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Mi Seminario ( cont)
En su “Sueño Pastoral” describe los elementos del “alma del Seminario”: “Piedad Sacerdotal”, “ El celo Pastoral” y “La Ciencia Eclesiástica”.
Tres alimentos han de concurrir a formar
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Beato Manuel González.Un banquete simpático 

 

Para celebrar su toma de posesión de la sede malagueña como Obispo propio, quiso, con un rasgo característico suyo, que en  vez de un banquete oficial a las autoridades, se diese un gran banquete a los niños pobres de la capital.

 

No sabríamos, no podríamos, -escribía-  gozar en un banquete suculento y pomposo de un número reducido de ilustres comensales, sabiendo que la mayor parte de nuestros hijos no comen, o comen mal. Y ved cómo se nos ocurre realizar este nuestro deseo. En vez de sentarnos los de ese reducido número a la mesa, alargamos ésta cuanto más podamos, sentamos en esa mesa larga como nuestro cariño, a unos cuantos niños pobres podamos y que ellos se alegren comiendo y nosotros nos alegremos y nos honremos sirviéndoles…”

 

Y, en efecto, el domingo 17 de octubre de 1920, más de tres mil niños, en el templo de la Patrona asistían acompañados de sus maestros y familiares, a la Misa que  celebraba su Obispo. Después de nutridas las almas con el Pan eucarístico, todos subieron al monte del Seminario presididos por su Prelado, autoridades y maestros.

 Agrupados los niños con sus profesores allí se entregaron a las manifestaciones de la más franca alegría, gozando del cariño que su bondadoso pastor les prodigaba.

 

La suculenta y abundante comida fue servida por el Sr, Obispo, el Gobernador, el Alcalde y demás autoridades, sacerdotes y seminaristas.

El espectáculo de aquel panorama en que la naturaleza muestra tantas bellezas no podía ser más encantador.

Cuando los niños comieron hasta saciarse y cantaron y jugaron cuanto quisieron, la gratitud de maestros y discípulos no admitió esperas y atravesando la ciudad llegaron hasta el Palacio Episcopal desfilando, antes los balcones, desde donde el Sr, Obispo les bendecía sonriente…

 

            El Obispo del Sagrario abandonado, J. Campos Giles 

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MIS RECUERDOS DE DON MANUEL
Por: Jesús Martí Ballester
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" La formación cristiana y la catequesis en la vida pastoral del Beato  Manuel González".

CAP 1: EL Maestro Manuel González: Enamorado, místico y  explorador-profeta.

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Sin duda, la educación es una de las mejores opciones de calidad que puede hacer una persona. De ahí la importancia de “ser”, no sólo de ejercer, educador. Porque ser educador pertenece a la esencia de la persona.
Maestro M G: Enamorado, místico y explor
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cap 2: " La obra del Beato Manuel González en el campo social y educativo"

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Dos caras de la misma moneda, ineludibles e inseparables.
Toda la obra de D. Manuel pivota sobre este trípode: la Eucaristía, el sacerdote y el pobre.
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cap 3: Evangelios vivos con pies de cura, el pensamiento pastoral de D. Manuel González

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Para él la clave de la cuestión social reside en el conjunto de obras que los católicos deben realizar para ir al pueblo y traerlo a Cristo: un movimiento de ida y vuelta que empieza en Cristo, termina en Cristo, comienza en el pueblo y vuelve a Cristo
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cap 4: una urgencia:que jesús sea más conocido y amado.la catequesis una auténtica pasión de d. manuel.

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Sin duda es la preocupación y la urgencia mayor de D. Manuel González , debido a la gran ignorancia en general y cristiana de los lugares donde ejerció su ministerio...
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Artículo de DORA DEL HOYO LEON

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Un enamorado de la Eucaristía.
Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús!
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Apóstol de los sagrarios abandonados.


Don Manuel González García es un Obispo universalmente conocido por su vida y por su obra. Ocupa en el catolicismo español de la primera mitad del siglo xx un lugar preeminente e indiscutible.

Don Manuel González, el famoso arcipreste de Huelva, el benemérito pastor de Málaga y Palencia, se nos muestra como un perfecto testigo de Jesucristo, como un acabado modelo de heroica fe eucarística. Hoy, a más de medio siglo de su muerte, sigue transmitiéndonos su profético mensaje a través del lanzallamas ardiente de su pluma. Continúa hablando a las nuevas generaciones cristianas con el mismo ímpetu suavemente arrollador, infatigablemente persuasivo, eucarísticamente irresistible. Habló mucho, y escribió siempre, dejando rienda suelta a la rica abundancia de su gran corazón. Pero creyó y oró mucho más, y por eso su semilla produjo el ciento por uno.

Las virtudes recias y ejemplarmente pastorales de Don Manuel resplandecen, cada vez más , por ello fue declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II, el 6 de marzo de 1998 y será Beatificado el 29 de abril de 2001.

Su personalidad es inconmensurable como sacerdote, como obispo, como fundador, como catequista, como escritor y como heraldo y misionero de la Eucaristía. Aquí radica precisamente su título más glorioso; Apóstol de los Sagrarios Abandonados.

Hablar de Don Manuel González es hablar necesariamente de la Eucaristía y del Evangelio: la Eucaristía profundamente entendida a través del Evangelio.
El Evangelio plenamente vivido a través de la Eucaristía. Ese es el sencillo anverso y reverso de su testimonio y mensaje, siempre actual e imperecedero, porque supo beberlo en la fuente inagotable de donde mana toda su fuerza eclesial. Hoy como ayer, late vivo y fulgurante el ideal eucarístico que absorbió toda su vida al servicio de ese trato íntimo, afectuoso, rendido, imitativo, transformador, perenne, de los hombres con el Dios Hijo, Cordero de nuestros altares y de nuestros Sagrarios.

Practicó sin desmayo y predicó sin cansancio una auténtica piedad centrada en la Eucaristía, buscando en cada Misa, en cada Comunión y en cada visita la savia vivificante del testimonio cristiano, limpio y transparente ante Dios y ante los hombres. Los lectores de su obra saborearán el carisma eucarístico con que Dios quiso enriquecerlo, desde su inefable experiencia de Palomares del Río, donde palpó en toda su crudeza, el abandono de los hombres hacia la Eucaristía.

Todo su vocabulario ascético cabe en dos palabras densamente programáticas para una espiritualidad dinámicamente renovadora: abandono y compañía.

Llegó a experimentar tan sensiblemente el dogma de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía que casi no necesitaba la fe para creer, como él solía decir, ya que sentía muy cerca de sí al Señor. Acertó a hablar de la Eucaristía porque acertó a creer en ella. Esa es la clave de tanta pujanza mística derramada en todos sus escritos como prodigioso caudal que todo lo fecunda. Con sobrada razón se ha dicho que sus obras se convierten en limpio espejo de su alma, siendo al mismo tiempo su mejor autobiografía.
Pero él no quiso tener otro ideal pastoral ni otro programa que el Sagrario, donde Jesús permanece con nosotros hasta la consumación de los siglos.

Los biógrafos coinciden en resaltar varias de sus cualidades más características: unción de estilo, transparencia de ideas, solidez de doctrina, gracia cautivadora, actitud de reparación, actualidad de pensamiento. Quien lea su obra lo podrá confirmar con su personal experiencia y su propia edificación, puesto que tendrá la singular sensación de participar de alguna manera en sus vivencias transidas de original fervor eucarístico.

Don Manuel González resulta muy actual. Sus reflexiones pensamientos y sugerencias resultan sorprendentemente sincronizadas con las enseñanzas conciliares y encajan maravillosamente en la renovada espiritualidad postconciliar de la Iglesia de hoy. Desde luego habla de la adoración Eucarística con acento encendido pues su alma incandescente se abismó de continuo en la fiel contemplación del Sagrario, del cual se sintió en todo instante prisionero y apóstol. Nadie podrá discutirle un destacado puesto en la historia moderna de la espiritualidad eucarística.

 

 

 

De Damián Darelli

 

 

 

Años de sacerdocio.

Amaneció por fin el venturoso día 21 de Septiembre de 1901, fiesta del apóstol San Mateo, y en unión de otros ordenandos, se trasladó a la devota y preciosa Capilla del Palacio Arzobispal.

 

El Señor Arzobispo Don Marcelo Spínola celebró la Santa Misa y confirió las Sagradas Órdenes… ¡Ya era Sacerdote para siempre, hasta la eternidad!

 

La Divina Providencia lo llevó a trabajar en el apostolado de la Predicación y de la Presa, colaborando en los trabajos del periódico católico.

 

Predicó por primera vez en las Reparadoras de Sevilla el día de la Virgen del Pilar. En Febrero de 1902 predicó su primer retiro en la Parroquia del Sagrario del Convento de la Encarnación.

 

Durante los tres años siguientes a su ordenación sacerdotal, no sólo predicó en muchas Iglesias de Sevilla, sino también en los pueblos de la Diócesis.

 

En 1902 lo destinan a una misión en el pueblo de Palomares del Río, donde él descubre la Vocación del Sagrario Abandonado. Un bello y recoleto pueblo del Aljarafe sevillano, pero nadie salió a recibirle… La iglesia se encontraba en el más grande abandono: polvo, suciedad, telarañas hasta en el Sagrario, manteles rotos… Viendo esta situación se arrodilló ante Jesús Sacramentado y pensó en la cantidad de Sagrarios abandonados que habría en el mundo. Es así como nace la semilla de su futura Obra: Las Marías de los Sagrarios, las Marías Eucarísticas Nazarenas, Discípulos de San Juan, Niños Reparadores…

 

El 1 de Marzo de 1905 lo destinan a la Parroquia de San Pedro, en Huelva.Es clave para entender la vida de Don Manuel el encuentro con la dura realidad de la pobreza en Huelva.

 

El Arzobispo de Sevilla recuerda Huelva y le duele. Sabe la gran dificultad pastoral que tiene la ciudad y la provincia. No tiene a quien enviar y pone en manos de un joven presbítero la tarea: llama a D. Manuel que aún no ha cumplido 28 años. Le expone un deseo, no un mandato: que vaya a Huelva como párroco regente de la Parroquia de San Pedro y como arcipreste de la ciudad.

 

"¿Quiere Ud. ir a Huelva?", le pregunta el Arzobispo. Su respuesta es tan rápida como evangélica: "Yo voy volando a donde me mande mi Prelado…los deseos de mi Prelado son para mí órdenes… Me voy a Huelva tan decidido en mi voluntad como contrariado en mi gusto."

 

El 1º de marzo de 1905 es nombrado cura regente de San Pedro. El 16 de junio del mismo año, arcipreste de Huelva. La parroquia de San Pedro tiene 20.000 feligreses. Ni uno comulga diariamente.

 

En Huelva, repite la experiencia de Palomares, porque también en Huelva se vive la soledad del Sagrario. Trabajará para que no sea así y genera respuestas a la soledad de los pobres, de los obreros, a las carencias que ha encontrado y que hacen sufrir a tantos y son motivo de que haya más de uno que se encuentre lejos del Señor.

 

Meses después de iniciar su quehacer sacerdotal en Huelva surge la oportunidad de dejar la ciudad andaluza. Se le propone el cargo de Secretario del Obispado de León. Dudas, oración reiterada y respuesta negativa, apoyada luego por su Arzobispo: "Yo sé muy bien que Ud. no se ha ordenado sacerdote para ganar ciudades y fortalezas, sino almas… Sé que el bien de las almas de esa pobre Huelva le hace quedarse ahí…".

 

Impresiona conocer la cantidad y calidad de las obras que en menos de once crea en beneficio de los pobres. La ignorancia, la miseria y el ambiente de rechazo e indiferencia religiosos le inspira su primera obra: ¡hay que crear escuelas católicas! Se llamarán "Escuelas del Sagrado Corazón".

 

En poco más de tres años se fundan y sostienen escuelas gratuitas para más de 1.000 alumnos, incluidos adultos, y un Centro católico de Obreros, con más de 500 afiliados, con su Caja de Ahorros y Monte de Piedad.

 

Y otras obras sociales más: una barriada obrera, panadería económica, biblioteca ambulante, dos talleres de ropa, obras para los presos, secretariado del pueblo, adelanto de lo que hoy es el Defensor del Pueblo.

 

¿Su teoría? A partir de un cura "chiflado" por el Señor, todo o casi todo es posible. Por el sagrario surgirán obras sociales, sindicatos, cajas de ahorros, escuelas, círculos.

 

Está convencido de que sólo un cura verdaderamente "chiflado", esto es, entusiasmado de amor por el Corazón de Jesucristo, que esté dispuesto a dar la vida, hará lo que sea necesario para responder a las necesidades del pobre.

 

Un "chiflado" responde a un cura entregado, generoso, que lo da todo.

 

Con palabras de Juan Pablo II, sacerdotes que viven el "radicalismo evangélico". Todas estas obras, que son de justicia, deben estar conformadas "con el vino del amor y el aceite de la piedad". LA mejor obra social, si no genera esperanza y consuelo, difícilmente puede ser acción del Corazón de Jesús.

 

El término de todo es Jesucristo. Jesucristo proclamado y celebrado y seguido en todos los valores con los que vivió y que predicó.

 

 

 

LA CATEQUESIS, DESDE LA MIRADA DEL BEATO MANUEL GONZÁLEZ

 

 

De su libro “Un sueño pastoral”

 

 

 

La gran obra de la catequesis:

 

¡Cómo me regala el Corazón de Jesús, viendo trocados en realidades muchos de mis sueños! ¡Bendito sea! Y lo digo en honor de la verdad y del rector, del director espiritual y de los superiores de mi seminario que han puesto en juego cuanto han podido para conseguirlo. Hoy por hoy, puedo afirmarlo (¡y cuánto me compensa el consuelo de esa afirmación la amargura de otras sensaciones!) el gozo, el recreo, la obsesión de mis seminaristas es ser catequistas.

 

 

 

El secretariado catequístico diocesano:

 

Como hijo y fruto de este entrenamiento de celo por medio de los viajes de misioneros, correspondencia con los niños de los pueblos, los Juanes seminaristas, la formación catequística del seminario, las catequesis en las iglesias y en las calles, los círculos de estudio, la organización de juventudes, etc., etc., he podido fundar en octubre de 1933, el secretariado catequístico diocesano.

 

La descripción del mismo os dará una idea de lo que se hace y se proyecta para conseguir la realización de uno de mis sueños a saber: que cada catequesis parroquial sea la semilla de una parroquia cabal, la iniciación de una vida sólidamente católica en los individuos, en las familias y en el pueblo.

 

 

 

¡Nada de catequesis rutinarias y por cuentagotas, que sólo dan un color de cristiano!

 

¡Catequesis completa y de todos los modos, que se pueda dar y recibir!

 

¡Catequesis con su credo bien sabido y creído con fe viva; con sus mandamientos entendidos y practicados; con su oración aprendida, saboreada y hecha aliento de la vida; y con sus sacramentos conocidos, bien y a sus tiempos recibidos!...

 

¡Doctrina cristiana, no sólo sabida y entendida, sino practicada y comida desde el primer destello de luz de razón, hasta el último soplo de la vida!

 

Con esto, todo se puede y se debe esperar. Sin esto, ni acción eucarística, ni acción católica, ¡nada!

 

 

 

 

 

Nuestras posiciones

 

 

 

Hay que persuadirse bien de los siguientes axiomas cristianos:

 

 

 

  1. Dios en las obras hechas en su gloria, no premia el fruto recogido, sino el trabajo empleado, (para los descontentadizos).

 

 

 

  1. Podemos hartar a un pobre (pecador o incrédulo) de comida, de dinero y de bienestar, y podrá no convertirse; la conversión es obra exclusiva de la gracia de Dios (para los presuntuosos).

 

 

 

  1. En las obras que se emprenden por y para Dios, no es Dios quien pone la menor parte, (para los tímidos).

 

 

 

  1. La obra mejor empezada puede hacerse mala o inútil por la inconstancia, (para los flojos).

 

 

 

  1. El dinero, con valer tanto, es lo menos necesario para la acción, cuando se cuenta con buenas voluntades y se sabe contar con la gracia de Dios, (para los calculistas).

 

 

 

  1. Más obras buenas dejan de emprenderse o de proseguirse por falta de confianza en Dios que por falta de dinero, (para los desconfiados).

 

 

 

  1. La piedad es útil para todo, (para los buenos).

 

 

 

  1. La Acción Social Católica es un negocio que el hombre lleva a medias con Dios. ¿Quién ganará más, y se aburrirá más pronto? (para los pesimistas).

 

 

 

 

 

¿Qué abarca la Catequesis? Así lo expresa D. Manuel:

 

 

 

“Nuestro catecismo, como recordaréis, contiene cuatro partes: credo, o sea lo que debemos creer como católicos; mandamientos o lo que debemos practicar como católicos; oración, o lo que debemos pedir como católicos; y sacramentos, o lo que debemos recibir para vivir en el tiempo y en la eternidad como católicos” (16).

 

Y con estas palabras lo recuerda un buen entendido en el tema:

 

 

 

“¡Catequesis con su Credo bien sabido y creído con Fe viva, con sus Mandamientos entendidos y practicados, con su Oración aprendida, saboreada y hecha aliento de la vida, y con sus Sacramentos conocidos bien y a su tiempo recibidos…!” (17).

 

Por supuesto, para D. Manuel la Catequesis requiere un catequista muy bien preparado y muy buen cristiano. Su principio fundamental es éste: La catequesis es el catequista (18):

 

“Para mí todo lo que sobre pedagogía catequística hay que decir se encierra en este sencillísimo principio: La catequesis es el catequista.

 

Dadme un catequista con vocación (…), con la preparación intelectual adecuada, que trate primero con el Corazón de Jesús en el Sagrario lo que va a tratar después con los niños y que, sobre todo, ame a éstos con el amor que se saca del Sagrario, dadme un catequista así y no me digáis ya que ese catequista no puede enseñar porque… le falta material docente, como cuadros murales, proyecciones cinematográficas, valiosos premios, jiras atrayentes, etc.

 

Ese catequista que os he descrito ya sabrá arreglárselas …”

 

(Obras Completas III, n. 4594-4595)

 

el seminario que d. manuel quiso

EL SEMINARIO QUE EL BEATO MANUEL GONZALEZ QUISO:

 

“Un Seminario susbtancialmente Eucarístico... en el que la Sagrada Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más eficaz estímulo; en el cientíico, el primer Maestro y la primera asignatura; en el disciplinar, el más vigilante inspector; en el económico, la gran providencia y en el orden arquitectónico; la piedra angular... en el que la Sagrada Eucaristía no sólo se comiera por las mañanas en la Comunión, sino que se viviera a todas las horas y se respirara y se gozara y se rebosara por todas partes. En el que fuese el Padre, la Madre, el Consejero, el Amigo, la orientación, la luz de los días y el descanso de las noches... Yo no quiero un Seminario en el que la Sagrada Eucaristía sea una de sus cosas, aunque la principal, sino que el Seminario aquel sea una cosa de la Eucaristía; y, por consiguiente, en que todo de Ella venga, a Ella lleve y vaya desde la roca de los cimientos hasta la Cruz de sus tejados, en el que todo lo que viva, se mueva o pase sea homenaje a ella, donde todo lo que exhale aromas como sus tomillos y sus flores y sus pinos, como el mar con sus brisas y la montaña con sus recios olores o castaños y encinas, sean incienso siempre encendido y en el que todo ruido de fuentes que corren, de mares que surgen, de vientos que zumban, de aves que cantan, de niños que rien, estudian o dan lecciones, no sea otra cosa que el Canto perenne del Tantum ergo de la adoración, de la gratitud, de la expiación y de la súplica; que mi Seminario cante cada día y noche ante las puertas del Palacio del más rico y despreciado Amante, del más bueno y abandonado Pade, del más generoso y peor servido Rey... Jesús Sacramentado. -¿Sueños? Pero ¿sueños? O ¿ilusiones más devotas que realizables? ¿Podría ser eso? ¿Podría yo aspirar, sin ser tachado de visionario e insensato, a educar y formar mi clero en un Seminario como el que, mi fantasía primero, y mi corazón despues, me habían trazado?... Porque si yo conseguía eso, mi Diocesis, mi pobre Diocesis, estaba salvada. Sí, la Eucaristía, que llevarían a sus pueblos y a sus obras mis sacerdotes tan bien aprendida, imitada, asimilada y explotada me curaría este gran enfermo,me resucitaría este gran muerto... ¿Qué no puede un sacerdote con su Eucaristía?... ¿Podré hacer ese Seminario?... Miro a los hombres y se sonríen; me quieren decir que eso no puede ser. Te miro a Tí, Corazón de Jesús, vivo en el Sagrario de mi Capilla, y Tú no te ríes; con la angustia en la mirada del que pide auxilio, pones en mi corazón la respuesta... El Corazón de Jesús me va respondiendo que sí, que ese Seminario de mis fantasias y deseos se puede hacer y se hará.” (Un sueño pastoral)

 

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Pinceledas sobre su vida y obras
D M GLEZ GARCIA.pdf
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Mi programa sacerdotal

Madre Inmaculada, presenta al Corazón de Jesús estos encargos y propósitos:

 

- Mi principal ocupación: mi Misa.

 

- Mi más afectuosa conversación: mi oficio y meditación.

 

- La huella que deje: paz y olor de Cristo.

 

- Mi consejero:: el Espíritu Santo.

 

- Mi amigo y modelo: el Corazón de Jesús Sacramentado.

 

- Mi refugio: María Inmaculada.

 

- Mi estilo: el de los mejores sacerdotes.

 

- Mi carrera: la apostólica.

 

- Mi vida toda: vivir mi Misa a gloria de Dios y servicio gratuito de mi Madre la Iglesia.

 

- Mi nombre: Jesús por María.

Madre Inmaculada, que como Tú partiste de la tierra para llegar a lo más alto del Cielo, tu otro Jesús parta de aquí y cada día suba más.