“Sabed que, aunque Dios está en todo lugar, como afirma el profeta Jeremías, también habita en las iglesias. Allí engendra hijos por el bautismo, instruye por la predicación evangélica, alimenta con la Eucaristía y sana por la penitencia” (Antonio Lobera y Abio).

 

BIENVENIDOS A LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTIAGO APÓSTOL DE MÁLAGA

 

Se encuentra usted en uno de los cuatro templos históricos de esta ciudad, erigido por los Reyes Católicos en 1490 a la que pusieron bajo la advocación del santo patrón de España y que alcanzó el rango parroquial en 1505 gracias a una bula pontificia obtenida por el arzobispo de Sevilla, Diego de Deza.

 

La cercanía de la iglesia con la Catedral permitió que en cierto periodo de su construcción se trasladase hasta ella el culto capitular, partiendo desde aquí el 31 de agosto de 1588 la procesión de su Dedicación. También, y durante siglos, fue el escenario donde se celebraban los fastos con ocasión del aniversario de la Toma de la Ciudad.

 

En su ámbito fue sepultado Juan de San Martín, padre del Libertador de Argentina, y cuyos restos fueron trasladados al país americano en 1947. En su pila bautismal recibió las aguas del bautismo el pintor Pablo Ruiz Picasso.

 

El sabor de su impronta mudéjar, especialmente presente en su torre de tradición almohade, y el ensueño de sus yeserías barrocas la convierten en uno de los edificios religiosos más notables del centro histórico con la categoría de monumento según decreto de noviembre de 2006.

 

Pero ante todo es, desde hace más de cinco siglos, un lugar de oración y de encuentro con Dios que alberga varias de las imágenes más queridas y devocionales del pueblo malagueño.

 

 

 

ALGO DEL PROCESO CONSTRUCTIVO

 

El solar sobre el que se construyó la iglesia estaba próximo a la puerta de Granada, después calle Real, por donde entraron los Reyes de Castilla y Aragón tras de la conquista de la ciudad en 1487. Entre 1490 a 1493 se construyó lo básico, extendiéndose las obras hasta 1545, gracias a la generosidad de fray Antonio Henríquez, obispo malacitano.

 

Se trataba de una edificación gótico- mudéjar, de la que resta la torre de ladrillo con paños de sebka, la puerta principal, hoy cegada, festonada de cerámica vidriada, y la armadura de madera que no resulta visible por tener superpuesta la techumbre barroca. Y es que, en el siglo XVIII, el templo sufrió una metódica reforma, transformándose en una iglesia de este estilo, de tres naves laterales y amplias, con sus correspondientes capillas y coro alto. Todo el espacio se decoró a base de rocallas y elementos vegetales, dotándose de un zócalo de mármol y un púlpito elaborado del mismo material.

 

Estas actuaciones se debieron al arquitecto guipúzcoano Felipe de Unzurrúnzaga, a quien también se debe el conjunto del camarín de la iglesia de Santa María de la Victoria, cuyas yeserías son muy parecidas a las que se encuentran en la de Santiago.

 

El crecimiento urbano del siglo XIX alteró en parte su fisonomía externa, aunque fueron las algaradas anticlericales de 1931 las que provocaron la desaparición de casi la totalidad de su patrimonio artístico con obras muy relevantes de artistas como Miguel Manrique, Niño de Guevara, Fernando Ortiz o Pedro de Mena y del organista Julián de la Orden.

 

En el periodo que siguió a la posguerra se realizó una intensa labor restauradora dirigida por el arquitecto Enrique Atencia. Finalmente, desde 1992 han sido varias las intervenciones realizadas para consolidar el inmueble. Desde entonces se han acometido los arreglos de las cubiertas, el sistema de iluminación, la pintura del edificio, con sus característicos tonos blancos y grises, y se ha rehabilitado íntegramente la torre parroquial.

 

RECORRIDO POR LA IGLESIA

 

Iniciamos la visita por la primera de las capillas que encontramos al traspasar la puerta que suele servir de acceso al templo. Se trata de la capilla del baptisterio, cubierta por una media cúpula y presidida por una pintura del bautismo de Cristo, lienzo anónimo del siglo XVIII. La pila bautismal es una interesante pieza datada en el siglo XVI y que cuenta con la particularidad de descansar sobre un simbólico león. En un panel expositor se puede leer una copia del acta sacramental de Pablo Picasso.

 

Le sigue la capilla dedicada a Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, notable escultura de procedencia antequerana del siglo XVII y que suscita un enorme fervor entre los malagueños patente durante todos los viernes del año y especialmente el primer viernes del mes de marzo cuando se forman largas colas de fieles durante toda la jornada para desfilar ante su altar.

 

La capilla contigua pertenece a la Hermandad de la Sentencia, venerándose en ella al Cristo de este título, gubiado por José Martín Simón en 1935 y María Santísima del Rosario, talla del siglo XIX y del escultor local Gutiérrez de León quien la concibió originalmente como una Inmaculada. Esta corporación procesiona en la tarde noche del Martes Santo. Esta Cofradía tiene su sede en la parroquia desde 1937.

 

A continuación se encuentra la capilla de María Santísima de la Sierra, trasunto y titular de la Hermandad filial de la Patrona de Cabra (Córdoba). Se trata de una imagen antigua remodelada por Pedro Pérez Hidalgo en la década de los ochenta del pasado siglo. Se encuentra entronizada en un retablo neobarroco dorado de reciente construcción. Esta corporación de gloria reside en Santiago desde 1928.

 

Esta nave de la iglesia queda presidida por la antigua capilla sacramental, hoy dedicada al culto de la Inmaculada Concepción. Es un hermoso espacio cuadrangular que luce un gran relieve de estuco con la representación de la Santa Cena, contando además con los bustos de los cuatro evangelistas, realizados en el mismo material, en las pechinas de la cúpula. El programa iconográfico, claramente eucarístico, se completa con una representación del pelícano y los Padres de la Iglesia, igualmente de yesería, colocado en la parte superior del testero de entrada a la capilla. En cuanto a la imagen de la Purísima se trata de una obra de escuela valenciana del siglo XX.

 

El presbiterio, o altar mayor, cuenta con una cúpula decorada con una menuda labor de yeserías doradas. Lo ocupa un retablo dieciochesco, procedente de Archidona, policromado en tonos verdes y dorados. Su ático queda flanqueado por sendos tondos con los bustos de San Pedro y San Pablo, de muy buena calidad. En la hornacina principal se encuentra una imagen del apóstol Santiago con atributos de peregrino, tallada por el escultor José Navas Parejo, cuyo taller fue artífice igualmente del magnífico sagrario de plata cincelada allí entronizado. En la puerta del mismo se representa la escena del profeta Elías con el ángel, como clara prefiguración eucarística. Sobre este tabernáculo pende un valioso Crucificado anónimo y del siglo XVII, de tamaño académico.

 

La nave del evangelio contiene, desde los pies a la cabecera, un altar consagrado a la veneración de Nuestra Señora de Fátima, grupo seriado que incluye a los niños protagonistas de esta aparición mariana.

 

Continúa la capilla propiedad de la Cofradía de Jesús El Rico, quien tiene como sede canónica esta iglesia desde los lejanos años de la desamortización de Mendizábal. La devotísima imagen del Señor, prototipo de los Nazarenos malagueños, es una copia del antiguo, obra de José Navas Parejo en 1939. La Dolorosa que se encuentra sobre la antigua mesa marmórea del altar, recibe la advocación de María Santísima del Amor, siendo su autor Antonio Dubé de Luque en 1981. En las hornacinas laterales de la capilla se pueden admirar sendas imágenes talladas y estofadas de la Virgen de la Merced y el Santo Ángel, pertenecientes al taller de Raúl Trillo y Salvador Lamas. Jesús El Rico es una imagen automatizada que cuenta con el privilegio de liberar a un preso en el transcurso de su procesión del Miércoles Santo.

 

La siguiente capilla alberga el renombrado lienzo de las Ánimas Benditas. Se trata de una preciosa composición debida a los pinceles del pintor Juan Niño de Guevara quien lo ejecutó hacia 1665. De influencia canesca, en la pintura aparece la Virgen con el Niño acompañada por un ángel y Santiago quienes intentan auxiliar a las almas, que atormentadas alzan sus brazos en súplica hacia los sagrados personajes. Es muy original la actitud del Apóstol, quien intenta aliviar el sufrimiento de los penados vertiéndoles agua contenida en un pequeño cántaro. En siglos pasados tanto la Hermandad Sacramental o de la Cortina, y ésta dedicada al sufragio de las Ánimas Benditas fueron corporaciones de gran peso específico en la vida de la parroquia.

 

Esta nave queda presidida por la capilla de la Virgen del Pilar, de tradición secular en esta iglesia ya que su culto está asociado al de Santiago. Este recinto está decorado con un retablo de tonos verdes y dorados que realizó Adrián Risueño en 1950. La pequeña imagencita mariana, de producción seriada, cuenta con varios mantos, destacando el bordado en oro por el taller malagueño de Manuel Mendoza y Salvador Aguilar. Conviene llamar la atención sobre la antecapilla que comunica este espacio y la antesacristía contigua, y poder admirar el abigarrado juego de yeserías que la decora.

 

En la antesacristía se encuentra una efigie del Sagrado Corazón de Jesús, de procedencia levantina, rodeado de varios lienzos anónimos y de discreto valor representando a San Jerónimo, el Buen Pastor y Cristo Yacente. Sobre la puerta de la sacristía aparece colgado un arcaico Crucificado dieciochesco iluminado por dos faroles, de gran sabor.

 

En cuanto a otros apartados patrimoniales, reseñar un delicado Crucificado de pequeño tamaño, obra del siglo XVII, situado en la sacristía y lo que queda del ajuar litúrgico del pasado. Sin duda los objetos más destacables son un copón plateresco de plata, cincelado en su color, de hacia 1540, un ostensorio barroco de comienzos del siglo XVIII y un portapaz de la misma época que recoge la aparición de la Virgen al apóstol Santiago.

 

Finalmente, sobre los arcos de medio punto que culminan las naves laterales se encuentran dos óleos atribuidos al círculo de Juan Niño de Guevara, de mediados del siglo XVII, que representan la aparición de Santiago en la batalla de Clavijo y Santo Tomás de Villanueva asistiendo a los pobres. En el bajo coro también existen otras dos pinturas, de parco valor, que son copias murillescas del siglo XIX.