabra de Jesús no da fruto en todos sus oyentes? Se distinguen cuatro casos.

 1) En unos, porque esa palabra no les dice nada, no va de acuerdo con sus necesi-dades o sus deseos. Para ellos no significa nada la formación de una comunidad de hombres libres, iguales, hermanos.

 2) Otros lo aceptan con alegría, pero les falta coraje y capacidad de aguante para soportar las persecuciones.

 3) Otros dan más importancia a las necesidades primarias que a los objetivos a largo plazo. Dos situaciones extremas y opuestas, el agobio de la vida y la seducción de la riqueza, producen el mismo efecto, ahogar la palabra de Dios.

 4) Finalmente, en otros la semilla da fruto. La parábola es optimista y realista. Optimista, porque gran parte de la semilla se supone que cae en campo bueno. Realista, porque admite diversos grados de producción y de respuesta en la tierra buena: 100, 60, 30. En esto, como en tantas cosas, Jesús es mucho más comprensivo que nosotros, que sólo admitimos como válida la tierra que da el ciento por uno. Incluso el que da treinta es tierra buena (idea que podría aplicarse a todos los niveles: morales, dogmáticos, de compromiso cristiano...).

 

La parábola podría leerse también como una llamada a la responsabilidad y a estar vigilantes: incluso la tierra buena que está dando fruto debe recordar qué cosas dejan estéril la palabra de Dios: el pasotismo, la inconstancia cuando vienen las dificulta-des, el agobio de la vida, la seducción de la riqueza. Pero este sentido no es el fundamental de la parábola. La llamada a la responsabilidad y la vigilancia la trata Jesús con otras parábolas y en otros casos.

 

Llamada a la fe y al optimismo

 La crisis ante la situación actual puede venir en muchos casos de que centramos todo en la acción humana. Cuando nosotros fallamos y, sobre todo, cuando fallan los demás, creemos que todo va mal. Sólo advertimos aspectos negativos. En cambio, la primera lectura de hoy, que usa también la metáfora de la semilla y el sembrador, nos anima a tener fe en la acción misteriosa de la palabra de Dios, fecunda con la lluvia, que no dejará de producir fruto.


Homilía Domingo XIV del Tiempo Ordinario

"Habla, Señor, que tu siervo escucha"

Por D. Francisco Aranda Otero

Que Dios exista o no, es asunto que supongo de importancia vital para Dios, aunque poco o nada interesante para los picos de Europa, para las rosas de tu jardín, o para los insectos que se alimentan de tus rosas y terminan por ser alimento de golondrinas. 
A ti y a mí la pregunta sobre Dios nos interesa cuando descubrimos que Dios habla, y que hemos nacido equipados para escuchar a Dios y responderle. 
La cuestión esencial no es saber si Dios existe, sino responderle si nos habla, pues en ello comprometemos la vida, también la otra, ésa que todavía no conocemos, pero sobre todo ésta que ahora administramos, gozamos, padecemos, hacemos día a día con todo el corazón, con todo el ser.
Párate a escuchar a Dios en la voz del universo; atiende al rumor del Espíritu de Dios en las palabras pobres de la Sagrada Escritura; levanta tus ojos al que habita en los cielos y guarda en tu intimidad el mensaje de sus profetas. 
La liturgia de este domingo va de profetas, de enviados de Dios a decir palabras de Dios. Si la pregunta por la existencia de Dios podía ser considerada ejercicio retórico, no así la pregunta por los profetas de Dios.
Tú puedes levantar los ojos a Dios, puedes fijarlos en él esperando su misericordia, puedes gritar tu necesidad de salvación; él responderá enviándote su palabra, sus profetas; y, si no reconoces la palabra que él te dice, si no acoges al profeta que él te envía, ten por cierto que llamarán a tu puerta la misericordia y la salvación que has pedido, y no les abrirás.
Suele la palabra ser despreciada por demasiado humana, y el profeta por demasiado conocido; y solemos ignorar misericordia y salvación por desprecio de palabras y profetas: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero?” 
Eso decían los vecinos de Jesús de Nazaret cuando escucharon su enseñanza en la sinagoga. Me pregunto qué dirían si lo hubiesen visto clavado en una cruz y moribundo, atrapado en un infierno de sufrimiento, y abandonado por Dios. Te lo puedes imaginar: “¡Vaya! Tú que destruías el santuario y lo reconstruías en tres días, baja de la cruz y sálvate… Ha salvado a otros y él no se puede salvar. ¡El Mesías, el rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos!”
Pero tú no miras así a tu Cristo crucificado. Tú aprendiste a escuchar su silencio, a leer sus llagas, a descifrar el misterio de su vida. Y viste y oíste a Dios en aquel hombre abandonado de Dios.
Desde entonces, el mundo se te ha llenado de profetas, de crucificados que te hablan en nombre de Dios. Y sabes que has de preocuparte, no por la existencia de Dios, sino por la vida de los crucificados, por la palabra de sus profetas, por el grito de sus pobres.
Muchos se quedarán fuera del reino, porque la invitación a poseerlo les llegó en las manos de un desheredado. ¡Qué lástima! Feliz domingo.


Homilía Corpus Christi

 

Tardía en el calendario litúrgico cristiano, es  en el IV C. de Letrán (1215) cuando se define la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Pocos años después empieza a celebrarse la fiesta del Corpus, cuyos textos litúrgicos se le encargan a Santo Tomás de Aquino y es a fines del siglo cuando se  acompaña de procesiones, que con el paso del tiempo adquirirán un profundo arraigo popular y una especial grandeza. Tres objetivos y una exhortación en esta solemnidad para los cristianos de hoy.

1.- QUE TENGAN VIDA: Dios no quiere hijos malogrados; es amigo de la vida. Sueña con una tierra donde no haya “ni muerte ni fatigas” ( Is. 6; Ap 21). Sueña con hijos felices, que desarrollan los dones recibidos al servicio de todos y que practican la justicia, que supone ser  misericordiosos y acogedores: VENID BENDITOS DE MI PADRE, PORQUE FUI EXTRANJERO Y ME ACOGISTESIS. Una vida en plenitud, no limitada al nivel biológico o de consumo. Una vida que se oxigena con el aliento del Espíritu y se alimenta con el pan de la PALABRA. Cuya temperatura se mide con el termómetro de la libertad y el amor. Una Vida que se concentra en Cristo – Yo soy la vida- y que se concreta en la acogida y el perdón; en la multiplicación de los panes.  Y el pan como símbolo. ¡Toda  la vida de Dios es un pedazo de pan!

2.- La vida es AMOR. En eso consiste la verdadera vida: “El que no ama está muerto ( I Jn)  A quien como el pan de la vida no le queda otra alternativa sino amar. NO se puede comulgar y, a la vez, Ser egoísta, intolerante, indiferente o violento: Hay que se generosos, pacientes, comprensivos, comprometidos. El que comulga tiene que amar como Cristo; aún más: vivir un amor enamorado. Y sabemos cómo fue.

Desmesurado en todo. En su corazón todos tenían cabida. Todo el peso del mundo: tanto el pecado como el amor... Si hizo todo por todos, para rescatarnos a todos. Ahora bien, el tiene algunas preferencias:

los más pobres y pequeños, los más rechazados y los que más sufren, los más indigentes de amor. Con ellos se identifica (cuado lo hicisteis con uno de estos….). Lo ha dicho Pablo en la segunda lectura y el mismo Jesús lo afirmó: quien a vosotros, mis pobres amigos, acoge, a mí me acoge. Y son muchos hoy, lo sabemos, los Cristos rechazados: inmigrantes “ilegales”, sin techo, sin papeles, parados de larga duración, disminuidos y enfermos crónicos, ancianos solos y abandonados. Por ahí, por todos ellos ellos, con todos ellos, anda Jesús. Y nosotros, seguidores lo somos en la medida que seguimos sus pasos

3.- Y UN AMOR DE COMUNION: Preguntaba Pablo “El cáliz de nuestra acción de gracias ¿no  nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? Por eso cuando comulgamos, nuestras diferencias se deben relativizar: es más lo que nos une que lo que nos separa: “Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos sois uno en Cristo Jesús ( Gal 4). En la comunión eucarística deben desaparecer todo antagonismo de raza, religión, cultura y clase social. Unidos en Cristo, las diferencias se integran, aunque no desaparezcan. Es el slogan de este año. ¡Qué lejos nos encontramos!: no sólo nos somos uno ( Ut Unum sint), sino que no estamos ni unidos. Prevalece y se impone la exclusión, no la integración. Buen día para reconocer la incoherencia, porque vivimos algo muy distinto de lo que profesamos.

Aunque sin perder la esperanza de que el Espíritu nos haga profetas de la solidaridad y artífices de la unidad: tanto en la Iglesia como en el mundo. Y eso, con valentía, públicamente, lejos de ese cristianismo vergonzante que nos ha recluido a la sombra de los campanarios durante tiempo. Especialmente en las circunstancias que vivimos, me viene a la memoria aquella frase con la que los primeros cristianos respondían a quienes los torturaban e intentaban

disuadirlos: ES QUE NO PODEMOS VIVIR SIN CELEBRAR LA EUCARISTIA Y HACER PRESENTE Y PUBLICO NUESTRO AMOR

 


Homilía Solemnidad Stma. Trinidad

 

    No siempre se nos hace fácil a los cristianos relacionarnos de manera concreta y viva con el misterio de Dios confesado como Trinidad. Sin embargo, la crisis religiosa nos está invitando a cuidar más que nunca una relación personal, sana y gratificante con él. Jesús, el Misterio de Dios hecho carne en el Profeta de Galilea, es el mejor punto de partida para reavivar una fe sencilla.

     ¿Cómo vivir ante el Padre? Jesús nos enseña dos actitudes básicas. En primer lugar, una confianza total. El Padre es bueno. Nos quiere sin fin. Nada le importa más que nuestro bien. Podemos confiar en él sin miedos, recelos, cálculos o estrategias. Vivir es confiar en el Amor como misterio último de todo.

     En segundo lugar, una docilidad incondicional. Es bueno vivir atentos a la voluntad de ese Padre, pues sólo quiere una vida más digna para todos. No hay una manera de vivir más sana y acertada. Esta es la motivación secreta de quien vive ante el misterio de la realidad desde la fe en un Dios Padre.

     ¿Qué es vivir con el Hijo de Dios encarnado? En primer lugar, seguir a Jesús: conocerlo, creerle, sintonizar con él, aprender a vivir siguiendo sus pasos. Mirar la vida como la miraba él; tratar a las personas como él las trataba; sembrar signos de bondad y de libertad creadora como hacía él. Vivir haciendo la vida más humana. Así vive Dios cuando se encarna. Para un cristiano no hay otro modo de vivir más apasionante.

      En segundo lugar, colaborar en el Proyecto de Dios que Jesús pone en marcha siguiendo la voluntad del Padre. No podemos permanecer pasivos.

A los que lloran Dios los quiere ver riendo, a los que tienen hambre los quiere ver comiendo. Hemos de cambiar las cosas para que la vida sea vida para todos. Este Proyecto que Jesús llama "reino de Dios" es el marco, la orientación y el horizonte que se nos propone desde el misterio último de Dios para hacer la vida más humana.

    ¿Qué es vivir animados por el Espíritu Santo? En primer lugar, vivir animados por el amor. Así se desprende de toda la trayectoria de Jesús. Lo esencial es vivirlo todo con amor y desde el amor. Nada hay más importante. El amor es la fuerza que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. Es el amor el que nos salva de tantas torpezas, errores y miserias. Por último, quien vive "ungido por el Espíritu de Dios" se siente enviado de manera especial a anunciar a los pobres la Buena Noticia. Su vida quienes se sienten desgraciados.