Parroquia
Santiago Apóstol Málaga

Frase del día

"No hay contento sin mudanza"  Santa Teresa de JEsús



NOTICIAS - NOVEDADES



Cursos de preparación al matrimonio

Del 23 al 27 de marzo a las 20:00 h. en los salones de la parroquia

Via- crucis de hoy…y de siempre. ¿Hasta cuándo?

En la memoria de Malagueños y melillenses



TRASLADO DE NTRO PADRE JESÚS DE LA SENTENCIA Y MARÍA SANTÍSIMA DEL ROSARIO

El Sábado de Pasión 28 de marzo a las 18:00 h, en la Iglesia de Santiago Apóstol, celebraremos la Santa Misa en presencia de Nuestros Sagrados Titulares entronizados para su posterior Traslado, acompañados de representaciones de nuestros HH.MM.HH.; oficiada por el Rvdo. P. D. Francisco Aranda Otero, Párroco de Santiago y Director Espiritual de la Cofradía. 


Una cruz sencilla

Hazme una cruz sencilla,

carpintero,


sin añadidos

ni ornamentos…


León Felipe

Poema de P. Fraile

Aplastar es distinto de ahondar //

Destrozar es partir //

Aniquilar es morir //

Tu vida , Jesús, (...)

Charlie Pèguy

«Me han dicho, dice Dios, que hay hombres//

que trabajan bien y duermen mal, que no duermen nada. //

¡Qué falta de confianza en Mí!

Poesía completa




Homilía V domingo Cuaresma


Francisco Aranda Otero

Estamos en el domingo de Pasión, V domingo de Cuaresma, hace unos años, por hoy, ocultaban las imágenes con lienzos morados, que se mantenían hasta el Sábado de Gloria. Sólo quedaba descubierta la Cruz, indicando que la vida del cristiano, en la proximidad a la Semana Santa, debía centrarse en la meditación sobre la pasión y muerte del Señor. A esto nos invita la palabra de Dios hoy, tanto en Heb., el escrito que mejor refleja la verdadera humanidad de Jesús, y que nos dice que Jesús, el único que fue Pontífice (puente) entre Dios y los hombres, fue semejante en todo a nosotros menos en el pecado. Por eso hoy nos presenta la “gran tentación de Jesús”, aludiendo al  Getsemaní y al Calvario.

         En el mismo sentido se mueve el evangelio: unos gentiles expresan su deseo de  ver a Jesús a través de una hermosa petición: “Quisiéramos ver al Señor”. Ante ellos, que no son judíos, Jesús alude a su pasión: “ Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre” Glorificación = manifestación. En la angustia y agitación que le produce ese momento es donde se revela lo que es Jesús, Hijo de Dios : el grano de trigo que cae en la tierra y muere para dar fruto. Y pasa a hacer un resumen de su vida y de su propuesta de vida para el hombre:” El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mimo en este mundo, se guardará para la vida eterna”

         Estos aspectos tiene el mensaje de esta Palabra hoy:

         1) Como aquellos gentiles piden a Felipe y Andrés, también nosotros debemos tener como deseo fundamental de nuestra vida cristiana “ver a Jesús”. No se trata, por tanto, de cumplir unas normas cuanto de experimentar una presencia, la del Señor.

         2)  No seguimos  a un héroe inmunizado contra el sufrimiento y el dolor del hombre, sino a alguien que se nos antoja muy cercano a nosotros. Ningún fundador de religiones (Moisés, Confucio, Mahoma..), ni ningún gran maestro (Sócrates), murió con la sensación de angustia y fracaso de Jesús. Por eso, en los momentos en que sentimos la inseguridad, el miedo y la contradicción en nuestra vida, reconforta saber que estamos en el camino del que compartió con nosotros todas esas limitaciones.

         3) El eje de su mensaje y de su vida fue “perderla, para encontrarla”. Hoy, que tanto se habla de autorrealización, se nos llama a los cristianos a vivir esa paradoja que es encontrar la vida perdiéndola. Es decir, dejando que nuestra vida se nos escape de las manos, por causa del Reino de Dios. En concreto, a través del amor. “ Todo el sentido de la vida se realiza allí donde está el amor”- escribía D. Bonhoeffer- y “nadie tiene  amor más grande  que el   que da su vida por sus amigos”, apostilló Jesús.

         4) El pensador Nietzsche afirmaba que no quería un nazareno arrastrado en Getsemaní, sino un superhombre. Pero no fue así. Si el discípulo no puede ser mayor que el maestro, no cabe duda que los que  desde el bautismo optamos por ser sus seguidores, tenemos que asumir que “solo si el grano de trigo cae en la tierra y muere da mucho fruto”.Esa es la sabiduría de Dios, que es necedad para los griegos y locura para los judíos. ¿Y para nosotros?. Una muy oportuna pregunta de cara a los días que se aproximan. 


Papa Francisco


Mensaje para la cuaresma 2015

"Fortalezcan sus corazones" (St 5, 8)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen... Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26): LA IGLESIA.

 La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) LAS PARROQUIAS Y LAS COMUNIDADES.

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31). Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.

En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).

También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.

Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8): LA PERSONA CREYENTE

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de

noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?

En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde. 

 

 

FRANCISCO


Diócesis de Málaga


Siempre en la memoria de los malagueños y melillenses.

Los cristianos de Málaga y Melilla se han volcado en expresiones de afecto hacia Don Antonio Dorado, a quien han calificado de “un gran obispo” y “un segundo padre” en los días posteriores a su fallecimiento.

Sólo dos horas después de su fallecimiento, la iglesia capitular del Sagrario acogía la capilla ardiente de D. Antonio Dorado. Sus restos mortales fueron recibidos por D. Jesús Catalá, quien rezó un responso ante el féretro. Desde el primer momento, malagueños de toda edad y procedencia visitaron el templo para dar su último adiós a quien fuera su obispo entre 1993 y 2008. 

Durante las diez horas que la capilla estuvo abierta el día de su fallecimiento y la mañana del día posterior, numerosos fieles se acercaron para rezar unos minutos en silencio y expresar sus condolencias a sus familiares y amigos más próximos, que permanecieron junto al difunto prelado durante todo el tiempo.

La Misa Funeral se ha celebrado el miércoles a las 13.00 horas en la Catedral de Málaga y fue presidida por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, quien estuvo acompañado por los cardenales Mons. Fernando Sebastián, Mons. José Manuel Estepa y Mons. Carlos Amigo; los arzobispos de Granada, Mons. Francisco Javier Martínez; Toledo, Mons. Braulio Rodríguez; Sevilla, Mons. Juan José Asenjo; castrense, Mons. Juan del Río, y el emérito de Zaragoza, Mons. Elías Yanes. Entre los obispos, destacan los de las Diócesis por donde pasó D. Antonio: Mons. Ginés García, obispo de Guadix-Baza y Mons. Rafael Zornoza, obispo de Cádiz y Ceuta; así como los de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández; Almería, Mons. Adolfo González; Huelva, Mons. José Vilaplana; Ciudad Real, Mons. Antonio A. Algora; auxiliar de Sevilla, Mons. Santiago Gómez; emérito de Cádiz y Ceuta, Mons. Antonio Ceballos; y el emérito de Málaga, Mons. Ramón Buxarrais. También concelebró, entre el numeroso clero malagueño y de otras diócesis, el secretario general de la Conferencia Episcopal, D. José Mª Gil Tamayo.

Junto a diversas autoridades civiles, centenares de personas han acudido a la Eucaristía en el primer templo malagueño para dar gracias a Dios por su vida: «Ha sido un gran obispo para Málaga y quedó prendado de la ciudad, como demuestra el hecho de que se quedara aquí a vivir», afirmaban algunos.

Los más jóvenes lo han definido como el obispo con el que se criaron y crecieron. «Nunca olvidaré sus homilías en la Misa del Alba. Fue un obispo muy cercano y muy humilde. Por eso Málaga lo ha querido tanto y lo va a llevar siempre en su memoria» expresaba un joven ante su capilla ardiente. Entre las expresiones más escuchadas, Don Antonio Dorado ha sido definido por muchos como “un segundo padre”, con “una sonrisa siempre en el rostro” y que no medía el tiempo entre aquellos a quienes fue enviado como pastor.

Al término de la Eucaristía, Mons. Catalá ha leído un mensaje del papa Francisco en el que manifestaba sus dolor por el fallecimiento de un obispo que «entregó su vida al servicio de Dios y de la Iglesia».

En la capilla de la Encarnación de la Santa Iglesia Catedral Basílica reposan ya sus restos mortales, junto a los sepulcros de Fray Bernardo Manrique y D. José Molina Lario.


Reflexiones


Algunos creen que para ser bueno y católico tenemos que ser como conejos

Libertad de expresión y reacciones frente a los insultos

«En teoría, podemos decir que una reacción violenta frente a una ofensa, a una provocación, no se debe hacer, no es buena. Podemos decir lo que el Evangelio dice, debemos poner la otra mejilla. En teoría, podemos decir que nosotros comprendemos la libertad de expresión. En teoría estamos de acuerdo. Pero somos humanos y existe la prudencia, que es una virtud humana de la convivencia humana. Yo no puedo provocar, insultar a una persona constantemente, porque corro el riesgo de hacerla enojar, corro el riesgo de recibir una reacción injusta. Pero es humano.

Digo que la libertad de expresión debe tomar en cuenta la realidad humana, y por esto debe ser prudente; una forma de decir que debe de ser educada. La prudencia es la virtud humana que regula nuestras relaciones. Una reacción violenta es mala siempre. Pero detengámonos un poco, porque somos humanos, corremos el riesgo de provocar a los demás. Por esto, la libertad debe ir acompañada por la prudencia.»


La colonziación ideológica de la familia

Durante el Sínodo, los obispos africanos se quejaban del hecho de que ciertos préstamos son concedidos bajo ciertas condiciones. Se aprovechan de las necesidades de un pueblo como oportunidad para entrar y hacerse fuertes con los niños. Pero no es ninguna novedad. Lo mismo hicieron las dictaduras del siglo pasado, entraron con sus doctrinas: piensen en la juventud hitleriana...

El pueblo no debe perder su libertad, cada pueblo tiene su cultura, su historia. Cuando los imperios colonizadores imponen ideas, tratan de hacer que los pueblos pierdan su identidad... Cada pueblo debe conservar la propia identidad sin ser colonizado ideológicamente. Hay un libro, escrito en Londres en 1903, es 'El dueño del mundo', el autor es Benson: se los aconsejo, léanlo y entenderán bien lo que quiero decir.»


Sobre la anticoncepción

«Yo creo que el número de tres hijos por familia, según lo que dicen los técnicos, es el número importante para mantener a la población. La palabra clave para responder es lapaternidad responsable, y cada persona, en el diálogo con su pastor, busca cómo llevar a cabo esa paternidad...

Perdonen, pero hay algunos que creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos, ¿no? Paternidad responsable: por esto en la Iglesia hay grupos matrimoniales; los expertos en estas cuestiones, y hay pastores. Yo conozco muchas vías lícitas, que han ayudado en esto.

Y otra cosa: para la gente más pobre, el hijo es un tesoro; es cierto que hay que ser prudentes, pero el hijo es un tesoro. Paternidad responsable, pero también considerar la generosidad de ese papá o de esa mamá que ve en el hijo o en la hija un tesoro.»


Próximos viajes

«África: el plan es ir a la República Centroafricana y a Uganda. Creo que será hacia fines del año. Tiene un poco de retraso este viaje, porque estuvo el problema del Ébola. Es una gran responsabilidad hacer grandes reuniones por el riesgo del contagio. Pero en estos dos países, no hay problema.

Estados Unidos: las tres ciudades son Filadelfia, para el encuentro con las Familias, Nueva York, para la visita a la ONU, y Washington. Ir a California para la canonización de Junípero Serra me gustaría, pero creo que va a ser un problema de tiempo, se necesitan dos días más. Yo creo que voy a hacer la canonización en Washington; es una figura nacional. Entrar a los Estados Unidos por la frontera de México sería una cosa hermosa, como signo de hermandad, pero ir a México sin visitar a la Virgen (de Guadalupe, ndr.) sería un drama... Creo que van a ser estas tres las ciudades estadounidenses.

Los países latinoamericanos previstos para este año son: Ecuador, Bolivia y Paraguay. El año que viene, si Dios quiere, iré a Chile, Argentina y Uruguay


La corrupción política...

«La corrupción hoy en el mundo está a la orden del día, y la actitud corrupta anida fácilmente en las instituciones, porque una institución tiene muchos roles, jefes y vicejefes... la corrupción es quitar al pueblo. La persona corrupta que hace negocios corruptos o gobierna corruptamente o que va a asociarse con otros para hacer un negocio corrupto, roba al pueblo. Las víctimas son los que viven en la pobreza... La corrupción no está encerrada en sí misma: va y mata.


Las mujeres en la Iglesia

«Cuando digo que es importante que las mujeres sean más consideradas en la Iglesia no es solo para darles una función, la secretaría de un dicasterio... no, sino para que nos digan cómo sienten y ven la realidad, porque ven desde una riqueza diferente, más grande.» 



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